(AZprensa) Hay temas que apartamos de la conversación
como quien aparta un plato que no le gusta: la muerte es el primero de la
lista. Nadie reserva mesa para hablar de ella en una cena de amigos, nadie la
incluye en sus propósitos de año nuevo y, desde luego, nadie la busca en la
sección de novedades de la librería. Sin embargo, todos —sin excepción— tenemos
billete para ese viaje. Solo que es de ida y sin fecha de vuelta impresa.
Precisamente por eso resulta tan paradójico que el
destino más seguro de nuestra existencia sea también el más ignorado. Rehuimos
pensar en él, pero cuando la salud falla, cuando un diagnóstico aparece o un
ser querido se marcha, el miedo a lo desconocido se instala como un huésped que
no paga alquiler y que, además, hace mucho ruido por las noches.
Y ahí está la gran contradicción humana: nos aterra
aquello de lo que menos sabemos. Imagina que vas a viajar a un país
completamente nuevo. ¿Qué haces? Buscas fotos, lees reseñas, miras vídeos,
hablas con quien ya ha estado. Cuanto más sabes, más disfrutas por anticipado y
menos perdido te sientes al llegar. Con la muerte hacemos exactamente lo
contrario: cerramos los ojos, tapamos los oídos y fingimos que el avión nunca
despegará. Hasta que un día despega igual y nos encontramos en la puerta de
embarque sin haber mirado ni siquiera el mapa.
“Tu último viaje”, el libro del escritor español Vicente
Fisac publicado recientemente en Amazon a través de KDP, plantea una idea tan
sencilla como revolucionaria: ¿y si aplicáramos a ese trayecto inevitable la
misma lógica que usamos para cualquier otro viaje? ¿Y si, en lugar de huir, nos
informáramos? Fisac no promete respuestas dogmáticas ni vende una religión
envuelta en papel couché. Su enfoque es más bien el de un explorador que ha
recogido testimonios, estudios y experiencias de quienes —por la razón que sea—
han estado al otro lado del velo y han regresado para contarlo. Experiencias
cercanas a la muerte, relatos de personas en coma que recuerdan con nitidez lo
vivido, testimonios de médicos y enfermeras que han acompañado a miles de
pacientes en sus últimos minutos… Todo ello tejido con un lenguaje accesible,
sin sensacionalismo ni sermones.
Lo que el libro consigue, según quienes ya lo han leído,
es doble: Por una parte, quitar peso al miedo. Cuando lo desconocido deja de
ser un abismo negro y sin fondo para convertirse en un paisaje que, aunque
extraño, empieza a tener contornos reconocibles. Y por otro lado, ofrecer
consuelo preventivo. Saber que miles de personas han descrito sensaciones
similares —luz, paz, reencuentro con seres queridos, revisión de la propia
vida— genera una extraña familiaridad. Como cuando llegas a un hotel y
descubres que la habitación se parece mucho a las fotos que viste en internet.
Uno de los lectores, en una reseña en Amazon, lo resumía
así: «No me ha quitado la muerte, pero sí me ha quitado el pánico a morirme». En
un mundo obsesionado con alargar la vida a toda costa —cremas antiedad, dietas
milagrosas, dispositivos que miden hasta los latidos del corazón mientras
dormimos—, parece casi subversivo dedicar unas horas a prepararnos para el
final. Pero quizás sea el acto de madurez definitivo: aceptar que el viaje
tiene fecha fijada (aunque no la conozcamos de antemano) y, en lugar de mirar
para otro lado, hacer la maleta con calma.
Tu último viaje no te va a gustar abrirlo. Probablemente
lo pospongas varias veces. Es normal. Pero quienes lo han leído coinciden en
que, una vez cerrado, algo cambia: la muerte sigue ahí, inevitable, pero ya no
es una extraña. Es un destino del que, por fin, tenemos algo de información. Y
eso, en un trayecto sin retorno, es mucho más de lo que teníamos ayer.
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
“Tu último viaje”: https://amzn.eu/d/1zzOpM6
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