Hay récords que duran unos meses y
otros que dejan huella para siempre. En Daimiel, un gigantesco rompecabezas de
24.000 piezas se convirtió en noticia mundial en 2008 y todavía hoy puede
contemplarse. Una buena excusa para visitar esta localidad manchega y descubrir
una curiosidad que muchos desconocen.
(AZprensa) Hay aficiones que
requieren paciencia, otras exigen habilidad y algunas, además, necesitan una
buena dosis de espacio. Montar un puzzle de unos cientos de piezas puede ser un
entretenimiento estupendo para una tarde de invierno. Pero ¿qué ocurre cuando
hablamos de 24.000 piezas? Pues que la cosa deja de ser un pasatiempo doméstico
para convertirse en una auténtica proeza.
Eso es precisamente lo que sucedió en Daimiel, en el año
2008, cuando se completó un gigantesco puzzle que llegó a figurar en el Libro
Guinness de los Récords como el más grande del mundo. Una hazaña que convirtió
a esta localidad de Ciudad Real en protagonista de una noticia que iba mucho
más allá de los aficionados a los rompecabezas.
El puzzle, titulado Vida, el gran reto, fue diseñado por
el artista neozelandés Royce B. McClure. Sus 24.000 piezas formaban una imagen
de aproximadamente 4,28 metros de largo por 1,57 de alto. Para hacerse una idea
de sus dimensiones, basta imaginar un cuadro de más de cuatro metros de
longitud colgado en la pared de una habitación. Solo que, en este caso, el
cuadro estaba compuesto por miles y miles de pequeñas piezas que debían encajar
unas con otras.
El montaje se llevó a cabo durante el verano de 2008, con
la participación de aficionados que dedicaron muchas horas a una tarea que
exigía concentración, paciencia y una buena organización. Porque, cuando se
trata de semejante cantidad de piezas, encontrar la que falta no es
precisamente lo mismo que buscar la última pieza de un puzzle de 500.
Daimiel volvió a
superarse
La historia no terminó ahí. En octubre de 2010, Daimiel
volvió a convertirse en escenario de otro gran desafío: el montaje de Doble
Retrospectiva, un puzzle de 32.256 piezas de la firma Ravensburger, que
alcanzaba unas dimensiones aproximadas de 5,44 por 1,92 metros.
Es decir, que el municipio manchego no se conformó con
haber protagonizado una hazaña en 2008, sino que dos años después fue escenario
de un nuevo montaje todavía más espectacular.
En mayo de 2014, Valladolid superó aquella cifra con un
puzzle de 33.600 piezas titulado Vida Salvaje. Pero la historia de los grandes
rompecabezas no acabó con aquel nuevo récord. Se han comercializado
posteriormente modelos de mayor tamaño, y algunos de los puzzles montados en
acontecimientos colectivos han encontrado después un lugar donde permanecer
expuestos.
Por eso conviene hacer una distinción: una cosa es superar
un récord de piezas y otra muy distinta es conservar el resultado para que
pueda contemplarse años después. No todos los grandes puzzles tienen la misma
suerte una vez terminada la hazaña.
Un récord que no se
quedó en el olvido
Y aquí es donde Daimiel tiene una particularidad que
merece la pena destacar. El puzzle de 24.000 piezas de 2008 se expuso durante varios años en el Centro de Interpretación del Agua, un edificio del arquitecto Miguel Fisac en donde se explica la curiosidad hídrica y geológica de las Tablas de Daimiel, y que resulta visita muy recomendable antes de visitar el Parque Nacional. Sin embargo, recientemente se ha trasladado al Punto Joven de la localidad, de tal forma que sigue expuesto al público pero ahora no en un punto de atracción turística como lo era antes el Centro del Agua sino en un lugar en donde ningún turista -salvo que esté realmente interesado- se molestará en visitar, perdiéndose así un atractivo turístico más que haría las delicias de niños y curiosos. Y no estamos
hablando, por tanto, de una fotografía antigua, de una noticia que quedó
archivada en los periódicos o de una marca que solo puede consultarse en una
página de Internet. Estamos hablando de una obra que cualquier persona puede ir
a visitar y contemplar hoy en día, aunque ahora le cueste más trabajo localizarla.
Muchos récords deportivos,
científicos o de cualquier otra especialidad quedan asociados a un momento
concreto y después pasan a formar parte de la historia. En este caso, el
resultado de aquella proeza continúa presente y permite apreciar directamente
las dimensiones de un trabajo que, visto en fotografías, ya resulta
impresionante.
Y hay algo más: contemplarlo en directo ayuda a comprender
lo que significa realmente montar un puzzle de semejante tamaño. Desde la
distancia, uno puede apreciar la imagen completa; al acercarse, descubre que
aquello que parece un enorme cuadro está compuesto por miles de pequeñas
piezas. Cada una tiene su lugar y todas son necesarias para completar el
conjunto.
El puzzle de Daimiel no es el único gran rompecabezas que
se conserva expuesto al público. El de 33.600 piezas montado en Valladolid, por
ejemplo, fue donado al Museo de la Evolución Humana de Burgos, donde también
puede contemplarse. Pero eso no resta interés a la experiencia de Daimiel, que
cuenta con una historia propia y con el atractivo añadido de haber sido
escenario de dos grandes montajes en apenas dos años.
Una buena razón para
visitar Daimiel
Si todavía no conoces Daimiel, esta puede ser una buena
ocasión para acercarte. La localidad ofrece mucho más que esta curiosidad. Su
entorno natural está estrechamente ligado al Parque Nacional de las Tablas de
Daimiel, uno de los humedales más singulares de España, con una riqueza
ecológica que merece una visita por sí misma.
Combinar una visita al entorno natural con la posibilidad
de contemplar el gigantesco puzzle es una manera diferente de descubrir el
municipio. No hace falta ser un gran aficionado a los rompecabezas para
apreciar la magnitud del trabajo: basta con detenerse unos minutos delante de
él y pensar en la paciencia que requiere colocar correctamente 24.000 piezas.
A veces buscamos grandes atractivos turísticos a cientos
de kilómetros y olvidamos que cerca de nosotros existen historias singulares
que merecen ser conocidas. Daimiel tiene una de ellas: un récord que se
convirtió en una obra permanente y que permite recordar una hazaña colectiva de
hace casi dos décadas.
Porque hay puzzles que se terminan, se guardan en su caja
y se olvidan. Y hay otros que, una vez completados, se convierten en parte de
la historia de un lugar. El de Daimiel pertenece a esta segunda categoría. Y
verlo en persona puede ser una estupenda razón para hacer una escapada a esta
localidad manchega. Claro que, viendo, el poco interés que han puesto las Autoridades en explotar este original atractivo turístico, quien desee verlo tendrá que hacer una labor detectivesca hasta dar con el Punto Joven en donde se conserva actualmente. Puestos así, sería como invitar a los turistas a que participen en una ginkana.
“Diccionario Daimieleño – Español”:
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