domingo, 24 de marzo de 2024

El tifus en la España rural de hace más de un siglo

(AZprensa) El tifus es una enfermedad infecciosa aguda producida por la bacteria Rickettsia prowazeki. Surge con más frecuencia bajo malas condiciones higiénicas, de hacinamiento y de pobreza. El agente transmisor es el piojo del vestido y su principal material contaminante son las heces de los piojos al ser inhaladas, pulverizadas con el polvo o la sangre de los pacientes. Tras un periodo de incubación de siete a 14 días se comienza con malestar, quebrantamiento general y súbitamente con escalofríos, fiebre alta y ojos rojos, para pasar después a un brote pápulomaculoso por todo el cuerpo y hemorragias. Hacia el décimo día es el momento crucial de la enfermedad, o bien el enfermo empeora con presentación de coma y muerte, o bien empieza a mejorar de una manera definitiva.
 
El tifus asoló Daimiel en más de una ocasión por lo que existía una gran sensibilidad hacia este problema y por este motivo, en aras a evitar una nueva epidemia, en 1909 Gaspar Fisac convocó  la Junta Local de Sanidad, de la que formaba parte, tras haber detectado un caso de fiebre tifoidea. Expuso Gaspar que era necesario poner todos los medios que fuera preciso para evitar una epidemia y, como primera medida recomendó el aislamiento de los familiares del afectado y la desinfección de la habitación del enfermo con sulfato de cobre. Sin embargo, como eran conscientes que en estos casos muchos ciudadanos no hacen caso de las recomendaciones, se exigió la vigilancia para el estricto cumplimiento de los mismos, por parte de agentes de la Autoridad.
 
También se mandó vigilar el lavadero, poniendo en marcha las medidas oportunas de desinfección de las pilas y en especial cuando se tratase de ropa de afectados por la enfermedad o de sus familiares. Solicitó la compra de una estufa de desinfección pero, consciente de que esto llevaría un tiempo, expuso la necesidad de adoptar unas medidas provisionales: “Recomiendo se adquiera una estufa de desinfección, y mientras esto sucede, se tratarán las ropas de enfermos y fallecidos con una disolución de sulfato de cobre y de sal común, y se fumigarán las habitaciones de éstos con formalina, que es muy energética y no cara, porque el formol comercial vale dos pesetas cincuenta el litro”.
 
Estas fueron las medidas que finalmente acordó poner en marcha la Junta Local de Sanidad:
1.- Que en cuanto se tuviera sospecha de algún caso dudoso de enfermedad contagiosa ya fuera fiebre tifoidea o cualquier otro mal, se pusiera en conocimiento del Alcalde, para así poder adoptar medidas contundentes a fin de aislar al atacado.
2.- En cuanto a los fallecidos; debían ser inmediatamente trasladados al depósito de cadáveres del cementerio. Antes de regresar, sería igualmente necesario fumigar tanto el coche que había servido de trasporte como al conductor del mismo.
3.- Una comisión compuesta por el Inspector de Sanidad, Pedro María Lozano, el Médico titular, Gaspar Fisac y el Farmacéutico municipal, Joaquín Fisac, debería visitar, con el fin de inspeccionar, el lavadero público. Sería necesario que dicha comisión pusiera en conocimiento de su dueño, Patricio Redondo, el acuerdo al que acababa de llegar la Junta para que procediera a desinfectar las pilas tal como se había acordado, siendo tarea de esta comisión velar por que se mantuviesen siempre con la mayor limpieza posible.
4.- Las habitaciones donde hubiera fallecido un enfermo contagioso, deberían ser enérgicamente desinfectadas, del mismo modo se procedería con todas sus ropas, que serían cocidas en una disolución de sal común.
 

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