viernes, 23 de octubre de 2026

Ciencia para descubrir lo evidente

Hay estudios científicos realizados sobre una amplia muestra de personas, que suponen un gran trabajo y un alto coste… que podrían haberse ahorrado, porque las conclusiones ya las conocemos todos sin necesidad de ninguna investigación que lo certifique. He aquí una muestra…
 
(AZprensa) Según un estudio realizado hace unos años sobre más de 11.000 mujeres embarazadas, se demostró con todo el rigor científico que las personas que tenían un perro tenían aproximadamente un 50 por ciento más de probabilidades de alcanzar la cantidad recomendada de ejercicio diario —unos 30 minutos caminando a paso ligero— que aquellas que no tenían perro.
 
La verdad es que, al conocer este descubrimiento, uno no puede dejar de preguntarse cuánto dinero y cuánto trabajo costó llegar a semejante conclusión. Porque, si para demostrar que tener un perro hace que uno camine más hay que estudiar a más de 11.000 personas, quizá lo que necesitábamos no era un estudio científico, sino simplemente tener un perro.
 
Cualquiera que haya tenido uno sabe perfectamente cómo funciona el asunto. El perro no entiende de sedentarismo, pereza ni días de descanso. Llega la hora del paseo y ahí está, mirándote fijamente, moviendo la cola y recordándote —sin necesidad de palabras— que hay un compromiso ineludible. Y si uno intenta hacerse el distraído, el perro insiste. Y si sigue sin hacerle caso, insiste un poco más. Y si tampoco funciona, siempre queda el recurso de coger la correa y mirarte como diciendo: «¿Nos vamos o tengo que presentar una reclamación?».
 
Así que no hace falta ser investigador para llegar a la conclusión de que un perro es una especie de entrenador personal que no cobra, no acepta excusas y, además, se alegra muchísimo de verte.
 
Pero los investigadores no se quedaron ahí. Al parecer, no contentos con haber descubierto que los propietarios de perros caminan más, anunciaron que querían realizar otro estudio para averiguar “por qué los propietarios de perros grandes caminan más rápidamente, en comparación con los propietarios de perros pequeños”, según declaró la doctora Sandra McCune, directora del Programa de Investigación de Mars Petcare.
 
Y aquí es donde la ciencia vuelve a sorprendernos.
 
Porque, sinceramente, ¿de verdad hacía falta otro estudio para descubrirlo? ¿Nadie se había fijado en que los perros grandes tienen más fuerza y las patas más largas que los perros pequeños?
 
Es bastante probable que un mastín tirando de la correa tenga una opinión muy diferente sobre la velocidad del paseo que un chihuahua. Y si el primero decide que ha llegado el momento de caminar, el propietario quizá no tenga más remedio que acompañarle… a la velocidad que marque el perro.
 
De hecho, puestos a investigar, yo propondría un estudio mucho más ambicioso: averiguar por qué los propietarios de perros grandes, cuando llegan a casa, tienen a veces la sensación de haber hecho 30 minutos de ejercicio de alta intensidad, mientras que el perro parece dispuesto a salir otra vez.
 
Aunque sospecho que, para resolver este último misterio, tampoco harán falta 11.000 voluntarios. Bastará con preguntarle al perro.
 

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