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miércoles, 12 de marzo de 2025

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

(AZprensa) ¿En qué situación te encuentras: Trabajas para vivir o vives para trabajar? ¿Vas cada día al trabajo, a un trabajo que no te satisface demasiado pero por el que te pagan un sueldo que te permite vivir, o tu verdadera vocación es trabajar y sólo piensas en ello?
 
Hay mucha gente, diría que la mayoría, que tiene el trabajo como una simple herramienta para ganar dinero y poder hacer después la vida que más le guste y que le permita ese salario. Esas personas odian los lunes y siempre están deseando que llegue el viernes para poder disfrutar del fin de semana. Esas personas miran el reloj con mucha frecuencia para comprobar cuánto tiempo más les queda de “estar en la oficina”. Esas personas hacen su trabajo lo mejor que pueden, pero no porque les guste sino porque quieren mantener ese puesto de trabajo que les otorga un salario imprescindible para su vida fuera de allí. Y en cuanto acaba la jornada laboral salen en estampida, contentos y felices al fin, para disfrutar del tiempo libre, de su familia, de sus aficiones…
 
Hay sin embargo otras personas con una visión opuesta. Para estas personas su verdadera obsesión, su objetivo en la  vida es escalar posiciones en su entorno laboral. Buscan agradar a sus jefes, buscan brillar profesionalmente, buscan hacer méritos y que se les reconozca el esfuerzo; jamás regatean un minuto de trabajo y cada día, cuando los demás empleados se van a su casa, ellos siguen allí trabajando para seguir haciendo méritos; incluso se llevan trabajo a casa porque ya no distinguen si están en la oficina o fuera de ella, porque toda su vida es el trabajo y su único objetivo es ascender profesionalmente.
 
¿En cuál de estos dos grupos estás? ¿O no? ¿Es que acaso existe un tercer grupo? Pues sí, y ojalá estés en este tercer grupo:
 
Lo forman aquellos profesionales que trabajan en lo que más les gusta. Eligieron la carrera que más les gustaba y después encontraron un trabajo acorde con esa carrera. Ya en su puesto de trabajo realizan aquellas funciones y tareas que más les gustan y que mejor saben hacer. Cada día van al trabajo con una sonrisa porque van a disfrutar haciendo el trabajo que les llena como seres humanos y como profesionales, y que además les permite un salario para disfrutar después de una vida personal plena. No miran el reloj constantemente para ver cuándo llega la hora de irse a casa, pero tampoco se quedan en la oficina indefinidamente; simplemente terminan de hacer las tareas de ese día y después se van a su casa. Cuando llega el fin de semana salen alegres a disfrutar de su tiempo libre y de su vida familiar y sí, quizás suelen llevarse de vez en cuando algo de trabajo, pero no porque alguien se lo haya mandado ni porque quieran hacer méritos ante sus jefes, sino porque les apetece ya que disfrutan haciéndolo. Estas personas ni trabajan para vivir ni viven para trabajar, sino que viven y disfrutan por igual tanto su vida privada como su trabajo profesional.
 
Te vuelvo a preguntar: ¿En cuál de estos grupos estás? Y mi sincero deseo es que te puedas encuadrar en este tercer grupo.
 

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martes, 11 de marzo de 2025

¿Hay que felicitar por un ascenso?

(AZprensa) A lo largo de estos años he visto cómo un antiguo compañero del trabajo ha ido escalando puestos profesionales. Empezó como un simple mando intermedio para pasar después a una jefatura y más adelante a un puesto directivo. No acabó ahí la cosa. Salió de la empresa en la que había desarrollado su carrera para fichar por otra empresa de la competencia más importante aún y para un buen puesto directivo. Al cabo de un tiempo lo ascendieron a Director General de la compañía. En fin, que visto así todo el camino ha sido de éxito y merecidas felicitaciones, pero…
 
He aquí que hoy me entero que ya no es Director General de esa compañía sino que le han “ascendido” a un cargo superior a nivel internacional…en otro país europeo. ¿Hay que felicitarle por tal ascenso? Me surgen dudas.
 
Ese es en efecto un cargo más importante y con mejor salario, pero que le obliga a romper todos sus vínculos familiares ya que debe trasladarse a otro país. ¿Y la familia? ¿Y los amigos? ¿Y su vida cotidiana con sus aficiones y sus ratos de ocio y disfrute? ¿Y su conexión con el entorno social en donde ha crecido y se ha desarrollado? Todo eso salta por los aires para aterrizar (quién sabe si solo o acompañado de su núcleo familiar) como un expatriado. ¿Merecen la pena ese ascenso y ese sueldo?
 
Quizás cuando una persona es soltera y el ascenso es para trabajar en lo que más le gusta, un traslado a otro país es un premio y hay que felicitarle por ello. Pero cuando se tiene familia, casa, quizás hipoteca, familiares, amigos, entorno cercano, etc. el ascenso tiene un precio quizás demasiado alto.
 
¿Qué es más importante: Triunfar profesionalmente o triunfar en el plano personal y familiar? ¿Qué es más importante: Tener un cargo directivo por el que te pagan mucho dinero o tener un puesto de trabajo más bajo pero haciendo aquello que más te gusta?
 
Me decía una antigua compañera de trabajo cómo se sorprendían sus amigas cuando les contaba que iba contenta a trabajar porque se lo pasaba muy bien, porque disfrutaba haciendo ese trabajo y encima le pagaban por ello. ¿No es esto la verdadera felicidad: Disfrutar haciendo el trabajo que más te gusta y que te paguen por ello?
 
Porque cuando te han arrancado de tu entorno ¿qué te espera después, al salir cada día de tu trabajo? ¿Una habitación de hotel en un país extranjero? ¿Un apartamento vacío en otra ciudad? Tú solo allí sin ningún ser querido a tu lado o habiendo arrastrado hasta allí a tus seres queridos arrancándolos de su entorno.
 
Por muy importante que sea el cargo, por muy alto que sea el salario, llega un momento en que el ascenso no es un premio sino un castigo.
 

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