(AZprensa) Desde hace años,
siento una atracción profunda por Noruega. Me fascina su modelo de sociedad,
donde la tolerancia, la educación y el respeto no son solo palabras, sino señas
de identidad. Hace tiempo, un amigo noruego me envió una cinta de vídeo con
varios programas de televisión de su país; sabía que me apasionaba sumergirme
en sus paisajes y en su cultura.
En una de esas grabaciones, apareció una niña. Tenía un
instinto prodigioso, casi sobrenatural, para tocar el violín. A pesar de su
corta edad, el instrumento en sus manos se convertía en un torbellino que te
arrastraba, sin remedio, al mundo de los sueños. Recuerdo que pensé: «Esta niña
es un genio».
Quedé tan impresionado que, sin más señas que su nombre y
la ciudad donde residía, decidí escribirle una carta. En ella le contaba cómo
su maestría me había conmovido y la animaba a no abandonar nunca ese camino.
Los carteros noruegos, haciendo gala de su mítica eficacia, lograron entregar
el sobre. Poco después, aquella niña me contestó dándome las gracias.
El hada del violín
Han pasado los años y el tiempo me ha dado la razón.
Aquella niña es hoy una artista de prestigio internacional que, con el violín
entre sus manos, se transforma en un hada que nos guía por el reino de la
imaginación. Su música no se escucha: se siente, porque toca la fibra más
sensible de nuestro ser. Su nombre es Martine Lund Hoel, y aquí podéis ser
testigos de su talento:
https://www.youtube.com/watch?v=99lxsmFREFI&list=RD99lxsmFREFI&start_radio=1
Un susurro al
corazón
Mientras escucho sus notas, siento como si alguien llamara
suavemente a mi puerta y me susurrara preguntas que hemos olvidado hacernos:
¿Cuándo fue la última vez que hablaste con la Luna o pediste un deseo a una estrella fugaz?
¿Cuándo te perdiste en un bosque encantado, consultaste a una oruga o recibiste la visita de un hada madrina que convirtió tus deseos en alas?
¿Cuándo fue la última vez que derramaste lágrimas en el lago de la añoranza, bebiste de la fuente del asombro o renaciste, como el Fénix, de tus propias cenizas?
¿Cuándo apoyaste la cabeza en un regazo querido para escuchar esa canción lejana que solo suena en un lugar llamado hogar?
No sueltes la cuerda de los sentimientos; ha llegado el momento. Es la hora de explorar lo invisible, de cantar con entusiasmo y abrir los brazos al firmamento.
Recuérdalo siempre: cuando la imaginación llame a tu mente… ¡abre la puerta!
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
¿Cuándo fue la última vez que hablaste con la Luna o pediste un deseo a una estrella fugaz?
¿Cuándo te perdiste en un bosque encantado, consultaste a una oruga o recibiste la visita de un hada madrina que convirtió tus deseos en alas?
¿Cuándo fue la última vez que derramaste lágrimas en el lago de la añoranza, bebiste de la fuente del asombro o renaciste, como el Fénix, de tus propias cenizas?
¿Cuándo apoyaste la cabeza en un regazo querido para escuchar esa canción lejana que solo suena en un lugar llamado hogar?
No sueltes la cuerda de los sentimientos; ha llegado el momento. Es la hora de explorar lo invisible, de cantar con entusiasmo y abrir los brazos al firmamento.
Recuérdalo siempre: cuando la imaginación llame a tu mente… ¡abre la puerta!
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