sábado, 13 de febrero de 2021

El viento en Neptuno alcanza los 2.000 km. por hora

(AZprensa) En los confines de nuestro sistema solar, sólo superado por Plutón (que no cuenta con unanimidad a la hora de considerarlo o no como planeta), se encuentra Neptuno, a una distancia de 4.500 millones de kilómetros del Sol y 4.350 millones de kilómetros de la Tierra. Es el cuarto planeta más grande, con un diámetro de 49.572 Km. y es el tercero más denso.
 
La inclinación de su eje es de 1,7º y su órbita es muy excéntrica, tanto que en el año 1979 sobrepasó la órbita de Plutón durante 20 años, algo que no volverá a suceder hasta el siglo XXIII. Su órbita alrededor del Sol le supone 164 años y 288 días, aunque el día allí es mucho más corto que en la Tierra, sólo 16 horas y 6 minutos. El enorme recorrido de su órbita hace que las estaciones duren 40 años cada una. Tiene 14 satélites y un sistema de 9 anillos, más delgados y por consiguiente menos visibles que los de los otros planetas que los poseen, ya que además están formados por un material menos reflectante. Es el planeta de nuestro sistema solar menos visitado por las sondas espaciales.
 
La gravedad en Neptuno es algo superior a la de nuestro planeta; 100 Kg. en la Tierra pesarían 113,3 Kg. en Neptuno. Es, por otra parte, uno de los planetas más fríos, con una temperatura que se mantiene a -220º C todo el año. Esta temperatura es similar a la de Urano, a pesar de encontrarse mucho más lejos del Sol que aquél; baste decir que Neptuno está 1.630 millones de Km. más lejos del Sol que Urano, es decir, entre Urano y Neptuno hay casi la misma distancia una distancia que entre el Sol y Saturno. La razón de que no esté más frío es desconocida, aunque se cree que tiene una fuente de calor interna.
 
Neptuno tiene una atmósfera de hidrógeno (84%) y helio (12%)  pero, a diferencia de Júpiter y Saturno, también tiene metano (2%)  y diversos hidrocarburos. Las nubes de metano (como en Urano) absorben el rojo y dan un color azul verdoso a la capa nubosa visible de este planeta. Estas capas gaseosas de metano, agua y amoníaco, descienden primero en estado líquido y después, debido a la alta presión que deben soportar, se convierten en hielo. Para hacernos una idea de las presiones que se soportan en este planeta, diremos que a un 20% de distancia del núcleo, la presión en 100.000 veces mayor de la que tenemos en la Tierra.
 
El núcleo rocoso contiene sílice, níquel y hierro, mezclado en una masa caliente que se estima entre 1.700 y 4.700º C. Sobre este núcleo se sospecha que hay una capa de hidrógeno líquido y sobre él un manto formado por agua, amoniaco y metano congelados en parte. Sobre este manto hay una atmósfera compuesta por hidrógeno, helio y metano que supone entre el 5 y el 10% de la masa del planeta, y sobre esta una segunda capa de atmósfera en donde se encuentran numerosas nubes a una temperatura de –218º C. Curiosamente en el Polo Sur, la temperatura es más elevada, situándose en –190º C debido a la inclinación del eje del planeta que lo ha tenido más expuesto al Sol durante los últimos años.
 
Pero también resulta sorprendente que algunas mediciones de la termosfera (la capa inferior de la exosfera, cuyo equivalente en la Tierra sería la capa existente entre los 80 y 500 Km. de altitud) alcanza temperaturas de 476º C, algo difícil de explicar y que se supone puede deberse a la interacción de iones con el campo magnético y/o a ondas de gravedad que suben hacia estas capas altas de la atmósfera.
 
La meteorología en Neptuno es muy dinámica y los vientos de su atmósfera son más rápidos que en cualquier otro planeta, alcanzando los 2.000 kilómetros por hora, de velocidad, seguramente influidos por el contraste entre la fuente de calor interna y las nubes frías del exterior. Otra característica especial es que estas  nubes giran de forma retrógrada, es decir, en sentido contrario al de la rotación del planeta.
 
A 50 Km. por encima de la capa azul de nubes, se distinguen en su superficie algunas nubes blancas, similares a los cirros terrestres, pero que aquí están compuestas por cristales de metano. Estas nubes tienen una anchura que puede oscilar entre los 50 y 200 Km. de anchura y algunas de ellas dan la vuelta completa al planeta en sólo 16 horas.
 
Al igual que Júpiter, Neptuno tiene también algunas manchas, sólo que aquí aparecen y desaparecen, por lo que debe tratarse de agujeros en su atmósfera, con vientos de 2.000 Km. (las velocidades más altas detectadas en nuestro sistema solar) formando un sistema gigantesco de tormentas, alguno de ellos del tamaño de nuestro propio planeta. En cuanto a su color, refleja un azul intenso por la cantidad de helio que contiene, divisándose sobre su superficie las nubes y tormentas que reflejan una metereología muy dinámica.
 
Si bien no está comprobado, hay algunas teorías curiosas respecto a Neptuno y, aun siendo diferentes, las dos coinciden en señalar la posible abundancia de diamantes. En un caso se especula con que en las profundidades del planeta (a 7.000 Km. de profundidad) debido a las elevadas presiones, el metano se descomponga en cristales de diamante que van cayendo al interior. En otro caso, se habla de que a esas profundidades son los átomos de carbono los que se combinen en cristales generando calor en ese proceso y dando como resultado una auténtica lluvia de diamantes. ¿Será verdad? En cualquier caso queda fuera de toda posibilidad hacerse con ellos.
 
Al igual que Júpiter, Saturno y Urano, Neptuno también tiene anillos, en este caso más parecidos a los de Júpiter pero más delgados y oscuros. Hay tres de ellos claramente visibles, situados a 63.000 Km. el más exterior, a 53.000 Km. el intermedio y a 42.000 Km. el más interior y más ancho, pero hay muchos otros anillos mucho más pequeños y una gran lámina muy fina de material que se extiende hacia el interior.


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El Wanda Metropolitano comienza con las vacunaciones

(AZprensa) El presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo (en la imagen), recibe a los primeros que acuden al estadio Wanda Metropolitano para vacunarse. Ha sido una gran idea eso de ofrecer grandes espacios, como los estadios de fútbol, para dar cabida a tantos como quieren vacunarse.
 
Como puede verse en el presente reportaje fotográfico, han sido muchos los que han decidido vacunarse y han acudido en manada, digo en rebaño, para que les pongan la vacuna, y eso que todos los que han acudido en esta ocasión no son vacunos sino bovinos. ¿Qué pasará cuando lleguen los vacunos de verdad?






















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viernes, 12 de febrero de 2021

AstraZéneca lleva acento

(AZprensa) Gracias a la vacuna contra el COVID-19 se está hablando mucho estos días de este laboratorio farmacéutico y… se está escribiendo también. Pero cuando se escribe el nombre de este laboratorio se comete una falta de ortografía, y esta falta no solo la cometen los periodistas sino también los propios empleados y directivos de este laboratorio. 

Veamos: “AstraZéneca” es una palabra esdrújula y en español todas las palabras esdrújulas llevan acento gráfico, por lo tanto no es correcto escribir “AstraZeneca” sino que debe escribirse “AstraZéneca”. 

Hay que diferenciar entre logotipo y nombre. Cuando se reproduce el logotipo, aunque este sólo contenga letras, debe respetarse su grafismo y por lo tanto en dicho caso no lleva acento. En el caso del logotipo “AstraZeneca” hay que tener en cuenta que es un símbolo internacional, válido para todos los países y en consecuencia no admite ningún cambio y como tal debe representarse. 

Sin embargo, cuando en un texto incluimos el nombre del laboratorio, eso ya no es un logotipo sino una palabra y como tal, si estamos escribiendo en español, debemos acentuarla. 

Cuando en 1983 se creó el laboratorio “Zéneca” consulté con los abogados de la sede central en Londres sobre la conveniencia o no de poner acento al nombre del laboratorio cuando se tratase de un texto escrito en español. La respuesta fue que en ese caso sí debía acentuarse, entre otras cosas, para que la gente que lo leyese se diese cuenta de su correcta pronunciación. 

Cuando en 1999 los laboratorios “Astra” y “Zéneca” se fusionaron, dando lugar a “AstraZéneca”, volví a hacer la misma consulta a la sede central de Londres y la respuesta fue la misma: Cuando en España se escriba en español un texto que incluya el nombre del laboratorio, en ese caso deberá ponerse el acento gráfico: “AstraZéneca”. 

Es una pena que la Real Academia de la Lengua Española (RAE) no intervenga en estos asuntos comerciales para ver si tanto los periodistas como los propios empleados y directivos del laboratorio se dan cuenta de cuál es la forma correcta de escribir el nombre de este laboratorio. 


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jueves, 11 de febrero de 2021

Las mascarillas han venido para quedarse

(AZprensa) Un nuevo testimonio viene a ratificar que las mascarillas han venido para quedarse, que debemos aceptarlas ya como parte de nuestra indumentaria habitual y que lo mismo que cada día nos ponemos los zapatos también habremos de llevar la mascarilla. 

Anthony Fauci es el máximo responsable de Epidemiología en los Estados Unidos y según ha explicado entre un 70 y 80 por ciento de la población del mundo occidental será vacunada para conseguir la ansiada “inmunidad colectiva”. Si esto tiene éxito y se logra tal proporción, cabría esperar que haya una protección suficiente para tener controlada la enfermedad. 

Sin embargo, este specialista añade que hasta que esto suceda va a pasar mucho tiempo: “Una vez que hayamos vacunada tanta gente, podremos comenzar a eliminar restricciones y la obligación de usar mascarillas… pero ahora mismo estamos muy lejos de ese momento”. 

Lo dicho, las mascarillas seguirán siendo por varios años el complemento más imprescindible del vestir.


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Supera el COVID-19 con 117 años y ni se entera

(AZprensa) Lucile Randon es una monja francesa que acaba de cumplir 117 años (nació el 11 de febrero de 1904). El pasado 16 de enero, en una revisión rutinaria, le detectaron la infección por COVID-19 justo unos pocos días antes de su 117 cumpleaños. Dos semanas después había superado la enfermedad.
 
Se da la circunstancia que Lucile es la mujer más vieja de Europa y la segunda más vieja del mundo, pero lo más sorprendente no es que haya superado el coronavirus a esa edad sino que lo ha hecho sin darse cuenta ya que no sintió la más leve molestia. Si no llegan a hacerle el test y decírselo, ni se habría enterado.

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