miércoles, 22 de octubre de 2025

Bolivia tiene nuevo presidente, y en España no dicen nada

(AZprensa) ¿A que no sabías que el pasado 19 de octubre se celebraron elecciones en Bolivia y ya tiene un nuevo presidente? Desde luego los medios de comunicación españoles no han dicho nada al respecto. ¿Sabes cuál es la razón? Que después de 20 años de Evo Morales y los que después de él llegaron al poder, es decir, la ultraizquierda alabada por la ultraizquierda española y por el PSOE de Pedro Sánchez, ahora se ha dado la vuelta a la tortilla, los bolivianos han dicho que quieren un cambio y han votado al conservador Rodrigo Paz.
Y claro ¿¡Cómo va Pedro Sánchez a felicitar a un nuevo presidente que no es  de los suyos!?
 
Sin embargo Rodrigo Paz promete ser mucho más que un buen presidente…
 
En un giro histórico que pone fin a dos décadas de gobiernos de izquierda liderados por el Movimiento al Socialismo (MAS), Rodrigo Paz Pereira asumirá la presidencia de Bolivia el próximo 8 de noviembre. El centroderechista de 58 años, senador por Tarija y economista de formación, se impuso en la segunda vuelta electoral del 19 de octubre con el 54,5% de los votos, derrotando al conservador Jorge "Tuto" Quiroga, quien obtuvo el 45,5%. Esta elección, la primera balotaje en la historia democrática del país, refleja el hartazgo ciudadano ante la crisis económica, la escasez de combustible y la inflación galopante que han marcado los últimos años.
 
Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y sobrino-nieto de Víctor Paz Estenssoro, figura clave en la reforma agraria boliviana, Rodrigo Paz nació en España durante el exilio familiar bajo la dictadura militar. Su trayectoria política incluye roles como diputado, alcalde de Tarija (2015-2020) y actual senador por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). En su campaña, Paz se presentó como un "capitalismo para todos", capturando el voto desilusionado del MAS tanto en zonas rurales como urbanas, sin inclinarse hacia el extremismo conservador de su rival.
 
“La ideología no da de comer”
 
En su primer discurso como presidente electo, pronunciado ante una multitud eufórica en las calles de La Paz la noche del 19 de octubre, Paz enfatizó la reconciliación nacional y un enfoque práctico para reactivar la economía. "Es tiempo de hermandad y reconciliación", declaró, llamando a "todos los hombres y mujeres que quieran a la patria" a unirse en la construcción de un futuro compartido. Esta promesa de inclusión se extiende explícitamente a quienes no lo apoyaron en las urnas: "Trabajaré para todos los bolivianos y no sólo para los que me han votado", aseguró, subrayando que su gobierno no será excluyente ni revanchista.
 
El núcleo de su visión económica se resume en una frase contundente que resonó en los medios y redes sociales: “La ideología no da de comer. Lo que da de comer es el derecho al trabajo, instituciones fuertes y el respeto a la propiedad privada”. Paz repitió esta idea en variaciones durante su conferencia de prensa posterior, añadiendo: "Sabemos los bolivianos que la ideología no da de comer. Lo que da de comer es el derecho al trabajo; lo que da de comer es instituciones fuertes; lo que da de comer es la seguridad jurídica, el respeto a la propiedad privada; lo que da de comer es tener certidumbre en tu futuro y eso es lo que queremos trabajar".
 
Estas declaraciones marcan un quiebre con el modelo estatista del MAS, priorizando la inversión privada, la descentralización presupuestaria y la apertura internacional para combatir la recesión heredada.
 
Paz también anunció su intención de retomar lazos con Estados Unidos, recibiendo ya una llamada del subsecretario de Estado Christopher Landau. "Vamos a llevar adelante una relación estrecha con uno de los gobiernos más importantes del ámbito mundial, ser parte de las soluciones para que a partir del 8 de noviembre a Bolivia no le falten sus hidrocarburos", afirmó. Sin embargo, fue tajante al excluir de su toma de posesión a líderes como Nicolás Maduro de Venezuela, Daniel Ortega de Nicaragua y Miguel Díaz-Canel de Cuba, argumentando que su gobierno solo mantendrá relaciones con países que "tengan la democracia como principio". "No comparto la modalidad democrática de Maduro", sentenció, alineándose con una política exterior pragmática y alejada de alianzas ideológicas.
 
Un país en ruina económica por el legado de la ultraizquierda
 
El nuevo presidente hereda un país en ruinas económicas. La caída de las exportaciones de gas, la falta de dólares y colas interminables para combustible han exacerbado la pobreza, afectando especialmente al oriente boliviano, motor agroindustrial de la nación. Paz propone una "Agenda 50/50" para descentralizar recursos, impulsando el sector privado sin eliminar programas sociales del MAS, y una reforma judicial para despolitizar el sistema. Analistas como Eduardo Gamarra destacan que su victoria se debe a su capacidad para unir a votantes desencantados: "Paz ha logrado capturar el voto, tanto rural como urbano, que ha perdido el MAS".
 
El presidente saliente, Luis Arce, felicitó a Paz vía X pero confirmó que no asistirá a la ceremonia de traspaso de mando, argumentando que "no es necesario". Esta ausencia subraya las tensiones residuales, aunque Quiroga y su compañero de fórmula ya han expresado disposición a colaborar "siempre que sea por Bolivia".
 
Rodrigo Paz se presenta como el artífice de un "cambio sin romper" el tejido social boliviano. Su compañero de fórmula, el capitán Edman Lara –un expolicía viral por denunciar corrupción–, añade un toque populista que equilibrará la fórmula. "Bolivia respira vientos de cambio y renovación para seguir avanzando", concluyó Paz en su discurso, evocando optimismo en un país que celebra sus 200 años de independencia con la esperanza de recuperar su rol geopolítico.
 
Mientras se prepara para asumir el mando en Sucre, la capital constitucional, los bolivianos esperan que las palabras de Paz se traduzcan en acciones concretas. En un contexto regional de polarización, su énfasis en el trabajo, la propiedad y la unidad podría ser el bálsamo que Bolivia necesita para sanar sus divisiones. Como él mismo dijo: "Dios, la familia y la patria son la base". El mundo observa cómo este heredero político intentará cumplirlo.
 

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La industria farmacéutica y el Cine

(AZprensa)
El cine, como séptimo arte, ha tenido una relación compleja y fascinante con la industria farmacéutica, un sector que, por su impacto en la salud y la sociedad, se presta a narrativas cargadas de conflicto, intriga y dilemas éticos. A lo largo de la historia del cine, los laboratorios farmacéuticos han sido retratados predominantemente como antagonistas, aunque también existen excepciones que destacan su papel en la investigación y el desarrollo de medicamentos que salvan vidas. Esta dualidad refleja tanto las críticas sociales hacia la industria como el reconocimiento de sus avances científicos, convirtiendo al cine en un medio privilegiado para explorar las tensiones entre ciencia, ética y poder.
 
Los laboratorios como villanos
 
En el imaginario cinematográfico, los laboratorios farmacéuticos suelen ser representados como entidades poderosas y, a menudo, moralmente cuestionables. Este arquetipo responde a una percepción social que asocia a la industria con prácticas como la maximización de beneficios a expensas de la salud pública, la manipulación de ensayos clínicos o la comercialización agresiva de medicamentos. Películas como El jardinero fiel (2005), basada en la novela de John le Carré, exponen esta visión crítica al mostrar cómo una farmacéutica ficticia realiza ensayos clínicos poco éticos en poblaciones vulnerables de África. La cinta no solo denuncia las prácticas de explotación, sino que también pone en el centro del debate la desigualdad en el acceso a medicamentos esenciales.
 
Otro ejemplo icónico es Misión: Imposible II (2000), donde la trama gira en torno a un virus creado por una farmacéutica para lucrarse con su antídoto. Aunque esta película se enmarca en el género de acción y exagera los elementos conspirativos, refleja una desconfianza generalizada hacia las motivaciones de la industria. Asimismo, Efectos secundarios (2013) de Steven Soderbergh aborda el impacto de los psicofármacos y el marketing farmacéutico, mostrando cómo las decisiones comerciales pueden influir en la prescripción médica, a menudo con consecuencias devastadoras.
 
Esta representación negativa no es casual. El cine, como arte narrativo, tiende a amplificar los conflictos para generar empatía y drama. Los laboratorios, con su poder económico y su influencia en la salud global, son un blanco fácil para encarnar al “villano corporativo”. Además, los escándalos reales, como el caso de la talidomida en los años 50 o las controversias sobre los precios de medicamentos esenciales, han alimentado esta percepción, proporcionando material para guiones que resuenan con el público.
 
Excepciones: el lado humano de la investigación farmacéutica
 
A pesar de la tendencia a demonizar a la industria, el cine también ha sabido destacar el papel positivo de los laboratorios en la lucha contra enfermedades y el avance científico. Películas como Dallas Buyers Club (2013) muestran un enfoque más matizado. Aunque la cinta critica las restricciones regulatorias y la lentitud de la industria para aprobar medicamentos contra el VIH/SIDA en los años 80, también reconoce el impacto transformador de los tratamientos antirretrovirales desarrollados por los laboratorios. La historia de Ron Woodroof, interpretado por Matthew McConaughey, pone de manifiesto cómo la investigación farmacéutica, aunque imperfecta, puede ser una aliada en la lucha por la supervivencia.
 
Otro ejemplo es Lorenzo’s Oil (1992), basada en hechos reales, que narra la incansable búsqueda de unos padres para encontrar un tratamiento para la adrenoleucodistrofia, una enfermedad rara que afecta a su hijo. Aunque la película critica la burocracia médica y farmacéutica, también celebra la colaboración entre los protagonistas y los científicos para desarrollar un aceite experimental que prolonga la vida del niño. Esta historia destaca el potencial redentor de la investigación farmacéutica cuando se alinea con el bienestar humano.
 
Más recientemente, documentales como The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley (2019) han explorado casos específicos, como el escándalo de Theranos, que, aunque no es estrictamente una farmacéutica tradicional, aborda temas relacionados con la innovación médica y los límites éticos. Por otro lado, cintas como Contagio (2011) muestran a científicos y laboratorios trabajando contrarreloj para desarrollar una vacuna contra una pandemia, reflejando el papel crucial de la industria en crisis sanitarias globales.
 
El cine como espejo de la sociedad
 
La relación entre el cine y la industria farmacéutica es única entre las siete artes debido a la capacidad del cine para combinar narrativa, emoción y espectáculo visual. A diferencia de la literatura, que puede profundizar en detalles técnicos, o de la pintura, que captura momentos estáticos, el cine ofrece una plataforma dinámica para explorar los dilemas éticos y humanos asociados con los laboratorios. La música, la fotografía y las actuaciones potencian la capacidad del cine para generar empatía o rechazo hacia los personajes y las instituciones representadas.
 
Además, el cine tiene un alcance masivo, lo que le permite moldear percepciones públicas sobre la industria farmacéutica. Películas que critican a los laboratorios refuerzan la desconfianza social, mientras que aquellas que celebran sus logros pueden inspirar admiración por la ciencia. Esta dualidad refleja la ambivalencia de la sociedad hacia una industria que, por un lado, salva vidas y, por otro, opera en un contexto de intereses económicos y políticos.
 
La relación entre el cine y la industria farmacéutica es un reflejo de las tensiones inherentes a un sector que oscila entre la innovación y la controversia. Mientras que los laboratorios son frecuentemente retratados como villanos en historias de conspiración y abuso de poder, también hay narrativas que reconocen su papel en la lucha contra enfermedades y el avance del conocimiento humano. Esta ambivalencia convierte al cine en un medio poderoso para explorar los claroscuros de la industria farmacéutica, invitando al espectador a reflexionar sobre los dilemas éticos, sociales y científicos que definen nuestra era. Entre todas las artes, el cine destaca por su capacidad para transformar estas cuestiones en historias que no solo entretienen, sino que también desafían nuestras percepciones sobre la salud, la ciencia y el poder.
 

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martes, 21 de octubre de 2025

Los laboratorios farmacéuticos y las Bellas Artes

(AZprensa) Durante estos días hemos venido compartiendo en estas páginas la insólita y desconocida relación que existe entre la industria farmacéutica (los laboratorios farmacéuticos) y las 7 Bellas Artes.
 
A simple vista, parece que no puede existir ninguna relación entre la industria farmacéutica y la Arquitectura, la Danza, la Música, la Escultura, la Pintura, el Cine y la Literatura (bien sea esta última la narrativa de las novelas, por ejemplo, o el teatro y no digamos nada si ya nos referimos a la poesía).
 
Sin embargo, cuando hace ya muchos años yo lancé y dirigí la revista “Información al Día”, propuse este reto a tres expertos en Cine (Francisco J. Fernández), Teatro (Begoña Piña) y Poesía (Manuel Prieto Peromingo). Los tres aceptaron y nos legaron tres fantásticos artículos que he homenajeado trayéndolos de nuevo a estas páginas. Pero… faltaban más Artes, así que decidí escribir (y por supuesto indagar) qué relaciones podían existir entre los laboratorios farmacéuticos y la Arquitectura, la Danza, la Música, la Escultura, la Pintura y las Novelas (como ejemplo de narrativa en Literatura). Estos artículos se han publicado igualmente en este “Diario AZprensa” durante los últimos días… pero… quería también abordar mi punto de vista sobre los tres primeros que escribieron aquellos colaboradores expertos, es decir, la relación existente entre la industria farmacéutica y el Cine, el Teatro y la Poesía.
 
Por eso, durante los próximos tres días, compartiré con vosotros en estas páginas tres nuevos artículos que abordan esa curiosísima relación existente entre esta industria y el Cine, el Teatro y la Poesía…
 

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lunes, 20 de octubre de 2025

La espera sin fin

(AZprensa) ¿Qué es en sí una espera, ese acto de esperar? ¿Qué es lo que en realidad estamos esperando? ¿No será, acaso, una forma de huir de nuestra realidad, de enfrentarnos a nuestros miedos y a nosotros mismos? Conoce la historia de Juan y decide por ti mismo qué era lo que de verdad estaba esperando; una novela corta llena de emoción, sentimientos y romanticismo…
 
En el vibrante Madrid de 1975, Juan, un novelista de 25 años, lucha contra un mundo que premia lo superficial. Atrapado entre las expectativas de una editorial y la rutina de una ciudad en transición, anhela una conexión profunda que dé sentido a su alma inquieta.
 
Una noche, en la bulliciosa discoteca El Paraíso, conoce a Clara, una joven de 17 años cuya pasión por la literatura desafía el vacío de la noche. Su encuentro, fugaz pero intenso, despierta en Juan una esperanza que lo marca para siempre. Sin embargo, cuando Clara desaparece, él se aferra a una promesa: esperarla, aunque pasen años.
 
En un Madrid de luces de neón y baladas nostálgicas, Juan se convierte en un poeta de la espera, buscando un amor eterno en un mundo efímero. ¿Es un romántico o un soñador perdido? La respuesta yace en la noche.
 
Este es el enlace con la edición digital de esta novela…
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La Música y la Industria Farmacéutica

(AZprensa) El arte de la música, con su capacidad para evocar emociones, conectar a las personas y trascender barreras, parece a primera vista distante del mundo técnico y científico de la industria farmacéutica. Sin embargo, al explorar sus esencias, se descubren conexiones profundas entre estas dos disciplinas. Ambas buscan impactar el bienestar humano, una a través de la armonía sonora y la otra mediante la innovación científica. Desde la musicoterapia hasta la inspiración mutua en procesos creativos, la música y la farmacéutica se entrelazan en un diálogo que combina arte, ciencia y humanidad. Y es que, juntos, componen una sinfonía de curación y transformación.
 
1. El Cuerpo y la Mente como Instrumentos Comunes           
 
La música y la industria farmacéutica comparten un enfoque en el cuerpo y la mente como vehículos de transformación. La música actúa sobre el sistema nervioso, influyendo en el estado de ánimo, el ritmo cardíaco y la liberación de hormonas como la dopamina, lo que puede generar bienestar o aliviar el estrés. La farmacéutica, por su parte, diseña medicamentos que regulan procesos biológicos, desde antidepresivos que modulan la serotonina hasta analgésicos que calman el dolor. Ambas disciplinas, en esencia, buscan armonizar el cuerpo y la mente.
 
Un ejemplo claro de esta conexión es la musicoterapia, una práctica respaldada por investigaciones científicas que utiliza la música para tratar trastornos como la ansiedad, la depresión o el Alzheimer, áreas en las que la farmacéutica también interviene con medicamentos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o los inhibidores de la colinesterasa. La música, como un medicamento, puede ser una intervención no invasiva que complementa los tratamientos farmacológicos, creando un enfoque holístico para la curación.
 
2. Ritmo y Precisión                                    
 
Crear música requiere una precisión rítmica y estructural que recuerda al proceso de desarrollo de un medicamento. Un compositor organiza notas, tempos y armonías para construir una pieza coherente, mientras que un científico farmacéutico diseña moléculas, prueba formulaciones y ajusta dosis para lograr un tratamiento efectivo. En ambos casos, la creatividad se combina con la disciplina para alcanzar un resultado que resuene, ya sea en el alma o en el cuerpo.
 
Por ejemplo, el desarrollo de un fármaco como la insulina recombinante implica una secuencia precisa de pasos, similar a la composición de una sinfonía donde cada elemento debe estar en su lugar. La música, con su capacidad para estructurar el caos, refleja el proceso farmacéutico de transformar compuestos crudos en soluciones terapéuticas. Esta analogía se extiende a la investigación clínica, donde los ensayos se diseñan con la misma meticulosidad que un director de orquesta prepara una interpretación.
 
3. Emoción y Terapia                                            
 
La música tiene un poder único para evocar emociones y fomentar la conexión humana, lo que la convierte en una herramienta terapéutica poderosa. La industria farmacéutica, aunque más técnica, también busca mejorar la calidad de vida, no solo física, sino emocional y mental. Esta intersección es evidente en el tratamiento de trastornos neurológicos y psicológicos. Por ejemplo, pacientes con Parkinson han mostrado mejoras en la movilidad y el estado de ánimo al combinar musicoterapia con medicamentos como la levodopa, ya que el ritmo musical puede estimular las áreas cerebrales afectadas por la enfermedad.
 
Proyectos como el “Singing for the Brain” de la Alzheimer’s Society en el Reino Unido ilustran esta sinergia, donde la música ayuda a los pacientes a recuperar recuerdos y mejorar su bienestar, complementando los tratamientos farmacológicos. La música, al igual que un medicamento, puede actuar como un catalizador para la curación, ofreciendo alivio emocional y físico en un lenguaje universal.
 
4. Innovación y Experimentación                                       
 
Tanto la música como la industria farmacéutica prosperan en la innovación. Los músicos, desde Beethoven hasta pioneros electrónicos como Kraftwerk, han roto barreras al experimentar con nuevos sonidos y tecnologías. De manera similar, la farmacéutica impulsa avances como las terapias de ARNm o los medicamentos personalizados, redefiniendo los límites de la medicina. Esta disposición a explorar lo desconocido une a ambos campos en un espíritu de descubrimiento.
 
La tecnología también sirve como puente entre ambos mundos. En la música, el uso de sintetizadores y software de composición ha revolucionado la creación artística. En la farmacéutica, herramientas como la inteligencia artificial para el diseño de medicamentos o la modelización de interacciones moleculares han transformado la investigación. Por ejemplo, la visualización de datos en la farmacéutica, con gráficos que representan el comportamiento de un fármaco, tiene paralelos con la notación musical moderna, donde los sonidos se representan visualmente para guiar la interpretación.
 
5. Simbolismo y Narrativa                                   
 
La música, como arte narrativo, ha sido utilizada para representar temas relacionados con la salud y la ciencia. Composiciones contemporáneas han abordado cuestiones como la lucha contra enfermedades o los dilemas éticos de la industria farmacéutica. Por ejemplo, la ópera The Immortal Life of Henrietta Lacks de Du Yun, inspirada en la historia de las células HeLa utilizadas en investigaciones farmacéuticas, explora el impacto humano y ético de los avances médicos, dando voz a las complejidades de la industria.
 
Además, las empresas farmacéuticas a menudo patrocinan eventos musicales para conectar con el público y humanizar su trabajo. Conciertos benéficos patrocinados por compañías como Roche o Merck han utilizado la música para concienciar sobre enfermedades como el cáncer o el VIH, mostrando cómo este arte puede amplificar los mensajes de la farmacéutica. La música, con su capacidad para unir a las personas, se convierte en un vehículo para narrar historias de esperanza y resiliencia.
 
6. Ética y Empatía                                           
 
Ambas disciplinas enfrentan dilemas éticos que enriquecen su relación. En la música, los debates sobre la apropiación cultural o el acceso al arte son comunes. En la farmacéutica, las cuestiones sobre el precio de los medicamentos o los ensayos clínicos en poblaciones vulnerables son centrales. La música puede servir como un medio para visibilizar estos temas, como en canciones de artistas como Bob Geldof, cuyo trabajo en Live Aid destacó la necesidad de acceso a tratamientos médicos en África.
 
Un ejemplo notable es el uso de la música en campañas de salud pública, como las canciones creadas para promover la vacunación durante la pandemia de COVID-19. Estas iniciativas muestran cómo la música puede ser un aliado de la farmacéutica, utilizando su poder emocional para fomentar la confianza y la acción colectiva.
 
La música y la industria farmacéutica, aunque operan en esferas distintas, comparten una sinfonía de propósitos: transformar el cuerpo y la mente, buscar la armonía y sanar. La música, con su capacidad para evocar emociones y conectar a las personas, complementa los esfuerzos de la farmacéutica para curar a través de la ciencia. Ya sea en la precisión de sus procesos, el impacto terapéutico de sus resultados o su capacidad para narrar historias de esperanza, ambas disciplinas se entrelazan en un diálogo que combina arte y ciencia. En este baile de notas y moléculas, la música y la farmacéutica componen juntas una melodía que resuena con el deseo humano de vivir, sanar y soñar.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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