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jueves, 28 de mayo de 2026

Difícil asunto este de la imparcialidad de los periodistas

(AZprensa)
¿Se puede estar al mismo tiempo a ambos lados de la mesa? En un extremo se sitúan los periodistas que redactan para un medio de comunicación de interés general. En el opuesto, aquellos que elaboran notas de prensa para sus corporaciones y las envían a las redacciones con la esperanza de verlas publicadas. Ante este escenario, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿pueden los profesionales de la comunicación institucional actuar también como editores de un medio de información general?
 
Hasta ahora, las reglas del juego dictaban que cada cual ocupase su sitio. En las últimas décadas, los departamentos de Comunicación de las grandes compañías no han dejado de crecer, afortunadamente no solo en presupuestos, sino en cualificación profesional, nutriéndose de periodistas de raza. A ellos se suma la colaboración de las agencias y gabinetes externos, integrados también por profesionales de la información.
 
Desde este flanco de la mesa, la misión es clara: canalizar toda la información relevante de la empresa y atender con solvencia las peticiones de datos, declaraciones, entrevistas o posicionamientos que formulan los medios.
 
Se trata, por tanto, de un diálogo constante entre profesionales. Un intercambio con intereses legítimos pero contrapuestos: la compañía busca maximizar el impacto de sus hitos positivos; el medio, por su parte, persigue captar el interés del lector para ganar el favor de la audiencia.
 
El valor del contraste
 
En la otra orilla nos encontramos con los periodistas de redacción, encargados de buscar proactivamente la noticia mientras digieren un alud diario de notas corporativas. En su libro de estilo debería figurar una máxima inquebrantable: acudir siempre a los portavoces cualificados de las compañías implicadas. Cuestión distinta —y obligatoria— es que el redactor contraste esos datos con fuentes ajenas e independientes para ofrecer una visión equilibrada de la realidad.
 
Históricamente, la relación entre ambos bandos ha estado marcada por una sutil desconfianza. Sin embargo, para avanzar, es imperativo dejar atrás los viejos recelos.
 
Especialización contra censura
 
La prensa técnica y especializada ofrece un excelente ejemplo de convivencia. Es natural que sus páginas alberguen abundantes informaciones sobre las empresas del sector, puesto que sus lectores son profesionales hambrientos de esa actualidad. En estos nichos, los periodistas poseen un conocimiento profundo de su área y desarrollan los contenidos con un rigor impecable. A la prensa técnica no le duelen prendas a la hora de citar marcas, productos o nombres propios; entiende que ocultarlos sería hurtar información valiosa a su público.
 
El problema surge cuando analizamos la prensa generalista. Con demasiada frecuencia, los grandes medios confunden la imparcialidad con una suerte de censura puritana hacia cualquier nombre comercial.
 
Esta miopía informativa se acentúa en sectores especialmente sensibles, como el de la industria farmacéutica. Es habitual leer crónicas que detallan un hallazgo científico o el lanzamiento de un fármaco prometedor, ocultando sistemáticamente el nombre del laboratorio o del fármaco en cuestión. Sin embargo, la timidez desaparece si la noticia es negativa: en el error, el escándalo o la crisis, el rigor nominal regresa con saña y se aportan todo tipo de detalles citando nombre del laboratorio y marca comercial del fármaco si procede.
 
La verdadera imparcialidad no consiste en esterilizar el texto borrando marcas comerciales. Consiste en proporcionar toda la información relevante —lo que incluye saber quién está detrás de un hecho— y en recoger con honestidad las distintas opiniones en liza, situando siempre en el centro a los directamente implicados.
 
Un equilibrio necesario pero esquivo. Al fin y al cabo, siempre ha sido un asunto difícil este de la imparcialidad...
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 22 de junio de 2025

Fanatismo o Periodismo

(AZprensa) En este artículo voy a poner un ejemplo real de cómo el Periodismo debe ser siempre lo opuesto al Fanatismo. El periodismo debe ser objetivo, imparcial y documentado; puede exponer los hechos de forma neutra o posicionándose con alguna postura, pero en este último caso con un uso exquisito de información obtenida.
 
Hoy día se puede aplicar esto en todos los ámbitos, y de forma muy especial en el ámbito político. No obstante, el ejemplo que sirve para ilustrar este punto de vista se refiere al fútbol…
 
Hace ya muchas décadas, cuando el Atlético de Madrid jugaba en el estado Calderón y era su presidente Vicente Calderón, editaba una revista mensual. Dicha revista estaba perfectamente editada, a todo color, con interesantes informaciones, entrevistas, reportajes, abundantes fotografías… y una sección en donde se hacía un resumen de los partidos que había disputado en ese último mes.
 
Fue esto último, precisamente, lo que me quitó la ilusión por seguir comprándola, quizás porque ya latía dentro de mí el germen del periodismo, del bueno, del auténtico, del que busca siempre la objetividad, la imparcialidad, la neutralidad aunque –como en este caso- la sangre “atlética” del escritor y del lector- corriera por sus venas.
 
Cuando se repasaban los partidos jugados ese último mes, nos encontrábamos con varias victorias, algún empate y alguna derrota. En el caso de las victorias se destacaba lo bien que había jugado el equipo y cómo habían deslumbrado algunas de sus estrellas. En el caso de las derrotas, e incluso en el caso de los empates, siempre era por culpa del árbitro o de la mala suerte; jamás se reconocía que el equipo había jugado mal. La conclusión que te ofrecía esta revista era que nunca perdía por jugar mal sino por culpa de otros factores, unos factores –por cierto- que no tenían ninguna influencia en sus victorias ya que estas siempre eran por la excelencia de su juego.
 
Por muy atlético que sea, por mucho que sienta desde niños sus colores, soy por encima de todo “Periodista” y el verdadero periodismo es lo opuesto al fanatismo. Hay que informar de forma documentada, pero siempre con objetividad.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“El mejor deporte es la sonrisa”: https://www.amazon.es/dp/1704420520

miércoles, 30 de noviembre de 2022

La cuestionable imparcialidad de los medios de comunicación

(AZprensa) Muchas veces nos preguntamos si los medios de comunicación son objetivos a la hora de dar las informaciones, es decir, si existe la imparcialidad a la hora de transmitir cualquier noticia. Y la respuesta es un rotundo “NO” como tampoco los seres humanos nos caracterizamos precisamente por la imparcialidad, sino que siempre teñimos las cosas según nuestras ideas, deseos, prejuicios, intereses, etc.
 
El buen periodismo tiene que ser independiente e imparcial, dar las informaciones tal como se producen, sin añadirles ningún sesgo ni interpretación, para que sea el propio lector quien se forme su propia opinión a partir de unos hechos concretos. Esto no quiere decir que los medios no puedan dar opinión, pero esta debería ir siempre claramente identificada, igual que cuando una empresa comercial paga por una información periodística se pone bien visible el encabezado de “publirreportaje”.
 
Pero la realidad es bien distinta y sólo hay que ver cualquier diario o emisora de radio para darse cuenta inmediatamente de cuál es su afinidad política. Algunos ya se autodefinen como “periódico de izquierdas, etc.” con lo cual se les agradece que te informen de cómo van a tratar las informaciones, pero otros en cambio se presentan como adalides de la “independencia” e “imparcialidad”, cuando la realidad te demuestra que no lo son.
 
Los editores y propietarios de los medios de comunicación, ponen estos al servicio de “su” partido político, el cual les dará a cambio no sólo publicidad sino también otra serie de prebendas (influencias) menos confesables y que serán provechosas para su negocio. Pero no sólo es cuestión de política; también los deportivos “se deben” al equipo más potente de su ciudad, relegando la información del resto de equipos y deportes a un segundo plano. E incluso la prensa especializada de cualquier sector, también tiene sus servidumbres: sus anunciantes, a los que defenderán ante cualquier ataque o problema que les afecte.
 
En definitiva, un lector sólo tiene dos opciones: comprar o escuchar cualquier medio pero sabiendo que tendrá que esforzarse para distinguir la contaminación de las informaciones y quedarse sólo con la esencia de lo sucedido, o bien simplemente dejarse llevar y comprar y escuchar aquél medio que sea afín a sus propias ideas aceptando así que la imparcialidad no existe.
 

Cuando la información se da en un “Editorial” no se engaña a nadie, ya sabemos que ahí queda impresa la opinión del editor.
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