Hay que tener
mucho cuidado cuando leemos –o creemos leer- los titulares de las noticias,
porque damos por ciertas algunas cosas que no lo son por el simple hecho de
creer que “las hemos leído”.
(AZprensa) “¿Son los
médicos y los enfermeros unos borregos?”. Por un momento, lo confieso, llegó a
mi mente este pensamiento mientras repasaba ejemplares atrasados de periódicos
en la hemeroteca. Y es que no era para menos. Me encontré con un titular que,
leído literalmente y sin conocer el contexto, tenía bastante más miga de la que
probablemente había pretendido su autor:
«Médicos
y enfermeros coinciden en que un ministro de Sanidad que no sea pastor sería un
error».
Mi
primera reacción fue de perplejidad. ¿Pastor? ¿Desde cuándo médicos y
enfermeros necesitaban un pastor que los guiase? Porque, si nos atenemos al
significado más evidente de la frase, aquello parecía reconocer que dos
colectivos profesionales formados por personas con años de estudios,
especialización y experiencia necesitaban que alguien les indicase por dónde
debían caminar. Vamos, que se reconocían a sí mismos como borregos.
La
imagen era bastante curiosa: miles de médicos y enfermeros avanzando disciplinadamente
por los pasillos de los hospitales detrás de su pastor, mientras este, provisto
de cayado, les iba indicando el camino.
—Por aquí, ovejitas, que hoy tenemos quirófano a las diez.
Pero
entonces se me ocurrió otra posibilidad. ¿Y si se referían a un pastor
espiritual? Quizá médicos y enfermeros estaban reclamando para el Ministerio de
Sanidad a alguien capaz de orientarles en las grandes tribulaciones morales y
éticas de la profesión.
La
cosa empezaba a ponerse interesante. Me imaginé entonces las iglesias llenas de
profesionales sanitarios, tomando apuntes mientras el pastor pronunciaba desde
el púlpito:
Hermanos médicos, recordad: curaréis al enfermo, pero también cuidaréis su alma.
Y todos ellos, muy atentos, asentían solemnemente.
Ya
estaba yo dispuesto a escribir una columna sobre la profunda espiritualidad del
colectivo sanitario cuando reparé en un pequeño detalle que lo aclaraba todo. La
palabra «Pastor» estaba escrita con mayúscula. ¡Ah! Entonces comprendí que allí
no había ovejas, ni cayados, ni sermones dominicales. El titular se refería a
Ana Pastor, que había sido ministra de Sanidad y Consumo y a quien, según
aquella información, médicos y enfermeros apoyaban para que volviera a ocupar
esa cartera.
Todo
volvía a la normalidad. Los médicos seguían siendo médicos. Los enfermeros,
enfermeros. Y los borregos, de momento, no tenían nada que ver con la noticia.
Pero
durante unos minutos había descubierto algo fascinante: un titular puede
cambiar completamente de significado dependiendo de una sola letra. Una «P»
mayúscula había evitado que miles de profesionales sanitarios acabaran
convertidos, al menos metafóricamente, en un rebaño.
En
fin, son las cosas que pasan cuando uno lee titulares deprisa, fuera de contexto
y con demasiada imaginación. Aunque también es verdad que, si un lector
necesita conocer toda la noticia para descubrir qué demonios quería decir el
titular, quizá el problema no esté solamente en las prisas del lector. Pero de
eso hablaremos otro día…
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—Por aquí, ovejitas, que hoy tenemos quirófano a las diez.
Hermanos médicos, recordad: curaréis al enfermo, pero también cuidaréis su alma.
Y todos ellos, muy atentos, asentían solemnemente.
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