viernes, 31 de julio de 2026

La música que el tiempo no pudo borrar

“La melodía permanece” nos cuenta en una novela cómo fue la desconocida y apasionante vida de la pianista noruega Erika Lie Nissen, una auténtica celebridad en la Europa de su tiempo, defensora de la independencia de la mujer y del apoyo a los más desfavorecidos; y sin embrago no pudo quedar de ella ningún registro sonoro y muy pocas líneas escritas.
 
(AZprensa) Hay vidas que parecen escritas para desafiar al olvido. En la Noruega de finales del siglo XIX, cuando el país escandinavo vibraba ante la promesa de su inminente independencia, una mujer lograba silenciar los grandes auditorios de Europa con solo sentarse frente al teclado. Se llamaba Erika Lie Nissen. Fue aclamada por Franz Liszt, musa e intérprete de referencia de Edvard Grieg, y protagonista de una de las biografías más intensas, románticas y comprometidas de la historia de la música nórdica.
 
Sin embargo, la ausencia de registros sonoros de la época y el paso de las décadas amenazaban con reducir su figura a una simple nota a pie de página en los libros de arte. Hasta hoy.
 
Llega a través de Amazon una conmovedora novela biográfica que recupera en toda su magnitud la trayectoria de esta artista indomable. A través de una narrativa emotiva y ampliamente documentada, la novela “La melodía permanece” recorre los hitos de una existencia marcada por el virtuosismo precoz en las orillas del río Glomma, el perfeccionamiento en el Berlín romántico, las pasiones que sacudieron su vida íntima y su valiente decisión de emanciparse en una sociedad marcadamente puritana.
 
Un tributo a la libertad femenina
 
El origen de este proyecto literario contiene un matiz casi providencial. Su autor, un veterano periodista español, descubrió la figura de la pianista en 1984 durante una exposición de pintura escandinava en Madrid. Ante el imponente lienzo que le dedicó el pintor Erik Werenskiold, el escritor experimentó una sacudida emocional que le embarcó en una ardua labor de orfebrería documental. Tras rastrear lo poco que se ha escrito sobre ella en cartas personales, diarios de época y recortes de prensa amarilleados por el tiempo, el autor nos regala la presencia no sólo de la virtuosa pianista, sino de la mujer de carne y hueso que fue: la madre coraje, la activista que organizaba recítales y comedores para los barrios obreros de Christiania (actual Oslo) y la intérprete que, sufriendo los zarpazos de una severa artritis, ofreció en el Festival de Bergen de 1898 una de las actuaciones más gloriosas y conmovedoras que se recuerdan en Escandinavia.
 
Erika Lie no solo fue una superestrella de la música; fue una mujer adelantada a su tiempo que reclamó el derecho a decidir sobre su propia vida. En una época donde la mujer quedaba relegada a la sombra del matrimonio, ella tuvo el valor de decir 'ahora soy yo' y convertir su arte en un acto de entrega hacia los demás.
 
La novela, que promete emocionar tanto a los amantes de la música clásica y la historia como a los lectores de grandes biografías humanas, concluye evocando el célebre epitafio que le dedicó el Nobel de literatura Bjørnstjerne Bjørnson: «La rubia se ha ido. Pero la melodía permanece».


La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y dispone de una edición en español y otra en noruego.

Más información en estos enlaces…

“La melodía permanece”: https://a.co/d/0cMf3W5c

“Melodien står igjen”: https://a.co/d/0jghNJHx

jueves, 30 de julio de 2026

Un escritor español rescata del olvido la vida de la pianista noruega Erika Lie Nissen

Erika Lie Nissen (1845-1903) fue una auténtica celebridad en su tiempo y sin embargo hasta ahora sólo teníamos de ella unas pocas líneas en las enciclopedias. Porque un pintor deja a la posteridad sus cuadros, un compositor sus partituras, un arquitecto sus edificios, pero… una concertista de piano del siglo XIX ¿qué deja si no existían en aquella época medios de grabación para que pudiésemos escuchar muchos años después sus interpretaciones?
 
Este ha sido el caso de Erika Nissen, aclamada en toda Europa, admirada por Edvard Grieg, Rikard Nordraak o Christian Sinding, musa de Bjørnstjerne Bjørnson y Nordraak (compositores del himno nacional noruego), amiga inseparable de Agathe Backer, formada como alumna por Halfdan Kjerulf y Theodor Kullak. La llamaron la Clara Schumann del Norte y de sus interpretaciones decían que eran “fuego líquido que quemaba las venas” y que su música te hacía sentir la autenticidad de Noruega.
 
Pero si el legado de sus interpretaciones no ha sido posible conservarlo, su intensa y apasionante vida tampoco había sido recogida en una biografía completa que aunase su faceta como artista y su perfil humano. Y resulta que su vida bien merecía una biografía porque reunía todos los ingredientes de una novela épica. Una mujer sola viajando por Europa para dar conciertos, cuando –por ejemplo- ir de Berlín a París suponía entre cinco y diez días de viaje lleno de contratiempos; una activista que defendió la independencia de la mujer y el sufragio femenino en una sociedad puritana; una mujer solidaria que se volcó en la ayuda de los pobres; una personalidad capaz de enamorar al gran Bjørnstjerne Bjørnson y a Rikard Nordraak… y sin embargo, a pesar de los escándalos que rodearon su vida, todos la perdonaban cuando la escuchaban tocar.
 

Curiosamente ha sido un escritor español, Vicente Fisac, quien ha afrontado el reto de rescatar su vida para que el espíritu de su música siga vivo, a través de una novela que nos trasladará a la Noruega y la Europa de la segunda mitad del siglo XIX y nos descubrirá paso a paso cómo esa niña que gateaba hasta el piano para tocar por primera vez las teclas, se convirtió en una leyenda cuyo legado sólo pudieron escuchar quienes convivieron con ella.
 
La novela “La melodía permanece”, está disponible en ediciones digital e impresa en Amazon y existe igualmente una edición en noruego (“Melodien står igjen”).

Más información en este enlace: https://a.co/d/0cMf3W5c

miércoles, 29 de julio de 2026

Fichar o trabajar: El arte español de calentar la silla

Cada cierto tiempo, algún dirigente extranjero comete el error de arrimarse a los micrófonos y soltar que en España se trabaja poco. ¡Para qué queremos más! Inmediatamente, políticos y medios de comunicación salen en tromba, gráficos en mano, para demostrar que en España se echan más horas que en un reloj.
 
(AZprensa) Los datos oficiales siempre dicen lo mismo: los españoles pasamos en el trabajo muchas más horas al año que nuestros vecinos del norte de Europa. Pero en toda esta indignación patria hay una trampa monumental. Se está confundiendo un binomio sagrado: una cosa es "trabajar" y otra, muy distinta, es "estar en la oficina".
 
La fauna del presentismo y el deporte del pasillo
 
Seamos sinceros. En el ecosistema laboral español, la oficina no es solo un lugar de producción; es un centro social de alto rendimiento. Están las tertulias cafeteras que se alargan hasta el infinito, las llamadas personales camufladas de "gestión urgente" y, por supuesto, el clásico "paseo de despacho en despacho". Este último es un deporte nacional que consiste en deambular con un papel en la mano para parecer ocupado mientras, de paso, interrumpes al único compañero que de verdad estaba concentrado.
 
Y es que en España las jornadas son interminables por una cuestión de pura supervivencia social. Cumplir estrictamente el horario de salida a menudo está mal visto. Existe una competición silenciosa, liderada por los "pelotas" de turno, para ver quién apaga la luz más tarde. En muchos sitios, lo de menos es lo que produzcas; lo verdaderamente crucial es que el jefe pase por tu mesa a las ocho de la tarde y compruebe que sigues allí, con los ojos inyectados en sangre pero al pie del cañón. El triunfo de la presencia sobre la eficiencia.
 
La espiral del absurdo frente al pragmatismo europeo
 
Esta cultura del "calentar la silla" alimenta una espiral bastante tóxica:
 
- Los jefes miden el compromiso en horas de estancia, explotando a sus subordinados.
 
- Los subordinados, a su vez, asumen que perderán la tarde, por lo que dosifican el esfuerzo y alargan las tareas.
 
Como resultado, la conciliación familiar es un mito y la productividad cae en picado porque la gente está más preocupada por figurarse que por hacer.
 
Cualquiera que haya trabajado con empresas del centro o del norte de Europa nota el choque cultural de inmediato. Allí, las horas de oficina son sagradas: se va a lo que se va. No hay espacio para el escaqueo ni para el postureo. Cuando llega la hora de salir, el bolígrafo se cae de la mano y la oficina se vacía por completo. Nadie piensa que eres un mal empleado por irte a tu hora; al contrario, si te quedas systematically tarde, tu jefe empezará a sospechar que no eres capaz de organizar tu trabajo.
 
Por supuesto que un europeo se quedará hasta las mil de la noche si hay una urgencia o una crisis, pero es la excepción, no la norma. Aquí, por el contrario, hemos convertido la excepción en nuestra jornada estándar.
 
Va siendo hora de que entendamos que la eficiencia no se mide en horas de presencia, sino en objetivos cumplidos. Mientras tanto, nos tocará seguir aguantando al compañero que llega a las ocho de la tarde diciendo aquello de: "¿Ya os vais? ¡Pero si es tempranísimo!".
 

Biblioteca Fisac
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martes, 28 de julio de 2026

¿Por qué los médicos necesitan recetarse "Comunicación"?

La relación médico-paciente hace ya mucho tiempo que dejó de ser una conversación íntima de dos. Hoy en día es cosa de tres. El tercer elemento que se ha colado en la consulta, y que cada vez tiene más peso específico, es el periodista. 

(AZprensa) La irrupción de los medios de comunicación en el mundo de la salud está generando dinámicas radicalmente opuestas según el lado de la mesa en el que nos sentemos.
 
El paciente: Más informado (para bien y para mal)
 
Para el ciudadano de a pie, el acceso a informaciones sobre salud, prevención y patologías a través de los medios de comunicación ha cambiado las reglas del juego. Cuando un paciente acude a fuentes rigurosas, llega a la consulta con un mayor grado de conocimiento.
 
Esto, lejos de ser un problema, es una ventaja clínica: un paciente que comprende su enfermedad entiende mejor las instrucciones del facultativo, es más consciente de la necesidad de cumplir con la adherencia terapéutica y, por consiguiente, obtiene un mejor resultado final en su salud.
 
El médico: Entre la desconfianza y la oportunidad
 
Para la comunidad médica, en cambio, la perspectiva es diferente y suele dividirse en tres posturas:
 
El intruso molesto: Muchos profesionales ven al periodista como un agente externo que ha transformado al paciente sumiso y callado del pasado en un interlocutor que le habla de tú a tú. Les resulta molesto porque les resta un tiempo valiosísimo en la consulta respondiendo a preguntas científicas, profesionales o comprometidas. Existe el temor (a veces fundado) de que los medios no trasladen la información con el rigor que ellos desearían.
 
La oportunidad estratégica: Existe un grupo de facultativos que ve en la prensa un aliado fundamental. Una oportunidad para posicionarse como expertos en su campo, divulgar sus aportaciones científicas y tejer una red de alianzas para ser escuchados cuando la actualidad médica o su profesión lo requieran.
 
Una asignatura pendiente: La comunicación médica
 
Ante esta realidad, la Comunicación (con mayúsculas) debería dejar de ser una habilidad anecdótica para convertirse en una asignatura básica en las facultades de Medicina.
 
- Un médico del siglo XXI necesita un "diagnóstico de medios" y saber cómo enfrentarse a ellos:
 
- Conocer las dinámicas de trabajo de los periodistas y los formatos (televisión, radio, prensa escrita o digital).
 
- Adaptar el lenguaje según el tipo de programa (un informativo requiere síntesis; un debate, agilidad; un magazine, cercanía).
 
- Manejar los tiempos según la intervención sea en riguroso directo o grabada.
 
- Saber gestionar la comunicación en situaciones de crisis sanitaria o ante temas de alta polémica social.
 
Del acoso al titular: No hay escapatoria
 
Para aquellos profesionales que aún crean que la mejor estrategia ante los medios es dar la espantada, aplicar el "silencio administrativo" o delegar en un tercero, conviene recordarles dos realidades inapelables:
 
- Primero: El acoso periodístico ante una crisis es inevitable, y el simple hecho de huir de una cámara o un micrófono ya genera un titular... y casi nunca es favorable.
 
- Segundo: Tarde o temprano, por rango, cargo o responsabilidad, todo profesional de la salud se verá en la obligación de dar la cara ante la opinión pública. Llegado ese momento, la improvisación es el peor enemigo.
 
En definitiva, las reglas del juego han cambiado. Hoy son los propios médicos los que deben prescribirse un tratamiento obligatorio: formación en comunicación estratégica de la mano de expertos. Solo así la consulta volverá a ser un espacio de entendimiento, aunque ahora seamos tres en la habitación.
 

Biblioteca Fisac
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lunes, 27 de julio de 2026

Cuándo la ciencia se pasa de dramática

Hay titulares de revistas científicas que nacen con una vocación tan farragosa y políticamente correcta que casi piden a gritos una traducción urgente al romance paladín. Hoy vamos a traer a nuestras páginas un ejemplo ilustrativo que me encontré hace tiempo.
 
(AZprensa) Hace un tiempo me topé con uno de esos titulares que piden a gritos ser traducidos y explicados. El antetítulo decía: “Los hombres, menos preocupados por la higiene personal”, y el plato fuerte afirmaba: “Un 25% de las mujeres mayores de 35 años experimenta incontinencia urinaria en algún momento de su vida”.
 
A ver, seamos francos. Una traducción libre, directa y sin anestesia de semejante despliegue estadístico habría sido, sencillamente: "Las mujeres se mean y los hombres son unos guarros". Brutal, sí, pero directo al grano.
 
El drama de la normalización
 
En el artículo en cuestión, el profesor Iam Milsom —catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Gotemburgo— arrancaba lanzando flores al marketing moderno. Según el buen profesor, el hecho de que hoy veamos anuncios de compresas y productos para la incontinencia en la televisión o en Internet ha ayudado muchísimo a normalizar el asunto. Hasta ahí, impecable. Es fantástico que la sociedad avance y perdamos los tabúes.
 
El problema viene cuando la ciencia se pone el traje de tragedia griega.
 
Tras celebrar la visibilidad del problema, el Prof. Milsom decidió venirse arriba y dramatizar el asunto asegurando que a la gran mayoría de las mujeres les afectará esto en algún momento de su vida (es decir, que un "escape" involuntario lo tiene cualquiera). Pero no se quedó ahí. Para rematar la faena, decidió equiparar este inconveniente con dolencias médicas de primer orden:
 
"Es un problema comparable con otras dolencias importantes como el asma, la depresión o el colesterol".
 
Un orden de prioridades cuestionable
 
Vamos a ver, doctor, un poco de perspectiva. Con la salud no se juega, pero con el alarmismo tampoco. Ante semejante abanico de opciones apocalípticas, la elección parece bastante obvia.
 
Si me dan a elegir en el gran buffet de los achaques de la mediana edad, lo tengo claro:
 
Opción A: Quedarme asfixiado y cianótico por un ataque de asma.
 
Opción B: Sufrir un infarto fulminante o un ictus por culpa de las arterias atascadas de colesterol.
 
Opción C: Un inoportuno accidente rumbo al baño.
 
Sinceramente, de entre todas las tragedias posibles que nos depara el destino biológico, yo preferiría mil veces mearme encima antes que padecer cualquiera de las otras dos. Al fin y al cabo, como bien decía el propio profesor al principio, para lo primero ya hay anuncios en la tele y soluciones discretas; para lo segundo, la cosa se complica bastante más.
 
Conclusión: Menos drama, más perspectiva científica... y un poquito más de humor.
 

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