Si hablamos de
fútbol ¿podemos realmente hablar de fútbol? Porque la realidad es que si
repasamos las cuatro etapas por las que ha pasado nos daremos cuenta de que lo
que hoy llamamos “fútbol” en realidad es otra cosa.
(AZprensa) Si repasamos la
historia del fútbol con perspectiva, nos daremos cuenta de que ha transitado
por un camino por el que ningún aficionado hubiese deseado. Lo que un día nació
como una simple reunión de amigos hoy se ha convertido en algo completamente
distinto. La evolución del deporte rey se puede dividir claramente en cuatro
grandes etapas:
1. Los orígenes:
el juego por el juego
En
sus inicios, el fútbol no tenía mayores pretensiones que las de pasar un buen
rato, hacer ejercicio y, de paso, regalar un rato de entretenimiento a los
espectadores. Era una práctica lúdica, pura y sin ataduras económicas.
2. La
profesionalización: el deporte reglado y las taquillas
En
las décadas posteriores, el fútbol se estructuró y profesionalizó. Pasó a ser
un deporte perfectamente reglado que subsistía gracias a los ingresos de las
taquillas y a la publicidad inicial de algunos anunciantes. En esta fase, el
aficionado de a pie era el auténtico sustento económico del club a través del
precio de su entrada.
3. La era
audiovisual: el fútbol convertido en negocio televisivo
En
las últimas décadas, con la irrupción masiva de los medios audiovisuales y el
pago de sustanciosos derechos de retransmisión, el fútbol dio un salto mortal
para convertirse en un gran negocio. En este punto, el espectador tradicional
comenzó a retroceder a un plano secundario: los clubes ya no dependían de la
recaudación en el estadio (eso era una minucia secundaria), sino del dinero
fresco que aportaban las televisiones y las grandes marcas patrocinadoras,
interesadas en el impacto masivo que proporciona la televisión.
4. La etapa
actual: el fútbol como un mero "pretexto"
¿Y
ahora? ¿Cuál es la realidad del fútbol actual? En esta cuarta etapa que ya
estamos viviendo de lleno, el fútbol ya no es un juego, ni un deporte, ni
siquiera un negocio convencional.
¿Sabes
por qué? Porque hoy el fútbol es solo un pretexto. Sí, un señuelo para mover
otros engranajes económicos mucho mayores:
La
venta masiva de camisetas y merchandising global.
Academias
internacionales de formación de futbolistas —donde los jóvenes pagan por
formarse— para luego especular con su compraventa como si de activos
financieros se tratase.
Estadios
que albergan conciertos musicales, convenciones, ferias, etc. buscando los
clubes la plena ocupación con todas estas actividades lucrativas.
Escenarios
y plataformas de visibilidad para que fondos de inversión, estados y grandes
corporaciones limpien su imagen y obtengan notoriedad de marca para sus
verdaderos negocios.
Si
hasta ahora el aficionado le importaba poco a los organizadores porque el
dinero venía de la televisión, en esta fase el hincha ya no importa
absolutamente nada. Lo único que cuenta es la potencia de una marca global
capaz de asociarse a macroproyectos inmobiliarios y operaciones financieras de
todo tipo.
Conclusión
La
lectura es clara y cruda: el fútbol como juego o como deporte ha muerto. Lo que
queda sobre el césped es solo el señuelo publicitario de una gran corporación
de negocios que utiliza la pasión de la gente como simple decorado.
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