(AZprensa) Ayer dio comienzo en Madrid, en el recinto
ferial de IFEMA, la 46ª edición de FITUR, la Feria Internacional de Turismo
que, año tras año, consolida su posición como la principal plataforma global
del sector y uno de los eventos más relevantes del calendario turístico
mundial.
La feria arranca con cifras que confirman su crecimiento
imparable y su capacidad para reflejar —y anticipar— las tendencias del turismo
internacional. Organizada por IFEMA Madrid del 21 al 25 de enero, esta edición reúne
a más de 10.000 empresas procedentes de 161 países y regiones, lo que
representa un incremento del 5% respecto a 2025 en número de compañías
participantes. Destaca especialmente el aumento en expositores titulares, que
alcanzan los 967, un 9% más que en la edición anterior, y un crecimiento aún
mayor en el ámbito internacional: +11%.
El certamen ocupa nueve pabellones, aunque la superficie
expositiva ha aumentado en aproximadamente 8.000-9.000 metros cuadrados
respecto al año pasado gracias a la sustitución del pabellón 1 (en obras) por
el pabellón 12, mucho más amplio. Esta expansión física responde al dinamismo
del sector y permite acoger a 111 representaciones oficiales de países y
regiones —diez más que en 2025, un incremento del 9%— y la incorporación de 18
nuevos destinos, principalmente de África y Asia-Pacífico. Estas regiones, que
según datos de ONU Turismo lideraron el crecimiento mundial de llegadas
internacionales en 2025 (+10% y +8% respectivamente), han aumentado su
presencia en FITUR de forma notable: +34% en superficie para África y +22% para
Asia-Pacífico.
México protagoniza esta edición como País Socio, con un
despliegue espectacular: su pabellón oficial duplica la superficie de años
anteriores (alcanzando cerca de 1.780 m²) y cuenta con una delegación de casi
800 personas entre instituciones, organismos de promoción y empresas. El país
norteamericano llega en un momento de fuerte expansión turística —con
crecimientos del 13,9% en llegadas entre enero y septiembre de 2025— y con la
ambición de escalar posiciones en el ranking mundial de destinos más visitados.
Las previsiones de afluencia apuntan a superar o al menos
igualar los 255.000 visitantes de la edición anterior (155.000 profesionales +
100.000 público general), cifra que ya fue récord en su momento. Del miércoles
21 al viernes 23 la feria está reservada a profesionales, mientras que el
sábado 24 y domingo 25 abre sus puertas al público general, convirtiéndose en
una gran celebración del viaje con actividades, catas, talleres y experiencias
directas.
El impacto económico esperado para la Comunidad de Madrid
ronda los 500 millones de euros (frente a los 455-487 millones de 2025), lo que
refuerza el papel de FITUR como motor económico y generador de negocio para la
región y para todo el sector turístico español.
Entre las novedades más destacadas de esta edición figura
el estreno del Pabellón del Conocimiento, un espacio estratégico con más de 200
sesiones, 250 ponentes y 8 auditorios dedicados a la reflexión y al debate
sobre el futuro del turismo. Además, se refuerzan secciones como FITUR
Experience (centrada en el turismo vivencial), Travel Technology (que duplica
su superficie con más de 190 empresas de digitalización) y los programas
especializados en sostenibilidad, inclusión, innovación y nuevos segmentos
(FITUR 4all, Cruises, Sports, Woman, TechY, etc.).
A pesar del clima de duelo por el reciente accidente
ferroviario de Adamuz, que ha motivado algunas cancelaciones y ajustes en la
agenda, FITUR 2026 arranca demostrando una vitalidad extraordinaria. En un
contexto global donde el turismo supera ya los 1.100 millones de llegadas en
los primeros meses de datos disponibles de 2025, la feria madrileña se erige
como el gran termómetro y escaparate del sector: un espacio donde se cierran acuerdos
multimillonarios, se definen tendencias y, sobre todo, donde los viajes del
futuro comienzan a tomar forma. Madrid, durante estos cinco días, vuelve a ser
indiscutiblemente el centro neurálgico del turismo mundial.
Novelas con aire nórdico
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(AZprensa) Aunque el filósofo griego Demócrito (siglo V a.C.)
acuñase el término “eutimia” (euthymía / εὐθυμία, que puede traducirse como
"buen ánimo", "alegría serena", "tranquilidad del
alma" o "equilibrio emocional estable") la verdad es que esta
palabra la había usado muy poco en mis escritos… probablemente cero veces. Y
sin embargo a la hora de construir los personajes de mi reciente novela “Caminos
de fuego” me sentí impulsado a dotar a uno de mis personajes como ejemplo vivo
de “eutimia”.
Y así es David, un ilustrador de libros cuya actitud ante
la vida es el más claro ejemplo de eutimia. A través de la novela se verá
sometido a acontecimientos y tensiones que pondrán a prueba la fortaleza de su filosofía
de vida. ¿Podrá salir indemne?
Eso tendrás que descubrirlo cuando leas “Caminos de fuego”,
una novela incluida en el libro “Novelas con corazón” (Vicente Fisac. Amazon). De
paso aprenderás con un ejemplo práctico qué es eso de la “eutimia” y quizás te
animes tú también a adoptar esa postura ante la vida.
Novelas con corazón
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(AZprensa) El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte ha
puesto en jaque a la Real Academia Española (RAE) con una crítica demoledora
que ha sacudido los cimientos de la institución. En un artículo publicado
recientemente en El Mundo titulado «Por qué ni fija, ni limpia, ni da
esplendor», Pérez-Reverte —miembro de la RAE desde 2003— denuncia que la
Academia ha renunciado a su misión fundacional de velar por la pureza, la
precisión y el prestigio del español, cediendo ante presiones externas que
priorizan el uso masivo sobre el rigor lingüístico y etimológico.
Según el novelista, la RAE actual se ha doblegado ante lo
que él califica de “talibanes del todo vale”, un sector dominante que impone
una normativa laxa, ambigua y contradictoria. Este grupo, afirma, da más peso a
tertulianos, youtubers, influencers y usos mediáticos o políticos que a la
autoridad de grandes escritores, filólogos y creadores que han trabajado la
lengua con exigencia y belleza. “Hoy un influencer analfabeto puede tener más
influencia lingüística que un premio Cervantes”, sentencia Pérez-Reverte,
ilustrando cómo cualquier “cateto audaz”, si persevera, puede imponerse incluso
a Cervantes, Galdós o García Márquez.
El académico argumenta que la Academia ha pasado de
limpiar (corregir errores y vulgarismos) a registrar pasivamente el uso, por
miedo a ser tachada de elitista o conservadora. Esto ha llevado a aceptar
construcciones que hace décadas habrían sido rechazadas sin debate profundo,
solo por su difusión en redes sociales o por conveniencias políticas. El
resultado, advierte, es un idioma empobrecido, banalizado y sin referencias
firmes para el hablante, lo que erosiona su grandeza histórica y cultural.
Pérez-Reverte no oculta su frustración con el rumbo actual
de la institución bajo la dirección de Santiago Muñoz Machado. Reconoce logros
como la estabilización económica, pero lamenta la ruptura del vínculo histórico
entre creación literaria y norma técnica. Los plenos semanales, describe, son
escenarios de tensión entre dos visiones opuestas: la descriptiva (registrar lo
que se usa) y la normativa (exigir corrección y excelencia). Para él, la
primera ha ganado terreno, traicionando el lema que define a la RAE desde su
fundación en 1713.La respuesta de la Academia no se ha hecho esperar. Fuentes
internas han anunciado que analizarán “con rigor” las críticas de Pérez-Reverte
y no descartan corregir defectos de funcionamiento si el Pleno lo considera
necesario.
Esta polémica llega en un momento de máxima sensibilidad
sobre el futuro del español. Pérez-Reverte no solo cuestiona decisiones
concretas —como ciertas incorporaciones al Diccionario que ve como concesiones
al ruido viral—, sino que alerta de una deriva más profunda: la sumisión a
intereses políticos y mediáticos que, bajo el pretexto de inclusión o
modernidad, diluyen el rigor y contribuyen a una aniquilación progresiva de la
riqueza cultural del idioma. Si la RAE deja de ejercer autoridad moral y se
limita a certificar lo que ya está dañado, concluye el escritor, pierde su
razón de ser y condena al español a una mediocridad irreversible.
Lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, un
académico de peso ha expuesto públicamente las grietas internas de la
institución que más debería proteger el tesoro común de 500 millones de
hablantes. El español, como cualquier lengua viva, evoluciona, pero lo que no
debe consentir nunca es su deriva hacia la vulgaridad; eso no sería evolución
sino involución.
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(AZprensa) Todos hemos visto Groenlandia en un mapamundi
clásico y hemos pensado: «¡Qué isla tan enorme!». En muchas proyecciones
cartográficas habituales, como la de Mercator —la más usada en aulas, atlas y
aplicaciones desde hace siglos—, Groenlandia aparece casi del tamaño de África
o, al menos, comparable a Sudamérica. Es una imagen tan repetida que se ha
convertido en parte de nuestra percepción intuitiva del mundo. Sin embargo, esa
representación es profundamente engañosa. Groenlandia no es ni remotamente tan
grande como parece.
La proyección de Mercator, creada en 1569 por el
cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, fue diseñada principalmente para
facilitar la navegación: mantiene los ángulos correctos (muy útil para trazar
rumbos en alta mar), pero distorsiona gravemente las áreas cuanto más nos
alejamos del ecuador hacia los polos. Los territorios cercanos al Polo Norte se
inflan de manera desproporcionada, mientras que las regiones ecuatoriales se ven
comprimidas. Groenlandia, situada en latitudes muy altas (entre 59° y 83° N),
sufre esta distorsión al máximo.
En realidad, la superficie de Groenlandia es de
aproximadamente 2,166,000 km² (las cifras varían ligeramente según la fuente:
entre 2.16 y 2.17 millones de km², con alrededor de 1.8 millones cubiertos por
hielo permanente). Eso la convierte en la isla más grande del planeta
(excluyendo Australia, considerada continente), pero su tamaño real es mucho
más modesto de lo que sugieren los mapas tradicionales.
Para hacernos una idea clara, comparemos esa extensión con
países soberanos cuya área es similar o muy cercana:
Argelia: 2,381,741 km² → algo mayor que Groenlandia, pero
muy parecido en orden de magnitud.
República Democrática del Congo: 2,344,858 km² → también
ligeramente superior.
Arabia Saudí: 2,149,690 km² → prácticamente idéntica a
Groenlandia.
México: 1,964,375 km² → un poco más pequeña, pero del
mismo rango.
Indonesia: 1,904,569 km² → cercana por debajo.
Libia: 1,759,540 km² → algo inferior.
Groenlandia es, por tanto, comparable en tamaño a grandes
naciones desérticas o tropicales como Argelia o Arabia Saudí, y bastante mayor
que México o Indonesia. Sin embargo, en un mapamundi Mercator típico,
Groenlandia parece varias veces más grande que cualquiera de estos países, e
incluso rivaliza con continentes enteros.
Esta ilusión óptica no es inofensiva. Ha contribuido
durante generaciones a una visión distorsionada de la geografía mundial, donde
los territorios polares parecen dominar el planeta y los países ecuatoriales
(muchos de ellos muy poblados y culturalmente ricos) se ven empequeñecidos.
Groenlandia, con sus apenas 56,000 habitantes concentrados en la estrecha
franja costera libre de hielo, es un territorio vasto pero extremadamente vacío
y hostil, no un «gigante continental» como aparenta.
Herramientas modernas como la web interactiva The True
Size Of… permiten arrastrar Groenlandia hacia el ecuador en un mapa Mercator y
ver cómo se «encoge» drásticamente hasta encajar en proporciones realistas junto
a África (que es unas 14 veces mayor) o junto a países como los mencionados.
Otras proyecciones, como la de Gall-Peters o Mollweide, corrigen estas
distorsiones de área, aunque sacrifican otras propiedades como la forma o los
ángulos.
La próxima vez que mires un mapamundi, recuerda:
Groenlandia no es como aparece. Es enorme para ser una isla, impresionante por
su manto de hielo y su aislamiento ártico, pero no el coloso descomunal que los
mapas tradicionales nos han hecho creer. La cartografía, como cualquier
representación, siempre elige qué verdades priorizar y cuáles sacrificar. En
este caso, la navegación ganó; la percepción del tamaño real, perdió.
PD.- Ya nos lo dice la sabiduría popular: “En este mundo
traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con
que se mira”.
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(AZprensa) La fuerza más poderosa del mundo es el amor en
su más amplio sentido de la palabra. Leía el otro día un antiguo poema del
poeta español José Luis Hidalgo (1919-1947) lleno de desesperanza:
Si supiera, Señor, que Tú me esperas,
en el borde implacable de la muerte,
iría hacia tu luz, como una lanza
que atraviesa la noche y nunca vuelve.
Pero sé que no estás, que el vivir sólo
es soñar con tu ser, inútilmente,
y sé que cuando muera es que Tú mismo
será lo que habrá muerto con mi muerte.
Y después de leerlo recordé que yo también había escrito hacía
ya muchos años la contestación a este poema, contraponiendo la fuerza y el
poder inmenso del amor como el más dichoso camino de redención para nuestra
alma. Este era el poema con el que le contesté a tan admirado y querido poeta:
Si supiera, Señor, que aquí se acaba
la fe que ha levantado mi promesa
de no abandonar lo que me has dado,
me iría, al fin y al cabo, con tristeza.
Pero sé que esto sólo es el comienzo
de sentir mi verdadero existir,
de amar con amplitud a otra persona
que ha roto mi amargura con un sí.
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