Los
investigadores ya sabían que el omeprazol es eficaz, y también todos sabíamos
que el ajo es bueno. Lo que se ha descubierto después es que cuando el
omeprazol y el ajo se juntan, los beneficios son mucho mayores que la suma de
uno más uno.
(AZprensa) Hay
descubrimientos científicos que, cuando llegan a nuestros oídos, nos hacen
pensar inmediatamente en sus posibles aplicaciones prácticas. Y si, además,
esas aplicaciones tienen que ver con la gastronomía, la cosa empieza a ponerse
verdaderamente interesante.
Hace
ya unos cuantos años, un equipo de investigadores de la Universidad de
Maastricht (Holanda) publicó en la revista Journal
of Antimicrobial Chemotherapy un estudio sobre los efectos del ajo y el
omeprazol frente a una bacteria llamada Helicobacter pylori, responsable de
buena parte de las úlceras gástricas y duodenales.
Los
investigadores comprobaron que ambos productos, por separado, podían inhibir el
crecimiento de esta bacteria en el laboratorio, pero que, cuando se combinaban,
sus efectos antibacterianos se potenciaban, mostrando una acción sinérgica.
¡Fantástico!
¡La ciencia al servicio de la buena mesa!
Porque,
si el ajo ya era uno de los ingredientes imprescindibles de nuestra
gastronomía, ahora parecía que también podía presumir de ciertas propiedades
antibacterianas. Y si a ello añadíamos el omeprazol, ese medicamento tan
popular que muchos tienen en casa, parecía que acabábamos de encontrar la
fórmula magistral para enfrentarnos a cualquier exceso gastronómico.
Ya
me imaginaba a los restaurantes incorporando a sus cartas un nuevo aperitivo:
una tostada de pan de ajo acompañada de un omeprazol. Y, por supuesto, los
establecimientos especializados en grandes banquetes podrían ofrecer un menú
especial con esta combinación, ideal para quienes tienen previsto entregarse a
los placeres de la mesa sin demasiadas preocupaciones.
Eso
sí, conviene no dejarse llevar por el entusiasmo. El estudio se realizó in
vitro, es decir, en condiciones de laboratorio, y sus resultados no demuestran
que comer ajo y tomar omeprazol prevenga las úlceras ni evite los problemas
digestivos después de una comilona. De hecho, los propios investigadores
señalaban que era necesario realizar estudios clínicos adicionales para
comprobar si esa combinación podía tener utilidad en pacientes.
Además,
el omeprazol no es un medicamento que debamos tomar por nuestra cuenta como medida
preventiva después de una comida copiosa. Y cuando existe una infección por
Helicobacter pylori, su tratamiento requiere una combinación de medicamentos,
habitualmente con antibióticos, prescrita por un profesional sanitario.
Pero,
dejando a un lado estas pequeñas consideraciones científicas, no me negarán que
la idea tenía su atractivo. ¡Qué tranquilidad saber que, al menos en el
laboratorio, el ajo y el omeprazol parecían llevarse tan bien!
Así
que, por ahora, seguiremos disfrutando del pan de ajo por sus cualidades
gastronómicas y dejaremos el omeprazol para cuando realmente esté indicado. Porque
una cosa es que la ciencia nos ayude a cuidar la salud y otra muy distinta que
nos dé permiso para repetir de cochinillo, cordero o cualquier otra exquisitez.
Aunque,
bien pensado, si algún día se demuestra que el pan de ajo protege de las
consecuencias de las comilonas, los restaurantes tendrán que empezar a servirlo
en cestas mucho más grandes.
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