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lunes, 23 de septiembre de 2024

La violencia en el trabajo eleva hasta el 48% la posibilidad de sufrir depresión

(AZprensa) Hace unos años, “AZprensa” publicaba una noticia en la que se apuntaba que los profesionales varones que sufren violencia real o amenazas en su lugar de trabajo tienen hasta un 48 por ciento más de posibilidades de sufrir una depresión. Este porcentaje, disminuye en dos puntos en el caso de las mujeres sometidas a la misma situación. Así lo revelaba un estudio realizado por investigadores del Hospital Universitario de Aarhus, en Dinamarca.
 
El estudio fue publicado en la revista “Journal of Epidemiology and Community Health”, concluyendo que los trabajadores del ámbito sanitario, de la educación y de la asistencia social, son los más ligados a situaciones violentas en su medio laboral.
 
Los investigadores estudiaron la situación laboral de 14.000 pacientes hospitalarios de entre 18 y 56 años, que habían sido tratados por depresión u otros trastornos debidos al estrés, entre los años 1995 y 1998. Un total de 38.000 personas sin este tipo de problemas configuraron el equipo de control para comparar ambos grupos. Los expertos analizaron la posible existencia de situaciones de violencia en el trabajo durante los doce meses precedentes a su ingreso.
 
Los grupos que tenían un mayor índice de violencia en su ámbito laboral fueron, por un lado, los hombres frente a las mujeres, y por otro lado aquellos que trabajaban en los sectores de sanidad, educación y trabajo social frente a los que trabajaban en otros sectores.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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domingo, 12 de noviembre de 2023

Las orejas de soplillo se pueden corregir en la Sanidad pública

(AZprensa) Ya que la enseñanza pública no promueve la buena educación y el respeto entre niños y jóvenes (o de hacerlo es con nulos resultados), ha tenido que recurrir al bolsillo de los contribuyentes para –a través de la Sanidad pública- pagar esa sencilla operación llamada “otoplastia” para corregir eso que comúnmente se llama “orejas de soplillo” u “orejas en asa”, y de esta forma evitar el acoso y la burla del resto de compañeros de colegio hacia los niños y jóvenes con orejas prominentes. 

La Sociedad ha celebrado recientemente una jornada teórico-práctica de otoplastia para otorrinos en la sede del Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM). En ella se abordaron las indicaciones, diferentes técnicas de esta cirugía y manejo de las principales complicaciones.
 
El Dr. Eduardo Morera Serna, presidente de la Comisión de Cirugía Plástica Facial de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) ha querido recordar que “la salud implica también el bienestar emocional”, y que gran parte de los organismos públicos de salud incluyen esta operación en niños a pesar de tratarse de un procedimiento estético.
 
Para todos aquellos padres que se lo estén pensando, ha explicado que se trata de una operación muy sencilla, que sólo dura hora y media y obtiene resultados muy satisfactorios en el 95 por ciento de los casos, y además “la tasa de complicaciones es bajísima”. Para disipar temores, añade que la inflamación postoperatoria del pabellón auricular dura unas semanas y durante ese tiempo puede existir un dolor leve. “Es un dolor que pueden sentir al apoyar la oreja en la almohada”, aclara el doctor.
 
Y que nadie piense que las orejas de soplillo son un problema poco frecuente, ya que una de cada 20 personas tiene esta deformidad. Por el contrario, la “deformidad” que nadie consigue arreglar es la falta de educación, de respeto y de humanidad, que ya desde niños se sigue observando sin que se observe ninguna mejoría con el transcurrir de los tiempos.
 
Fuente: Encuentro organizado por la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), celebrado en el Colegio de Médicos de Madrid.
 

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sábado, 1 de abril de 2023

Bill Murray contra la hipocresía actual

(AZprensa) La actriz Geena Davis ha publicado su libro de memorias y para conseguir que se vendan muchos ejemplares ha decidido subirse al carro del “me too”, cuya verdadera traducción es: “Yo también me subo al carro de lo que ahora está de moda para ganar notoriedad y sentirme aceptado por la masa y por la élite que nos gobierna”.
 
Para promocionar su libro ha comentado las incorrecciones (las ha llamado "acoso") de Bill Murray cuando rodó con él la película “Con la poli en los talones” en el año 1990. ¡Caramba! ¡Qué casualidad que no haya comentado nada de eso en los últimos 32 años! Digo yo que no sería tan importante ni “traumatizante” como para mantenerlo en silencio ¡más de un cuarto de siglo!
 
Ha contado que Bill le propuso darle un masaje y ella se negó (bueno, pues ya está), que le gritó por llegar tarde (pues parece lógico que si esa película la pagaba él, estuviese preocupado porque todos cumpliesen), y que le hiciese una proposición sexual (pues si le gustaba, parece lógico que quisiera ligar con ella). En definitiva: No hubo ningún acto ni ninguna agresión; todo fue de palabra y de palabra… de un actor que ya era muy popular (y por consiguiente ella debía saber con quién iba a tratar) y que se caracterizaba por todo lo que voy a contar…
 
Dice de él, uno de sus directores favoritos, Harold Ramis, que “le gusta vivir al límite, y eso significa que es ahí a donde arrastra a todos los demás. Tiene dos estados. El sueño y la sobreexcitación”. Y es que Bill Murray es un auténtico gamberro, un bromista perenne, una persona políticamente incorrecta… tanto es así que en el año 1986 (antes del rodaje de la citada película) fue galardonado como “Hombre del año” por su “irreverencia carente de principios”.
 
Quienes lo conocen bien dicen que “si esperas algo de él, estás perdido. Obtendrás justo lo contrario”. Y él es una persona que se muestra tal como es, que no intenta fingir ni aparentar lo que no es: “Ser tú es una buena sensación; porque eso es lo único que eres… y sólo hay una persona que seas tú. Tú eres el único que eres tú”, dice Murray.
 
Pero ahora, en 2022 el sentido del humor ha muerto. Ya no se pueden hacer chistes de casi nada porque siempre hay alguien que se ofende. Ya no se pueden gastar bromas porque siempre hay alguien que se ofende. Ya no se puede ser “tú mismo” sino que tienes que convertirte en un borrego más del rebaño que guían las élites.
 
Ante el aluvión de críticas por aquellas tonterías del año 1990 y a las que nadie había dado importancia en los últimos 32 años, Bill Murray lo ha resumido con una frase memorable: “El mundo es diferente a cuando yo era niño. Lo que me parecía divertido de pequeño no es necesariamente lo que es divertido ahora”.
 
Yo añadiría que ahora ya no hay nada divertido porque el mundo está lleno de “ofendiditos”. Y el pobre Murray, que ya tiene 72 años, ha dicho, para no echar más leña al fuego: “Las cosas cambian, los tiempos cambian, y es importante que lo entienda”.
 
Pues no, yo me rebelo contra la hipocresía actual. Y para mí, el error que cometió Bill Murray hace más de un cuarto de siglo y que ahora está en primera plana de actualidad, fue contratar a Geena Davies sin haber comprobado antes si ella era una persona con sentido del humor. Porque como ya dijo él hace unos años, la clave está en “rodearse de personas con mentalidad libre y abierta, porque con ellos puedes hacer el tonto sin sentirte mal”.
 


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