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miércoles, 10 de junio de 2026

Recuerdos de la hemeroteca: «¿Le molesta a usted si...?»

(Nota del autor: Artículo publicado originalmente el 7 de diciembre de 2010. Evidentemente eran otros tiempos, otra legislación y otra atmósfera... pero una sonrisa políticamente incorrecta siempre viene bien).
 
(AZprensa) La comida en el restaurante había sido magnífica, aunque, para ser sinceros, un poco paquidérmica. Opté por un plato único pero rotundo: una auténtica fabada asturiana con todos sus sacramentos que, a esas horas, ocupaba la práctica totalidad de mi cavidad estomacal. Entre tanta legumbre no quedaba espacio material para el postre, así que decidí rematar la jugada con un café. Sin embargo, en lugar de pedirlo allí mismo, preferí salir a la calle para caminar unos metros y ayudar a que la digestión iniciara su curso.
 
Así lo hice. Caminé unos minutos y entré finalmente en un bar de los de toda la vida. Me acomodé en la barra y pedí un expreso. Justo tras el primer sorbo, las simpáticas alubias me anunciaron que el proceso de ebullición y fermentación gaseosa había comenzado. Ante la urgencia de los acontecimientos, me giré educadamente hacia el señor que consumía a mi lado en la barra y, con mi mejor tono de caballero, le dije:
 
—Disculpe, caballero... ¿le molestaría que me tirase un pedo?
 
El vecino de barra me clavó una mirada de absoluto asco, apretó los puños y me soltó en un tono rudo e inapelable que yo era un cochino integral y que me fuera a la puta calle a ventilar mis intimidades.
 
Yo me quedé estupefacto. Al fin y al cabo, me había dirigido a él con una exquisitez formal intachable y, además, no le estaba planteando nada del otro mundo, sino un acto biológico que toda la humanidad realiza a diario. ¿O es que acaso hay alguien en este bendito planeta que no se tire pedos? Es más, seamos realistas: una flatulencia solo proporciona a los que están alrededor unos instantes de aroma desagradable, pero el tufo desaparece enseguida y, desde luego, no supone ningún riesgo para la salud pública. Nadie muere por pasiva.
 
Si probáis a hacer esta misma pregunta a vuestros vecinos de barra en cualquier local de España, os aseguro que las reacciones serán idénticas o considerablemente peores. No encontraréis a una sola alma caritativa que os responda comprensiva: «No, hombre, no faltaría más, proceda usted con total libertad».
 
La doble moral del aire
 
Y sin embargo... ¿por qué cuando un individuo se gira en la barra de un bar y le dice al de al lado: «¿Le molesta que fume?», la inmensa mayoría responde con una sonrisa sumisa: «No, no me molesta, adelante»?
 
Nos ha jodido. Claro que les molesta. Si responden que no les importa es por culpa de una educación pusilánime y mal entendida. Porque ese humo, a diferencia de mi flatulencia asturiana, no desaparece en un segundo: es un veneno persistente y desagradable para el que no fuma, perjudica seriamente la salud de los que están alrededor y contiene sustancias cancerígenas que se quedan impregnadas durante días en la ropa, los muebles, las cortinas y las paredes del local.
 
Los que todavía "piden permiso" para encender el cigarrillo (que son una minoría, porque la mayoría fuma en presencia ajena por real decreto y sin mirar a quién) defienden a capa y espada su derecho a intoxicarse, mientras niegan sistemáticamente el derecho de los demás a respirar aire limpio.
 
¡Basta ya de la dictadura del tabaco y de la sumisión de los fumadores pasivos! El día que por fin se prohíba fumar en los espacios cerrados de la hostelería, seremos legión los que volveremos a llenar los bares y restaurantes de los que hoy huimos. Mientras llega ese bendito día, si alguien se me acerca educadamente con el cigarro en la mano y me pregunta: «¿Le importa si fumo?», yo le responderé, con la misma sonrisa y exquisita educación: «¿Y a usted le importa si me tiro un pedo?».
 
Y os juro que se lo diré aunque ese día no haya probado la fabada.
 
PD.- Como podéis comprobar este artículo es un claro ejemplo del hartazgo de los no fumadores hasta que por fin se promulgó la Ley antitabaco que ha conseguido que, por fin, nadie tenga que respirar el humo de los demás si no le apetece. Porque no se trataba de “prohibir que fumen” sino de “prohibir que no se obligue a respirar el humo del tabaco a los que no desean hacerlo”.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

martes, 30 de julio de 2024

Coches y UE: definidamente tontos

(AZprensa) Ya hemos hablado de las últimas regulaciones de la Unión Europea (UE) en relación a los coches nuevos, exigiendo que incorporen una serie de medidas que –según dicen- son para mejorar la seguridad vial. Pero hay algunas de esas medidas que provocan el efecto contrario, es decir, suponen un riesgo para la conducción. Veamos un ejemplo:
 
Todos los coches nuevos deben incorporar un sistema que te avisa si el coche se sale de su carril y en cuanto pisa una de las líneas del carril comienza a pitar. Esto ya lo llevaban muchos coches y era una buena medida porque si te estabas saliendo de tu carril de forma involuntaria te avisaba y así podías rectificar; pero si estaban cambiándote de carril de forma voluntaria, simplemente indicando con el intermitente que estabas realizando esa maniobra, el sistema no pitaba.
 
Pero los responsables de la seguridad vial de la UE son definitivamente y rematadamente tontos, porque no contentos con eso han introducido una exigencia más: ahora esos sistemas no sólo pitan sino que provocan que el volante se mueva solo en dirección contraria a lo que tú estabas haciendo. Es más o menos como si tú giras un poco el volante para ir a la izquierda y el copiloto te agarra el volante y lo mueve en sentido contrario, las posibilidades de accidente son considerables.
 
Y no sólo eso, sino que si algún objeto, animal, bache, vehículo, o cualquier cosa que suponga un peligro para el automovilista y el conductor hace un movimiento instintivo para evitar el obstáculo, ese movimiento se verá contrarrestado por el propio volante que –desobedeciendo al conductor- intentará girar en sentido opuesto. Esta lucha entre lo que quiere hacer el conductor y lo que hace el volante por su cuenta puede acabar en tragedia.
 
Pero ahora viene lo peor. Tan contestos están con esto los estúpidos de la UE que este sistema no se puede desactivar de forma permanente, sino que hay que desactivarlo cada vez que se ponga el motor en marcha, con lo que obligan a todos los conductores a que, antes de iniciar cualquier trayecto tengan que desactivarlo… todos los días y cada vez que arranquen el coche. Y como alguna vez se les olvide desactivarlo, el riego de accidente aparecerá en el momento más inesperado.
 
Esta es la nueva “normalidad” de la dictadura globalista que padecemos, en donde la “autoridad global” invade competencias nacionales y convierte a los ciudadanos en borregos que no deben tener iniciativa sino sólo obedecer sumisos cuando se les ordene.
 
En definitiva, una medida impositiva más que lejos de aumentar la seguridad vial lo que hace es aumentar el riesgo de accidente y fastidiar a los ciudadanos todos los días.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
Así empezó la dictadura globalista.- “Diario del caos”: https://amzn.eu/d/cZs0jr0