Un grupo de
investigadores noruegos ha descubierto, tras un concienzudo estudio científico,
que las personas que visitan museos y van al teatro tienen mejor salud. Si esto
es así, a partir de ahora los médicos deberán recetar visitas al Museo del
Prado.
(AZprensa) La ciencia no descansa. Mientras otros investigadores
dedican sus energías a encontrar la vacuna contra enfermedades devastadoras o a
resolver los misterios del universo, un grupo de investigadores noruegos ha
empleado su tiempo —y presumiblemente su presupuesto— en publicar en el Journal
of Epidemiology and Community Health un descubrimiento que va a
cambiar nuestra relación con la sanidad para siempre.
El hallazgo es el
siguiente: las personas que visitan museos, van al teatro, tocan instrumentos
musicales o se dedican a la pintura tienen mejor salud, disfrutan más de la
vida y son menos propensas a sufrir ansiedad o depresión que las personas que
no participan en actividades culturales.
Lean despacio. Asimilen.
Dejen que la profundidad del descubrimiento cale en su sistema nervioso. Y
cuando hayan terminado de asimilarlo, piensen en la cantidad de horas de
investigación, de fichas de datos, de entrevistas, de análisis estadísticos y
de redacción académica que hay detrás de este hallazgo. Impresiona, ¿verdad?
Ahora bien. Siendo yo un
lector de buena fe que intenta comprender la ciencia antes de criticarla
—aunque a veces la crítica llega antes—, me permito formular una pregunta que
los investigadores noruegos parecen no haber contemplado en su diseño
metodológico: ¿y si es al revés?
Porque claro. Las
personas que tienen buena salud pueden ir al museo, al teatro, a tocar la
guitarra y al concierto de los jueves, porque sus piernas y su energía se lo
permite. En cambio, las personas que tienen mala salud, se quedan en casa. No
porque la cultura no les interese, sino porque el lumbago, la tensión o la
rodilla tienen otras prioridades. Y si alguien llama a su puerta para
preguntarles si van mucho al teatro, la respuesta es «no mucho, la verdad», y
eso queda registrado en la columna de «poca vida cultural» junto a la de «peor
estado de salud».
En términos científicos,
a esto se le llama confundir la causa con el efecto. O, en términos menos
académicos, liarse con quién lleva a quién. ¿La cultura da salud, o la salud da
cultura? Los noruegos han respondido con toda la solemnidad de una publicación
indexada.
Las implicaciones
prácticas del descubrimiento
Pero seamos
constructivos. Si el estudio es correcto —y quién soy yo para rebatir a los noruegos,
que son un pueblo serio y viven muchos años, aunque sea a oscuras seis meses al
año—, las consecuencias prácticas para el sistema sanitario son
revolucionarias. El médico de cabecera, en lugar de la receta habitual, podría
extender algo así:
PRESCRIPCIÓN CULTURAL · DOSIS
DIARIA RECOMENDADA
Dos visitas semanales al museo de bellas artes (o al de ciencias naturales, según tolerancia)
Una función de teatro al mes,
mínimo. En caso de comedia, efecto potenciado
Instrumento musical a elección
del paciente. Contraindicado el acordeón en pisos con vecinos
Pintura o dibujo, tres sesiones
semanales. No se exige talento: vale el garabato terapéutico
En caso de persistir la ansiedad,
repetir la dosis y evitar leer estudios científicos noruegos
Las listas de espera de
los museos se dispararían, los teatros entrarían en beneficios por primera vez
en décadas y la industria de las acuarelas conocería un boom sin precedentes.
No está mal para un estudio de epidemiología.
En fin, qué les vamos a decir a estos investigadores; pues que sigan investigando y así siempre tendremos algo de qué hablar y sonreír.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
Dos visitas semanales al museo de bellas artes (o al de ciencias naturales, según tolerancia)
En fin, qué les vamos a decir a estos investigadores; pues que sigan investigando y así siempre tendremos algo de qué hablar y sonreír.
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