(AZprensa)
Esta poesía, cuyo contenido ha dado pie al título del libro “Kisses are tears”
(edición inglesa del libro “Médico, periodista y poeta”, fue publicada en el nº
86 de “El Eco de Daimiel” del 30 de junio de 1886. Según se indica, fue
recitada por Luis Villalón en la velada que el día del Corpus celebró la
Sociedad Talía en el teatro Ayala. BESOS Y LÁGRIMAS
Breve
existencia gozó aquél
ángel de ternura; era
tan niña, tan pura, que
al trono de Dios voló. Cual
la violeta escondida va
su perfume exhalando, así
se le fue escapando entre
suspiros la vida. Y
tras de la azul esfera buscó
inocente, bendita, una
existencia infinita de
infinita primavera. Mas
¡ay! que en eterno llanto la
pobre madre anegada exclama
triste, angustiada en
doloroso quebranto: “¿Por
qué, Dios mío, perdí para
siempre la hija mía? ¡Yo
que tanto la quería! ¡Casi
tanto como a ti! ¡Yo
que en místico embeleso cada
vez que me miraba con
dulce amor le entregaba toda
el alma con un beso! ¡Yo
que con loca ansiedad la
estaba siempre besando, la
he de estar ahora llorando en
perpetua soledad!”. Tal
exclama en su aflicción la
infeliz madre, sin ver que
todo beso ha de ser lágrimas
en conclusión: Si
el aura besa las flores vierte
llanto de rocío; vierte
lágrimas el río si
el prado murmura amores. Si
el mar a la costa amena besa
henchido de placer, lágrimas
deja correr filtrándose
entre la arena. Si
el arroyo juguetón besa
las piedras saltando, lágrimas
va salpicando en
revuelta confusión. Si
en la rama tembladora o
entre su follaje espeso recibe
del viento un beso el
sauce, lánguido llora. Y
en el azul firmamento si
las nubes se confunden en
solo un beso; difunden lágrimas
mil por el viento. El
beso que palpitar se
está sintiendo en la boca, cuando
el amor nos provoca se
suele en llanto trocar. Aquél
beso que al partir damos
al amante ser, llanto
nos hace verter y
se va en su llanto a ungir. Y
siempre que percibimos la
impresión que codiciamos, es
tan grata, que lloramos, y
llorando, sonreímos; que
aunque no vemos por dónde va
al placer la pena junta, a
donde un beso pregunta, una
lágrima responde. Pues
si un beso es la expresión de
un sentimiento infinito, una
lágrima es el grito más
grande del corazón. Bien
podemos afirmar que
el placer que un beso exhala, forma
la invisible escala por
do el llanto ha de bajar. Por
eso llora afligida la
triste madre sin calma, que
hasta los besos del alma se
lloran toda la vida. Y
es que infausta condición nos
acompaña al nacer, pues
todo beso ha de ser lágrimas en conclusión.
“Médico,
periodista y poeta” (edición en español) y “Kisses are tears” (edición en
inglés) están disponibles en Amazon en eBook y en edición impresa.
A well-documented exploration of Medicine, Pharmacy,
and rural society in the 19th century through two biographies that should not
be forgotten: “Kisses are tears”: https://a.co/d/eCok2Y0
(AZprensa)
Manejar un presupuesto de publicidad no es tarea fácil y hacer buena
publicidad, tampoco. No se debe nunca “hacer por hacer” sino que la “Calidad”
debe primar por encima de todo… 8.-
Calidad de los medios y soportes Al
igual que en el punto anterior, la calidad del sitio donde nos anunciemos
dejará su impronta en el producto anunciado. Si elegimos una revista seria, de
calidad y prestigio, nuestro producto se verá acorde con el prestigio de esa
revista, mientras que si nos anunciamos en una revistilla local, la imagen de
nuestro producto quedará como la de un producto de segunda fila. En radio no es
lo mismo anunciarse en una pequeña emisora local que en una gran cadena de
radio. En publicidad exterior no es lo mismo anunciarse en un estadio de
Primera o Segunda división de Fútbol que hacerlo en uno de categoría regional.
No es lo mismo trasladar a un folleto el diseño artístico creado por una buena
agencia de publicidad, que encargarle a una imprenta local que haga las veces
de creativo publicitario.
Y
sin embargo hay muchas empresas que no tienen esto en cuenta, que recurren a
medios piratas o pobres simplemente porque son más baratos. ¿No dice el refrán
“dime con quién andas y te diré quién eres”? Pues eso mismo: “Dime dónde te
anuncias y te diré de qué categoría es tu producto”. (Continuará…)
(AZprensa)
Cuando se utiliza el verbo “hacer” se suele olvidar algo que siempre debería
seguir a continuación, la palabra “bien”. Por eso, no deberíamos hablar nunca
de “hacer Publicidad” sino de “hacer bien Publicidad”… 7.-
Calidad de la publicidad Hablamos
mucho de publicidad, pero esta no puede hacerse de cualquier forma. Si los
anuncios tienen calidad (hechos por buenos profesionales con el presupuesto
adecuado), esa calidad se transmite al producto anunciado. Por el contrario, si
los anuncios son “chapuzas” hechas por un aficionado o una persona sin la
necesaria formación, esa imagen de “chapuza” se trasladará al producto,
causando el inmediato rechazo en el ánimo del cliente potencial al que impacte
ese anuncio.
Está
claro que a todos en la empresa les gusta la publicidad de calidad, realizada
por buenos profesionales, pero con frecuencia vemos cómo se consiente a los vendedores
que acudan a la imprenta local o al conocido de turno, para que les haga un
folleto, les grabe una cuña de radio, o les ponga un anuncio en la revistilla
local. ¡Y encima presumirán de que esa “publicidad” les ha salido más barata
porque no han tenido que pagar a ningún creativo, sino que la propia imprenta o
conocido ha hecho las veces de agencia de publicidad y sólo les ha cobrado por
el producto final y no por su “creatividad”! (Continuará…)
(AZprensa)
En un mundo donde el tiempo es un recurso tan valioso como el capital, la
rapidez en la toma de decisiones se ha convertido en un factor determinante
para el éxito en los negocios. Las recientes medidas implementadas por Donald
Trump, caracterizadas por una celeridad casi vertiginosa, contrastan de manera
evidente con la lentitud burocrática que define a la Unión Europea (UE). Este
contraste no solo pone en relieve las diferencias entre dos enfoques de
liderazgo y gestión, sino que también ofrece una lección crucial para el ámbito
empresarial: las decisiones bien meditadas, pero ejecutadas con rapidez, son
clave para aprovechar las oportunidades y mantenerse competitivo. La UE, con su
maquinaria administrativa pesada y sus procesos interminables, nos está
mostrando, casi como un caso de estudio, cómo la burocracia puede convertirse
en el enemigo del progreso. Desde
su regreso a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha puesto en marcha
una serie de políticas económicas, como la imposición de aranceles a las exportaciones
provenientes de otros países. Estas decisiones, independientemente de sus
méritos o consecuencias a largo plazo, destacan por la velocidad con la que se
han anunciado y comenzado a implementarse. En cuestión de semanas, Trump ha
transformado promesas de campaña en acciones concretas, enviando un mensaje
claro: en un entorno global dinámico, la agilidad puede ser una ventaja
estratégica decisiva. Por
otro lado, la Unión Europea, con sus 27 estados miembros y su necesidad de
consenso, se encuentra atrapada en un sistema que prioriza la deliberación
exhaustiva sobre la acción inmediata. Cuando Trump anunció sus aranceles, la
respuesta de Bruselas fue rápida en un solo sentido: una condena verbal y la
promesa de “responder con firmeza”. Sin embargo, los líderes europeos han
admitido que cualquier medida de contra ataque que emprendan, requerirá
extensas negociaciones entre los estados miembros, un proceso que podría tomar
meses o incluso años antes de que se traduzca en políticas efectivas. Esta
lentitud no es nueva; es un rasgo inherente a la estructura de la UE, donde las
decisiones deben pasar por múltiples filtros burocráticos, desde la Comisión
Europea hasta el Consejo y el Parlamento, sin mencionar las consultas con los
gobiernos nacionales. En
el mundo de los negocios, esta dicotomía tiene implicaciones profundas. Las
empresas que triunfan son aquellas capaces de analizar cuidadosamente sus
opciones —considerando riesgos, beneficios y datos disponibles— pero que no se
paralizan en el proceso. La reflexión es esencial, pero la indecisión es fatal.
Una oportunidad de mercado, como un nuevo nicho de clientes o una ventaja
competitiva temporal, no espera a que una organización termine de debatir
internamente. Si una compañía tarda demasiado en lanzar un producto, ajustar
precios o responder a un competidor, el momento pasa y el éxito se esfuma.
Trump, con su estilo directo y su disposición a actuar, encarna esta
mentalidad, mientras que la UE, con su enfoque pausado, ilustra los peligros de
dejar que la burocracia dicte el ritmo. No
se trata de abogar por decisiones impulsivas o mal preparadas. La rapidez sin
análisis puede llevar al desastre, como lo demuestran numerosos casos de
empresas que han fracasado por apresurarse sin una estrategia sólida. El
equilibrio está en combinar una evaluación rigurosa con una ejecución ágil. Las
organizaciones exitosas establecen procesos que permiten tomar decisiones
informadas en plazos cortos: equipos dedicados, datos en tiempo real y una
cultura que valora la acción sobre la procrastinación. En contraste, la UE nos
muestra cómo un exceso de capas administrativas y la búsqueda constante de
consenso pueden diluir la capacidad de respuesta, dejando a sus empresas y
ciudadanos en desventaja frente a competidores más rápidos. El
caso de los aranceles de Trump es un ejemplo perfecto. Mientras Estados Unidos
implementa sus medidas y reconfigura el comercio global a su favor, la UE sigue
atrapada en discusiones internas sobre cómo responder. Para cuando las
contramedidas europeas entren en vigor, el daño económico ya podría estar
hecho, y las empresas estadounidenses podrían haber consolidado su posición. En
los negocios, este retraso equivaldría a perder cuota de mercado o permitir que
un rival se adelante con una innovación disruptiva. La lección es clara: el
tiempo es un activo estratégico, y quien no lo gestione con eficacia quedará
rezagado. La
burocracia, como la que encarna la UE, no es solo un problema de gobiernos;
también afecta a muchas empresas que, en su afán por evitar errores, crean
estructuras rígidas y procesos interminables. Sin embargo, el éxito en el siglo
XXI pertenece a quienes saben adaptarse al ritmo del cambio. Las decisiones
meditadas son imprescindibles, pero la rapidez en su implementación es lo que
marca la diferencia entre aprovechar una oportunidad y lamentar su pérdida.
Mientras Trump avanza a toda velocidad, la UE nos recuerda que, en un mundo
acelerado, la lentitud no es solo ineficiencia: es una receta para el fracaso.
(AZprensa)
Analizando lo que se puede hacer y no hacer con el presupuesto de Publicidad,
hay que mencionar el tema de los regalos, algo que todas las compañías utilizan
y muy pocas saben utilizar provechosamente… 6.-
Comunicación vs Regalos Ya
hemos comentado cómo en cualquier promoción, hay que destinar mucho más
presupuesto a la publicidad, a comunicar la promoción, que a los regalos que
esta ofrezca. ¿De qué sirve dar muchos y extraordinarios premios si casi nadie
se entera? Se enterarán sólo aquellos clientes más próximos y cercanos a cada
vendedor, el cual les irá anunciando personalmente la promoción, pero ¿y los
demás? Lo
que se ve en muchas empresas es que el hecho de ofrecer un buen premio o unos
buenos regalos en una promoción les parece tan atractivo que se les olvida la
importancia de comunicarlo. Lo saben ellos, sí, pero ¿se van a enterar todos
los clientes? Y más importante aún: ¿Se van a sentir persuadidos de participar
en esa promoción por un simple anuncio o un “viva voz” que les llegue de la
misma? Como en cualquier campaña de publicidad se necesita insistencia, un
mensaje sugerente que llegue por diversas vías de forma repetida. Ya
hemos visto cómo en muchas empresas donde las promociones son responsabilidad
del equipo de Ventas y no del Jefe de Publicidad, la proporción en el reparto
de ese presupuesto es de 90% para regalos y 10% para comunicar la promoción;
cuando debería ser justo al revés: 10% para regalos y 90% para comunicar la
promoción y persuadir a los clientes potenciales para que participen en la
misma. (Continuará…)