viernes, 9 de octubre de 2026

¿Son los médicos y los enfermeros unos borregos?

Hay que tener mucho cuidado cuando leemos –o creemos leer- los titulares de las noticias, porque damos por ciertas algunas cosas que no lo son por el simple hecho de creer que “las hemos leído”.
 
(AZprensa) “¿Son los médicos y los enfermeros unos borregos?”. Por un momento, lo confieso, llegó a mi mente este pensamiento mientras repasaba ejemplares atrasados de periódicos en la hemeroteca. Y es que no era para menos. Me encontré con un titular que, leído literalmente y sin conocer el contexto, tenía bastante más miga de la que probablemente había pretendido su autor:
 
«Médicos y enfermeros coinciden en que un ministro de Sanidad que no sea pastor sería un error».
 
Mi primera reacción fue de perplejidad. ¿Pastor? ¿Desde cuándo médicos y enfermeros necesitaban un pastor que los guiase? Porque, si nos atenemos al significado más evidente de la frase, aquello parecía reconocer que dos colectivos profesionales formados por personas con años de estudios, especialización y experiencia necesitaban que alguien les indicase por dónde debían caminar. Vamos, que se reconocían a sí mismos como borregos.
 
La imagen era bastante curiosa: miles de médicos y enfermeros avanzando disciplinadamente por los pasillos de los hospitales detrás de su pastor, mientras este, provisto de cayado, les iba indicando el camino.
—Por aquí, ovejitas, que hoy tenemos quirófano a las diez.
 
Pero entonces se me ocurrió otra posibilidad. ¿Y si se referían a un pastor espiritual? Quizá médicos y enfermeros estaban reclamando para el Ministerio de Sanidad a alguien capaz de orientarles en las grandes tribulaciones morales y éticas de la profesión.
 
La cosa empezaba a ponerse interesante. Me imaginé entonces las iglesias llenas de profesionales sanitarios, tomando apuntes mientras el pastor pronunciaba desde el púlpito:
Hermanos médicos, recordad: curaréis al enfermo, pero también cuidaréis su alma.
Y todos ellos, muy atentos, asentían solemnemente.
 
Ya estaba yo dispuesto a escribir una columna sobre la profunda espiritualidad del colectivo sanitario cuando reparé en un pequeño detalle que lo aclaraba todo. La palabra «Pastor» estaba escrita con mayúscula. ¡Ah! Entonces comprendí que allí no había ovejas, ni cayados, ni sermones dominicales. El titular se refería a Ana Pastor, que había sido ministra de Sanidad y Consumo y a quien, según aquella información, médicos y enfermeros apoyaban para que volviera a ocupar esa cartera.
 
Todo volvía a la normalidad. Los médicos seguían siendo médicos. Los enfermeros, enfermeros. Y los borregos, de momento, no tenían nada que ver con la noticia.
 
Pero durante unos minutos había descubierto algo fascinante: un titular puede cambiar completamente de significado dependiendo de una sola letra. Una «P» mayúscula había evitado que miles de profesionales sanitarios acabaran convertidos, al menos metafóricamente, en un rebaño.
 
En fin, son las cosas que pasan cuando uno lee titulares deprisa, fuera de contexto y con demasiada imaginación. Aunque también es verdad que, si un lector necesita conocer toda la noticia para descubrir qué demonios quería decir el titular, quizá el problema no esté solamente en las prisas del lector. Pero de eso hablaremos otro día…
 

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