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lunes, 11 de mayo de 2026

Otoplastia: El bisturí corrige lo que la educación no arregla

(AZprensa)
En octubre de 2003 escribí sobre una realidad que, lejos de caducar, hoy parece más vigente que nunca. Hablamos de la otoplastia, esa sencilla intervención quirúrgica para corregir las llamadas "orejas de soplillo" o "en asa". Una operación que la Sanidad Pública sigue asumiendo no por una cuestión de salud física, sino como un costoso escudo contra una epidemia que no cesa: la falta de respeto y el acoso escolar.
 
Es una paradoja de nuestro tiempo. Ya que la enseñanza pública no logra promover con éxito la buena educación y la empatía entre los jóvenes, el Estado debe recurrir al bolsillo del contribuyente para financiar cirugías que eviten que un niño sea el blanco de burlas.
 
El bienestar emocional en la lista de espera
 
Según datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC), la salud también implica bienestar emocional. Por ello, la mayoría de los organismos públicos mantienen esta operación en su cartera de servicios para menores, a pesar de ser un procedimiento estético.
 
Sin embargo, en el Madrid de 2026, nos topamos con la cruda realidad de la gestión: al no tratarse de una patología grave o vital, estas intervenciones engrosan listas de espera casi interminables. Para un padre, ver cómo su hijo sufre el acoso diario mientras espera meses o años una cita, es una forma de desamparo institucional.
 
Una intervención sencilla para un problema frecuente
 
Para quienes se planteen esta opción, los datos médicos siguen siendo muy alentadores:
Eficacia: El 95% de los casos obtiene resultados satisfactorios.
Seguridad: La tasa de complicaciones es bajísima.
Procedimiento: Dura apenas una hora y media y el postoperatorio se reduce a una leve inflamación y molestias al apoyar la cabeza en la almohada durante unas semanas.
 
No es un problema menor ni aislado: una de cada 20 personas nace con esta prominencia auricular. Pero, como bien señalaba el Dr. Eduardo Morera Serna en las jornadas del ICOMEM, lo que realmente debería preocuparnos no es la forma del pabellón auricular, sino la incapacidad de la sociedad para aceptar la diferencia.
 
La deformidad que el bisturí no alcanza
 
Podemos reubicar un cartílago y pegar unas orejas al cráneo con una pericia asombrosa, pero seguimos sin encontrar la técnica para "extirpar" la crueldad en los colegios. La verdadera deformidad no es estética sino social: la falta de humanidad que observamos en los niños y que, con el paso de los años, parece no tener arreglo. Mientras no invirtamos en la raíz del problema —la educación y el respeto—, seguiremos parcheando en los quirófanos las carencias que campan a sus anchas en las aulas.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 12 de noviembre de 2023

Las orejas de soplillo se pueden corregir en la Sanidad pública

(AZprensa) Ya que la enseñanza pública no promueve la buena educación y el respeto entre niños y jóvenes (o de hacerlo es con nulos resultados), ha tenido que recurrir al bolsillo de los contribuyentes para –a través de la Sanidad pública- pagar esa sencilla operación llamada “otoplastia” para corregir eso que comúnmente se llama “orejas de soplillo” u “orejas en asa”, y de esta forma evitar el acoso y la burla del resto de compañeros de colegio hacia los niños y jóvenes con orejas prominentes. 

La Sociedad ha celebrado recientemente una jornada teórico-práctica de otoplastia para otorrinos en la sede del Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM). En ella se abordaron las indicaciones, diferentes técnicas de esta cirugía y manejo de las principales complicaciones.
 
El Dr. Eduardo Morera Serna, presidente de la Comisión de Cirugía Plástica Facial de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) ha querido recordar que “la salud implica también el bienestar emocional”, y que gran parte de los organismos públicos de salud incluyen esta operación en niños a pesar de tratarse de un procedimiento estético.
 
Para todos aquellos padres que se lo estén pensando, ha explicado que se trata de una operación muy sencilla, que sólo dura hora y media y obtiene resultados muy satisfactorios en el 95 por ciento de los casos, y además “la tasa de complicaciones es bajísima”. Para disipar temores, añade que la inflamación postoperatoria del pabellón auricular dura unas semanas y durante ese tiempo puede existir un dolor leve. “Es un dolor que pueden sentir al apoyar la oreja en la almohada”, aclara el doctor.
 
Y que nadie piense que las orejas de soplillo son un problema poco frecuente, ya que una de cada 20 personas tiene esta deformidad. Por el contrario, la “deformidad” que nadie consigue arreglar es la falta de educación, de respeto y de humanidad, que ya desde niños se sigue observando sin que se observe ninguna mejoría con el transcurrir de los tiempos.
 
Fuente: Encuentro organizado por la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), celebrado en el Colegio de Médicos de Madrid.
 

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