Cerro Gordo y Las
Tiñosas son vecinos, nacieron de una explosión parecida y llevan la misma
cicatriz de cantera. Uno recibe decenas de miles de visitantes. El otro, a lo
sumo, algún paseante curioso.
(AZprensa) Cuando alguien dice «volcán»,
la imaginación fabrica enseguida una postal: una montaña de laderas empinadas,
un cráter en la cumbre, quizá el Teide recortado contra un cielo azul. Pero los
volcanes no conservan esa silueta para siempre. Los hay tan antiguos que la
erosión, con esa paciencia suya que no tiene prisa, los ha ido limando hasta
dejarlos, a ojos del caminante distraído, en un simple monte. Una loma más
entre las muchas que adornan el paisaje manchego.
Dos
de ellos viven en el Campo de Calatrava y son casi vecinos: Cerro Gordo, en
Granátula de Calatrava, y Las Tiñosas, en Daimiel. Ambos están jubilados desde
hace tiempo. Las Tiñosas ronda los tres millones de años, entre finales del
Plioceno y principios del Cuaternario. En Cerro Gordo, según los expertos que
guían las visitas, la última erupción tuvo lugar hace unos 700.000 u 800.000
años, dentro de un vulcanismo regional que se prolongó durante millones de
años.
Y sin
embargo, la erosión no ha podido con ellos del todo. Quien sabe mirar encuentra
todavía su morfología, sus depósitos y el relato de cómo nacieron. Y aquí viene
lo curioso: nacieron de forma parecida. Los dos son hijos de erupciones
freatomagmáticas, de esas en que el magma, al subir, se topa con agua y la cosa
acaba en explosión. En Cerro Gordo cuentan que el magma chocó con las aguas del
Acuífero 23 —sí, el mismo del que dependen Las Tablas de Daimiel— y provocó una
detonación descomunal. En Las Tiñosas hay depósitos de oleadas piroclásticas
que apuntan a la misma mecánica. Mismo origen, mismo agua, casi el mismo
paisaje alrededor.
Hasta
aquí, dos hermanos. Lo que los separa no es la geología, sino lo que cada
pueblo ha hecho con el suyo.
Granátula: la cantera
que se volvió museo
Cerro
Gordo también fue cantera. Durante unas tres décadas, una multinacional extrajo
material de sus entrañas, y el resultado fue el que suele dejar toda cantera:
una herida abierta en la montaña. Pero en Granátula decidieron mirar esa herida
de otra manera. Aquel tajo mostraba, como en un corte anatómico, las capas del
volcán: cenizas oscuras, cuarcitas pulverizadas de tonos rojizos, estratos de
colores y texturas que normalmente permanecen ocultos bajo tierra. Lo que para
la empresa era un frente de explotación, para el pueblo era una lección de
geología a cielo abierto.
La
empresa cedió al ayuntamiento 2.000 metros cuadrados de la cantera. El
ayuntamiento y la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava
movilizaron fondos europeos LEADER. Y el 15 de abril de 2016 abrió sus puertas
el primer volcán-museo visitable de la Península: un recorrido interpretativo
por el interior de la montaña, de unos cien metros de profundidad. Diez años
después, los resultados hablan solos: más de 70.000 visitas desde la apertura,
un nuevo centro de visitantes inaugurado este verano, el 7 de julio, y un
volcán convertido en uno de los geositios más destacados del Geoparque Volcanes
de Calatrava, reconocido por la UNESCO en 2024.
Y un
dato más, que conviene leer despacio: Granátula de Calatrava tiene 683
habitantes. Seiscientos ochenta y tres vecinos. Con esa población, un
ayuntamiento no suele tener holgura para grandes proyectos. Lo que tuvo, en
cambio, fue algo bastante más escaso: visión.
«Dos
volcanes con el mismo origen y una cicatriz de cantera parecida. Uno es hoy un
museo con decenas de miles de visitas. El otro, una loma. La diferencia no está
en la lava: está en la voluntad.»
Las Tiñosas: el volcán
que espera
Y
mientras tanto, a pocos kilómetros de Daimiel, se levanta —levantar es mucho
decir— una loma alargada: dos cerros alineados que apenas superan los veinte o
veinticinco metros sobre la llanura, junto a lo que fue la laguna de La Nava.
Quien se acerca y sabe mirar descubre una fisura eruptiva de unos mil metros de
longitud, conos de piroclastos, un amplio cráter, coladas de lava y, en los
cortes de las antiguas canteras, los depósitos de las oleadas piroclásticas
perfectamente visibles. Exactamente el tipo de material que en Granátula se ha
convertido en atracción.
Porque
Las Tiñosas también fue cantera. Durante unos años se extrajo de ella material
para la construcción, y esa actividad deformó su faz. Pero aquí la historia se
bifurca. En Granátula, cuando la cantera dejó de funcionar, alguien vio un
museo. En Daimiel, cuando la cantera dejó de funcionar, nadie vio nada.
Dejadez. Desidia. Falta de visión estratégica. Y después de eso, nada. Abandono
total.
CERRO GORDO · GRANÁTULA DE
CALATRAVA
Edad: última
erupción hace unos 700.000-800.000 años
Cantera: unas tres
décadas de extracción; la empresa cedió terrenos al municipio
Hoy: volcán-museo
desde 2016
Población:
683 habitantes
Visitas: más de
70.000 desde la apertura
Reconocimiento: geositio
del Geoparque UNESCO
LAS TIÑOSAS · DAIMIEL
Edad: unos tres
millones de años
Cantera: años de
extracción de material; su aspecto quedó deformado
Hoy: sin
acondicionar ni musealizar
Población:
17.722 habitantes
Visitas: ninguna
Reconocimiento: ninguno
Bueno,
no todo es olvido, justo es reconocerlo. En 2025, la jornada «Daimiel, camina y
aprende» de FEDADA llevó a sus participantes hasta el cerro, y es un gesto que
se agradece. Pero una ruta de senderismo, por simpática que sea, no sustituye a
un proyecto.
La pregunta incómoda
Alguien
dirá que Daimiel no necesita un reclamo turístico más: ya tiene Las Tablas, ya
tiene la Motilla del Azuer. Precisamente por eso. Un visitante que llega
atraído por el parque nacional o por el yacimiento arqueológico y descubre que
a pocos kilómetros hay también un volcán de tres millones de años, con sus
cortes, sus paneles y su guía, es un visitante que se queda un día más.
Naturaleza, arqueología y geología en un mismo fin de semana. Eso no es
competencia: es un paquete. Máxime cuando el humedal, por razones que conocemos
de sobra, no siempre está en su mejor momento.
Seamos
justos: Granátula tuvo suerte. Contó con una empresa dispuesta a ceder terrenos
y con fondos europeos a mano, y no todo eso es replicable de la noche a la
mañana. Pero lo esencial del ejemplo no es el dinero. Es la decisión de mirar
con otros ojos lo que uno tiene delante, aunque esté lleno de cicatrices.
Un
volcán que lleva tres millones de años esperando puede esperar un poco más. Lo
que no sabemos es cuánto va a tardar el pueblo que lo tiene a la puerta en
acordarse de él.
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Daimieleño – Español”:https://amzn.eu/d/hHOQArf
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