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martes, 23 de diciembre de 2025

Si puedes, mejor no vayas al médico

(AZprensa) Cinco años después de su publicación, el libro “Si puede, no vaya al médico” (Editorial Debate, 2020), del prestigioso cirujano Antonio Sitges-Serra, sigue generando debate y reflexión en el ámbito sanitario. Escrito por un profesional con décadas de experiencia –catedrático de Cirugía en la Universidad Autónoma de Barcelona y exjefe del Departamento de Cirugía del Hospital del Mar–, esta obra no es un manual de autoayuda ni un ataque indiscriminado a la medicina, sino una crítica profunda y documentada a los excesos del sistema actual.
 
Con un título provocador que resume su mensaje central, Sitges-Serra advierte sobre la “dramática medicalización de nuestra hipocondríaca sociedad”. La medicina, que históricamente fue un arte noble dedicado a curar, se ha transformado en un enorme negocio impulsado por la tecnolatría (la adoración ciega a la tecnología), el afán de lucro de la industria farmacéutica y la búsqueda de prestigio profesional. El resultado: una sociedad obsesionada con la salud perfecta, que rechaza el envejecimiento y la muerte natural, y que convierte a ciudadanos sanos en “pacientes potenciales”.
 
Los peligros de la sobremedicalización
 
Sitges-Serra denuncia fenómenos como el disease mongering (la creación artificial de enfermedades para vender tratamientos), los sobrediagnósticos derivados de chequeos excesivos y las intervenciones innecesarias. Ejemplos concretos que aborda incluyen la medicalización de la menopausia, la hipertensión leve o ciertos estados de ánimo, que amplían mercados millonarios pero generan iatrogenia: daños provocados por el propio sistema médico, como efectos secundarios de fármacos o complicaciones quirúrgicas evitables.
 
“Estamos asistiendo a una hipermedicalización”, afirma el autor en entrevistas, citando cómo, pese a los avances tecnológicos, la esperanza de vida en países desarrollados se ha estancado o incluso retrocedido en algunos grupos. Influido por pensadores como Ivan Illich –quien ya alertaba de que la medicina genera patología–, Sitges-Serra aboga por recuperar una perspectiva humanista: el médico debe acompañar al paciente, no convertirlo en un cliente crónico.
 
El libro critica tanto al sector público como al privado, señalando conflictos de interés, protocolos rígidos y una investigación a menudo alejada de las necesidades reales de los enfermos. “Si usted está bien, no vaya al médico; cuídese usted mismo”, recomienda Sitges-Serra en declaraciones recientes, enfatizando que el 80% de nuestra salud depende de factores externos al sistema sanitario, como hábitos de vida.
 
Recepción y legado
 
Lectores y críticos destacan su fundamentación científica –el autor cuenta con cientos de publicaciones académicas– y su valentía al cuestionar el statu quo desde dentro. Aunque algunos lo tildan de “maximalista” o excesivamente crítico, la mayoría coincide en su valor provocador: invita a un debate necesario sobre los límites de la medicina. En un mundo postpandemia, donde el gasto sanitario sigue creciendo, sus advertencias resuenan con fuerza. “Si puede, no vaya al médico” no propone abandonar la ciencia, sino humanizarla. Una lectura obligada para pacientes, profesionales y cualquiera preocupado por una salud más sensata y menos mercantilizada. Porque, como concluye Sitges-Serra, a veces el mejor cuidado es saber cuándo no intervenir.
 

Novelas escogidas
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viernes, 24 de marzo de 2023

Laboratorios farmacéuticos: Ni tan buenos ni tan malos

(AZprensa) Cualquier noticia negativa sobre la industria farmacéutica ocupa inmediatamente destacados lugares en los medios de comunicación; sin embargo las noticias buenas pasan completamente desapercibidas. Y es que los laboratorios farmacéuticos no son ángeles, pero tan poco son demonios tal como aparenta ser la imagen que de ellos llega a la opinión pública.
 
Los laboratorios farmacéuticos simplemente son empresas comerciales que desarrollan su actividad en el ámbito de la salud y que utilizan su potencial no sólo para conseguir medicamentos que les reporten muchos beneficios (algo lógico en cualquier empresa comercial en la que sus accionistas arriesgan su dinero) sino que también prestan atención a cualquier proyecto que ayude a mejorar la salud o a salvar vidas.
 
Según los informes de la Federación Internacional del Medicamento (IFPMA), la industria farmacéutica está embarcada en un centenar de proyectos de investigación de nuevos tratamientos y vacunas contra las llamadas enfermedades tropicales desatendidas. Para ello colabora con universidades, ONGs y otras entidades públicas o privadas y entre esos proyectos se incluyen, por ejemplo, innovaciones en el tratamiento de enfermedades como el Dengue, la enfermedad de Chagas, la rabia, la enfermedad del sueño, la rabia, el tracoma o la filariasis linfática.
 
Por ponerlo en términos económicos, el compromiso de la industria farmacéutica en la lucha contra estas enfermedades se ha traducido en estos últimos diez años (de 2012 a 2022) en la donación de 14.000 millones de tratamientos para controlar y erradicar las diez enfermedades tropicales desatendidas de mayor prevalencia, responsables del 90 por ciento de la carga de morbimortalidad de estas patologías.
 
Asimismo, la industria también trabaja en el acceso libre a información sobre compuestos y moléculas patentadas para su uso en investigación, actividades formativas para investigadores o transferencias de tecnología, entre ellas diversos proyectos cuyo objetivo es la modernización de la infraestructura sanitaria de países en vías de desarrollo.
 
Por eso nos preguntamos ¿qué otros sectores empresariales hacen algo similar? ¿Por qué los medios de comunicación no se hacen eco de las cosas positivas que hace la industria farmacéutica y sólo se centran en lo negativo?
 
Por supuesto que hay que censurar la excesiva medicalización de la vida que proponen para vender más medicamentos, como también hay que criticar su permanente oscurantismo sin dar nunca la cara ante los medios de comunicación ni ante la opinión pública. Pero ello no debe ser impedimento para callarse y no informar de las cosas buenas que hace.
 
La gente suele tener una buena opinión de los médicos y de todos los profesionales sanitarios; también tienen una buena imagen de los medicamentos… y sin embargo se olvidan (porque ningún medio de comunicación lo destaca y porque los propios laboratorios son incapaces de gritarlo públicamente) que son los laboratorios farmacéuticos quienes arriesgan el dinero de sus accionistas para investigar, desarrollar y comercializar esos medicamentos que después salvan vidas y que mejoran nuestra calidad de vida.
 


La Comunicación es lo que peor hacen los laboratorios farmacéuticos.
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