jueves, 29 de octubre de 2026

El gran error de la comunicación: nos importa más lo que decimos que lo que el otro entiende

La Comunicación no es decir algo al otro, ni siquiera que el otro lo reciba; la clave y lo que realmente importa en Comunicación es la interpretación que el otro hace de lo que le decimos. Y siendo así ¿te has mirado a ti mismo para ver en qué te fijas cuando comunicas algo?
 
(AZprensa) Cuando cualquiera de nosotros quiere comunicar algo —ya sea en el ámbito estrictamente profesional o en el terreno de las relaciones personales—, solemos caer una y otra vez en la misma trampa: prestamos muchísima más atención a lo que queremos decir y a cómo lo estamos transmitiendo que a lo que el destinatario está realmente recibiendo e interpretando.
 
Nos obsesionamos con construir un discurso impecable, de ensayar los argumentos y cuidar la retórica. Sin embargo, de nada nos sirve una exposición brillante de los hechos o un relato excelente de los acontecimientos si el interlocutor no lo está percibiendo como a nosotros nos gustaría.
 
La brújula apunta al receptor
 
La clave de una buena comunicación no reside en el emisor del mensaje, sino en el destinatario. Esta afirmación, tan sencilla en apariencia, subvierte por completo la forma en que solemos relacionarnos. Asumir que el éxito de un mensaje depende de cómo es decodificado al otro lado de la mesa implica un esfuerzo intelectual adicional y, por supuesto, mucha práctica. Exige salir de nuestro propio ombligo discursivo para ponernos en la piel de quien nos escucha.
 
Por eso, en el fondo, no es tan importante la cantidad de información que aportemos como el modo en que seamos capaces de hacerla llegar. Una retahíla de datos fríos o un argumentario técnico interminable no sirven de nada si no consiguen sintonizar con la frecuencia de quien tenemos enfrente.
 
El arte de conectar
 
Lograr esa sintonía requiere ingredientes que van mucho más allá de la mera lógica: exige altas dosis de entusiasmo, convicción y persuasión. Y, sobre todo, demanda un ejercicio de alta cirugía mental para ser capaces de sintetizar y conectar con la audiencia.
 
Al final, comunicar no es descargar un archivo en la cabeza del otro, sino conseguir que el otro, el que recibe nuestro mensaje, lo interprete como nosotros queremos. Por eso, deberíamos dejar de preguntarnos qué queremos decir nosotros y empezar a preocuparnos por lo que el otro pueda entender de lo que le decimos.
 
 

Esta es la asignatura en la que suspenden todos los laboratorios farmacéuticos… y muchas otras empresas.
“La Comunicación en la industria farmacéutica”:
https://amzn.eu/d/cDsJ5Pf

No hay comentarios: