(AZprensa) El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte ha
puesto en jaque a la Real Academia Española (RAE) con una crítica demoledora
que ha sacudido los cimientos de la institución. En un artículo publicado
recientemente en El Mundo titulado «Por qué ni fija, ni limpia, ni da
esplendor», Pérez-Reverte —miembro de la RAE desde 2003— denuncia que la
Academia ha renunciado a su misión fundacional de velar por la pureza, la
precisión y el prestigio del español, cediendo ante presiones externas que
priorizan el uso masivo sobre el rigor lingüístico y etimológico.
Según el novelista, la RAE actual se ha doblegado ante lo
que él califica de “talibanes del todo vale”, un sector dominante que impone
una normativa laxa, ambigua y contradictoria. Este grupo, afirma, da más peso a
tertulianos, youtubers, influencers y usos mediáticos o políticos que a la
autoridad de grandes escritores, filólogos y creadores que han trabajado la
lengua con exigencia y belleza. “Hoy un influencer analfabeto puede tener más
influencia lingüística que un premio Cervantes”, sentencia Pérez-Reverte,
ilustrando cómo cualquier “cateto audaz”, si persevera, puede imponerse incluso
a Cervantes, Galdós o García Márquez.
El académico argumenta que la Academia ha pasado de
limpiar (corregir errores y vulgarismos) a registrar pasivamente el uso, por
miedo a ser tachada de elitista o conservadora. Esto ha llevado a aceptar
construcciones que hace décadas habrían sido rechazadas sin debate profundo,
solo por su difusión en redes sociales o por conveniencias políticas. El
resultado, advierte, es un idioma empobrecido, banalizado y sin referencias
firmes para el hablante, lo que erosiona su grandeza histórica y cultural.
Pérez-Reverte no oculta su frustración con el rumbo actual
de la institución bajo la dirección de Santiago Muñoz Machado. Reconoce logros
como la estabilización económica, pero lamenta la ruptura del vínculo histórico
entre creación literaria y norma técnica. Los plenos semanales, describe, son
escenarios de tensión entre dos visiones opuestas: la descriptiva (registrar lo
que se usa) y la normativa (exigir corrección y excelencia). Para él, la
primera ha ganado terreno, traicionando el lema que define a la RAE desde su
fundación en 1713.La respuesta de la Academia no se ha hecho esperar. Fuentes
internas han anunciado que analizarán “con rigor” las críticas de Pérez-Reverte
y no descartan corregir defectos de funcionamiento si el Pleno lo considera
necesario.
Esta polémica llega en un momento de máxima sensibilidad
sobre el futuro del español. Pérez-Reverte no solo cuestiona decisiones
concretas —como ciertas incorporaciones al Diccionario que ve como concesiones
al ruido viral—, sino que alerta de una deriva más profunda: la sumisión a
intereses políticos y mediáticos que, bajo el pretexto de inclusión o
modernidad, diluyen el rigor y contribuyen a una aniquilación progresiva de la
riqueza cultural del idioma. Si la RAE deja de ejercer autoridad moral y se
limita a certificar lo que ya está dañado, concluye el escritor, pierde su
razón de ser y condena al español a una mediocridad irreversible.
Lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, un
académico de peso ha expuesto públicamente las grietas internas de la
institución que más debería proteger el tesoro común de 500 millones de
hablantes. El español, como cualquier lengua viva, evoluciona, pero lo que no
debe consentir nunca es su deriva hacia la vulgaridad; eso no sería evolución
sino involución.
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