La relación médico-paciente hace ya mucho tiempo que dejó de ser una conversación íntima de dos. Hoy en día es cosa de tres. El tercer elemento que se ha colado en la consulta, y que cada vez tiene más peso específico, es el periodista.
(AZprensa)
La irrupción de los medios de comunicación en el mundo de la salud está
generando dinámicas radicalmente opuestas según el lado de la mesa en el que
nos sentemos.
El paciente: Más
informado (para bien y para mal)
Para
el ciudadano de a pie, el acceso a informaciones sobre salud, prevención y
patologías a través de los medios de comunicación ha cambiado las reglas del
juego. Cuando un paciente acude a fuentes rigurosas, llega a la consulta con un
mayor grado de conocimiento.
Esto,
lejos de ser un problema, es una ventaja clínica: un paciente que comprende su
enfermedad entiende mejor las instrucciones del facultativo, es más consciente
de la necesidad de cumplir con la adherencia terapéutica y, por consiguiente,
obtiene un mejor resultado final en su salud.
El médico: Entre
la desconfianza y la oportunidad
Para
la comunidad médica, en cambio, la perspectiva es diferente y suele dividirse
en tres posturas:
El
intruso molesto: Muchos profesionales ven al periodista como un agente externo
que ha transformado al paciente sumiso y callado del pasado en un interlocutor
que le habla de tú a tú. Les resulta molesto porque les resta un tiempo
valiosísimo en la consulta respondiendo a preguntas científicas, profesionales
o comprometidas. Existe el temor (a veces fundado) de que los medios no
trasladen la información con el rigor que ellos desearían.
La
oportunidad estratégica: Existe un grupo de facultativos que ve en la prensa un
aliado fundamental. Una oportunidad para posicionarse como expertos en su
campo, divulgar sus aportaciones científicas y tejer una red de alianzas para
ser escuchados cuando la actualidad médica o su profesión lo requieran.
Una asignatura
pendiente: La comunicación médica
Ante
esta realidad, la Comunicación (con mayúsculas) debería dejar de ser una
habilidad anecdótica para convertirse en una asignatura básica en las
facultades de Medicina.
- Un
médico del siglo XXI necesita un "diagnóstico de medios" y saber cómo
enfrentarse a ellos:
- Conocer
las dinámicas de trabajo de los periodistas y los formatos (televisión, radio,
prensa escrita o digital).
- Adaptar
el lenguaje según el tipo de programa (un informativo requiere síntesis; un
debate, agilidad; un magazine, cercanía).
- Manejar
los tiempos según la intervención sea en riguroso directo o grabada.
- Saber
gestionar la comunicación en situaciones de crisis sanitaria o ante temas de
alta polémica social.
Del acoso al
titular: No hay escapatoria
Para
aquellos profesionales que aún crean que la mejor estrategia ante los medios es
dar la espantada, aplicar el "silencio administrativo" o delegar en
un tercero, conviene recordarles dos realidades inapelables:
- Primero:
El acoso periodístico ante una crisis es inevitable, y el simple hecho de huir
de una cámara o un micrófono ya genera un titular... y casi nunca es favorable.
- Segundo:
Tarde o temprano, por rango, cargo o responsabilidad, todo profesional de la
salud se verá en la obligación de dar la cara ante la opinión pública. Llegado
ese momento, la improvisación es el peor enemigo.
En
definitiva, las reglas del juego han cambiado. Hoy son los propios médicos los
que deben prescribirse un tratamiento obligatorio: formación en comunicación
estratégica de la mano de expertos. Solo así la consulta volverá a ser un
espacio de entendimiento, aunque ahora seamos tres en la habitación.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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