La ausencia de
una colegiación obligatoria que sirva de escudo ético y profesional ha dejado
el campo abierto al "todo vale", castigando precisamente a quienes
pasaron por las aulas universitarias.
(AZprensa) En los años de
formación universitaria, es natural observar la colegiación profesional como un
marchamo de garantía indispensable para el ejercicio del saber. Se concebía
como una defensa natural contra el intrusismo, un marco ético inquebrantable y
un reglamento de buenas prácticas capaz de garantizar unas mismas reglas de
juego para todos los agentes del sector. Sin embargo, en el ámbito de las
ciencias de la información, esa colegiación obligatoria jamás llegó a
materializarse.
El
resultado de esa anomalía histórica lo sufrimos hoy en día: cualquiera puede
ejercer el periodismo. Ante este panorama, cabe hacerse una pregunta tan
incómoda como inevitable: ¿para qué sirve realmente estudiar la carrera de
Periodismo? En la práctica actual, la respuesta es desalentadora: para nada.
Para trabajar hoy en los medios de comunicación, solo se necesita cumplir con
alguna de estas dos condiciones:
Saber
comunicar bien: Lo que incluye la habilidad de escribir con soltura, resumir
con eficacia y destacar aquello que resulta más atractivo e impactante para el
gran público.
Ser
famoso: En cuyo caso, ni siquiera es necesario poseer destrezas comunicativas;
para subsanar esa carencia ya existen los llamados «negros» o redactores en la
sombra que escriben en nombre de otros.
Redacciones
plagadas e infiernos salariales
Si
uno se toma la molestia de echar un vistazo a las redacciones de cualquier
medio de comunicación contemporáneo, comprobará que están plagadas de
profesionales que jamás han pisado la facultad de ciencias de la información.
Esta
situación genera una paradoja tan flagrante como injusta: aquellos
profesionales que sí han dedicado años a cursar la carrera reglada son, con
alarmante frecuencia, quienes soportan los sueldos más ínfimos del escalafón y
se ven obligados a realizar el trabajo más duro y precario de la cadena de
producción informativa.
El secuestro del
rigor y la ética
De
la ética y del rigor informativo en los tiempos que corren, mejor ni hablar;
brillan por su ausencia. Hoy en día no impera la búsqueda de la verdad
objetiva, sino los estrictos dictados del editor, quien lógicamente se
encuentra mucho más pendiente del apoyo publicitario de sus anunciantes y de
las prebendas de los poderes políticos y económicos que de la deontología de su
oficio.
El
panorama actual es el reflejo exacto de este modelo: programas de telebasura
que copan de forma sistemática los primeros puestos de audiencia, informaciones
tendenciosas diseñadas a la medida exacta de los poderes que sostienen
económicamente al medio, y afirmaciones categóricas lanzadas al aire sin la más
mínima comprobación o contraste previo.
¿A quién
beneficia el descontrol?
Tal
vez, si en su momento hubiese existido una colegiación obligatoria en el
periodismo, el panorama actual no se hubiera desmadrado de una forma tan
flagrante. Un colegio profesional fuerte habría actuado como un dique de
contención frente a los desmanes y la degradación del oficio.
Para
entender un problema hay que preguntarse a quién beneficia la situación actual:
¿a qué tipo de profesional le interesa que la colegiación no sea obligatoria?
La respuesta es obvia: únicamente a aquellos que no desean ser controlados.
Interesa a quienes huyen de estar sometidos a unas mismas reglas de ejercicio
profesional y a un código ético igual para todos. Sin reglas, el negocio de la
desinformación es mucho más rentable, aunque el precio a pagar sea la muerte
del propio periodismo.
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https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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