martes, 26 de marzo de 2024

La tuberculosis en la España rural de hace más de un siglo

(AZprensa) La tuberculosis llegó a ser la enfermedad infecciosa más prevalente del mundo. Está causada por diversas especies del genero Mycobacterium tuberculosis y no fue hasta 1882 cuando Koch descubrió el bacilo causante de la misma. Se transmite por vía respiratoria y digestiva. La prevención y el tratamiento consistían en buena alimentación, habitaciones limpias, trabajo moderado, y medidas de higiene y salubridad en las poblaciones. Los remedios farmacológicos eran de lo más diverso... y de lo más ineficaz: arsénico, tanino, yodo, alcohol, inhalaciones de alquitrán, etc.
 
La comunidad científica debatía en aquellos años respecto a dos elementos como los desencadenantes de la enfermedad. Por una parte estaban los llamados “gerministas” que achacaban la enfermedad al bacilo; por otra parte, estaban los “higienistas” que señalaban existía una predisposición a padecer dicha enfermedad cuando las condiciones higiénicas eran poco favorables. Sin embargo, la gran mayoría de los médicos reconocían que ambos factores jugaban un papel igualmente importante, aunque unos se inclinasen más por medidas encaminadas a combatir el germen causante y otros por medidas higiénicas adecuadas para prevenir la enfermedad.
 
Tan atemorizada estaba la población ante esta enfermedad que la gente tendía a ocultarla y no fue, hasta mediados de este siglo, que comenzaron a realizarse estudios epidemiológicos. Gaspar Fisac fue uno de los pioneros en este sentido.
 
Desde que en 1905 escribiera “Topografía médica de Daimiel y su partido” en donde dedicaba un amplio espacio a la tuberculosis, fue esta enfermedad la que más centró su interés como investigador. Dada la minuciosidad con que hacía todos sus trabajos de investigación, pronto se dio cuenta de un hecho curioso: revisando la profesión de quienes padecían tuberculosis se daba la circunstancia de que esta enfermedad no la padecían los yeseros y caleros, por lo que supuso que respirar ese  aire cargado de polvos calcáreos les inmunizaba de alguna forma.
 
Su descubrimiento se presentó en el Congreso Internacional sobre tuberculosis que se celebró en París en 1905, despertando el interés de toda la comunidad científica. Aunque, lógicamente, contó con algunos detractores, sus estudios posteriores basados en la ciencia, la experiencia y las estadísticas acabaron por darle la razón.
 
En el XIV Congreso Internacional de Medicina, celebrado en 1906 en Lisboa, presentó dos comunicaciones en este sentido, enviándolas posteriormente a la revista “La Farmacia Española” en donde fueron publicadas. Su objetivo siguiente era demostrar esta hipótesis y a ello encaminó su trabajo “Inmunidad de los yeseros y caleros contra la tuberculosis pulmonar” realizado en 1907. Reunió en él estadísticas más numerosas, procedentes de las 49 provincias que entonces formaban España y señalaba que sólo había encontrado cuatro defunciones en este grupo profesional. Este trabajo fue presentado en el Congreso Internacional de Tuberculosis celebrado aquél mismo año en París y obtuvo una gran aceptación a nivel internacional.
 
El razonamiento científico era el siguiente: el polvo de cal y yeso que flotaba en el ambiente, al ser inhalado y mezclarse con el ácido carbónico, se transformaba en bicarbonato cálcico soluble, el cual, debido al calor y a la diferencia de presión, desprendía anhídrido carbónico que precipitaba y se transformaba en carbonato cálcico insoluble. Este último, debido a su gran estabilidad, pasaba a formar parte del tubérculo cretáceo, impidiendo el avance del bacilo de Koch.
 
Como quiera que contase también con detractores de sus ideas, desde el momento en que las expuso por primera vez, Gaspar profundizó más aún en sus estudios y explicó que cuando una persona con tuberculosis respiraba esos polvos, estos pasaban al aparato digestivo y después, por vía linfática, llegaban al pulmón. Reafirmaba, pues, la teoría según la cual el bacilo Koch entraba en el organismo por vía digestiva para acabar alojándose a nivel pulmonar. Pero además, demostraba que los carbonatos, sulfatos y fosfatos de cal eran una excepción dentro de las sales y no producían irritación de la mucosa.
 
Este nuevo enfoque de la enfermedad avalaba la importancia de la dieta, que debía ser rica en sales de cal, pero aun así era un medida válida solamente en individuos sanos, no en los que ya hubieran enfermado. Para estos últimos, la solución era la infiltración fibro-calcárea del tubérculo y esto sólo se podía conseguir respirando una atmósfera cargada con este tipo de sales.
 
En 1908, con motivo de su participación en el Congreso antituberculoso de Zaragoza, se publicaron en los medios de comunicación, los últimos avances en el tratamiento de la tuberculosis, llevados a cabo y expuestos en estas reuniones científicas por Gaspar Fisac. Como ejemplo, reproducimos un recorte del periódico de Ciudad Real “El Labriego” del 10 de octubre de 1908 que, bajo el titular “El Doctor Fisac” decía lo siguiente:
 
“No hemos tenido ocasión de ver la comunicación ‘Nuevos datos sobre la inmunidad de los yeseros y caleros para la tuberculosis pulmonar’, del médico de Daimiel, pero sí el siguiente telegrama:
Daimiel-Zaragoza-19,45-Doctor Fisac-Grandes aplausos Victoria sus trabajos, votando sección homenaje. Alentados escribiré Valencia-Abrazos-Chavás”.
El doctor Chavás, que leyó aquella comunicación en Zaragoza, es uno de los jóvenes especialistas en tisioterapia más estimados en España y dirige en Valencia la única ‘Revista de tuberculosis’ que se publica en nuestra patria, ha presentado él otras interesantes comunicaciones suyas y ha dado una conferencia muy notable mereciendo notables felicitaciones y aplausos.
Así como en París el doctor Verdes Montenegro dio lectura a la primera comunicación del médico titular manchego...(ilegible)...de grandes talentos y acreditada reputación, lee la cuarta comunicación sobre el mismo asunto del propio médico rural.
Nosotros decíamos, a propósito de este, en 1907 a raíz del Congreso de Lisboa, su afición al estudio le lleva constantemente a la observación y de aquí sus grandes triunfos en todos los Certámenes y Congresos  los cuales ha concurrido.
‘Felicitamos muy sinceramente al Sr. Fisac y bien le deseamos ocupe puestos en los que recoja el fruto de sus desvelos y pueda dedicarse de lleno a trabajos que llevan por objeto el bienestar de la humanidad’ (J. Selgas, El Labriego, 16 de julio 1907).
Nosotros hemos visto que la prensa diaria sólo se ha ocupado de unas cuantas comunicaciones, cuando han sido más de sesenta las presentadas y precisamente  sobre el tema de inmunidad de los yeseros y caleros también había otro tema que decía: ‘Apuntes para una historia clínica, tuberculosis pulmonar. ¿Curación? Doctor Pedro Arilla’.
Se hace simpática esta causa en la que como ven nuestros lectores, el médico al proponer inhalaciones de polvo de yeso de cal, ningún específico ni ningún medicamento caro, propone si no que llamando la atención con sus estadísticas para que se imite a la naturaleza, lleva ya cuatro años en constante comunicación con el mundo médico, proponiendo se amplíen experimentalmente estos estudios que nada cuestan.
Sabemos que la Diputación de Ciudad Real ayuda con la impresión gratuita de sus trabajos al Dr. Fisac a quien ha nombrado su Delegado en el Congreso de Zaragoza.
Pero se nos ocurre por ahora preguntar ¿no podría ayudarse a su autor a la ampliación de estos estudios?
Entre las conclusiones votadas en Zaragoza el día seis, precisamente en el que se recibió el telegrama que encabeza estas líneas, hay una que dice: ‘Proponer al Gobierno que facilite la realización de ensayos de inmunización en los animales’.
Para que la Diputación de Ciudad Real comprenda que nuestra pregunta está justificada, con nuestro cariño a los médicos manchegos que procuran no desmayar en la lucha, repetimos la primera frase del dicho telegrama: ‘Grandes aplausos historia sus trabajos, votando sección homenaje’.
Y la repetimos porque creemos que ese voto de gran significación...” (resto de texto ilegible)
 
En el año 1912 intervino en el I Congreso Español Internacional de Tuberculosis, celebrado en Barcelona, en donde presentó “Profesiones en relación con la tuberculosis” (en donde, además de toda la experiencia de sus estudios previos a nivel nacional incorporaba datos al respecto de otros países) y “Tratamientos de la tuberculosis e inmunidad de los yeseros y caleros”, siendo premiado por sus aportaciones a la Medicina.
 
Estos estudios fueron la base para la invención del “Pulvi-inhalador Fisac” del que hablaremos con mayor detenimiento en el último apartado de este capítulo. Por lo que se refiere a sus estudios, publicaciones y comunicaciones sobre la tuberculosis, unos años después presentó en el II Congreso Español Internacional de Tuberculosis, celebrado en San Sebastián en 1913, su trabajo “Recalcificación y tuberculosis" que resultó premiado en dicho congreso y en el que demostraba los beneficios del tratamiento con el citado “Pulvi-inhalador”, pasando así de la teoría a la práctica.
 

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