(AZprensa) Todos hemos padecido alguna vez un ataque de hipo. ¿Qué
tiene eso de particular? También un Papa puede tener un ataque de hipo y no
pasa nada salvo el apuro que puede dar si se produce en medio de la celebración
de una misa, un cónclave o cualquier otro acto solemne o reunión. Pero ¿qué
pasa si ese ataque de hipo no se detiene nunca? Aparte de lo terriblemente
molesto e incluso doloroso que puede llegar a ser, te impedirá hacer cualquier
actividad por sencilla que sea, no podrás trabajar, ni mantener una
conversación de forma normal y si no hay forma de pararlo podrá incluso acabar
con tu vida.
Así que ya vemos que el hipo (aunque casi siempre está
producido por un ataque de risa) no es ninguna broma, y mucho menos si a quien
le da el hipo es un Papa y peor aún si no hay forma de detenerlo.
Hubo un Papa, Eugenio Pacelli, que gobernó la Iglesia
católica de 1939 a 1958 con el nombre de Pío XII y vivió esta desagradable
experiencia. En el año 1954 sufrió un ataque de hipo que no se cortaba con
ninguno de los remedios caseros que conocemos: desde dar un susto, hasta beber
agua, pasando por las palmaditas en la espalda e incluso por ponerse boca abajo
y beber agua de esta forma (para que el agua circule por la parte superior del
paladar hasta que la tragamos).
Como ese ataque de hipo no se cortaba, tuvo que suspender
todas sus actividades, mientras los médicos que le atendían no eran capaces de
encontrar una solución y llegaron incluso a temer por su vida si esta situación
se prolongaba más en el tiempo.
Pero ¿qué es el hipo? El hipo consiste en inhalaciones intensas y cortas que
parten de la estimulación raquídea de ambos músculos abdominales en el
diafragma y de los músculos que elevan el tórax. La epiglotis se cierra casi
inmediatamente después de la contracción de los músculos del diafragma de
manera que se dificulta la inspiración, mientras que al mismo tiempo se produce
el ruido característico del ataque de hipo. Con frecuencia se asocia con la
extensión del estómago, cambios repentinos en la temperatura, emociones fuertes
e incluso con el consumo de alcohol.
La naturaleza nos ha dotado de un centro neurológico
especial para el control del hipo, que se encuentra entre el tercer y el quinto
segmento del cuello en la médula espinal. Esta es la ubicación aproximada de la
laringe. Las señales nerviosas llegan aquí y desde este punto son reenviadas a
las partes del organismo que están bajo la esfera del hipo. Así, se crea un
circuito de señalización en el sistema nervioso que, una vez iniciado, resulta
difícil interrumpir.
De todas las posibles causas, los médicos dedujeron que
ese interminable ataque de hipo estaba provocado por una parálisis nerviosa y fue
así como recordaron que el laboratorio sueco Astra (hoy es AstraZéneca)
disponía de un popular anestésico local llamado Xylocaína. Así lo hicieron y
este anestésico local actuó sobre los centros nerviosos y pudo finalmente
detener el hipo.
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