(AZprensa)
Mención especial merece analizar aunque sea brevemente esa eterna lucha entre
la publicidad de productos y la publicidad corporativa, una lucha en la que
tradicionalmente siempre sigue perdiendo, por infravalorada, la publicidad
corporativa…
5.-
Publicidad de productos y publicidad institucional
Las empresas, en general, son muy reacias a hacer publicidad institucional, es decir, anuncios de la propia empresa. Consideran que la publicidad sólo debe hacerse de los productos, que son los que directamente generan beneficios a la compañía, mientras que los anuncios institucionales realmente “no venden nada”… según ellos. Y si bien es cierto que la publicidad de productos es imprescindible para las ganancias de la empresa, no por ello debe despreciarse la publicidad institucional, sobre todo si está bien hecha y en armonía con la publicidad de los productos. La publicidad institucional hace llegar al cliente potencial la imagen de una empresa fuerte, seria, de prestigio, con calidad, formal, de confianza… y esa imagen que volcamos en el logotipo de la empresa al anunciarla, y todos los valores que en ella hemos volcado, se trasladan de inmediato a cada uno de los productos cada vez que ese cliente vea el logotipo de la empresa junto al logotipo, nombre y/o imagen del producto. De esta forma, tanto la publicidad de productos como la publicidad institucional se retroalimentan una a otra, se refuerzan una a otra. Hay que enseñar a los empleados, mandos y directores de la empresa, que al igual que ellos no comprarían un chocolate (por ejemplo) de una marca desconocida si tienen junto a él otro de Nestlé, Lind o cualquier otra firma de prestigio, el posible comprador de nuestros productos se fiará más de los mismos si ve que están fabricados por esa empresa perfectamente reconocible e identificable de la que le ha llegado publicidad en numerosas ocasiones y a través de diversos medios.
Es pues un error muy extendido que las empresas renuncien a la publicidad institucional o que la limiten a algún anuncio suelto (más que nada por compromiso) y/o a la inserción del logotipo en algún libro o espacio publicitario patrocinado. Tan importante es la publicidad de productos como la publicidad institucional (la buena publicidad en ambos casos, se entiende).
(Continuará…)
Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
“De la Publicidad al Periodismo”: https://www.amazon.es/dp/B0D4KHNVH4
Las empresas, en general, son muy reacias a hacer publicidad institucional, es decir, anuncios de la propia empresa. Consideran que la publicidad sólo debe hacerse de los productos, que son los que directamente generan beneficios a la compañía, mientras que los anuncios institucionales realmente “no venden nada”… según ellos. Y si bien es cierto que la publicidad de productos es imprescindible para las ganancias de la empresa, no por ello debe despreciarse la publicidad institucional, sobre todo si está bien hecha y en armonía con la publicidad de los productos. La publicidad institucional hace llegar al cliente potencial la imagen de una empresa fuerte, seria, de prestigio, con calidad, formal, de confianza… y esa imagen que volcamos en el logotipo de la empresa al anunciarla, y todos los valores que en ella hemos volcado, se trasladan de inmediato a cada uno de los productos cada vez que ese cliente vea el logotipo de la empresa junto al logotipo, nombre y/o imagen del producto. De esta forma, tanto la publicidad de productos como la publicidad institucional se retroalimentan una a otra, se refuerzan una a otra. Hay que enseñar a los empleados, mandos y directores de la empresa, que al igual que ellos no comprarían un chocolate (por ejemplo) de una marca desconocida si tienen junto a él otro de Nestlé, Lind o cualquier otra firma de prestigio, el posible comprador de nuestros productos se fiará más de los mismos si ve que están fabricados por esa empresa perfectamente reconocible e identificable de la que le ha llegado publicidad en numerosas ocasiones y a través de diversos medios.
Es pues un error muy extendido que las empresas renuncien a la publicidad institucional o que la limiten a algún anuncio suelto (más que nada por compromiso) y/o a la inserción del logotipo en algún libro o espacio publicitario patrocinado. Tan importante es la publicidad de productos como la publicidad institucional (la buena publicidad en ambos casos, se entiende).
(Continuará…)
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