jueves, 5 de mayo de 2022

Mi vida desde el útero

(AZprensa) 
Hay mucha gente aficionada a hablar y hablar sin parar, a contarnos su vida con todo lujo de detalles aunque no nos interese lo más mínimo; y encima, si por las circunstancias debemos estar callados y sentados, sin posibilidad de escapar, entonces aquello se hace eterno e insoportable. Si hubiese un libro de los record para reflejar las más eternas y tediosas historias, esta que voy a referir a continuación deberían haberla incluido…
 
Esta anécdota tuvo lugar con motivo de la presentación de un libro y la protagonizó uno de sus dos autores. No daré más datos salvo decir que el susodicho autor era una persona muy mayor. Todo comenzó muy bien, muy normal y muy ameno. El primer autor hizo una exposición de los aspectos más interesantes que abordaba el libro, desveló algunas anécdotas, y nos fue llevando a todos con habilidad a seguir su exposición y sentir deseos de comprar el libro. Su exposición fue además corta, dijo lo que tenía que decir, sin repeticiones, sin vaguedades... y pasó la palabra al otro autor. ¡Y aquí vino lo malo!
 
Este otro autor, tomando el hilo del orador precedente, hizo un par de comentarios para enlazar con lo que realmente quería: contarnos su vida. Nada de hablar del libro, lo único que quería era hablar de su vida y aquella era una oportunidad única puesto que tenía ante sí una nutrida audiencia sentada (sin escapatoria posible, por lo violento que resultaría levantarse y marcharse) porque estoy seguro que en su vida personal y familiar quienes se topen con él buscarán enseguida la forma más rápida de huir.
 
Pero bueno, esto que cuento no parece nada nuevo; hay mucha gente a la que le gusta contar su vida aunque sea en el marco de la presentación de un libro. Sin embargo, lo que hizo diferente esta historia es que comenzó a contar su vida no desde el día en que nació, sino ¡desde el día en que fue concebido! ¡Sí! ¡Y nos contó dónde estaban sus padres y lo que hacían mientras él estaba en el útero! ¡Cómo si hubiese sido testigo presencial y actor principal de aquellos acontecimientos, por otra parte intrascendentes!
 
Para colmo, como ya he dicho que se trataba de una persona muy mayor, la historia de su vida fue... interminable. De vez en cuando yo miraba de reojo a los que estaban sentados a mi lado y notaba cómo les dolía el culo y tenían que ir cambiando de postura en la silla. Fue una de las presentaciones más horrorosas, aburridas, insufribles e interminables que he padecido a lo largo de mi vida.

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miércoles, 4 de mayo de 2022

El inédito caso de “Información al Día”

(AZprensa) La historia se escribe de muchas maneras y una de ellas es el periodismo. La historia de una empresa debería quedar reflejada igualmente en el periodismo... de empresa (si es que tal cosa existe). Rara avis. Por lo general, las empresas (y más aún los laboratorios farmacéuticos) son reacias a mostrarse a la sociedad tal como son, explicar quiénes son y qué hacen en favor de la comunidad; por eso son muy pocos los casos de empresas –laboratorios farmacéuticos en este caso- que han dispuesto en algún momento de su existencia de una revista –no digo ya periódico- de empresa. Algunos hay y ha habido, pero... esas revistas de empresa que han visto la luz sólo han sido el espejo en el que sus directivos se miraban complacidos sin que les importase lo más mínimo el lector. No miento. Buscad y coged cualquier revista corporativa de cualquier laboratorio farmacéutico que disponga o haya dispuesto de ella. ¿Qué encontraréis? Muy sencillo: entrevistas con su presidente para más honra y honor del mismo y de su empresa, y artículos que ensalzan las propiedades de sus productos. Todo ello irá aderezado con fotografías del máximo dirigente y de los envases de los productos, pocas veces aparecerá una fotografía de los empleados y cuando así suceda, será en multitudinario grupo para evitar protagonismos, porque el único protagonista es la propia empresa representada por su máximo dirigente y sus productos.
 
Pero ha habido excepciones, al menos una. Me refiero a la revista “Información al Día”, que puse en marcha en 1999 y se editó de forma ininterrumpida hasta 2007. En esa revista ha quedado reflejada no solo la historia de AstraZéneca (su laboratorio editor) sino también una parte de la historia de la industria farmacéutica.
 
Ahora bien ¿qué hacía diferente a “Información al Día” respecto a las demás revistas corporativas? Un montón de circunstancias, así que será mejor enumerarlas:
 
En primer lugar, la idea de la revista, su diseño, su enfoque y su contenido, no provino de la dirección de la empresa sino de mi iniciativa personal; no se trataba por tanto de una orden o sugerencia de altas instancias diciendo “haz una revista para destacar lo buenos que somos”; por el contrario, era yo como periodista quien en el pleno ejercicio de mi libertad y profesionalidad consideraba necesario impulsar la transparencia informativa.
 
En segundo lugar, e igualmente importante, sus contenidos los elegía yo como responsable de Comunicación (no eran impuestos por la dirección) y la redacción de las noticias no pasaba censura previa. Bien, debo aclarar aquí que no a todos los directivos les parecía bien que un responsable de Comunicación hiciese y deshiciese a su antojo en tan delicado tema como es la comunicación, por lo que el presidente, Carlos Trias, pidió a su hermano, el director comercial Enrique Trias, que revisase previamente los contenidos. Como responsable de Comunicación pedí que dicha revisión se realizase en 24 horas (¡petición insólita que, más insólitamente aún, fue atendida siempre con rigor!) para no perder actualidad. Así se hizo, y debo agradecer que al igual que el presidente confió en el saber y entender de quien escribía aquello, el director comercial también confió y no sólo cumplió con su obligación de revisar al momento aquellos textos sino que rara vez hizo alguna sugerencia o pequeños cambios, y cuando alguna de estas sugerencias o pequeños cambios fue propuesta por él, vino acompañada de argumentos de peso que fueron inmediatamente comprendidos y compartidos.
 
En tercer lugar destacaría la inmediatez, algo sin lo cual no se entiende el periodismo. Bien es verdad que estamos hablando de una revista mensual, no de un diario, pero fue compromiso autoimpuesto y cumplido con rigor, el de la cita puntual con los lectores. De esta forma, el primer día laborable de cada mes, “Información al Día” llegaba a la mesa de cada lector, con unas noticias que iban desde el cierre de la anterior edición hasta la semana anterior. En efecto, las noticias, artículos y reportajes se iban escribiendo durante cuatro semanas y sólo se dedicaba una semana (la anterior a la aparición de cada número) a la maquetación, impresión y distribución; esto significaba que muchas de las noticias incluidas en cada revista se habían producido hacía tan solo siete días. (Comparad esto con cualquier otra “revista de empresa” y veréis que las noticias allí reflejadas sucedieron hace varios meses).
 
Otra de sus señas de identidad era el enfoque de la revista, orientada a todo aquello que, relacionado con la empresa, fuese noticiable; que fuese de interés para el lector (eso he dicho, de interés para el lector, no de interés para el cuadro directivo). Así se veía cómo los empleados, sus actividades, sus historias, sus noticias, aparecían en esas páginas de forma recurrente, así como sus fotografías. También lo hacían los mandos directivos, es cierto, pero estos compartían y cedían con frecuencia el protagonismo a los verdaderos artífices del éxito de una empresa: sus empleados.
 
Visualmente, “Información al Día” también era diferente; mientras la totalidad de revistas corporativas de otras compañías se editaban en formato DINA4 esta revista adoptó el formato periódico, con cinco columnas, y tipografía y maquetación similar a la de cualquier periódico. Comenzó a editarse en blanco y negro aunque muy pronto pasó al color y siempre fue acompañada de abundantes fotografías que –a diferencia de las que se publican en otras revistas corporativas- siempre indicaban el nombre del fotógrafo o el archivo al que pertenecían.
 
Y en la forma de contar las noticias se tuvo siempre mucho cuidado en quitar todo aquello que sonase exageradamente comercial. Se redactaba en tercera persona, los cargos se citaban en minúscula y no se anteponían los manidos “Don”, “Doña”, “señor”, etc. Los nombres de los productos iban en minúscula y nunca se ponía la clásica “R” de marca registrada tal como se hace en los folletos ¿o es que habéis visto algún periódico en donde se pongan estas cosas? En definitiva, el objetivo era el de parecerse lo máximo posible a un periódico, tanto en el aspecto visual como en el de sus contenidos y la forma de exponerlos.
 
En cuanto al nombre que se puso a este periódico de empresa o revista corporativa (como queráis llamarlo) y para satisfacer la curiosidad diré que se le llamó “Información al Día” (con un “I+D” destacado) ya que dicha compañía había apostado por la I+D como vía de progreso para el avance de la medicina. Esta era, y así se presentaba, la mejor tarjeta de visita de la compañía, mejor que cualquier folleto promocional (cuando alguien coge un folleto promocional sabe que todo lo que allí viene es para “venderle la moto” como vulgarmente se dice; en cambio con este periódico se ofrecían informaciones interesantes que permitían conocer mejor a la empresa y sus productos sin que fuese acompañado del “tufillo” de la promoción.
 
La revista estuvo en activo durante 83 números (de octubre de 1999 a marzo de 2007) saliendo puntualmente el primer día de cada mes (excepto durante el mes de agosto). Se distribuían cuatro mil ejemplares, de los que unos mil cuatrocientos iban destinados a cada uno de los empleados de la empresa. El resto se hacía llegar a sociedades científicas, asociaciones de pacientes, médicos líderes de opinión, organismos oficiales, empresas colaboradoras, periodistas, proveedores, médicos colaboradores y salas de recepción en la sede central, fábrica y grandes delegaciones. De igual forma, cuando algún médico o farmacéutico manifestaba su deseo de recibir la revista, se le añadía a la lista de envío para que le llegara periódicamente.
 
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martes, 3 de mayo de 2022

El premio de un negro

(AZprensa) Aunque no hayan sido reconocidos (ni lo serán nunca), los negros han sido galardonados con premios en multitud de ocasiones. Nos referimos a los que escriben algo que luego va firmado por otro. En el argot popular se llama “negros” a todos los que escriben libros, discursos, artículos, etc. que luego van firmados por otra persona para la cual trabajan o con la que colaboran de manera puntual. El famoso que no hace otra cosa que firmar, es quien se lleva los aplausos y honores, y el negro tan solo se lleva un dinero o un salario por su trabajo. Dicho esto, lo reconoceré: yo también fui negro.
 
Durante mi última etapa en la Organización Médica Colegial (OMC) me tocó trabajar como negro, escribiendo discursos y artículos que luego firmaba el presidente. En una ocasión, uno de estos artículos, titulado “¿Y quién cura al médico?”, publicado en el diario “ABC”, fue galardonado con un accésit en el “Premio Reflexiones a la Opinión Sanitaria”. Como era de esperar, los honores y aplausos fueron para el presidente que firmó dicho artículo, no para su autor real; sin embargo, lo más triste del caso es que aquél negro ni siquiera recibió unas palabras de agradecimiento por parte del presidente galardonado.

Y aquél negro siguió trabajando y escribiendo discursos, artículos e incluso prólogos de libros, que luego eran firmados por el presidente. ¡Así de ingrata es la vida de los negros!

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lunes, 2 de mayo de 2022

Adiós a las tijeras

(AZprensa) Cuando me incorporé a la OMC compartía despacho con mi secretaria y ya el primer día me llamó la atención un hecho sorprendente: Nada más llegar se ponía unos guantes, cogía unas tijeras y empezaba a revisar y recortar todos los periódicos del día que le había subido un ordenanza. Una vez tenía todos los recortes, los clasificaba por temas y se iba a la fotocopiadora para hacer varios juegos de fotocopias para finalmente repartirlos a los directivos. Cuando acababa esta tarea ya eran las 11 de la mañana, la hora del descanso para tomar un café, así que realmente no empezaba a trabajar en cosas productivas hasta las 11,30 h de la mañana.
 
En consecuencia, una de las primeras medidas que tomé (tras hacer los números correspondientes) fue proponer que dejasen de comprar los periódicos, que se contratase una empresa de clipping (esas que buscan tus noticias en todos los periódicos y luego te las pasan a primera hora de la mañana no solo clasificadas sino también valoradas en cuanto a audiencia, equivalencia de lo que hubiera costado ese espacio si se hubiese pagado, etc.). Resultó que contratar una empresa de clipping era más barato que la compra diaria de todos esos periódicos (y para colmo sólo se podían comprar los que se vendían en Madrid, mientras que la empresa de clipping revisaba todos los de España), que a las 8 de la mañana tenías un informe completo con todo lo que de tu interés se había publicado, y que encima venía valorado. Esto suponía también que mi secretaria podía dedicarse desde primera hora de la mañana a otros trabajos más productivos y gratificantes.
 
Era tan evidente la ventaja de la medida propuesta, que se aprobó de inmediato y mi secretaria pudo por fin decir adiós a las tijeras, a los guantes (para no mancharse con la tinta tras hojear durante casi tres horas la prensa diaria), a las fotocopias y a ese aburrido trabajo.

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domingo, 1 de mayo de 2022

Objetivo poco objetivo

(AZprensa) ¿Puede ser el objetivo de una máquina fotográfica poco objetivo? Permitidme este juego de palabras para llamar vuestra atención sobre un hecho que se da esporádicamente en algunos medios de comunicación y con frecuencia inusitada en algún otro medio… ¿de comunicación?
 
En cualquier acto público que se precie allí están los reporteros gráficos realizando su trabajo y tomando cientos de fotos de los protagonistas. Es evidente que, entre tantas fotos, algunas hay realmente lamentables (ojos cerrados o mirada extraviada, muecas extrañas en la cara, posturas extrañas, detalles descuidados de la indumentaria personal, coincidencia del personaje con algún elemento de la decoración del escenario que da un contrapunto grotesco, etc.).
 
No obstante, una abrumadora mayoría serán fotografías excelentes que reflejarán los momentos y expresiones más representativas del acto y, de entre ellas, habrá también algunas excepcionales que sabrán captar ese preciso instante que da un signo diferenciador al acto y convertirán a la fotografía en noticia por sí misma.
 
De estas últimas, las excepcionales, las vemos y disfrutamos los lectores en el medio original que las da a conocer y en todos aquellos que la reproducen después por su interés y constituyen –como noticia- algo que se comenta y se recuerda; incluso con la concesión posterior de premios o su inclusión en exposiciones fotográficas, libros, etc.
 
Las anteriores, todas las buenas fotografías que pueblan nuestros medios, son el contrapunto gráfico necesario de las noticias y nos ayudan a digerir mejor la ingente cantidad de información que nos llega cada día.
 
Pero, ¿y las primeras? ¿Y esas fotografías que deberían ir directamente a la papelera o a un museo de los horrores? ¿Qué se hace con ellas? Afortunadamente, la gran mayoría de ellas van a la papelera, sin embargo en algunos casos, aquellos que quieren utilizar los medios de comunicación para descargar sus fobias personales o profesionales, encuentran una munición de incalculable valor y poca ética para denigrar la imagen pública de las personas objeto de su persecución. Todos hemos visto alguna vez en algún medio algún ejemplo de utilización de ese tipo de fotos desgraciadas (poco agraciadas). Cuando esto se hace una vez, puede resultar hasta gracioso, sobre todo si se acompaña de algún comentario con fina ironía o con humor inteligente. Cuando esto se hace una y otra vez, de forma reiterada y constante, en contra de un mismo personaje, repitiendo una misma foto o varias similares en vez de la que corresponda a la actualidad de que se esté hablando, ya no cabe hablar ni de interés informativo, ni de humor, ni de… periodismo. Así de claro.
 
Ya antes de entrar a trabajar a la OMC comprobé la inquina que algunos medios de comunicación tenían hacia su presidente, Isacio Siguero. Uno de estos medios, “Sanifax”, utilizaba siempre la misma fotografía cada vez que lanzaba una crítica sobre el mismo. ¿Y qué fotografía era? Una en la que se le veía con un jersey de color azul claro chillón, muy poco acorde con la imagen de seriedad que debe dar un presidente. Puedo dar fe que siempre le vi vestido perfectamente con traje, por lo que aquella foto debió ser tomada con ocasión de algún acto lúdico en donde todos los demás vestirían de la misma e informal manera.
 
Por mi parte, en mi anterior trabajo yo también tomé fotografías y recuerdo una que le hice al presidente del grupo, Tom McKillop, en el transcurso de una cena con periodistas. En esa foto aparecía con la boca torcida, con media lengua fuera… parecía realmente un subnormal. Lógicamente no utilicé nunca esa foto sino otra de las muchas que tomé en dicho encuentro, en donde salía normal. Pensé, sin embargo, en el arsenal de fotos denigrantes que podría haber atesorado a lo largo de mi trayectoria profesional si yo hubiera sido mala persona; pero cada vez que descubrí alguna foto de esas, lo primero que hice siempre fue destruirla.

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