domingo, 4 de junio de 2023

Lo que hay detrás de una foto

(AZprensa) Muchas fotografías suelen guardar tras de sí una historia interesante y para ello no es necesario que se trate de buenas fotografías. Hoy vamos a poner un ejemplo…
 
Como puedes ver, esta foto es bastante mala desde un punto de vista de arte y técnica fotográfica. No vamos a entrar en detalles de lo mala que es porque no vale la pena, pero sí vamos a contar su historia porque es digna de admiración…
 
Sucedió en Oslo (Noruega) hace tres décadas. El fotógrafo aficionado le dijo a su acompañante que se colocase junto a un arco que, por otra parte, no era nada del otro mundo, pero que a este aficionado a la fotografía le pareció bonito. Buscando el encuadre perfecto se dio cuenta que tenía que retirarse más y dio unos pasos hacia atrás. Como tampoco pillaba bien todo lo que quería sacar, dio otros pasos hacia atrás… Aún, no, necesitaba retirarse más, así que dio otros pasos hacia atrás y para ello se tuvo que salir de la acera y colocarse en mitad de la calle. Allí, por fin, le pareció que era el lugar perfecto para hacer la fotografía, y como era bastante lento, dedicó su buen tiempo a comprobar (sin mucho acierto, por cierto) cuáles debían ser la abertura de diafragma, la velocidad de obturación y el enfoque adecuado. Iba a apretar el disparador cuando se dio cuenta que realmente estaba en mitad de la calle y que estaba cortando el paso a un autobús de transporte público. Miró al conductor y pidió perdón por haber interrumpido el tráfico e incluso por haberse puesto en riesgo de ser atropellado por cualquier vehículo, pero –para su asombro- el conductor del autobús le sonrió y le hizo ademán de que terminase de hacer su fotografía, que a él no le importaba esperar.
 
El fotógrafo aficionado volvió a enfocar, disparó, y se volvió a la acera dando gracias al conductor. La foto que le quedó –ya lo podéis ver- es bastante mala, pero la historia que se recordará para siempre al ver esta fotografía es imborrable.
 
Ahora piensa, ¿qué hubiera pasado si estos mismos hechos suceden en España, en cualquiera de nuestras grandes ciudades? Pues que ese incauto fotógrafo se hubiera llevado una enorme pitada de claxon y unos cuantos improperios. Pero aquello sucedió en Oslo (Noruega) en donde la gente tiene por bandera la educación y el respeto.
 

Una novela que parece que nos traslada a otro mundo, pero en realidad nos enseña cómo es Noruega…
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sábado, 3 de junio de 2023

Cuando las fieras son el público

(AZprensa) Antiguamente había en todos los circos un número de fieras, es decir, un domador que hacía saltar y pasar por el aro a tigres y leones. Para ese número, la pista de circo se convertía en una enorme jaula a la que pasaban las fieras y así el público contemplaba tranquilo el espectáculo. Cuando llegó la democracia los estadios de fútbol se convirtieron en jaulas, como las que antes he citado, pero en esta ocasión las fieras no eran los futbolistas que estaban en el terreno de juego sino los espectadores. Esas jaulas se pusieron para evitar que los espectadores se lanzasen al terreno de juego para atacar a los futbolistas.
 
Antiguamente había en España un dictador y no había jaulas en los estadios, pero algo debió pasar con la llegada de la democracia que esos gritones pero pacíficos espectadores se convirtieron en fieras salvajes. Poco después se cambiaron las rejas por un foso para impedir que saltasen al terreno de juego, aunque -que yo sepa- nunca se pusieron cocodrilos en esos fosos. Y ya, finalmente, se cambiaron esos fosos por decenas de vigilantes de seguridad y de policías. En cualquier caso, las fieras seguían estando en las gradas, eran los espectadores.
 
Hoy día, cualquier medida es poca con tal de controlar a esas fieras… aunque todas esas medidas son realmente absurdas.
-          No se vende alcohol dentro del estadio pero sí en sus alrededores con lo cual los espectadores deben emborracharse antes de entrar al estadio.
-          A las bebidas que porten o que se las vendan dentro, se les quita el tapón, con lo cual si quieren tirarlas al árbitro -cosa que nunca hacen- solo tienen que llevarse en el bolsillo otro tapón desde su casa.
-          No se les deja entrar con termos, ni con prismáticos, ni con ningún objeto sólido visible, con lo cual -si quieren introducirlo- se las tienen que apañar bien para esconderlo en los calzoncillos, en los calcetines a la altura del tobillo, dentro del bocadillo, etc.
-          Al entrar se les cachea como a delincuentes. Ya saben ellos que si quieren introducir algo lo deben esconder bien por ejemplo una bengala dentro del bocadillo.
-          En partidos “de alto riesgo” hay más policías con ametralladora o a caballo que en la guerra de Ucrania. Y para sacar las entradas hay que dar nombre, DNI, etc.
 
En definitiva, a los estadios de fútbol antes iban personas muy maleducadas porque insultaban, pero muy pacíficas porque no provocaban ningún incidente ni alteraban el orden público, aunque dejasen seca la bota de vino. Ahora, en cambio, parece ser que a los estadios van salvajes violentos y terroristas a los que hay que atar corto y tener muy controlados con todos los medios policiales y de represión que sea posible imaginar, y aun así se producen altercados dentro y fuera de los estadios (sin duda incentivados por esa represión policial).
 
En fin, paradojas de la vida: Antes, cuando había un dictador, la gente era libre y pacífica; ahora, con la democracia, son salvajes a los que hay que acorralar.

PD.- Como dato curioso puedes fijarte en esta fotografía: El policía está pendiente del partido de fútbol, no de los espectadores. Hoy en día hay muchos más policías y miembros de seguridad, y no miran el partido sino que están de espaldas al terreno de juego, vigilando a los espectadores.
 

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viernes, 2 de junio de 2023

¿Qué ha pasado con el fútbol?

 
(AZprensa) Los que íbamos al fútbol en la década de los sesenta no salimos del asombro cuando vemos en qué se ha convertido este deporte. Hoy hablaremos de los jugadores, de los futbolistas profesionales.
 
En aquella época tenían como ahora una gran popularidad aunque no estaban saliendo todos los días en periódicos y televisiones. Pero a pesar de su popularidad ganaban poco dinero, tan poco que presidente es como Vicente Calderón o Santiago Bernabéu siempre los animaban a que compaginasen el fútbol con el estudio para que pudiesen dedicarse a esa carrera al finalizar su vida deportiva o que ahorrasen todo lo posible para que al jubilarse como futbolistas pudiesen montar un negocio y vivir de eso.
 
Hoy día, todos se creen estrellas, aunque sean suplentes o militen en categorías inferiores, y van de divos por la vida. Ganan mucho dinero y se lo gastan en lujos innecesarios, de los que hacen ostentación.
 
Antes no se podían hacer cambios en los partidos. Los once jugadores que salían al comienzo eran los que acababan salvo que alguno de ellos tuvieran que llevarlo al hospital por una fractura o algo así. Se hizo famoso el gol del cojo, porque el que se lesionaba seguía jugando y lo colocaban de delantero centro y, como cojeaba y los contrarios no le prestaban mucha atención, casi siempre solía pillar algún rebote o barullo y meter gol. Jugadores como Pirri siguieron jugando con un brazo en cabestrillo con tal de no dejar en inferioridad numérica a su equipo.
 
Ahora, bueno, esto ya es el colmo y supera todo lo imaginable:
-          Se pueden hacer cinco cambios por equipo en cada partido.
-          Cada vez que le duele algo a un jugador, se tira al suelo y mamá árbitro acude rauda y velos para ver que le duele al “niño” y, si es preciso, llama al médico.
-          Si hace calor se para el partido para que los niños (los futbolistas profesionales, quiero decir) puedan beber.
-          Cada vez que a un jugador le rozan la cara, se tira al suelo y se retuerce como si lo hubieran matado; a veces hacen lo mismo aunque ni siquiera les rocen.
-          Si a un jugador lo insultan, se chiva al árbitro y este para el partido y pide que detengan al espectador que le insultó. (Nota: Esto solo aplica a insultos dirigidos a negros; si quienes reciben esos mismos insultos son blancos o asiáticos, no pasa nada).
-          Si un espectador se desmaya se avisa al árbitro y también para el partido. (Nota: ¿Para qué están entonces los de la Cruz Roja?).
 
Conclusión: El fútbol de antes era un deporte de hombres; el fútbol de ahora es una farsa de niñatos malcriados y consentidos.
 

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jueves, 1 de junio de 2023

Las tabaqueras buscan al rival más débil: Los jóvenes

(AZprensa) Las empresas tabaqueras saben que los jóvenes son más fáciles de influir y manipular, por lo que redoblan sus esfuerzos para convertirlos en adictos al tabaco. De momento lo están consiguiendo, doblegando la débil voluntad de los jóvenes para que se enganchen a esta droga adictiva y mortal, pero legal por la sencilla razón de que supone una importante fuente de ingresos para el Estado: No olvidemos que de los 5 euros que puede costar una cajetilla de tabaco, 4 euros son impuestos que van para el Estado, y por eso el Gobierno no hace nada y mira para otro lado.
 
Para dar voz y dimensióna este problema, ayer se reunieron en el Colegio de Médicos de Madrid 14 instituciones, organizaciones y asociaciones de pacientes: CNPT, ASOCIACIÓN ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER, NEUMOMADRID, SEOM, SEPAR, SEMERGEN, IEMEV, UNIDAD ESPECIALIZADA EN TABAQUISMO DE LA COMUNIDAD DE MADRID, FUNDACIÓN MÁS QUE IDEAS, APEPOC, AEACaP, SEMAP, CIBER- ISCIII, NO FUMADORES ORG.
 
El Dr. Manuel Martínez -Selles, presidente del Colegio de Médicos de Madrid (ICOMEM), ha reconocido la necesidad de que “el tabaco se vea como lo que es, una adicción con consecuencias graves en la salud. Por lo que proponemos a todas las instituciones que hoy nos hemos reunido solicitar medidas que permitan eliminar el consumo de tabaco en sus calles y áreas públicas en 2027 en toda la Comunidad de Madrid”.
 
En Madrid un cuarto de la población de entre 18 y 64 años son fumadores. “Queremos implementar programas de prevención en escuelas e institutos porque nuestra preocupación se centra en el creciente consumo, sobre todo en jóvenes, de los e-cigarrillos y otros dispositivos electrónicos, nocivos para la salud. Por eso pedimos que sean considerados como productos de tabaco y cumplan así con la legislación vigente en cuanto a su consumo, venta y publicidad del tabaco”, ha manifestado Rosa Mirambeaux, coordinadora del grupo de trabajo de tabaquismo en Neumomadrid. En esta misma línea, Mª Isabel Cristóbal Fernández, psicóloga de la Unidad Especializada en Tabaquismo de la Comunidad de Madrid, ha reclamado avanzar hacia una ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo que amplíe la prohibición de fumar en espacios públicos, que se regulen las condiciones de etiquetado y que aumente el precio de los cigarrillos. El Dr. Carlos Jiménez- Ruiz, representante de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), ha considerado irrenunciable el incremento de los precios de todas las formas de consumo de tabaco, así como “promover la creación de recursos asistenciales y financiar todos los tratamientos que han demostrado ser seguros y eficaces para ayudar al fumador a dejar de serlo”.
 
El tabaco es la segunda sustancia psicoactiva con mayor prevalencia de consumo entre los alumnos de 14 a 18 años. 9 de cada 10 jóvenes (el 91,3%) han tenido una exposición a una forma de inhalación de humo, vía medios sociales o plataformas, en los últimos 30 días. La estrategia de la industria del tabaco es clara: los jóvenes”, ha contado Estibaliz García, responsable de prevención y promoción de la salud en la Asociación Española contra el Cáncer de Madrid. De la misma manera se ha posicionado, Raquel Fernández, presidenta de NoFumadores.org, que advierte de la importancia de incluir los “VAPER porque es donde los jóvenes se mueven. De hecho, nueve de cada diez jóvenes están sometidos a este humo digital”.
 
Para Ana Fernández, vicepresidenta segunda del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), “nuestros hijos e hijas tienen derecho a vivir en un entorno sin tabaco. Por ello instamos a las administraciones a poner en práctica los 10 objetivos recogidos en la Declaración de Madrid (abril, 2023) como muestra de responsabilidad y compromiso para proteger la salud y el planeta”. El oncólogo Javier de Castro ha incidido en el cambio de perspectiva sobre el tabaco: “Los jóvenes consideran que el tabaco es algo de gente mayor, no lo ven como un problema que puedes sobrevenirles en el futuro
 
Para Carlos Abanades, presidente de la Fundación Más que Ideas, la prevalencia del tabaquismo, en todas sus formas, debería estar en el centro del diálogo político y social. “Es una responsabilidad de todos adoptar medidas para que las personas jóvenes no inicien el consumo y quienes ya fumen tengan un apoyo efectivo para dejar el tabaco". Entre esas medidas, Cristina Moreno, vicepresidenta de la Sociedad Madrileña de Enfermería Familiar y Comunitaria (SEMAP) ha apostado por “programas educativos en centros escolares y universitarios y por implementar campañas de salud en los recursos comunitarios de nuestros barrios”. El Dr. José Luis Diaz Maroto, miembro del grupo de tabaquismo de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) se ha referido a campañas lideradas por jóvenes como medida de prevención y ha defendido “financiar los tratamientos farmacológicos financiados, incluyendo la terapia sustitutiva con nicotina.
 
La Dra. Ady Castro Acosta, investigadora del Centro Nacional de Epidemiología, ha explicado que "a lo largo de toda la vida, nuestros pulmones van acumulando impurezas y micropartículas en suspensión del aire, de manera similar al filtro de la aspiradora, pero sin posibilidad de recambio o de aclaramiento. Estas partículas son capaces de producir toxicidad, inflamación crónica y enfermedad pulmonar”. De hecho, el 27 % de las muertes por consumo de tabaco corresponden a enfermedades cardiovasculares y casi el 50 % a enfermedades respiratorias y diversos tumores, según el Dr. José Luis Palma, presidente del Instituto Español de Medicina de Estilo de Vida (IEMEV).
 

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Fútbol, insultos y libertad

(AZprensa) Lo que voy a contar parece ficción, pero es totalmente cierto, y quienes hayan ido al fútbol en los años 60 lo habrán vivido igual que yo y darán fe de ello. Ahora, sin embargo, la sociedad ha cambiado tanto que os parecerá increíble.
 
Empecemos:
 
Allá por los años 60 gobernaba en España un dictador que –según dicen- tenía oprimida a la población, Pues bien, esa población iba todos los domingos a los campos de fútbol.
 
ACCESO.- Apenas un par de policías podían vigilar los accesos. La gente se apretujaba para entrar y no había cacheos, ni tornos, ni guardias de seguridad.
 
YA DENTRO.- Salvo las gradas de preferencia, casi todas las localidades eran de pie y sin numerar, con lo cual –si el partido era de interés- entraba más gente de la que correspondería a ese espacio. No importaba, todos apretujados y tan contentos.
 
BAR.- Aparte de los chicos que vendían bebidas paseándose por las gradas, y de algún pequeño quiosco en los pasillos, la gente se llevaba comida y bebida de casa, incluidas bebidas alcohólicas. Es más, era frecuente ver cómo unos a otros se iban pasando la bota de vino. Por cierto, en los bares de los estadios te daban los refrescos y cervezas con alcohol (las “sin” todavía no se habían inventado) con su botella de cristal, que luego la gente dejaba tirada por el suelo, así que cuando salías debías tener cuidado de no tropezar con alguna de esas botellas de cristal que –por supuesto- nadie tiraba ni rompía.
 
ANIMACIÓN.- Salía el equipo contrario y se escuchaba una enorme pitada. Salía el equipo de casa y se escuchaban cánticos y aplausos. Cuando el contrario cometía una falta la gente lo insultaba y le decía de todo (daba igual el color de la piel del jugador). Si el árbitro no pitaba esa falta, entonces todos los insultos iban contra él. Por cierto, podías llevar todo tipo de objetos que ahora están prohibidos: termos de café, prismáticos grandes, botellitas de licor o coñac, banderas con su buen mástil de madera o hierro para ondearlas, etc.
 
DESPEDIDA.- Si el partido había acabado con polémica, solía haber lluvia de almohadillas sobre el árbitro y si no, pues nada, aplausos y para casa.
 
ESTADIO.- Las gradas estaban pegadas al terreno de juego (no había pista de atletismo ni nada de separación) y no había ni rejas ni foso (que estas dos cosas llegaron con la democracia), ni tampoco había decenas de policías y vigilantes de seguridad pendientes de los espectadores. Y, por supuesto, tampoco había cámaras de video enfocando y grabando a los espectadores.
 
JUGADORES.- Ningún jugador se ofendía porque lo insultasen durante el partido, porque eso era parte del espectáculo y, acabado este, todos ellos eran respetados y admirados por todo el mundo, incluidos los aficionados de los equipos rivales.
 
CONCLUSIÓN.- En los partidos de fútbol se gritaba, se insultaba, se proferían todo tipo de improperios contra los jugadores contrarios y contra el árbitro… y no pasaba nada. No había peleas, e incluso la mayoría de los seguidores del equipo rival presenciaban los partidos mezclados con los del equipo local, y no en un guetto aparte como ahora. Nadie tiraba nada al terreno de juego (salvo las citadas almohadillas en alguna ocasión) y eso que tenían a mano palos, botellas de cristal, objetos metálicos, etc.
 
Así era el fútbol entonces. Cada uno se expresaba como quería, con entera libertad. Nadie se sentía ofendido y, por supuesto, nadie agredía a nadie. Eran los tiempos de un dictador, pero la gente iba y disfrutaba del fútbol en libertad.
 

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