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domingo, 2 de marzo de 2025

Podríamos ser unos simples hologramas

(AZprensa) Diversos científicos han coincidido en dar verosimilitud a una teoría que ya expuso a finales del siglo pasado el físico teórico argentino Juan Maldacena, una teoría según la cual nuestro Universo no es real sino que simplemente se trata de una proyección holográfica. Según ellos, la verdadera acción se desarrollaría en un cosmos más simple, y más plano donde no existe la gravedad. Dicha teoría, por otra parte, resuelve una serie de inconsistencias que se han detectado entre la física cuántica y la teoría de la gravedad de Einstein.
 
Si como dicen, este Universo que conocemos es un holograma y no un mundo real como pensamos, ¿no seremos acaso nosotros una simple proyección de pensamientos? ¿Seremos nosotros un sueño y nuestros sueños la realidad? ¿O tanto unos como otros somos simples proyecciones mentales?
 
¡Qué bofetada a nuestra soberbia, a nuestro egoísmo, a nuestra vanidad y... a nuestra ignorancia!
 
Lo que está claro y está sobradamente probado es la insignificancia de nuestra vida, de nuestros problemas, de nuestras ambiciones, de nuestro “yo”...
 

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domingo, 9 de febrero de 2025

Todo es presente


(AZprensa) No existe el tiempo, todo es presente. Y si todo es presente ¿dónde quieres estar? ¿Con quién deseas compartir ese instante eterno? De ti depende elegir bien, y –por si te sirve de ayuda- aquí tienes este poema dominical. Un pequeño rincón para el alma en medio de este mundo falsamente vertiginoso…
 
NO EXISTE EL TIEMPO
 
Si no existe el tiempo
y es sólo nuestra consciencia
quien se mueve cual dial
por el espacio
de lo que siempre ha existido
y existirá...
 
Si no existe el tiempo
y todo es un eterno presente...
¡qué maravilla poder elegir
aquello que más deseas
para vivirlo siempre!
 
Y estar allí, permanecer
dentro del momento mágico
en que tu ilusión
se sintió más cerca del ser pleno...
 
Te elegiré a ti,
y serás tú para siempre
mi momento eterno.
 

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domingo, 28 de julio de 2024

Brevedad

(AZprensa) Para decir lo importante no hacen falta muchas palabras y por eso en este comentario tampoco voy a hablar mucho, sólo transcribir para compartir con vosotros este poema. 

Tenéis que ser vosotros quienes después de leerlo paréis un momento el reloj y os planteéis qué es lo que habéis venido a hacer en este mundo. 

En realidad no lo sabemos, o mejor dicho, no lo recordamos, pero quizás el simple hecho de planteárselo sea la respuesta que estábamos esperando…

BREVEDAD 
 
Ni un pequeño soplo, ni un latido.
Así de fugaces pasaremos por la vida,
sin haber apenas comprendido
que no somos nada,
sólo un soplo, una brizna de hierba
que ha nacido y se irá tan fugaz
como ha venido.
 


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martes, 23 de abril de 2024

¿Qué son los universos paralelos?

(AZprensa) Ahora está muy de moda hablar de “universos paralelos”, sobre todo en las películas de ciencia ficción; pero ¿hay fundamentos científicos para dar cierta credibilidad a la posibilidad de que existan miles de universos paralelos? Y sobre todo ¿cómo podemos explicar y entender, sin demasiados tecnicismos, qué significa eso del “multiverso”, de los “universos paralelos”? En este artículo intentaremos explicarlo de una forma sencilla que todos podamos entender…
 
Para comprender de una forma clara y sencilla qué significa eso de los “universos paralelos” voy a echar mano de la novela “Rescate en el tiempo”, de Michael Crichton, en donde explica con bastante claridad este concepto a pesar de su evidente complejidad.
 
Lo primero es una aproximación al concepto de energía. “Hace cien años”, dice, “los físicos llegaron a la conclusión de que la energía, del mismo modo que la luz, el magnetismo o la electricidad, adoptaba la forma de ondas en continuo movimiento. Todavía hoy hablamos de ‘ondas de radio’ y ‘ondas lumínicas’. El descubrimiento de que todas las formas de energía tenían en común ese carácter ondulatorio fue uno de los grandes avances de la física del siglo XIX. Pero existía un pequeño problema...”
 
En efecto, al realizar una serie de experimentos se veía que la energía no era una onda continua y que parecía estar compuesta por una serie de unidades que se denominaron “cuantos”, dando así origen a lo que se ha dado en llamar “física cuántica”.
 
Una vez demostrado que la luz estaba compuesta de partículas, se podía pensar que todo lo demás (incluso la energía) también lo estaba.
 
Los átomos se componen de partículas pesadas en el núcleo y de electrones ligeros que se mueven a gran velocidad alrededor de este. Sin embargo, estudiando estas partículas se observó que tenían  comportamientos  un  tanto  extraños.  Por ejemplo, no es posible saber dónde están, no es posible medirlas con exactitud y no es posible predecir qué harán. Unas veces se comportan como partículas y otras como ondas. A veces dos partículas interactúan pese a hallarse a un millón de kilómetros de distancia una de otra y no existir relación alguna entre ellas. Y así sucesivamente.
 
“Ahora bien, con la teoría cuántica se dan dos circunstancias. En primer lugar se ve confirmada una y otra vez. Es la teoría más comprobada de la historia de la ciencia. Los escáneres de supermercado, el láser y los chips de ordenador, se basan sin excepción en la mecánica cuántica. Por lo tanto no existe la menor duda de que la teoría cuántica es la descripción matemática correcta del universo.”
 
“Pero he ahí el problema: se trata sólo de una descripción matemática. Se reduce a un conjunto de ecuaciones. Y los físicos no podían visualizar el mundo que se insinuaba en esas ecuaciones: era demasiado irregular, demasiado contradictorio. A Einstein, por ejemplo, no le gustaba. Lo interpretaba como un error de la teoría. Sin embargo, la teoría continuaba constatándose... incluso científicos galardonados con el Premio Nobel por sus aportaciones a la teoría cuántica tuvieron que admitir que no la entendían”.
 
“Durante la mayor parte del siglo XX hemos dispuesto de una teoría del universo que todos usamos, y todos coincidimos en que es correcta; pero nadie es capaz de explicar qué nos dice esa teoría acerca del mundo”.
 
Sin embargo en el año 1957 hubo un físico, Hugh Everett, que propuso una nueva y audaz teoría. “Everett sostenía que nuestro universo, el universo que vemos, el universo compuesto de rocas y árboles y seres humanos, y galaxias en el espacio exterior, era sólo uno entre un número infinito de universos coexistentes. Cada uno de esos universos se dividía continuamente, de modo que había un universo en el que Hitler perdía la guerra y otro en el que la ganaba; un universo en el que Kennedy moría y otro en el que seguía con vida. Y también un mundo en donde uno se lavaba los dientes por la mañana y otro donde no lo hacía. Y así indefinidamente. Una cantidad infinita de mundos”.
 
Se llegaba así a la conclusión de que “existían realmente universos múltiples. Y discurrían paralelos al nuestro”, algo que ha dado en llamarse “multiverso”.
 
Es interesante la explicación práctica que se da de esto. Trataremos de extraer los párrafos más significativos:
 
”Es un experimento muy sencillo... Colocamos dos paredes, una frente a otra. La primera pared tiene una hendidura vertical... Ahora proyectamos un haz de luz sobre la hendidura. En la pared de detrás verán una línea blanca, resultante de la luz que pasa por la hendidura...”
 
“Ahora tenemos una pared con dos hendiduras verticales en lugar de una. Proyectamos un haz de luz sobre ellas, y en la pared de detrás verán no dos líneas verticales, sino una serie de franjas alternas de luz y sombra”.
 
“Y si se proyecta el haz de luz sobre cuatro hendiduras, aparecen la mitad de franjas que antes. Porque una de cada dos franjas se oscurece. ¿Más hendiduras producen menos franjas? ¿Por qué? La explicación habitual es que la luz, al pasar por las hendiduras, actúa como dos ondas que se superponen. En algunas zonas se suman la una a la otra, y en otras zonas se anulan mutuamente. En este caso decimos que las ondas se interfieren entre sí, y al resultado lo llamamos ‘figura de interferencia’. El problema es que acabo de ofrecer una explicación del siglo XIX. Era totalmente admisible cuando se creía que la luz era una onda. Pero desde Einstein sabemos que la luz se compone de unas partículas llamadas fotones. ¿Cómo se explica que unos cuantos fotones generen una figura como esta?”
 
Podría pensarse que “en determinadas situaciones, las partículas poseen propiedades ondulatorias. Las partículas pueden crear interferencias entre sí. En este caso los fotones del haz de luz se interfieren unos a otros y producen la misma figura”.
 
“Esa parece la respuesta lógica. Al fin y al cabo, un haz de luz consta de millones y millones de pequeños fotones. No es difícil imaginar que interactúen entre sí de algún modo y creen la figura de interferencia. Pero ¿es así realmente? ¿Es eso lo que ocurre? Una manera de averiguarlo consiste en eliminar cualquier clase de interacción entre los fotones. Eso se ha llevado a cabo experimentalmente”.
 
“Se proyecta un haz de luz tan débil que emite sólo un fotón cada vez. Y detrás de las hendiduras se colocan detectores muy sensibles, tan sensibles que son capaces de captar la incidencia de un único fotón.... no puede haber interferencia alguna de otros fotones, porque trabajamos con un solo fotón. Los fotones, pues, pasan uno a uno. Los detectores registran el punto al que llega cada fotón.”
 
De esta forma, transcurridas unas horas, se obtienen una serie de líneas formadas por la acumulación en determinadas zonas de los fotones que han ido pasando uno a uno. Es como si con la punta de un bolígrafo hubiésemos ido marcando puntitos en una zona hasta conseguir el efecto de una línea.
 
“Lo que vemos es que los fotones independientes inciden sólo en ciertas zonas y nunca en otras. Se comportan exactamente igual que un haz de luz corriente. Pero ahora son emitidos uno a uno. Ningún otro fotón interfiere su trayectoria. No obstante, algo interfiere, ya que producen la habitual figura de interferencia. ¿Qué interfiere, pues, el movimiento de un único fotón? Tienen que ser otros fotones, pero ¿dónde están? Disponemos de detectores, y no detectamos ningún otro fotón. ¿Dónde están pues los fotones que causan la interferencia?”
 
“La interferencia en ese fotón aislado demuestra que la realidad no se reduce a lo que vemos en nuestro universo. Por lo tanto, los fotones que la generan deben estar en otros universos. Y eso, a su vez, demuestra la existencia de los otros universos”.
 
“En eso consiste el multiverso. Los universos se dividen continuamente, lo cual implica que muchos otros universos son muy similares al nuestro. Y son los universos similares los que interactúan. Cada vez que emitimos un haz de luz en nuestro universo, simultáneamente se emiten haces de luz en muchos universos similares, y los fotones de esos otros universos interfieren con los fotones de nuestro universo y producen la figura que vemos”.
 
En esa constante división del universo, de que hablábamos, cada fracción de segundo de nuestras vidas ofrece diversas alternativas. Pongamos un ejemplo. Estamos sentados leyendo y queremos dejar la sesión de lectura, levantarnos, apagar la luz y salir de la habitación. El hecho de pensar en la intención de dejar la lectura ya nos ofrece varias posibilidades: Dejarla de inmediato, acabar la línea, acabar el párrafo, acabar la página... o no hacer caso y seguir leyendo hasta que... cojamos las primeras opciones de dejar la lectura y apagar la luz. Podemos extender el brazo y apagar la luz deprisa, despacio, regular.... y podemos hacerlo en el instante en que decidimos dejar ahí la lectura, o un poco después al acabar la línea, o después al acabar el párrafo, o más tarde al acabar la página...
 
Cada una de esas situaciones genera una realidad diferente que se va expandiendo en su propio universo que a la vez se va subdividiendo en un número infinito de posibilidades. Hablando como se decía, de las alternativas más próximas, veremos que si se hubiesen producido todas de forma visible para nosotros, hubiera sido como ese destellar de los flashes cuando los fotógrafos asedian a un famoso. Hubiéramos visto, en este caso, cómo la luz se apagaba infinidad de veces en distintas fracciones de segundo, de minutos, etc.
 
Los que no hubieran interferido aquí, hubieran sido esos otros universos en los que nosotros no hubiéramos llegado a coger siquiera el libro para leer y por lo tanto no hubiésemos estado en ese momento, en esa habitación, en esa disposición, y con esa intención.
 
Tras el concepto de “multiverso”, de infinitos universos que se van subdividiendo  y  expandiendo,  viene ahora otro concepto aún más complicado. Es el que atañe al propio concepto de “tiempo”.
 
“El hecho de que pensemos que el tiempo pasa no es más que un accidente de nuestro sistema nervioso, del modo en que percibimos las cosas. En realidad, el tiempo no pasa; pasamos nosotros. El tiempo en sí es invariable. Simplemente está. Por lo tanto, el pasado y el futuro no son lugares distintos”.
 
Pero esto ya da para otro artículo, precisamente el que he escrito y publicado ayer en este mismo "Diario AZprensa".
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
Fuente: "No son coincidencias", VIcente Fisac. Amazon.

domingo, 21 de abril de 2024

El tiempo no existe

(AZprensa) ¿Existe el tiempo? Alguna vez habréis escuchado eso de que “no existe el tiempo” e inmediatamente habréis rechazado esa idea porque nuestro cerebro no es capaz de comprenderlo. Hay conceptos como “infinito”, “eternidad”, o “inexistencia del tiempo” que escapan de nuestra capacidad de entendimiento. Sin embargo he encontrado una forma clara y sencilla para que podamos comprender eso tan extraño de que “el tiempo no existe”, y por eso quiero compartirlo…
 
En las páginas de pasatiempos es frecuente encontrar crucigramas, sopas de letras, y un sin fin más de juegos. Entre ellos se encuentra también el “laberinto”. Ese juego en el que se nos muestra un comienzo y un final unidos por muchas líneas que se retuercen y entrecruzan pero que sólo una es capaz de unir ambos extremos. Tenemos que seguir con el lápiz o ir marcando diversos puntos, para tratar de encontrar cuál es ese camino. Es, también, como esos laberintos vegetales que hay en algunos parques, en donde entramos por un extremo y constantemente nos topamos con calles sin salida, hasta que después de un cierto tiempo somos capaces de encontrar una salida. Vistos desde el aire, se asemejan a una extensión de líneas verdes cuadriculadas y envolventes en las que se aprecia un punto central y varias salidas, aunque no es posible encontrar cual es el camino correcto capaz de unir cualquiera de las salidas con el centro.
 
Pero, ¿a cuento de qué viene esto? Pues sencillamente porque las imágenes visuales son muy útiles para comprender las cosas, y en el caso que ahora nos ocupa he pensado que esta imagen visual puede ser útil para comprender uno de los mayores misterios: la inexistencia del tiempo.
 
Tratemos, pues, de comprender cómo es eso de que “el tiempo no existe”. Todo está existiendo a la vez y es simplemente nuestra consciencia la que utiliza la noción de “tiempo” para encontrar quizás un sentido a las cosas o para tratar de comprenderlas. Sin embargo me gustaría centrarme en esta analogía.
 
Nuestra vida (y cuando digo nuestra vida me refiero a nuestra vida en su total plenitud; es decir, a “nuestras vidas”) es un laberinto que está ahí, completo, siempre. Tal y como lo vemos si miramos desde arriba cualquier laberinto. Podemos ver ese centro y esas diferentes puertas en el exterior. Podemos ver todos esos intricados caminos que se retuercen y entrelazan. Pero miremos cuando miremos (hoy, mañana, pasado mañana, dentro de cinco minutos…), siempre están en el mismo sitio, siempre están ahí todos esos caminos.
 
Ahora fijamos nuestra atención y elegimos una línea desde el centro y la seguimos para tratar de llegar al exterior. Avanzamos un poco en dirección norte, luego otro poco en dirección este, luego retrocedemos un poco, luego a la derecha, luego... nos encontramos en un callejón sin salida. Hemos fracasado.
 
Vamos a intentarlo otra vez. Elegimos otra línea que sale también en dirección norte, pero tras avanzar un poco, esta vez giramos en dirección oeste, luego otro poco a la derecha, luego hacia atrás, luego un poco más. Esta vez parece que tenemos más suerte y vamos dando bandazos pero siguiendo siempre adelante. Al final, alcanzamos una salida al exterior. Ha sido un viaje largo y complicado, pero hemos llegado al final.
 
Probemos una vez más. Elegimos una nueva línea desde el centro, giramos a la derecha, luego seguimos de frente, luego a la izquierda, un poco más de frente, a la izquierda y... ¡sorpresa! en muy poco tiempo hemos sido capaces de llegar al exterior, a una puerta de salida que estaba en el otro extremo.
 
Así podríamos seguir una y otra vez, explorando todas las posibilidades. Probablemente   encontraríamos que en ese laberinto vegetal que hemos visualizado había unas decenas de caminos posibles que conducían al exterior, unos deprisa y otros con muchas dificultades. También encontraríamos que había varias decenas más de caminos que no conducían a ningún sitio. Algunos abortaban nada más salir y otros, en cambio, llegaban a un final sin salida después de un largo recorrido.
 
Pero tomemos ahora un nuevo ejemplo visual. El laberinto vegetal que tenemos que visualizar no es como los que conocemos, de una extensión normal como la que se encuentra en muchos parques de nuestras ciudades. Ahora, ese laberinto vegetal tiene la extensión de toda la península Ibérica. ¿Os imagináis cuántos posibles caminos se pueden encontrar desde ese centro hasta cualquiera de los puntos del exterior? Me atrevería a decir que son millones los caminos posibles.
 
Y ahora, un paso más. Ese laberinto vegetal tiene la extensión de todos nuestros continentes juntos. ¿Cuántos caminos posibles hay? Miles de millones. O quizás más (no he sido nunca un buen matemático). ¿Y si dicho laberinto ocupase la galaxia? ¿Y si...?
 
En cualquiera de los casos en que nos pusiéramos, la situación iba a ser la misma. Hay un centro y miles de millones de caminos diferentes de los cuales unos mueren antes o después y otros son capaces de llegar hasta el final. Y los finales unas veces están muy próximos y otras veces están separados por miles de kilómetros. Pero siempre hay una cosa constante: el laberinto está escrito y los caminos están todos dibujados. Es sólo el acto de voluntad de nuestra consciencia el que elige un determinado camino y lo sigue con la mirada.
 
Como vemos, en realidad, el tiempo no ha transcurrido, el tiempo no ha existido. Todo estaba igual antes que después. Todo estaba así cuando nos fijamos en él y todo sigue después igual cuando nos alejamos.
 
El laberinto es nuestra vida. El laberinto somos nosotros. Cada persona es su propio laberinto y cada uno es diferente a los otros. Unos tienen un laberinto cuidado, otros lo tienen sucio, otros enmarañado, otros sencillo y ordenado... Pero todos son laberintos que reflejan la personalidad, la esencia, el alma de cada uno.
 
Sobre ese laberinto estamos proyectando nuestra consciencia y sacando enseñanzas. Esa es nuestra tarea. Esa es la misión de nuestra vida. Hemos venido aquí para seguir un determinado camino y aprender de las experiencias conseguidas a lo largo del mismo. Y mañana, cuando muramos será como mirar dicho laberinto desde arriba, meditar en lo que hemos aprendido, y decidir si queremos bajar otra vez a explorar otro camino y aprender así nuevas experiencias que vayan purificando nuestra alma hasta que podamos sentirnos como una parte totalmente integrada de esa esencia universal de la cual formamos parte y que podemos llamar “Dios”.
 
El entrar una y otra vez en ese laberinto, sería como el aire que pasa una y otra vez por un filtro para irse purificando y dejando en el mismo todas las pequeñas impurezas. Ese laberinto no es bueno ni malo. No hay caminos buenos ni malos. Ni siquiera aquellos que abocan a un callejón sin salida nada más comenzar o incluso después de un largo y tortuoso camino. Los caminos no son ni buenos ni malos, son simples alternativas. Y nosotros, cuando entramos una y otra  vez en dicho laberinto para recorrer sus infinitos caminos, no estamos haciendo ni el bien ni el mal; simplemente estamos aprendiendo. Aunque bien es cierto que no todos aprendemos a la misma velocidad.
 
Aquellos en los que prima la virtud y la honradez en su vida, encontrarán caminos que no tienen por qué ser más fáciles, pero que sí les van a dar una mayor cantidad de información, de enseñanzas. Aquellos que se niegan a sí mismos la razón de ser verdadera, seguirán dando vueltas y más vueltas, entrando una y otra y otra vez más en el laberinto, hasta que sean capaces de abrir los ojos y comprender que nuestra misión no es otra que la de aprender a desprendernos de nuestra carga material para poder finalmente ser uno con Dios.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
Fuente: "No son coincidencias", Vicente Fisac. Amazon.

jueves, 18 de abril de 2024

Estás vivo de milagro

(AZprensa) En el presente artículo se demuestra cómo es un auténtico milagro el que tú, yo y cualquiera de nosotros, esté aquí, ahora, vivo. Porque el camino de la vida es el más increíble y arriesgado trayecto que pudiéramos imaginar, y somos muy pocos los que podemos decir que “estamos vivos”. Te invito a que descubras lo casi imposible que ha sido llegar a este momento en el que estás leyendo esto…
 
Dice Jostein Gaarder en “El misterio del solitario” que “yo creo que todo en el universo es intencionado. Puede que tras esa infinidad de estrellas y galaxias haya una intención”.
 
Desde luego, el hecho de que nosotros estemos ahora mismo vivos y leyendo este artículo es un auténtico milagro. ¿Qué pensarías si te dijese que, hasta llegar aquí, tu vida ha corrido infinidad de peligros? ¿Sabías que has estado a punto de morir en una epidemia, en una guerra, en una catástrofe natural e incluso asesinado? ¿Eres consciente de que lo más normal es que no hubieras nacido? Quizás pienses, al leer esto, que estoy loco; por ello, trataré de explicártelo.
 
Sin duda, tu vida, la que tú conoces, ha sido más bien tranquila. No has estado en ninguna guerra, ni te ha afectado ninguna enfermedad grave. Como mucho, es posible que te hayas llevado algún susto al cruzar una calle cuando te pasó cerca un coche que estuvo a punto de atropellarte. O quizás te has dado algún golpe con el coche... que pudo haber sido mucho peor. Aun así, nadie puede afirmar que aquél posible accidente hubiera sido mortal. Entonces ¿por qué es un milagro que estemos vivos?
 
Echa un poco la vista atrás. Todos tenemos dos padres y cuatro abuelos. Antes que tú nacieras, ellos pasaron por diversos riesgos. Sin ir más lejos, la guerra civil española terminó en 1939. Piensa quéhubiera pasado si alguno de tus padres o abuelos hubiera muerto en aquella  guerra  (¡y hubo más de  un millón  de  muertos!).  ¿Tú crees que estarías aquí? Por supuesto que no; no hubieran podido engendrarte.
 
Pero también has tenido ocho bisabuelos y dieciséis tatarabuelos. ¿Qué hubiera pasado si uno sólo de ellos hubiera muerto antes de engendrar a tu antecesor? Simplemente, no hubieras nacido. Se hubiera roto la débil cadena de la vida que te ha traído hasta aquí.
 
Y piensa que, normalmente, cuanto más mires hacia atrás, mayores son las posibilidades de que alguno de tus antepasados hubiera muerto antes de traspasar a otro el testigo de tu vida. En el siglo pasado, la esperanza de vida era menor, las enfermedades se cobraban más vidas que ahora. Además, cuanto más hacia atrás mires, mayor número de antepasados tienes, y mayores son las posibilidades de que alguno de ellos hubiera muerto en un incendio, en una inundación, en un accidente... Con uno solo de esa línea directa, que hubiera muerto antes de engendrar a tu antecesor, hubiera sido suficiente para que tú no hubieras nacido.
 
Porque tus tatarabuelos también fueron a su vez engendrados. Ellos tuvieron padres y abuelos y sus propios tatarabuelos, y así hasta la primera célula del primer ser vivo que hubo sobre la Tierra. No está de más que hagas conmigo este pequeño viaje en el tiempo.
 
Una mirada atrás.- Ya hemos hablado de las ocasiones de morir que tuvieron tus padres y/o abuelos durante la guerra civil, por sólo citar el acontecimiento que más vidas cercenó en nuestra historia reciente. Pero si coges cualquier libro de historia verás que la misma ha estado plagada constantemente de guerras y otras muchas catástrofes.
 
Entre 1904 y 1913 la situación en España era precaria, con grandes bolsas de pobreza, lo que impulsó la emigración de muchos españoles. Se calcula que entre esos años hasta un millón y medio de españoles salió de nuestro país buscando otros horizontes, la mayor parte de ellos hacia América. Salvo que tú provengas de la familia de alguno de aquellos que salieron, piensa qué habría pasado si alguno de tus antepasados hubiera salido en uno de aquellos barcos que partieron hacia América. No se hubiera podido formar la familia que dio lugar, décadas después, a tu nacimiento.
 
Si una parte importante de tus antepasados provienen de Madrid, piensa entonces en el 2 de mayo de 1808. Aquél día (y los que le siguieron), por ejemplo, murieron miles de madrileños. Y no sólo los varones; también fueron las mujeres, los ancianos, los niños... ¡Todos salieron a la calle a luchar contra el invasor con cualquier utensilio o herramienta que tuvieran a mano: ¡Tijeras, palos, piedras...! Y, por supuesto, fueron muchos los que murieron. Sin embargo, ¡todos tus antepasados se salvaron! ¿No es extraordinario? Por lo menos, no murieron sin antes haber engendrado a tu siguiente antecesor.
 
Pero si en aquella época ya debías de tener cerca de un centenar de antepasados directos, un par de siglos antes, el número era mucho mayor. Y en 1647, por ejemplo, continuas plagas (langosta, sequías, hambruna, peste...) asolaron España. A finales del siglo XVI la población española era de sólo 8 millones de habitantes. Valencia, por ejemplo, perdió por la peste 16.000 de sus 60.000 habitantes y Sevilla, por citar otro caso cualquiera, perdió la mitad de sus 130.000 habitantes. Hubo barrios enteros, como los de San Marcos o San Gil, que quedaron arrasados por completo. Todas las familias que habían   llegado   hasta  allí...  allí  terminaron.   No  hubo  un después para ellos y por consiguiente, hoy no existe entre nosotros ninguno de sus descendientes. Y problemas muy similares se vivieron en Cataluña entre 1693 y 1995, o en Burgos en 1684...
 
¿Quieres ir más atrás? Durante los siglos XIV y XV fueron muchos los españoles que se embarcaron en aquellos frágiles barcos y cruzaron todos los mares. ¿Sabes cuántos murieron? ¿Cuántos hubo que no pudieron regresar a sus hogares para haber podido perpetuar su linaje?
 
Cuando no son las enfermedades o los accidentes, son las guerras, siempre presentes. ¿Alguno de tus antepasados estuvo en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212? Pues, ¡enhorabuena! ¡Vivió para contarlo y para que su familia siguiera creciendo! Y además, fue muy afortunado, ya que también se libró de la epidemia de lepra que hizo estragos en España, principalmente en el norte de la península.
 
Si ahora mismo estás aquí, es porque alguno de tus antepasados estaba vivo en el año 864 y engendró a tu antecesor. Y aquella fue una época de hambre y peste en España, con una grave crisis demográfica debida a una serie de años de extrema sequía y plagas.
 
También tuviste antepasados cristianos, y ya sabes que fueron perseguidos y masacrados como, por ejemplo, en el año 295 a lo largo de toda España. Llegados a estas alturas en el retroceso generacional, no sería de extrañar que también hubieses tenido antepasados en el norte de España, y quizás fueron de los pocos que sobrevivieron al acoso que los romanos hicieron durante su dominio de los territorios cántabros y astures.
 
Pero nuestra estirpe es aún más antigua. Seguramente no tuvimos ningún antepasado en Numancia (133 A.C.) ni ninguno en Sagunto (219 A.C.) –no estaríamos aquí si los hubiésemos tenido- pero sí en otras regiones de España. Si estás vivo, es porque tus antepasados que vivieron en el año 300 A.C. se vieron libres de los saqueos. Eran frecuente, entonces, las escenas de violencia, degüellos, etc., que se sucedían en aldeas y pequeños pueblos. Miles de españoles lucharon en guerrillas contra romanos y cartagineses. De los iberos, por ejemplo, se conoce más su afición a la guerra que su dedicación al trabajo o sus creencias.
 
No debió ser nada fácil sobrevivir y crear una familia en el año 600 A.C., cuando los pueblos celtas ocuparon la meseta y la zona oeste de España, procedentes de la zona de Álava y alto Ebro. Pero algunos sí que lo consiguieron, ¿sabes quiénes? precisamente tus antepasados que te permiten ahora el que tú puedas contarlo.
 
¿Quieres ir más atrás? En el 3.000 A.C. la península ibérica estaba en plena era neolítica. ¿Cuántas luchas tribales? ¿Cuántas muertes por enfermedades o por heridas durante la caza de animales para lograr la subsistencia? Pero algunos sí que lograron dejar una herencia viva que siguió perpetuándose generación tras generación, hasta llegar a la nuestra.
 
Lo dejo aquí, pero en realidad puedes ir tan atrás en el tiempo como quieras. A los primeros homínidos, a sus antecesores no humanos, a los primeros organismos multicelulares... Y da igual de qué país o nacionalidad seas, porque en todas partes puedes hacer un camino retrospectivo como este y comprobar lo milagroso que es el que la cadena de vida que llegó a engendrarte no su haya roto ni una sola vez a lo largo de miles de años.
 
Si, desde que se generó la primera chispa de vida sobre este planeta, uno solo (¡uno solo!) de tus antepasados o de los míos hubiera  muerto  (¡y  fíjate  si  tuvieron  ocasiones  para  haber muerto!) antes de engendrar esa nueva vida que continuó su estirpe (la tuya o la mía), no hubiéramos estado aquí ahora para leer o escribir estas líneas.
 
Como dice el autor que he citado al comienzo de este capítulo, “la posibilidad de que ninguno de tus antepasados muriera de niño, era una contra miles de millones. Porque no se trata únicamente de la peste, sino que además, todos tus antepasados se hicieron mayores y tuvieron hijos, incluso durante las peores catástrofes naturales, e incluso en tiempos en que la tasa de mortalidad infantil era muy alta. Naturalmente muchos padecerían alguna enfermedad, pero siempre se recuperaron. Has estado a un paso de la muerte cien mil millones de veces. Tu vida sobre este planeta se ha visto amenazada por insectos y animales salvajes, por meteoritos y rayos, enfermedades y guerras”.
 
Tú mismo, a través de tus antepasados, has intervenido en muchas batallas a lo largo de la historia. Y lo que es más curioso, has estado combatiendo contra ti mismo; porque seguramente hubo antepasados tuyos en cada uno de los dos bandos que se enfrentaron en algunas batallas. Estabas luchando contra ti mismo; era una batalla ¡contra tus posibilidades de nacer!
 
Y si quieres abrir aún más la mente, dentro de esta reflexión, piensa también en los miles de millones de veces en que cualquiera de tus antepasados pudo no haberse encontrado con aquél que sería su pareja para procrear. No bastaba con que sobrevivieran a todas las guerras y calamidades.
 
De nada te hubiera servido que esa pareja de antepasados hubiera salido ilesa de la batalla, hubiera superado las enfermedades, se hubiera librado de mil catástrofes naturales o provocadas, si en un momento determinado (uno sólo a lo largo de toda su vida) no se hubieran encontrado uno frente a otro y hubieran sentido ese deseo de atracción o enamoramiento que unió sus vidas en lo más íntimo para lograr que hoy día, muchos siglos después, tú pudieras estar aquí.
 
De vuelta a casa.- Regresamos otra vez al momento presente, después de este insólito viaje. Pero no dejo de pensar en todas esas casualidades que me ha concedido la vida. Y cada vez que pienso en ello me doy cuenta de que son más y más. Mira; esto lo tenemos todos más cerca. Trata de imaginar un día concreto, ese día exacto 9 meses antes de tu fecha de nacimiento. Ese día tus padres habían salido de paseo, o habían ido al cine, o habían ido de compras o de visita. Pasaron muchas cosas ese día y, al llegar la noche, podían haber estado cansados, sin ganas de hacer nada, o haberse enfadado uno con otro (como sucede muchas de veces), o haber llegado más tarde, o haber estado enfermo (una simple diarrea, por ejemplo) alguno de ellos. Si en aquél momento, a pesar del amor que se profesaban el uno al otro, hubieran dicho “mejor lo dejamos para mañana”, ¿sabes lo que hubiera pasado?: Que tú no habrías nacido.
 
Porque si al día siguiente hubieran estado unidos y hubieran engendrado un nuevo ser, ese ser no hubieras sido tú, hubiera sido un nuevo hermano de tus hermanos, pero al que    nunca hubieras llegado a conocer porque tú nunca habrías nacido, porque esa única oportunidad del espermatozoide que estaba destinado para ti ya habría pasado. Aquella era tu única oportunidad de venir a “esta” vida... y todas las “coincidencias” de millones de años de historia a lo largo de la evolución de la vida sobre nuestro planeta, se dieron cita en ese preciso, único e irrepetible instante para darte la vida. Porque tú eres el resultado de la unión de ese espermatozoide (uno entre muchos miles en cada eyaculación) con un óvulo. Si esa relación sexual de tus padres no se hubiera realizado ese día y en ese preciso instante, tú no habrías nacido, se habría engendrado posiblemente otro ser distinto, hermano de tus hermanos, porque el espermatozoide que dio lugar a la fecundación del óvulo hubiera sido otro en esta ocasión.
 
Como dice Gaarder en su libro, “la posibilidad de que mi cadena no se rompiera en ningún momento en el transcurso de tres o cuatro mil millones de años es tan remota que resulta casi impensable”.
 
Por eso, porque resulta todo tan impensable, el que se hayan sucedido durante cuatro mil millones de años esa enorme cadena de posibilidades que conduce a cada uno de nosotros, es un argumento más en apoyo de que nosotros y nuestro mundo no somos una “casualidad” sino algo verdaderamente “intencionado”.
 
Hemos llegado hasta aquí y los que estamos leyendo este libro, hemos acumulado una nueva “casualidad” que nos debe hacer pensar en nuestra verdadera razón de ser y existir. Una llamada de atención sobre nuestra misión en la vida.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon.
Fuente: “Nos son coincidencias”, Vicente Fisac. Amazon.

sábado, 17 de febrero de 2024

Una demostración de que no existe el tiempo en los sueños

(AZprensa) Mucho se ha hablado sobre si existe el tiempo cuando soñamos, pero nunca ha habido ninguna prueba que demuestre si eso es cierto o no. Cuando leí la frase: "En la vida física, hay una cierta cantidad de tiempo entre la concepción de una idea y su realización física", recordé la evidencia de que los sueños no tienen tiempo. Esta evidencia está perfectamente documentada según Sigmund Freud la escribió en su libro "La interpretación de los sueños":
 
En su libro habla de un sueño que le contó un paciente. El sueño se desarrolló durante la Revolución Francesa. En este ambiente vivió muchas aventuras, pero finalmente fue arrestado y condenado a la guillotina. Fue al cadalso, se arrodilló ante la guillotina, metió la cabeza bajó implacable la hoja. “Sentí un corte de metal frío en mi cuello... y luego me desperté”, comentó. ¿Pero por qué se despertó? Cuando abrió los ojos, vio una barra de metal que se soltó de la decoración de la pared y lo golpeó en el cuello.
 
Todo el sueño ocurrió en el mismo instante en que la barra de metal golpeó su cuello, era una larga historia con tantas cosas sucediendo que llevaría muchas páginas contarla, y sin embargo la varilla desprendida de la decoración de la pared, golpeando su cuello, coincidió exactamente con el momento de su sueño en que la hoja de la guillotina cercenaba su cuello.
 
Esto es posible porque en el mundo onírico no existe el tiempo, y por tanto los dos extremos (la caída de la varilla y la caída de la guillotina) pueden coincidir.
 
¿De qué otra manera se puede explicar tan insólita coincidencia entre esos dos momentos?
Si se aplica el argumento de que el tiempo existe, entonces la varilla habría caído y despertado a la persona en cualquier momento de la historia de su sueño, pero no ese ese instante preciso en que coincidió. Pero si el sueño no existe en el mundo de los sueños, entonces esta aparente coincidencia es perfectamente posible.
 

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lunes, 10 de abril de 2023

No te vayas sin hablar

(AZprensa) Para terminar esta semana tan especial, quiero compartir este poema recién salido de la factoría de mi imaginación y mi sentimiento. Sirva, pues, de reflexión para comprender que no somos entes aislados sino que formamos parte de algo mucho mayor y eterno. Por eso hay que interactuar con los demás, porque somos piezas de un engranaje cósmico tan grande que no somos capaces de verlo ni de comprenderlo. No te vayas, pues, sin hablar, o como -en este caso por lo que a mi concierne- sin escribir y compartir:

NO TE VAYAS SIN HABLAR
 
No te vayas sin hablar,
ni te ocultes en las sombras del silencio
como planeta errante en el vacío inmenso
sin la luz un Sol que lo ilumine.
 
No te vayas sin mirar afuera,
tal como siempre miras adentro,
porque dentro y fuera es lo mismo
aunque a veces no lo creas.
 
Somos átomos que vuelan por el cielo
formando algo que ni siquiera vemos,
somos gotas de vida que se agregan
dando forma a un ser supremo.
 
Somos parte de eso que llamamos Universo,
somos chispas de vida que iluminan
un espacio tan grande que no vemos
porque somos algo grande… y tan pequeño!
 
Por eso, cuando te vayas… vas a seguir “siendo”.


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lunes, 24 de agosto de 2020

Nadie es lo que era

(AZprensa, editorial) Cientos de miles de células de nuestro cuerpo mueren cada día y son reemplazadas por otras nuevas; incluso las neuronas, de las que se creía no podían crecer nuevas, también lo hacen aunque sea en menor medida. Si todo nuestro cuerpo físico está en constante renovación, resulta fácil comprender que ese cuerpo tuyo de hoy no tiene nada que ver con el que te albergó hace unos cuantos años… son cuerpos distintos. 

Pero ¿y el alma? (o la mente si es que eres ateo) ¿Cambia también o permanece inmutable? Nuestro ser espiritual recorre igualmente un camino y en ese camino va adquiriendo conocimientos y experiencias, padecimientos y alegrías, y todo ello lo va igualmente modelando. De ahí que al cabo de unos cuantos años también nuestro ser interior sea bastante diferente del que fuimos antaño. 

Si el cuerpo físico cambia con los años y nuestro ser interno también, es lógico deducir que si nos comparamos con nosotros mismos en dos momentos distantes de nuestra existencia, nos encontremos con dos seres diferentes, con muchas similitudes –por supuesto- pero también con notables e importantes diferencias. 

Por eso, cuando al cabo de muchos años se encuentran dos personas que tiempo atrás fueron grandes amig@s, el reencuentro suele dejar la amarga constancia de que aquellas dos personas del pasado son ahora dos desconocidos que tan sólo coinciden en que ambos tienen una serie de recuerdos en común pero ya no queda nada de aquél feeling, de aquella complicidad, de aquella amistad o amor que existió entre esas dos personas. 

En realidad, cada uno de nosotros es una persona diferente cada día, cada hora, cada segundo, cada yoctosegundo (cuatrillonésima parte de un segundo), cada... 

¿Será por eso que cada vez que uno se encuentra con un amigo del pasado –a quien no se veía desde hace muchos años- se da cuenta que ya no existe la conexión de antaño, como si ahora se tratase de dos personas diferentes? Es que lo son. Son –ahora- dos personas diferentes.


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