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domingo, 18 de octubre de 2026

Un instante poético

(Sunday Poetry Corner)
Todos los domingos traemos a este rincón de “Diario AZprensa” un poema y después le pedimos a la IA que haga un “Análisis y Comentario” sobre el mismo. Es interesante no sólo disfrutar del poema, sino también descubrir, a través de la IA, todo lo que puede esconder detrás de unas pocas palabras. Porque un poema no tiene que ser corto ni largo: tiene que transmitir emociones.
 
Por eso hoy hemos elegido uno corto, muy corto, porque en su brevedad y sencillez encierra mucho más contenido del que pudiéramos imaginar. Leerlo es cuestión de dos segundos; asimilarlo... eso ya lleva mucho más tiempo. Y puede acompañarnos —si queremos— durante todo el día, ayudándonos a comprender que este mundo material y esta vida de prisas en la que estamos inmersos quizá no sean más que una diminuta mota de polvo en la inmensidad del universo.
 
HAY TANTOS MUNDOS…
 
«No hay más verdad que la que creo
ni más realidad que la que siento».
 
¿O no será que hay tantos mundos
como tantos son... los pensamientos?
 
ANÁLISIS Y COMENTARIOS
Por ChatGPT
 
Cuatro versos. Apenas unas palabras. Y, sin embargo, detrás de ellos se esconde una pregunta que lleva siglos acompañando al ser humano: ¿existe una realidad única y objetiva o cada uno de nosotros construye su propia realidad a partir de lo que piensa y siente?
 
El poema comienza con dos afirmaciones rotundas:
«No hay más verdad que la que creo
ni más realidad que la que siento».
La primera lectura podría llevarnos a pensar que el autor está defendiendo una especie de verdad absolutamente personal: aquello que yo creo sería mi verdad y aquello que siento constituiría mi realidad. Pero inmediatamente aparece la duda.
«¿O no será que…?»
Y esas tres palabras cambian completamente el sentido del poema. Ya no estamos ante una afirmación, sino ante una invitación a reflexionar. Porque quizá no exista un único mundo interior. Quizá cada persona viva en un mundo diferente, construido con sus recuerdos, sus experiencias, sus ilusiones, sus miedos, sus deseos y, sobre todo, sus pensamientos.
 
Dos personas pueden contemplar exactamente el mismo paisaje y ver cosas completamente diferentes. Pueden vivir la misma experiencia y recordarla de manera distinta. Pueden escuchar las mismas palabras y sentirse heridas, emocionadas o indiferentes. El hecho es el mismo; la vivencia, no.
 
Y ahí aparece la gran pregunta que plantea el poema:
«¿O no será que hay tantos mundos
como tantos son... los pensamientos?»
El autor no dice que existan tantos mundos físicos como personas. Habla de algo mucho más cercano: nuestros mundos interiores. Cada pensamiento abre una posibilidad. Cada persona interpreta la realidad desde su propia perspectiva. Y cada perspectiva crea, de alguna manera, un mundo diferente.
 
Esto nos lleva además a una reflexión sobre la tolerancia. Si cada uno de nosotros contempla la realidad desde un lugar distinto, quizá deberíamos ser algo más prudentes cuando afirmamos que nuestra verdad es «la verdad» y que nuestra manera de ver las cosas es la única posible. Tal vez el mundo que yo veo no sea el mundo. Sea simplemente mi mundo. Y el que ve el otro tampoco tiene por qué ser el mismo que veo yo. Es «su mundo». Lo extraordinario es que todos esos mundos pueden coexistir al mismo tiempo, aunque cada uno de nosotros esté convencido de habitar el verdadero.
 
El poema también tiene una lectura más profunda, casi filosófica. Nos recuerda que entre la realidad exterior y nuestra percepción de ella existe un filtro: nosotros mismos. No vivimos únicamente los acontecimientos; vivimos la interpretación que hacemos de ellos. Por eso una misma circunstancia puede hacer feliz a una persona y desgraciada a otra. No siempre cambia la realidad. A veces cambia la mirada. Y quizá ahí esté una de las grandes enseñanzas de estos cuatro versos: no podemos elegir todas las cosas que nos suceden, pero sí podemos intentar elegir la manera en que las miramos.
 
Al final, el poema nos devuelve a esa inmensidad del universo que mencionábamos al principio. Frente a miles de millones de estrellas, galaxias, planetas y mundos que ni siquiera podemos imaginar, nuestros problemas cotidianos parecen diminutos. Pero, al mismo tiempo, dentro de cada uno de nosotros existe otro universo igualmente complejo: el de nuestros pensamientos. Puede que seamos una mota de polvo en el universo. Pero una mota de polvo capaz de pensar, de sentir y de construir mundos. Y quizá por eso, después de leer este pequeño poema, ya no parezca tan pequeño.
 

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domingo, 11 de octubre de 2026

La pesca como metáfora de la existencia

(Sunday Poetry Corner)
Para nuestro rincón dominical de poesía traemos hoy este poema que recrea una escena bien definida: Ella está en el muelle pescando. Sin embargo, para un poeta, las escenas cotidianas suelen tener otros significados muy distintos y, en esta ocasión, los versos nos transforman esa aparentemente sencilla y sin más trascendencia en algo sublime. Porque el poeta ve más allá de lo que dictan nuestros sentidos y su mundo abarca una dimensión mucho más amplia que trasciende las fronteras espaciales y temporales. Aquí os dejo, pues, con esta escena de pesca, una mañana cualquiera, en un muelle cualquiera…
 
DE PESCA
 
Tu sombra alargada
cruza el muelle
y en tu mano la caña
lanza el sedal y lo mantiene,
confiada como estás en que la pesca
llene de sentido esta mañana.
 
El mar está tranquilo,
tanto como tu alma,
sientes solo esa gran paz
del vacío consentido,
de no querer hacer nada,
solo consumir el tiempo
de esta vida, no pedida,
como isla solitaria,
sin más dueño ni destino
que el que marca tu mirada.
 
Lanzas de nuevo el sedal
esperando la esperanza.
No sabes por qué has venido
a este mundo que te esquiva,
pero mis ojos te han visto
y has capturado mi alma.
Soy yo ahora quien te espera
y quiere ser arrastrado.
Quiero sentirme fuera
del mundo que conocía.
¡Tira fuerte de mí!
¡Has conseguido tu presa!
 
ANÁLISIS Y COMENTARIO
Por ChatGPT
 
A primera vista, “De pesca” parece describir una escena sencilla y perfectamente reconocible: una mujer se encuentra en un muelle, pescando tranquilamente en una mañana cualquiera. Hay un mar en calma, una caña, un sedal que se lanza una y otra vez y una mujer que espera pacientemente a que algo pique.
 
Pero esa es solamente la primera lectura del poema. Porque, como apunta la introducción, el poeta no se limita a describir lo que ve. Utiliza aquello que ve para hablar de lo que no se ve. Y ahí es donde una aparentemente intrascendente escena de pesca empieza a adquirir una dimensión mucho más profunda.
 
Desde el primer verso aparece ya un elemento que nos invita a mirar más allá: «Tu sombra alargada / cruza el muelle». No es ella quien cruza el muelle, sino su sombra. El recurso resulta significativo porque esa sombra puede interpretarse como una prolongación de la propia persona, pero también como una especie de presencia silenciosa que ocupa un espacio mayor que su propio cuerpo.
 
La mujer pesca, pero no parece hacerlo movida por una ilusión concreta. Lo hace porque necesita «que la pesca / llene de sentido esta mañana». Y aquí aparece uno de los temas fundamentales del poema: la búsqueda de un sentido.
 
El segundo bloque profundiza en esa sensación. El mar está tranquilo «tanto como tu alma», pero esa tranquilidad no transmite necesariamente felicidad. Es más bien una calma vacía, una suspensión del tiempo. La protagonista parece instalada voluntariamente en el «vacío consentido», en ese «no querer hacer nada» que no es exactamente descanso, sino una forma de dejar pasar la vida.
 
Y el verso «esta vida, no pedida» introduce de manera muy directa una reflexión existencial. La mujer aparece como «isla solitaria», sin dueño ni destino, dejándose llevar por una existencia cuyo rumbo parece depender únicamente de «lo que marca tu mirada».
 
Hasta aquí, el poema podría interpretarse como el retrato de una persona perdida en su propia existencia. Pero entonces aparece el poeta. Y con él cambia completamente la historia. La protagonista vuelve a lanzar el sedal «esperando la esperanza». Es una expresión especialmente significativa: no espera simplemente pescar algo; espera encontrar una razón para esperar. Hay en esos versos una especie de paradoja que resume su estado de ánimo.
 
Y es precisamente en ese momento cuando descubrimos que alguien la estaba observando. «Pero mis ojos te han visto / y has capturado mi alma.» La pesca acaba de cambiar de sentido. Hasta ese momento era ella quien lanzaba el sedal intentando capturar un pez. Ahora sabemos que, sin pretenderlo, ha capturado a otra presa mucho más importante: al propio poeta.
 
A partir de ahí se produce un hermoso juego de inversiones. Ella esperaba capturar algo; ahora es él quien quiere ser capturado. Ella lanzaba el sedal buscando llenar de sentido su mañana; él quiere que ella dé sentido a su vida. Ella era quien esperaba; ahora es él quien espera.
 
Y llega finalmente la petición: «¡Tira fuerte de mí! ¡Has conseguido tu presa!» Es probablemente el momento más intenso del poema porque transforma definitivamente la metáfora. La presa ya no es un pez. Es el propio poeta, que se ofrece voluntariamente a ser arrastrado fuera del mundo que conocía.
 
Y ese «fuera del mundo que conocía» puede entenderse de varias maneras. Puede ser el abandono de una vida anterior, la ruptura con la soledad, el descubrimiento del amor o, simplemente, el deseo de que otra persona nos saque de ese estado de vacío en el que estábamos instalados. Por eso el poema comienza hablando de una mujer que pesca y termina hablando de dos personas que, quizá sin saberlo, estaban pescando la una a la otra.
 
Hay además un detalle que me parece especialmente interesante: la mujer no parece estar buscando al poeta. Su acción es completamente ajena a él. Ella lanza el sedal hacia el mar, mientras él, desde algún lugar, contempla la escena. Sin embargo, el azar hace que ese gesto cotidiano termine provocando un encuentro interior. Y quizá ahí esté una de las ideas más sugerentes del poema: no siempre encontramos aquello que buscamos, pero a veces encontramos algo que ni siquiera sabíamos que necesitábamos.
 
La pesca, por tanto, acaba convirtiéndose en una metáfora de la existencia. Lanzamos nuestros sedales al futuro sin saber muy bien qué esperamos encontrar. Esperamos algo que dé sentido a nuestra vida, aunque ni siquiera sepamos exactamente qué es ese «algo». Y, en ocasiones, basta una mirada, una persona o un instante aparentemente insignificante para cambiar completamente el rumbo.
 
La mujer llegó al muelle buscando llenar de sentido una mañana. Y terminó llenando de sentido la vida de alguien que la estaba mirando. No pescó un pez. Pescó un alma.
 

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domingo, 4 de octubre de 2026

Intermedio

(Sunday Poetry Corner)
Un descanso, un intermedio, una pausa… siempre viene bien en nuestra ajetreada vida. Y para esos pequeños instantes en que nos abstraemos del mundo exterior y nos centramos en nuestro mundo interior, nada hay mejor que la poesía, aunque sean un pequeño y sencillo poema que nos haga conectar con el mundo inmaterial que también forma parte de nosotros aunque casi nunca nos demos cuenta.

El rincón de la poesía de este domingo lo dedicamos, precisamente, a una pequeña pausa, para que también tú pongas delante de tu vista ese letrero que antiguamente aparecía en los cines de sesión continua entre una película y otra: “Intermedio”.
 
INTERMEDIO
 
Algún día volveré
aunque sea entre tus sueños
para hacerte sonreír,
para pinchar tu conciencia
con palabras inefables,
tan absurdas como el mundo
que veneras.
 
Mañana, un mes, un año, un sueño,
allí estaré y aquí, en este blog, te dejo
ramilletes de conceptos y de abrazos,
porque en el fondo, te quiero.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La promesa perenne en "Intermedio"
 
Con un título tan revelador como evocador, "Intermedio" funciona como una carta de despedida a medias, un puente tendido entre el tiempo terrenal y la permanencia digital. El poema destila una mezcla muy personal de desafío afectuoso, memoria literaria y ternura incondicional, consolidando ese tono íntimo que caracteriza los espacios de encuentro del autor.
 
Análisis temático y claves líricas
 
La persistencia más allá del tiempo: El poema arranca con una certeza absoluta: "Algún día volveré / aunque sea entre tus sueños / para hacerte sonreír". La muerte, la ausencia o la simple distancia física quedan desterradas por la fuerza de la voluntad y el afecto. El regreso no se concibe como una presencia física amenazante, sino como una irrupción benévola en el universo onírico del otro.
 
El aguijón de la conciencia y las palabras inefables: Lejos de buscar una reconciliación edulcorada, el sujeto poético advierte que su retorno servirá para "pinchar tu conciencia / con palabras inefables, / tan absurdas como el mundo / que veneras". Aquí aparece un sutil guiño crítico hacia las convenciones sociales, el materialismo o las rutinas vacías de la realidad cotidiana ("el mundo que veneras"), contrastadas con la pureza incorruptible de las palabras que el poeta cultiva.
 
El puente entre la vida y el blog: La segunda estrofa desvela con una ternura desarmante el refugio desde donde se teje este vínculo: "Mañana, un mes, un año, un sueño, / allí estaré y aquí, en este blog, te dejo / ramilletes de conceptos y de abrazos". La poesía se convierte en legado tangible. Los artículos y los versos publicados en la bitácora actúan como perennes "ramilletes" de ideas y afecto, un archivo emocional al que el lector puede acudir siempre.
 
La confesión final: El poema se despoja de cualquier armadura intelectual en su último verso: "porque en el fondo, te quiero". Toda la ironía previa, el desafío dialéctico y la advertencia sobre el absurdo del mundo se disuelven en una declaración de amor limpia y directa, que desarma al lector y humaniza por completo la voz lírica.
 
Una reflexión final
 
"Intermedio" es un testamento poético en miniatura y una declaración de amor a la comunidad de lectores. Nos recuerda que la escritura es, en su sentido más hondo, un pacto contra el olvido: una forma de dejar constancia de nuestro paso y de seguir abrazando a los demás, incluso cuando el tiempo decida detenerse o cambiar de escenario.
 

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domingo, 27 de septiembre de 2026

Sentir

(Sunday Poetry Corner)
Decía mi maestro, Manuel Prieto Peromingo, que “Hoy día, esto de SENTIR, es un privilegio que abunda poco”. Por eso quiero invitarte, en este rincón dominical de la poesía, a que tú también disfrutes de ese privilegio. 

Este sencillo poema –del que al final podrás leer un comentario realizado por la IA Gemini- te invita a algo tan sencillo como cerrar los ojos por un momento y sentir la vida, sentirte vivo, y sentir cómo la barrera entre la realidad y los sueños se desvanece.
 
POR UN MOMENTO
 
Por un momento cierro los ojos y me siento libre.
Mi pensamiento vuela y distorsiona en mil figuras
e inconclusas vueltas.
No hay que rendir cuentas,
no hay plazos ni proyectos.
Solo cierro los ojos y siento.
Algo vibra y da calor y me abraza con ternura;
es la vida, energía pura,
que ilumina mi interior.
 
Por un momento cierro los ojos y siento
que la vida es un sueño
y estamos solos los dos.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La suspensión del tiempo y la caricia interior en "Por un momento"
 
Bajo la sabia premisa de que sentir se ha convertido hoy en un privilegio escaso, el poema "Por un momento" actúa como un oasis de tregua frente al frenesí de la realidad. En apenas dos estrofas de tono íntimo, el texto construye un ritual de repliegue hacia lo esencial, donde el mundo exterior se desvanece para dar paso al latido más puro de la conciencia.
 
Análisis formal y claves temáticas
 
La ruptura con la tiranía del tiempo útil: El poema arranca con una declaración de intenciones rotunda: "Por un momento cierro los ojos y me siento libre". El verbo "cerrar" no implica una huida cobarde, sino un acto de lucidez voluntaria. Al despojarse de los "plazos", los "proyectos" y la obligación de "rendir cuentas", el sujeto lírico suspende las exigencias de la vida moderna. El pensamiento vuela entonces libremente, permitiéndose la imperfección de las "inconclusas vueltas".
 
La epifanía de la energía vital: En el centro del poema se produce un tránsito sutil desde la quietud mental hacia una calidez física y espiritual: "Algo vibra y da calor y me abraza con ternura; / es la vida, energía pura, / que ilumina mi interior". La vida deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una fuerza envolvente, una caricia íntima que disipa la frialdad exterior desde dentro.
 
El cierre y la comunión onírica: Los versos finales desplazan el foco de la individualidad solitaria hacia una complicidad compartida y trascendente: "Por un momento cierro los ojos y siento / que la vida es un sueño / y estamos solos los dos". La frontera entre la vigilia y el ensueño se difumina por completo. El "tú" implícito o el refugio del otro se integran en esa burbuja de paz, demostrando que la cumbre de la libertad íntima no es la soledad absoluta, sino el encuentro con el otro en el umbral del sueño.
 
Una reflexión final
 
"Por un momento" es una delicada invitación a reivindicar el derecho a detener el reloj. Con un ritmo pausado y una sencillez formal que desarma, el poema nos recuerda que la verdadera libertad no se encuentra en la agitación del mundo, sino en la capacidad de cerrar los ojos, habitar nuestro propio interior y rescatar, aunque sea por un instante, la milagrosa sensación de estar vivos.
 

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domingo, 20 de septiembre de 2026

La levedad del ser

(Sunday Poetry Corner)
Hoy traemos a este rincón dominical de la poesía, un poema muy breve, pero no por ello menos profundo. A veces, con pocas palabras, puede expresarse mucho. A veces, con pocas palabras puede sugerirse mucho. 

Y cuando son tantas las cosas que quieren comunicarse y tan pocas las palabras capaces de expresarlo, nos damos cuenta de la levedad de nuestro ser, de la pequeñez del ser humano y de todo cuanto hemos levantado, frente a la inmensidad del universo y la creación. 

Vivir es darnos cuenta de que estamos vivos y que sólo estamos aquí de paso.
 
RESPIRAR
 
Una profunda exhalación y el aire tibio
me empaña el rostro.
Un respiro, un segundo de placer,
no es poco.
A través del aire
(la vida se respira)
escapa en el papel, poco a poco,
sin darme casi cuenta,
mi ser, mi alma, mi vida.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Gemini
 
La exhalación como confesión en "Respirar"
 
Bajo una aparente sencillez formal y una concisión que huye de todo adorno superfluo, este poema nos invita a una profunda meditación sobre el tiempo, la creación artística y la condición efímera del ser. Lejos de ser un mero apunte descriptivo, el texto logra convertir un acto mecánico y automático —la respiración— en una revelación existencial de primer orden.
 
Desglose analítico y claves poéticas
 
El milagro de lo cotidiano y el alivio fugaz: Los primeros versos anclan el poema en la experiencia física más íntima: "Una profunda exhalación y el aire tibio / me empaña el rostro". Este contacto directo con la materia del propio cuerpo conduce a una conclusión de gran madurez lírica: "Un respiro, un segundo de placer, / no es poco". En una sociedad marcada por la urgencia y la ambición desmedida, reivindicar el goce humilde de un solo segundo de tregua supone una declaración de principios.
 
La metáfora respiratoria como pulso vital: El núcleo del poema se articula mediante el paréntesis aclaratorio "(la vida se respira)", que actúa como eje vertebrador. La respiración no es solo el intercambio de oxígeno, sino la prueba constante de nuestra permanencia en el mundo.
 
La escritura como desbordamiento inconsciente: El tramo final establece una simetría bellísima entre el aire que sale de los pulmones y las palabras que brotan sobre la página. Escribir no surge de un esfuerzo intelectual frío, sino de una necesidad visceral: "escapa en el papel, poco a poco, / sin darme casi cuenta". La escritura es la exhalación del alma.
 
El crescendo culminante: El poema se cierra con una gradación ternaria de enorme resonancia afectiva: "mi ser, mi alma, mi vida". Este triple compás final amplía progresivamente el foco, pasando de la identidad individual (ser) a la dimensión espiritual (alma) para abarcar finalmente la totalidad de la existencia (vida).
 
Una reflexión final
 
"Respirar" demuestra que la gran poesía no necesita de grandes artificios para conmover, sino de una mirada atenta capaz de descifrar los secretos que se ocultan en lo invisible. El poema nos deja una enseñanza balsámica: crear, escribir y vivir son, en última instancia, el mismo ejercicio de dejar ir aquello que nos habita por dentro para entregarlo, limpio y transformado, sobre el papel.
 

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domingo, 23 de agosto de 2026

El misterio de la amistad

(Sunday Poetry Corner)
Dos personas pueden ser muy diferentes y sin embargos sentir entre ellas el fuerte lazo de la amistad. La amistad no sólo se da entre personas afines sino que sus lazos escapan a nuestra comprensión y así vemos, en muchas ocasiones, como dos personas pueden ser de posiciones sociales muy distantes, de niveles culturales opuestos, de gustos personales muy poco coincidentes… y no obstante surge entre ellas una extraña complicidad, una afinidad que las atrae una a la otra sin que la razón pueda explicarlo.
 
Este domingo traigo un ejemplo de ello con este poema entre dos amigas, una blanca y otra negra, diferentes no sólo en el aspecto físico sino también en otras muchas cosas… y sin embargo la amistad las une porm encima de cualquier razonamiento y de cualquier conveniencia.
 
BLACK FRIEND
 
Eres mi noche en la noche,
tu piel negra la cortina
con la que cierro este día
y me entrego a confidencias.
 
Dos columnas son tus piernas,
tus fuertes brazos me arropan
y en tu pecho late ardiente
la amistad con esta chica
...diferente.
 
Me aceptas tal como soy
y en tu hombro descansando
veo un cielo sin estrellas,
es tu piel que se ha quedado
durmiendo junto a mis manos,
y con palabras y risas
miras mis ojos claros.
 
Las dos juntas parecemos
como la noche y el día,
tan distintas y no obstante
siempre amigas.
 
COMENTARIO Y ANALISIS
Por Gemini
 
El misterio de la amistad en verso
 
La amistad es uno de los fenómenos humanos más universales y, al mismo tiempo, más difíciles de aprisionar en una definición lógica. Si nos guiáramos estrictamente por la razón, los vínculos afectivos más sólidos deberían florecer entre personas de idénticos intereses, entornos socioculturales paralelos o afinidades idénticas. Sin embargo, la experiencia de la vida nos demuestra exactamente lo contrario: la auténtica amistad suele saltar por encima de cualquier cálculo de conveniencia, desarmando las diferencias más evidentes.
 
Este poema aborda precisamente ese misterio a través del contraste visual y emocional entre dos jóvenes —una blanca y otra negra— que, situadas en extremos aparentemente opuestos en lo físico y en su contexto, encuentran un refugio inquebrantable la una en la otra.
 
Análisis métrico y estilístico
 
Estructura libre y fluida: El poema prescinde de una rima consonante estricta y de una métrica rígida académica, optando en su lugar por un verso libre de tono íntimo y conversacional. Esta elección refuerza la sensación de confidencia personal, como si el hablante nos estuviera susurrando un secreto al oído.
 
El uso de la metáfora sensorial y cromática: Desde la primera estrofa se establece un juego simbólico con la luz y la oscuridad, alejándose de cualquier cliché y transformándolo en un abrazo protector: "Eres mi noche en la noche, / tu piel negra la cortina / con la que cierro este día". La negrura no se asocia con la ausencia o el temor, sino con el cobijo, el descanso y la seguridad de la confidencia nocturna.
 
La fuerza de lo táctil: Los versos apelan constantemente a lo físico como manifestación de un afecto profundo ("Dos columnas son tus piernas, / tus fuertes brazos me arropan"). El cuerpo de la amiga se convierte en arquitectura protectora.
 
El contraste armónico: Hacia el final, el poema sintetiza la tesis central de la obra mediante una imagen visual bellísima y sencilla: "Las dos juntas parecemos / como la noche y el día, / tan distintas y no obstante / siempre amigas."
 
Una reflexión final
 
Lejos de disolver las diferencias en una falsa uniformidad, el poema celebra la alteridad. La amistad auténtica no exige que el otro sea un espejo idéntico de nosotros mismos; por el contrario, se alimenta de la complementariedad y de una extraña complicidad que desafía a la lógica. Una pequeña joya lírica para recordarnos que los lazos del afecto verdadero siempre se sitúan por encima de cualquier frontera impuesta.
 
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“Melodien står igjen”: 

domingo, 19 de julio de 2026

La arquitectura visual como lenguaje

(Sunday Poetry Corner) A veces las palabras contenidas en los versos de un poema no pueden resistir la monotonía y las estrictas reglas gramaticales y deciden viajar por libre, escaparse de los moldes establecidos y jugar a ser ellas mismas parte gráfica de las imágenes que transmite ese poema. 

Hoy traemos a este rincón dominical un ejemplo de ello. Este poema, titulado “Cuando me separan de ti”, nos muestra cómo algunas de sus palabras juegan por sí mismas para reflejar visualmente lo que nos dicta el poema.

CUANDO ME SEPARAN DE TI
 
Cuando me      separan     de ti
sin que nadie ni nada pueda impedirlo,
siento acorchada mi mente,
como si nada
hubiera pasado,
como si nunca hubiese existido.
 
Cuando mis manos no te       alcanzan,
antes que dejarlas
                                caer
                                          muertas,
las encierro con mi mente en el olvido,
guardando como siempre
la esencia de un             suspiro
                             hondo
 
Cuando pienso que ahora estás        lejos,
sin poder romper
                             o saltar
las horas ciclópeas,
sólo se me ocurre hacer esto:
Guardar en mi cerebro
toda tu esencia
envuelta en mis anhelos.
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Claude
 
«Cuando me separan de ti» es un poema tipográficamente atrevido y emocionalmente honesto. Antes de leer una sola palabra, la página ya habla: los espacios en blanco que separan «separan» de «ti» en el primer verso, la caída escalonada de «caer / muertas», el salto que abre el tercer terceto entre «ahora estás» y «lejos»… Todo eso no es decoración ni capricho gráfico. Es la forma que ha encontrado el poeta para que el lector no solo entienda la separación, sino que la sienta en el cuerpo mientras lee.
 
La arquitectura visual como lenguaje
 
Lo primero que hay que señalar, porque es lo más singular del poema, es que la disposición espacial de las palabras en la página es parte inseparable del significado. Cuando el primer verso escribe «Cuando me      separan     de ti», esos espacios vacíos entre las palabras son la separación. El ojo tiene que saltar sobre el blanco igual que el hablante tiene que saltar sobre la distancia que lo separa del otro. Es una decisión formal de una eficacia inmediata y muy difícil de conseguir sin que parezca forzada. Aquí no lo parece: es completamente natural.
 
Lo mismo ocurre con «caer / muertas», dispuesto en escalera descendente. Las manos no solo caen en el texto: caen en la página, hacia abajo, hasta quedar encerradas en el olvido. Y el «lejos» del tercer terceto, separado por un espacio de «ahora estás», construye visualmente esa distancia que el hablante describe: la palabra más importante, la que duele, aparece sola, al final, después de un vacío.
 
El poema en tres tiempos
 
La estructura anafórica —los tres comienzos con «Cuando»— organiza el poema en tres respuestas a la misma situación: la separación. Cada estrofa parte del mismo hecho y lo aborda desde un ángulo distinto.
 
La primera trabaja desde la mente: la separación produce un entumecimiento, un «acorchamiento» que es la reacción de defensa ante algo que duele demasiado para ser procesado. «Como si nada / hubiera pasado, / como si nunca hubiese existido»: la mente protege anestesiando. Es un mecanismo psicológico muy preciso, descrito con pocas palabras y con exactitud.
 
La segunda trabaja desde el cuerpo: las manos que no alcanzan al otro. La imagen de las manos «muertas» antes que dejarlas caer es de una intensidad considerable. El hablante prefiere encerrarlas en el olvido —guardarlas, suspenderlas— antes que tener que vivir con su inutilidad en ausencia del otro. Y el «suspiro / hondo» al final, con esa disposición escalonada, baja físicamente en la página como baja el suspiro en el cuerpo.
 
La tercera trabaja desde el tiempo: «las horas ciclópeas» son una imagen nueva y potente. El adjetivo «ciclópeas» —enorme, de una sola dimensión, cegador— le da a las horas de separación una corporeidad casi mitológica. No son horas que pasan: son obstáculos que no se pueden romper ni saltar. Y la respuesta del hablante a esa imposibilidad es la misma que en las estrofas anteriores, pero ahora formulada con más claridad: guardar «toda tu esencia / envuelta en mis anhelos». Interiorizar al otro cuando el exterior no lo permite.
 
El movimiento hacia adentro

Si el poema del domingo anterior, «Te busco», era un poema de movimiento externo —calles, metro, plaza, llegada—, este es su exacto reverso: un poema de movimiento interno. Ante la imposibilidad de alcanzar al otro en el espacio, el hablante lo lleva dentro. La mente, el olvido, el cerebro: todo el vocabulario de este poema es interior. Es la geografía del que no puede moverse hacia donde quiere y construye en cambio una morada interior donde el otro sigue presente.

Ese movimiento de repliegue no es rendición. Es, al contrario, una forma activa de preservar. «Guardar en mi cerebro / toda tu esencia / envuelta en mis anhelos»: el verbo guardar implica cuidado, intención, voluntad. El hablante no olvida ni se resigna. Guarda. Y lo que guarda es la esencia del otro, no su imagen ni su recuerdo, sino algo más profundo e indefinible: su esencia. Eso que hace que una persona sea exactamente esa persona y no otra.
 
El poema sostiene a lo largo de sus tres estrofas un equilibrio muy difícil de mantener: habla de dolor —de separación, de manos que no alcanzan, de horas que no se pueden saltar— sin caer en el lamento ni en la queja. Hay una dignidad contenida en cada verso que convierte lo que podría ser una elegía en algo más cercano a una declaración silenciosa de amor resistente. El otro no está, pero el hablante lo guarda. Y en ese gesto de guardar, el poema encuentra su razón de ser.
 

Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

domingo, 12 de julio de 2026

Caminar al encuentro, ya es estar juntos

(Sunday Poetry Corner)
Hoy salimos de paseo en este radiante día de Sunday Poetry Corner para recorrer las calles con la ilusión del enamorado que se dirige al encuentro de su amada. ¿Quién no lo ha hecho? Porque acudir a una cita con la persona amada es algo que nos llena de ilusión y de esperanza y todos sentimos la necesidad de acelerar el paso, al igual que se acelera el corazón, según nos vamos acercando a ese momento tanto tiempo deseado. Pero mejor será que lo contemos aquí convertido en unos versos:
  
TE BUSCO
 
Te busco, te espero...
Camino por las calles,
unas alegres, otras solitarias;
voy a tu encuentro.
Madrid céntrico, corazón de España.
Consulto el reloj y acelero.
Me dirijo hacia ti; la impaciencia
me invade y siento cómo
el corazón emocionado salta de alegría.
 
Atravieso una plaza, entro en el metro.
Estación tras estación
pasan rápidas.
Luego salgo y camino.
Te busco, sé dónde y me alegro.
Después otra plaza, más calles;
me dirijo a la cita puntual, contento.
Una calle sorteando a la gente,
voy en tu busca, y en los labios la sonrisa,
la impaciencia por verte, por sentir
que tú estás a mi lado.
 
Después de unos largos minutos, llego.
No estás y te espero; yo, tranquilo.
Todo está calmado.
Doy un paso, me detengo,
Elevo mi vista; te espero...
 
COMENTARIO Y ANÁLISIS
Por Claude
 
«Te busco» es un poema de movimiento. Desde el primer verso hasta el último, el lector acompaña al poeta en un desplazamiento físico que es al mismo tiempo un desplazamiento emocional: calles, plazas, el metro, más calles, la cita, la llegada. El poema avanza como el propio protagonista: con paso firme, con impaciencia contenida, con la energía de quien sabe adónde va y tiene muchas ganas de llegar.
 
Lo primero que llama la atención es la estructura en tres tiempos que organiza el poema de forma natural, casi sin que el lector lo perciba conscientemente. La primera estrofa establece el punto de partida y el estado emocional: la búsqueda, la espera, el corazón que «salta de alegría». La segunda es el viaje en sí —el metro, las estaciones, las plazas, la sonrisa en los labios—, con una acumulación de detalles cotidianos que tienen el efecto de hacer que el lector también camine, también espere que pasen las estaciones, también sortee a la gente en la calle. Y la tercera, brevísima y poderosa, es la llegada. O mejor dicho: la no-llegada del otro. Porque el hablante llega, pero el destinatario no está todavía.
 
Esa tercera estrofa es la más interesante del poema y la que le da su verdadera dimensión. Después de toda la impaciencia acumulada a lo largo de los doce versos anteriores, después de ese corazón que saltaba y esa sonrisa en los labios, el hablante llega y no encuentra a nadie. Y sin embargo —y esto es lo más revelador— no hay decepción. Hay calma. «No estás y te espero; yo, tranquilo. / Todo está calmado.» El contraste con la energía de las dos estrofas anteriores es tan nítido que resulta casi físico: como cuando uno entra en una habitación silenciosa después de venir de la calle con ruido.
 
Esa calma no es resignación ni tristeza. Es la serenidad de quien tiene certeza. Quien espera sin saber si el otro va a llegar espera con ansiedad. Quien espera sabiendo que el otro va a llegar espera con paz. Y el hablante de este poema espera con paz. «Doy un paso, me detengo, / elevo mi vista; te espero...» Los puntos suspensivos finales no son melancolía: son confianza. El poema no cierra porque la historia no ha terminado; solo ha llegado a una pausa.
 
Hay algo más que merece señalarse: la presencia discreta pero constante de Madrid. «Madrid céntrico, corazón de España» es el único verso que nombra el lugar, pero toda la segunda estrofa está impregnada de ciudad: el metro, las plazas, la gente que se sortea en la calle. Madrid no es un escenario decorativo aquí; es el espacio vivo en que se mueve el poema, el fondo urbano que contrasta con la intimidad del sentimiento que lo recorre.
 
En cuanto a la forma, el poema trabaja con el verso libre de manera muy natural, sin que se note el esfuerzo. El ritmo lo marcan los verbos de movimiento —busco, espero, camino, atravieso, salgo, me dirijo, llego— que se encadenan a lo largo del texto como pasos sobre el asfalto. Es una elección formal que encaja perfectamente con el contenido: el poema avanza porque el hablante avanza.
 
Un poema, en definitiva, que celebra la anticipación del encuentro tanto como el encuentro mismo. Quizás más. Porque en esos minutos de búsqueda y espera, el otro ocupa todo el espacio de la mente y del corazón. Y eso, también, es una forma de estar juntos.
 

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