jueves, 16 de julio de 2026

¿Para qué sirve hoy una carrera de Periodismo?

La ausencia de una colegiación obligatoria que sirva de escudo ético y profesional ha dejado el campo abierto al "todo vale", castigando precisamente a quienes pasaron por las aulas universitarias.
 
(AZprensa) En los años de formación universitaria, es natural observar la colegiación profesional como un marchamo de garantía indispensable para el ejercicio del saber. Se concebía como una defensa natural contra el intrusismo, un marco ético inquebrantable y un reglamento de buenas prácticas capaz de garantizar unas mismas reglas de juego para todos los agentes del sector. Sin embargo, en el ámbito de las ciencias de la información, esa colegiación obligatoria jamás llegó a materializarse.
 
El resultado de esa anomalía histórica lo sufrimos hoy en día: cualquiera puede ejercer el periodismo. Ante este panorama, cabe hacerse una pregunta tan incómoda como inevitable: ¿para qué sirve realmente estudiar la carrera de Periodismo? En la práctica actual, la respuesta es desalentadora: para nada. Para trabajar hoy en los medios de comunicación, solo se necesita cumplir con alguna de estas dos condiciones:
 
Saber comunicar bien: Lo que incluye la habilidad de escribir con soltura, resumir con eficacia y destacar aquello que resulta más atractivo e impactante para el gran público.
 
Ser famoso: En cuyo caso, ni siquiera es necesario poseer destrezas comunicativas; para subsanar esa carencia ya existen los llamados «negros» o redactores en la sombra que escriben en nombre de otros.
 
Redacciones plagadas e infiernos salariales
 
Si uno se toma la molestia de echar un vistazo a las redacciones de cualquier medio de comunicación contemporáneo, comprobará que están plagadas de profesionales que jamás han pisado la facultad de ciencias de la información.
 
Esta situación genera una paradoja tan flagrante como injusta: aquellos profesionales que sí han dedicado años a cursar la carrera reglada son, con alarmante frecuencia, quienes soportan los sueldos más ínfimos del escalafón y se ven obligados a realizar el trabajo más duro y precario de la cadena de producción informativa.
 
El secuestro del rigor y la ética
 
De la ética y del rigor informativo en los tiempos que corren, mejor ni hablar; brillan por su ausencia. Hoy en día no impera la búsqueda de la verdad objetiva, sino los estrictos dictados del editor, quien lógicamente se encuentra mucho más pendiente del apoyo publicitario de sus anunciantes y de las prebendas de los poderes políticos y económicos que de la deontología de su oficio.
 
El panorama actual es el reflejo exacto de este modelo: programas de telebasura que copan de forma sistemática los primeros puestos de audiencia, informaciones tendenciosas diseñadas a la medida exacta de los poderes que sostienen económicamente al medio, y afirmaciones categóricas lanzadas al aire sin la más mínima comprobación o contraste previo.
 
¿A quién beneficia el descontrol?
 
Tal vez, si en su momento hubiese existido una colegiación obligatoria en el periodismo, el panorama actual no se hubiera desmadrado de una forma tan flagrante. Un colegio profesional fuerte habría actuado como un dique de contención frente a los desmanes y la degradación del oficio.
 
Para entender un problema hay que preguntarse a quién beneficia la situación actual: ¿a qué tipo de profesional le interesa que la colegiación no sea obligatoria? La respuesta es obvia: únicamente a aquellos que no desean ser controlados. Interesa a quienes huyen de estar sometidos a unas mismas reglas de ejercicio profesional y a un código ético igual para todos. Sin reglas, el negocio de la desinformación es mucho más rentable, aunque el precio a pagar sea la muerte del propio periodismo.
 

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