jueves, 5 de noviembre de 2026

Dos volcanes, dos destinos: Granátula hizo un museo; Daimiel no hace nada














Cerro Gordo y Las Tiñosas son vecinos, nacieron de una explosión parecida y llevan la misma cicatriz de cantera. Uno recibe decenas de miles de visitantes. El otro, a lo sumo, algún paseante curioso.
 
(AZprensa) Cuando alguien dice «volcán», la imaginación fabrica enseguida una postal: una montaña de laderas empinadas, un cráter en la cumbre, quizá el Teide recortado contra un cielo azul. Pero los volcanes no conservan esa silueta para siempre. Los hay tan antiguos que la erosión, con esa paciencia suya que no tiene prisa, los ha ido limando hasta dejarlos, a ojos del caminante distraído, en un simple monte. Una loma más entre las muchas que adornan el paisaje manchego.
 
Dos de ellos viven en el Campo de Calatrava y son casi vecinos: Cerro Gordo, en Granátula de Calatrava, y Las Tiñosas, en Daimiel. Ambos están jubilados desde hace tiempo. Las Tiñosas ronda los tres millones de años, entre finales del Plioceno y principios del Cuaternario. En Cerro Gordo, según los expertos que guían las visitas, la última erupción tuvo lugar hace unos 700.000 u 800.000 años, dentro de un vulcanismo regional que se prolongó durante millones de años.
 
Y sin embargo, la erosión no ha podido con ellos del todo. Quien sabe mirar encuentra todavía su morfología, sus depósitos y el relato de cómo nacieron. Y aquí viene lo curioso: nacieron de forma parecida. Los dos son hijos de erupciones freatomagmáticas, de esas en que el magma, al subir, se topa con agua y la cosa acaba en explosión. En Cerro Gordo cuentan que el magma chocó con las aguas del Acuífero 23 —sí, el mismo del que dependen Las Tablas de Daimiel— y provocó una detonación descomunal. En Las Tiñosas hay depósitos de oleadas piroclásticas que apuntan a la misma mecánica. Mismo origen, mismo agua, casi el mismo paisaje alrededor.
 
Hasta aquí, dos hermanos. Lo que los separa no es la geología, sino lo que cada pueblo ha hecho con el suyo.
 
Granátula: la cantera que se volvió museo
 
Cerro Gordo también fue cantera. Durante unas tres décadas, una multinacional extrajo material de sus entrañas, y el resultado fue el que suele dejar toda cantera: una herida abierta en la montaña. Pero en Granátula decidieron mirar esa herida de otra manera. Aquel tajo mostraba, como en un corte anatómico, las capas del volcán: cenizas oscuras, cuarcitas pulverizadas de tonos rojizos, estratos de colores y texturas que normalmente permanecen ocultos bajo tierra. Lo que para la empresa era un frente de explotación, para el pueblo era una lección de geología a cielo abierto.
 
La empresa cedió al ayuntamiento 2.000 metros cuadrados de la cantera. El ayuntamiento y la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava movilizaron fondos europeos LEADER. Y el 15 de abril de 2016 abrió sus puertas el primer volcán-museo visitable de la Península: un recorrido interpretativo por el interior de la montaña, de unos cien metros de profundidad. Diez años después, los resultados hablan solos: más de 70.000 visitas desde la apertura, un nuevo centro de visitantes inaugurado este verano, el 7 de julio, y un volcán convertido en uno de los geositios más destacados del Geoparque Volcanes de Calatrava, reconocido por la UNESCO en 2024.
 
Y un dato más, que conviene leer despacio: Granátula de Calatrava tiene 683 habitantes. Seiscientos ochenta y tres vecinos. Con esa población, un ayuntamiento no suele tener holgura para grandes proyectos. Lo que tuvo, en cambio, fue algo bastante más escaso: visión.
 
«Dos volcanes con el mismo origen y una cicatriz de cantera parecida. Uno es hoy un museo con decenas de miles de visitas. El otro, una loma. La diferencia no está en la lava: está en la voluntad.»
 
Las Tiñosas: el volcán que espera
 
Y mientras tanto, a pocos kilómetros de Daimiel, se levanta —levantar es mucho decir— una loma alargada: dos cerros alineados que apenas superan los veinte o veinticinco metros sobre la llanura, junto a lo que fue la laguna de La Nava. Quien se acerca y sabe mirar descubre una fisura eruptiva de unos mil metros de longitud, conos de piroclastos, un amplio cráter, coladas de lava y, en los cortes de las antiguas canteras, los depósitos de las oleadas piroclásticas perfectamente visibles. Exactamente el tipo de material que en Granátula se ha convertido en atracción.
 
Porque Las Tiñosas también fue cantera. Durante unos años se extrajo de ella material para la construcción, y esa actividad deformó su faz. Pero aquí la historia se bifurca. En Granátula, cuando la cantera dejó de funcionar, alguien vio un museo. En Daimiel, cuando la cantera dejó de funcionar, nadie vio nada. Dejadez. Desidia. Falta de visión estratégica. Y después de eso, nada. Abandono total.
 
CERRO GORDO · GRANÁTULA DE CALATRAVA
Edad: última erupción hace unos 700.000-800.000 años
Cantera: unas tres décadas de extracción; la empresa cedió terrenos al municipio
Hoy: volcán-museo desde 2016
Población: 683 habitantes
Visitas: más de 70.000 desde la apertura
Reconocimiento: geositio del Geoparque UNESCO
 
LAS TIÑOSAS · DAIMIEL
Edad: unos tres millones de años
Cantera: años de extracción de material; su aspecto quedó deformado
Hoy: sin acondicionar ni musealizar
Población: 17.722 habitantes
Visitas: ninguna
Reconocimiento: ninguno
 
Bueno, no todo es olvido, justo es reconocerlo. En 2025, la jornada «Daimiel, camina y aprende» de FEDADA llevó a sus participantes hasta el cerro, y es un gesto que se agradece. Pero una ruta de senderismo, por simpática que sea, no sustituye a un proyecto.
 
La pregunta incómoda
 
Alguien dirá que Daimiel no necesita un reclamo turístico más: ya tiene Las Tablas, ya tiene la Motilla del Azuer. Precisamente por eso. Un visitante que llega atraído por el parque nacional o por el yacimiento arqueológico y descubre que a pocos kilómetros hay también un volcán de tres millones de años, con sus cortes, sus paneles y su guía, es un visitante que se queda un día más. Naturaleza, arqueología y geología en un mismo fin de semana. Eso no es competencia: es un paquete. Máxime cuando el humedal, por razones que conocemos de sobra, no siempre está en su mejor momento.
 
Seamos justos: Granátula tuvo suerte. Contó con una empresa dispuesta a ceder terrenos y con fondos europeos a mano, y no todo eso es replicable de la noche a la mañana. Pero lo esencial del ejemplo no es el dinero. Es la decisión de mirar con otros ojos lo que uno tiene delante, aunque esté lleno de cicatrices.
 
Un volcán que lleva tres millones de años esperando puede esperar un poco más. Lo que no sabemos es cuánto va a tardar el pueblo que lo tiene a la puerta en acordarse de él.
 

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