(AZprensa)
¿A que no sabías que el pasado 19 de octubre se celebraron elecciones en
Bolivia y ya tiene un nuevo presidente? Desde luego los medios de comunicación
españoles no han dicho nada al respecto. ¿Sabes cuál es la razón? Que después
de 20 años de Evo Morales y los que después de él llegaron al poder, es decir,
la ultraizquierda alabada por la ultraizquierda española y por el PSOE de Pedro
Sánchez, ahora se ha dado la vuelta a la tortilla, los bolivianos han dicho que
quieren un cambio y han votado al conservador Rodrigo Paz.
Y
claro ¿¡Cómo va Pedro Sánchez a felicitar a un nuevo presidente que no es de los suyos!?
Sin
embargo Rodrigo Paz promete ser mucho más que un buen presidente…
En
un giro histórico que pone fin a dos décadas de gobiernos de izquierda
liderados por el Movimiento al Socialismo (MAS), Rodrigo Paz Pereira asumirá la
presidencia de Bolivia el próximo 8 de noviembre. El centroderechista de 58
años, senador por Tarija y economista de formación, se impuso en la segunda
vuelta electoral del 19 de octubre con el 54,5% de los votos, derrotando al
conservador Jorge "Tuto" Quiroga, quien obtuvo el 45,5%. Esta
elección, la primera balotaje en la historia democrática del país, refleja el
hartazgo ciudadano ante la crisis económica, la escasez de combustible y la
inflación galopante que han marcado los últimos años.
Hijo
del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y sobrino-nieto de Víctor Paz
Estenssoro, figura clave en la reforma agraria boliviana, Rodrigo Paz nació en
España durante el exilio familiar bajo la dictadura militar. Su trayectoria
política incluye roles como diputado, alcalde de Tarija (2015-2020) y actual
senador por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). En su campaña, Paz se
presentó como un "capitalismo para todos", capturando el voto
desilusionado del MAS tanto en zonas rurales como urbanas, sin inclinarse hacia
el extremismo conservador de su rival.
“La
ideología no da de comer”
En
su primer discurso como presidente electo, pronunciado ante una multitud
eufórica en las calles de La Paz la noche del 19 de octubre, Paz enfatizó la
reconciliación nacional y un enfoque práctico para reactivar la economía.
"Es tiempo de hermandad y reconciliación", declaró, llamando a
"todos los hombres y mujeres que quieran a la patria" a unirse en la
construcción de un futuro compartido. Esta promesa de inclusión se extiende
explícitamente a quienes no lo apoyaron en las urnas: "Trabajaré para
todos los bolivianos y no sólo para los que me han votado", aseguró,
subrayando que su gobierno no será excluyente ni revanchista.
El
núcleo de su visión económica se resume en una frase contundente que resonó en
los medios y redes sociales: “La ideología no da de comer. Lo que da de comer
es el derecho al trabajo, instituciones fuertes y el respeto a la propiedad
privada”. Paz repitió esta idea en variaciones durante su conferencia de prensa
posterior, añadiendo: "Sabemos los bolivianos que la ideología no da de
comer. Lo que da de comer es el derecho al trabajo; lo que da de comer es
instituciones fuertes; lo que da de comer es la seguridad jurídica, el respeto a
la propiedad privada; lo que da de comer es tener certidumbre en tu futuro y
eso es lo que queremos trabajar".
Estas
declaraciones marcan un quiebre con el modelo estatista del MAS, priorizando la
inversión privada, la descentralización presupuestaria y la apertura
internacional para combatir la recesión heredada.
Paz
también anunció su intención de retomar lazos con Estados Unidos, recibiendo ya
una llamada del subsecretario de Estado Christopher Landau. "Vamos a
llevar adelante una relación estrecha con uno de los gobiernos más importantes
del ámbito mundial, ser parte de las soluciones para que a partir del 8 de
noviembre a Bolivia no le falten sus hidrocarburos", afirmó. Sin embargo,
fue tajante al excluir de su toma de posesión a líderes como Nicolás Maduro de
Venezuela, Daniel Ortega de Nicaragua y Miguel Díaz-Canel de Cuba, argumentando
que su gobierno solo mantendrá relaciones con países que "tengan la
democracia como principio". "No comparto la modalidad democrática de
Maduro", sentenció, alineándose con una política exterior pragmática y
alejada de alianzas ideológicas.
Un
país en ruina económica por el legado de la ultraizquierda
El
nuevo presidente hereda un país en ruinas económicas. La caída de las
exportaciones de gas, la falta de dólares y colas interminables para
combustible han exacerbado la pobreza, afectando especialmente al oriente
boliviano, motor agroindustrial de la nación. Paz propone una "Agenda
50/50" para descentralizar recursos, impulsando el sector privado sin
eliminar programas sociales del MAS, y una reforma judicial para despolitizar
el sistema. Analistas como Eduardo Gamarra destacan que su victoria se debe a
su capacidad para unir a votantes desencantados: "Paz ha logrado capturar
el voto, tanto rural como urbano, que ha perdido el MAS".
El
presidente saliente, Luis Arce, felicitó a Paz vía X pero confirmó que no
asistirá a la ceremonia de traspaso de mando, argumentando que "no es
necesario". Esta ausencia subraya las tensiones residuales, aunque Quiroga
y su compañero de fórmula ya han expresado disposición a colaborar
"siempre que sea por Bolivia".
Rodrigo Paz se presenta como el artífice de
un "cambio sin romper" el tejido social boliviano. Su compañero de
fórmula, el capitán Edman Lara –un expolicía viral por denunciar corrupción–,
añade un toque populista que equilibrará la fórmula. "Bolivia respira
vientos de cambio y renovación para seguir avanzando", concluyó Paz en su
discurso, evocando optimismo en un país que celebra sus 200 años de
independencia con la esperanza de recuperar su rol geopolítico.
Mientras
se prepara para asumir el mando en Sucre, la capital constitucional, los
bolivianos esperan que las palabras de Paz se traduzcan en acciones concretas.
En un contexto regional de polarización, su énfasis en el trabajo, la propiedad
y la unidad podría ser el bálsamo que Bolivia necesita para sanar sus
divisiones. Como él mismo dijo: "Dios, la familia y la patria son la
base". El mundo observa cómo este heredero político intentará cumplirlo.
Vicente
Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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(AZprensa) El
cine, como séptimo arte, ha tenido una relación compleja y fascinante con la
industria farmacéutica, un sector que, por su impacto en la salud y la
sociedad, se presta a narrativas cargadas de conflicto, intriga y dilemas
éticos. A lo largo de la historia del cine, los laboratorios farmacéuticos han
sido retratados predominantemente como antagonistas, aunque también existen
excepciones que destacan su papel en la investigación y el desarrollo de
medicamentos que salvan vidas. Esta dualidad refleja tanto las críticas
sociales hacia la industria como el reconocimiento de sus avances científicos,
convirtiendo al cine en un medio privilegiado para explorar las tensiones entre
ciencia, ética y poder.
Los
laboratorios como villanos
En
el imaginario cinematográfico, los laboratorios farmacéuticos suelen ser
representados como entidades poderosas y, a menudo, moralmente cuestionables.
Este arquetipo responde a una percepción social que asocia a la industria con
prácticas como la maximización de beneficios a expensas de la salud pública, la
manipulación de ensayos clínicos o la comercialización agresiva de
medicamentos. Películas como El jardinero fiel (2005), basada en la novela de
John le Carré, exponen esta visión crítica al mostrar cómo una farmacéutica
ficticia realiza ensayos clínicos poco éticos en poblaciones vulnerables de
África. La cinta no solo denuncia las prácticas de explotación, sino que
también pone en el centro del debate la desigualdad en el acceso a medicamentos
esenciales.
Otro
ejemplo icónico es Misión: Imposible II (2000), donde la trama gira en torno a
un virus creado por una farmacéutica para lucrarse con su antídoto. Aunque esta
película se enmarca en el género de acción y exagera los elementos
conspirativos, refleja una desconfianza generalizada hacia las motivaciones de
la industria. Asimismo, Efectos secundarios (2013) de Steven Soderbergh aborda
el impacto de los psicofármacos y el marketing farmacéutico, mostrando cómo las
decisiones comerciales pueden influir en la prescripción médica, a menudo con
consecuencias devastadoras.
Esta
representación negativa no es casual. El cine, como arte narrativo, tiende a
amplificar los conflictos para generar empatía y drama. Los laboratorios, con
su poder económico y su influencia en la salud global, son un blanco fácil para
encarnar al “villano corporativo”. Además, los escándalos reales, como el caso
de la talidomida en los años 50 o las controversias sobre los precios de
medicamentos esenciales, han alimentado esta percepción, proporcionando
material para guiones que resuenan con el público.
Excepciones:
el lado humano de la investigación farmacéutica
A
pesar de la tendencia a demonizar a la industria, el cine también ha sabido
destacar el papel positivo de los laboratorios en la lucha contra enfermedades
y el avance científico. Películas como Dallas Buyers Club (2013) muestran un
enfoque más matizado. Aunque la cinta critica las restricciones regulatorias y
la lentitud de la industria para aprobar medicamentos contra el VIH/SIDA en los
años 80, también reconoce el impacto transformador de los tratamientos
antirretrovirales desarrollados por los laboratorios. La historia de Ron
Woodroof, interpretado por Matthew McConaughey, pone de manifiesto cómo la
investigación farmacéutica, aunque imperfecta, puede ser una aliada en la lucha
por la supervivencia.
Otro
ejemplo es Lorenzo’s Oil (1992), basada en hechos reales, que narra la
incansable búsqueda de unos padres para encontrar un tratamiento para la
adrenoleucodistrofia, una enfermedad rara que afecta a su hijo. Aunque la
película critica la burocracia médica y farmacéutica, también celebra la
colaboración entre los protagonistas y los científicos para desarrollar un
aceite experimental que prolonga la vida del niño. Esta historia destaca el
potencial redentor de la investigación farmacéutica cuando se alinea con el
bienestar humano.
Más
recientemente, documentales como The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley
(2019) han explorado casos específicos, como el escándalo de Theranos, que,
aunque no es estrictamente una farmacéutica tradicional, aborda temas
relacionados con la innovación médica y los límites éticos. Por otro lado,
cintas como Contagio (2011) muestran a científicos y laboratorios trabajando
contrarreloj para desarrollar una vacuna contra una pandemia, reflejando el
papel crucial de la industria en crisis sanitarias globales.
El
cine como espejo de la sociedad
La
relación entre el cine y la industria farmacéutica es única entre las siete
artes debido a la capacidad del cine para combinar narrativa, emoción y
espectáculo visual. A diferencia de la literatura, que puede profundizar en
detalles técnicos, o de la pintura, que captura momentos estáticos, el cine
ofrece una plataforma dinámica para explorar los dilemas éticos y humanos
asociados con los laboratorios. La música, la fotografía y las actuaciones
potencian la capacidad del cine para generar empatía o rechazo hacia los
personajes y las instituciones representadas.
Además,
el cine tiene un alcance masivo, lo que le permite moldear percepciones
públicas sobre la industria farmacéutica. Películas que critican a los
laboratorios refuerzan la desconfianza social, mientras que aquellas que
celebran sus logros pueden inspirar admiración por la ciencia. Esta dualidad
refleja la ambivalencia de la sociedad hacia una industria que, por un lado,
salva vidas y, por otro, opera en un contexto de intereses económicos y
políticos.
La
relación entre el cine y la industria farmacéutica es un reflejo de las
tensiones inherentes a un sector que oscila entre la innovación y la
controversia. Mientras que los laboratorios son frecuentemente retratados como
villanos en historias de conspiración y abuso de poder, también hay narrativas
que reconocen su papel en la lucha contra enfermedades y el avance del
conocimiento humano. Esta ambivalencia convierte al cine en un medio poderoso
para explorar los claroscuros de la industria farmacéutica, invitando al
espectador a reflexionar sobre los dilemas éticos, sociales y científicos que
definen nuestra era. Entre todas las artes, el cine destaca por su capacidad
para transformar estas cuestiones en historias que no solo entretienen, sino
que también desafían nuestras percepciones sobre la salud, la ciencia y el
poder.
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legado farmacéutico de Alfred Nobel”: https://amzn.eu/d/bm8QRqN
(AZprensa) Durante estos días hemos venido compartiendo en estas páginas
la insólita y desconocida relación que existe entre la industria farmacéutica
(los laboratorios farmacéuticos) y las 7 Bellas Artes.
A simple vista, parece que no puede existir ninguna relación entre la
industria farmacéutica y la Arquitectura, la Danza, la Música, la Escultura, la
Pintura, el Cine y la Literatura (bien sea esta última la narrativa de las
novelas, por ejemplo, o el teatro y no digamos nada si ya nos referimos a la
poesía).
Sin embargo, cuando hace ya muchos años yo lancé y dirigí la revista “Información
al Día”, propuse este reto a tres expertos en Cine (Francisco J. Fernández),
Teatro (Begoña Piña) y Poesía (Manuel Prieto Peromingo). Los tres aceptaron y
nos legaron tres fantásticos artículos que he homenajeado trayéndolos de nuevo
a estas páginas. Pero… faltaban más Artes, así que decidí escribir (y por supuesto
indagar) qué relaciones podían existir entre los laboratorios farmacéuticos y
la Arquitectura, la Danza, la Música, la Escultura, la Pintura y las Novelas (como
ejemplo de narrativa en Literatura). Estos artículos se han publicado
igualmente en este “Diario AZprensa” durante los últimos días… pero… quería
también abordar mi punto de vista sobre los tres primeros que escribieron
aquellos colaboradores expertos, es decir, la relación existente entre la
industria farmacéutica y el Cine, el Teatro y la Poesía.
Por eso, durante los próximos tres días, compartiré con vosotros en estas páginas tres nuevos artículos que abordan esa curiosísima relación
existente entre esta industria y el Cine, el Teatro y la Poesía…
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(AZprensa)
¿Qué es en sí una espera, ese acto de esperar? ¿Qué es lo que en realidad
estamos esperando? ¿No será, acaso, una forma de huir de nuestra realidad, de
enfrentarnos a nuestros miedos y a nosotros mismos? Conoce la historia de Juan
y decide por ti mismo qué era lo que de verdad estaba esperando; una novela
corta llena de emoción, sentimientos y romanticismo…
En
el vibrante Madrid de 1975, Juan, un novelista de 25 años, lucha contra un
mundo que premia lo superficial. Atrapado entre las expectativas de una
editorial y la rutina de una ciudad en transición, anhela una conexión profunda
que dé sentido a su alma inquieta.
Una
noche, en la bulliciosa discoteca El Paraíso, conoce a Clara, una joven de 17
años cuya pasión por la literatura desafía el vacío de la noche. Su encuentro,
fugaz pero intenso, despierta en Juan una esperanza que lo marca para siempre.
Sin embargo, cuando Clara desaparece, él se aferra a una promesa: esperarla,
aunque pasen años.
En
un Madrid de luces de neón y baladas nostálgicas, Juan se convierte en un poeta
de la espera, buscando un amor eterno en un mundo efímero. ¿Es un romántico o
un soñador perdido? La respuesta yace en la noche.
Este
es el enlace con la edición digital de esta novela…
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espera sin fin”: https://amzn.eu/d/bttcwQY
(AZprensa) El arte de la música, con su capacidad para
evocar emociones, conectar a las personas y trascender barreras, parece a
primera vista distante del mundo técnico y científico de la industria
farmacéutica. Sin embargo, al explorar sus esencias, se descubren conexiones
profundas entre estas dos disciplinas. Ambas buscan impactar el bienestar
humano, una a través de la armonía sonora y la otra mediante la innovación
científica. Desde la musicoterapia hasta la inspiración mutua en procesos
creativos, la música y la farmacéutica se entrelazan en un diálogo que combina
arte, ciencia y humanidad. Y es que, juntos, componen una sinfonía de curación
y transformación.
1. El Cuerpo y la Mente como Instrumentos Comunes
La música y la industria farmacéutica comparten un
enfoque en el cuerpo y la mente como vehículos de transformación. La música
actúa sobre el sistema nervioso, influyendo en el estado de ánimo, el ritmo
cardíaco y la liberación de hormonas como la dopamina, lo que puede generar
bienestar o aliviar el estrés. La farmacéutica, por su parte, diseña
medicamentos que regulan procesos biológicos, desde antidepresivos que modulan
la serotonina hasta analgésicos que calman el dolor. Ambas disciplinas, en
esencia, buscan armonizar el cuerpo y la mente.
Un ejemplo claro de esta conexión es la musicoterapia,
una práctica respaldada por investigaciones científicas que utiliza la música
para tratar trastornos como la ansiedad, la depresión o el Alzheimer, áreas en
las que la farmacéutica también interviene con medicamentos como los
inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o los inhibidores
de la colinesterasa. La música, como un medicamento, puede ser una intervención
no invasiva que complementa los tratamientos farmacológicos, creando un enfoque
holístico para la curación.
2. Ritmo y Precisión
Crear música requiere una precisión rítmica y estructural
que recuerda al proceso de desarrollo de un medicamento. Un compositor organiza
notas, tempos y armonías para construir una pieza coherente, mientras que un
científico farmacéutico diseña moléculas, prueba formulaciones y ajusta dosis
para lograr un tratamiento efectivo. En ambos casos, la creatividad se combina
con la disciplina para alcanzar un resultado que resuene, ya sea en el alma o
en el cuerpo.
Por ejemplo, el desarrollo de un fármaco como la insulina
recombinante implica una secuencia precisa de pasos, similar a la composición
de una sinfonía donde cada elemento debe estar en su lugar. La música, con su
capacidad para estructurar el caos, refleja el proceso farmacéutico de
transformar compuestos crudos en soluciones terapéuticas. Esta analogía se
extiende a la investigación clínica, donde los ensayos se diseñan con la misma
meticulosidad que un director de orquesta prepara una interpretación.
3. Emoción y Terapia
La música tiene un poder único para evocar emociones y
fomentar la conexión humana, lo que la convierte en una herramienta terapéutica
poderosa. La industria farmacéutica, aunque más técnica, también busca mejorar
la calidad de vida, no solo física, sino emocional y mental. Esta intersección
es evidente en el tratamiento de trastornos neurológicos y psicológicos. Por
ejemplo, pacientes con Parkinson han mostrado mejoras en la movilidad y el
estado de ánimo al combinar musicoterapia con medicamentos como la levodopa, ya
que el ritmo musical puede estimular las áreas cerebrales afectadas por la
enfermedad.
Proyectos como el “Singing for the Brain” de la
Alzheimer’s Society en el Reino Unido ilustran esta sinergia, donde la música
ayuda a los pacientes a recuperar recuerdos y mejorar su bienestar,
complementando los tratamientos farmacológicos. La música, al igual que un
medicamento, puede actuar como un catalizador para la curación, ofreciendo
alivio emocional y físico en un lenguaje universal.
4. Innovación y Experimentación
Tanto la música como la industria farmacéutica prosperan
en la innovación. Los músicos, desde Beethoven hasta pioneros electrónicos como
Kraftwerk, han roto barreras al experimentar con nuevos sonidos y tecnologías.
De manera similar, la farmacéutica impulsa avances como las terapias de ARNm o
los medicamentos personalizados, redefiniendo los límites de la medicina. Esta
disposición a explorar lo desconocido une a ambos campos en un espíritu de
descubrimiento.
La tecnología también sirve como puente entre ambos
mundos. En la música, el uso de sintetizadores y software de composición ha
revolucionado la creación artística. En la farmacéutica, herramientas como la
inteligencia artificial para el diseño de medicamentos o la modelización de
interacciones moleculares han transformado la investigación. Por ejemplo, la
visualización de datos en la farmacéutica, con gráficos que representan el
comportamiento de un fármaco, tiene paralelos con la notación musical moderna,
donde los sonidos se representan visualmente para guiar la interpretación.
5. Simbolismo y Narrativa
La música, como arte narrativo, ha sido utilizada para
representar temas relacionados con la salud y la ciencia. Composiciones
contemporáneas han abordado cuestiones como la lucha contra enfermedades o los
dilemas éticos de la industria farmacéutica. Por ejemplo, la ópera The Immortal
Life of Henrietta Lacks de Du Yun, inspirada en la historia de las células HeLa
utilizadas en investigaciones farmacéuticas, explora el impacto humano y ético
de los avances médicos, dando voz a las complejidades de la industria.
Además, las empresas farmacéuticas a menudo patrocinan
eventos musicales para conectar con el público y humanizar su trabajo.
Conciertos benéficos patrocinados por compañías como Roche o Merck han
utilizado la música para concienciar sobre enfermedades como el cáncer o el
VIH, mostrando cómo este arte puede amplificar los mensajes de la farmacéutica.
La música, con su capacidad para unir a las personas, se convierte en un
vehículo para narrar historias de esperanza y resiliencia.
6. Ética y Empatía
Ambas disciplinas enfrentan dilemas éticos que enriquecen
su relación. En la música, los debates sobre la apropiación cultural o el
acceso al arte son comunes. En la farmacéutica, las cuestiones sobre el precio
de los medicamentos o los ensayos clínicos en poblaciones vulnerables son
centrales. La música puede servir como un medio para visibilizar estos temas,
como en canciones de artistas como Bob Geldof, cuyo trabajo en Live Aid destacó
la necesidad de acceso a tratamientos médicos en África.
Un ejemplo notable es el uso de la música en campañas de
salud pública, como las canciones creadas para promover la vacunación durante
la pandemia de COVID-19. Estas iniciativas muestran cómo la música puede ser un
aliado de la farmacéutica, utilizando su poder emocional para fomentar la
confianza y la acción colectiva.
La música y la industria farmacéutica, aunque operan en
esferas distintas, comparten una sinfonía de propósitos: transformar el cuerpo
y la mente, buscar la armonía y sanar. La música, con su capacidad para evocar
emociones y conectar a las personas, complementa los esfuerzos de la
farmacéutica para curar a través de la ciencia. Ya sea en la precisión de sus
procesos, el impacto terapéutico de sus resultados o su capacidad para narrar
historias de esperanza, ambas disciplinas se entrelazan en un diálogo que
combina arte y ciencia. En este baile de notas y moléculas, la música y la
farmacéutica componen juntas una melodía que resuena con el deseo humano de
vivir, sanar y soñar.
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros
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