martes, 23 de agosto de 2016

Endocarditis infecciosa, un reto difícil

(AZprensa) La endocarditis infecciosa se produce por una inflamación del revestimiento interno de las cámaras y válvulas cardiacas a causa de la infección de un microorganismo, que generalmente suelen ser bacterias. En pacientes con edad avanzada conlleva unas manifestaciones clínicas más difíciles de detectar que en pacientes jóvenes. “Ello se debe a que hay algunos síntomas asociados a esta infección, como la insuficiencia cardiaca, que aparecen en pacientes de edad avanzada por otras causas que no tiene que ver con la infección, dificultando así su diagnóstico”, ha explicado el doctor Javier de la Fuente, coordinador del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Español de Medicina Interna (SEMI).  
especialista.

En muchas ocasiones esta infección puede aparecer también por procedimientos relacionados con actividades sanitarias, como la presencia de vías periféricas, sondajes o pruebas de endoscopia, entre otras. Por ello, en estos casos, lo primero es realizar un diagnóstico precoz y, tras ello, llevar a cabo la intervención quirúrgica, en caso de que sea necesaria.

Además, ha asegurado este especialista, “en la actualidad, la mejora de las técnicas de anestesia y de los procedimientos quirúrgicos, ha permitido realizar avances antes impensables, en este sentido”. Un ejemplo de ello es que, en los últimos años, muchos pacientes no tienen necesidad de estar ingresados durante todo el proceso en el hospital, sino que se puede completar el tratamiento de una forma efectiva y segura sin necesidad de ingreso y, en algunos casos, “con medicación autoadministrada”.

lunes, 22 de agosto de 2016

Decálogo para una infancia feliz

(AZprensa) La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) defiende que nuestros niños crezcan en ambientes saludables tanto física como emocionalmente. Para contribuir a ello ha elaborado un “Decálogo” mediante el cual reflexiona y propone las recomendaciones básicas que han de seguirse para conseguir criar y educar a nuestros hijos de forma que se sientan queridos, apoyados y felices. Está claro que una infancia feliz les convertirá en adultos autónomos y maduros.

Decálogo para una infancia feliz:

1.- Demuestra siempre a tu hijo lo importante que es para ti. Exprésale tu amor incondicional a cualquier edad con palabras, sonrisas y gestos: besos, abrazos, caricias,...

2.- Cuida de su salud y ayúdale a crecer sano. Tú eres su modelo. Enséñale estilos de vida saludables en alimentación, actividad física, sueño, higiene,... y también en cómo vivir sus emociones. Usa el sentido del humor.

3.- Dedícale tiempo a diario. Juega y disfruta con él, sin dirigir mucho sus gustos o preferencias. Procura que tenga tiempo libre, a su aire. Y disfrutad juntos de la naturaleza.

4.- No hace falta acumular cosas materiales. El tiempo que le dediques, la educación y los valores que le trasmitas serán tu mejor herencia.

5.- Educa con cariño. Elogia lo que hace bien y también los esfuerzos por intentarlo. Ponle normas que pueda y deba cumplir: pocas, claras y adaptadas a cada edad. Enséñale lo que está mal, sin violencia, castigo ni humillación.

6.- Estimula y apoya su aprendizaje. Fomenta su autonomía desde pequeño para las actividades cotidianas, como vestirse, lavarse o comer. No le des todo hecho. Es bueno que poco a poco vaya teniendo sus responsabilidades.

7.- Escucha y dialoga con tu hijo desde pequeño. Muestra interés por su mundo, adáptate a los cambios normales de cada edad y acéptalo y valóralo como es: único y diferente a los demás.

8.- Trasmítele seguridad, tranquilidad, confianza. No fomentes miedos artificiales, apóyale y ayúdale a entender sus propias emociones. Así fortalecerá su autoestima, su motivación y capacidades.

9.- Déjale ser niño. No le hagas partícipe antes de tiempo de las preocupaciones de los adultos. Pero no le ocultes los hechos importantes de la vida. Enséñale y ayúdale a entender que la enfermedad, el dolor o la muerte existen y forman parte de ella.

10.- Favorece las relaciones con la familia y los amigos. Lo acompañarán a lo largo de su vida. Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros. Aprenderá a convivir y amar.


Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac

“La edad de oro de la industria farmacéutica”: https://amzn.eu/d/7uZbRyM

¿Se puede estudiar “Fantasía y Ciencia Ficción” en la Universidad?

(AZprensa) Hoy traemos a AZprensa una historia cuando menos curiosa y admirable: Eduardo Norte es un joven estudiante de filología inglesa y apasionado de la lectura, la música, el cine y el arte, que quería estudiar en la Universidad “Fantasía y Ciencia Ficción” y –aunque parezca mentira- lo ha conseguido... aunque en el Reino Unido. Lo ha contado en su blog, “Un rincón en el norte” y ha tenido que luchar para conseguirlo porque esa asignatura “no entraba” en el programa Erasmus. Sin embargo, lejos de desanimarse reclamó, luchó y al fin consiguió que lo admitieran para estudiar “Fantasy and Speculative Fiction” en la Universidad de Coventry.

Y ¿queréis saber qué libros va a tener que estudiar? Pues ni más ni menos que estos ocho:

La trilogía de El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien

Luces del Norte, de Philip Pullman 

Jonathan Strange y el Señor Norrell, de Susanna Clarke

La Máquina del Tiempo, de H.G. Wells

El Mundo Sumergido de J.G. Ballard 

¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (Blade Runner), de Philip K. Dick

La Mano Izquierda de la Oscuridad, de Ursula K. LeGuin

Amanecer, de Octavia Butler 


Y para colmo, el plan de estudios también incluye la obligatoriedad de estudiar algunas películas como “Una nueva esperanza, de Star Wars”, “En la oscuridad, de Star Trek” y “Blade Runner”.

¿Hay alguna Universidad española donde se pueda estudiar esto? (Se admiten carcajadas)

domingo, 21 de agosto de 2016

Mi artículo favorito: El directivo avestruz

(AZprensa) Hoy traigo de nuevo a la actualidad (ya que, por desgracia no ha perdido actualidad) este artículo que es uno de mis favoritos. Con él he dado nombre a un tipo de directivos que siguen campando a sus anchas por las empresas, y de forma muy específica en la industria farmacéutica: “El directivo avestruz”:

Por desgracia la industria farmacéutica no se ha distinguido nunca por su transparencia informativa y por la proactividad a la hora de conectar con la sociedad.

Su obsesión era el negocio (loable, por cierto, esto de arriesgar el dinero de los inversores destinándolo a una costosísima investigación, de la que nunca se sabe si se llegará a buen puerto, y que de alcanzar el éxito permitirá llevar una mejor salud y calidad de vida a millones de personas en todo el mundo). Se olvidaban que el destinatario final de sus productos era el público (que exige su derecho a estar informado), los vecinos de sus centros de producción (que exigen saber a qué se dedica ese “vecino” y cómo puede afectarles dicha actividad), los periodistas (cuya misión es informar de todo aquello que pueda ser de interés de sus lectores), y no sólo los profesionales sanitarios (que eran los únicos que hasta ahora recibían su atención a la hora de informar).

Y ¿qué decir de muchos directivos? La palabra “periodista” les causa verdadera pavor. Para ellos es mejor no comunicar nada (“que luego lo sacan todo de contexto”), salvo que se trate, eso sí, de publicar una nota de prensa –redactada por alguien de Marketing- en las que se ensalzan y enumeran todas las características promocionales de determinado producto. Por supuesto, es de rigor llamar a los medios y preguntarles cuándo van a publicar esa “noticia”, que debe ir –faltaría más- a cinco columnas y en página impar.

A este tipo de directivos, a los que desde ahora bautizo como “directivos avestruz”, la prensa les da miedo. Dicen que es porque al no conocer bien el tema (¿acaso se molestan ellos en explicar las cosas en lenguaje inteligible?) van a dar informaciones erróneas. Pero en el fondo, lo que subyace es el hecho de pisar un terreno en el que ellos no son los que dominan, en donde no pueden exigir y en donde el otro (el periodista) va a decir a fin de cuentas no lo que quiera el directivo (que es a lo que están acostumbrados) sino lo que quiera el periodista.

Y lo más curioso es que este directivo que se esconde de los periodistas, que no contesta las llamadas, que no concede entrevistas, que si alguna vez dice algo exige que le enseñen el escrito antes de publicarlo..., es el primero que se indigna cuando sale alguna información negativa sobre su compañía o producto, cuando no piden su opinión (¿acaso suele él atender puntualmente las llamadas?) en un caso de crisis, cuando los medios –en definitiva.- no están a sus pies.

A este directivo avestruz habría que enseñarle unas cuantas cosas; primero sobre el derecho que la opinión pública tiene a estar informada, y segundo, sobre lo que es verdaderamente la “transparencia informativa”.

Y puesto que este artículo va de transparencia informativa, no estaría de más recordar algunos principios que he ordenado a modo de pequeño decálogo, dirigido con todo cariño a los directivos que se hayan podido sentir aludidos por mis palabras anteriores:

1.- Cualquier empresa que se considere importante debe contar con un departamento de Comunicación. (Deberá tener una o varias personas -que habitualmente contarán con la ayuda de agencias de comunicación externas- pero siempre con un 100% de dedicación a esa actividad).

2.- La empresa confiará a su departamento de Comunicación la tarea de transmitir a la opinión pública (básicamente a través de los medios de comunicación) la información que genere su compañía, siendo este departamento el canal natural de comunicación de la empresa con los periodistas.

3.- El departamento de Comunicación será el primero en conocer lo que pasa en la empresa, y será el encargado de gestionar todo el proceso de comunicación –reactiva o proactiva- que pudiera generarse.

4.- La empresa dará a conocer todas las informaciones (positivas y negativas) que se produzcan como consecuencia de su actividad.

5.- Los directivos deben entender que lo que se les pide es “información” no “publicidad”, y que por tanto deben ceñirse a los hechos. Información y Publicidad son igual de respetables, pero son diferentes y en consecuencia no deben mezclarse.

6.- Los directivos requeridos por el departamento de comunicación para atender las preguntas (telefónicas o personales) de los periodistas, darán una atención prioritaria a las mismas, entendiendo que el periodista las necesita para sacarlas en la edición del día siguiente, no del mes que viene.

7.- Directivos y departamento de comunicación se las arreglarán para que siempre haya algún portavoz disponible para cada tema específico. No vale el “está de viaje” o “está reunido”; si no está disponible en ese momento, habrá que tener establecido qué otra persona puede atender ese requerimiento.

8.- Cuando los directivos hablen con los medios, pensarán en los lectores de ese medio (y no en sus colegas o superiores), y por lo tanto utilizarán un lenguaje que puedan entender fácilmente esos lectores.

9.- Los directivos entrevistados darán la información que se les pida (tampoco más) y no tendrán miedo a decir “ese dato no podemos facilitarlo” o “no disponemos de esa información en este momento”.

10.- Los directivos deben entender que los periodistas no son sus enemigos, sino que su trabajo es informar y no mañana, sino ahora mismo.

Y he puesto diez puntos porque queda bonito, pero podían haber sido muchos más. En cualquier caso, hay que entender que el concepto de transparencia lleva implícita una doble vía de comunicación que significa que no sólo hay que comunicar cuando interese a la empresa (algo totalmente lícito y lógico) sino también cuando interese a los medios de comunicación. 


En los laboratorios farmacéuticos hay muchos avestruces...

“La Comunicación en la industria farmacéutica”: https://amzn.to/3cShgD1

sábado, 20 de agosto de 2016

Yellowstone no es un parque sino un supervolcán

(AZprensa) Todos hemos oído hablar del Parque Nacional de Yellowstone, situado entre los Estados de Idaho, Montana y Wyoming, sin embargo esta amplia extensión de bellos bosques y lagos, géiseres y fumarolas, no es ningún “parque” sino la caldera de un volcán que está muy vivo.

Cuando uno lo visita cuesta mucho trabajo hacerse a la idea porque todo lo que se divisa es un paisaje idílico con montañas muy a lo lejos, no se ven los bordes de cráter a que estamos acostumbrados cuando vemos un volcán. Esto es debido a que su extensión es tal que llega hasta los 72 kilómetros, por lo que se pierde esta perspectiva.

Pero en realidad no se trata de un “volcán” sino de otra categoría más preocupante aún: la de los llamados “supervolcanes”. Para comprender las diferencias entre ambos, diremos que los volcanes forman montañas, mientras que los supervolcanes... las aniquilan. Además, cuando un volcán entra en erupción, arrasan la flora y fauna en varios kilómetros a la redonda, mientras que cuando un supervolcán entra en erupción... puede extinguir muchas especies y es capaz de modificar el clima de todo el planeta.

Los géiseres (de los que hay aquí más que en todo el resto del planeta juntos) son una atracción turística, pero nos están indicando que allí abajo hay fuego, ¡y qué fuego! Los expertos estiman una gran bolsa de magma (roca fundida a 1.400ºC) a unos 0cho o 10 kilómetros de profundidad, y esta bolsa no es precisamente pequeña: 50 kilómetros de ancho y una profundidad que llega hasta los 650 kilómetros.

Tan vivo está el supervolcán de Yellowstone que desde el año 2004 el suelo se está abovedando a una velocidad de ocho centímetros cada año. Pareciera que pudiera explotar en cualquier momento, con unos efectos devastadores que ni las películas de catástrofes son capaces de imaginar... aunque estamos hablando de tiempos geológicos y estos son mucho más lentos que la vida de cualquiera de nosotros. Por ejemplo, la última erupción (según los cálculos de los expertos) se produjo hace 640.000 años, y antes hubo otra hace 1,3 millones de años, y antes otra hace 2,1 millones de años. Es posible, pues, que cuando se produzca la próxima el ser humano ya no esté sobre la Tierra.