jueves, 24 de septiembre de 2026

La vaciedad de los debates políticos

Cada vez que hay un debate electoral corren ríos de tinta y se colapsan los espacios informativos en radios y televisiones. Pero ¿te has preguntado alguna vez para qué sirve un debate electoral?
 
(AZprensa) Cuando se produce un debate político, cada candidato echará mano de su mejor oratoria para hacernos ver que él es la necesaria salvación de este país y el otro la perdición. Nos venderá, envuelto en la mejor palabrería, que uno lo va a hacer todo bien y el otro lo hará todo mal. Y después, cada medio de comunicación dictará su veredicto diciendo “ganó tal candidato”. Curiosamente, ese resultado será diferente según la tendencia política del medio de comunicación que ofrezca su veredicto.  
 
Porque ¿qué significa “ganar” un debate? Significa haber estado más brillante, más ágil, con más chispa... Y esto, ¿nos beneficia a los ciudadanos? Me temo que no. Lo que repercute en nosotros no es lo que digan, sino lo que hagan; así que los debates no tendrían que hacerse sobre palabras sino sobre hechos o sobre proyectos concretos —ampliamente documentados— que demostrasen su viabilidad y representasen un compromiso firme para quien los propusiese, de tal forma que si pasado el plazo fijado no se hubieran cumplido, ello llevase aparejada la dimisión. Pero, claro, eso es pura ciencia ficción, ya que en nuestra clase política el verbo dimitir sigue sin estar conjugado en ningún tiempo verbal.  
 
En teoría, para los ciudadanos podría ser importante un ejercicio que recapitulase y recordase las cosas que se han hecho bien y mal en los últimos años, ya que es bien sabido que los votantes solemos tener la memoria frágil y que la mano que deposita el voto en la urna a menudo no la mueve el cerebro, sino los sentimientos. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado sobradamente que la simpatía o la antipatía visceral hacia un candidato puede mucho más que el raciocino de cualquier programa electoral.
 
En definitiva, ya estamos otra vez convertidos en rebaño que asiste atónito al espectáculo mediático del debate, cuyo verdadero objetivo no es otro que animar artificialmente la participación en la cita electoral puesto que —no lo olvidemos— esa mayor movilización suele terminar favoreciendo, tal como está diseñada nuestra ley electoral, a los grandes aparatos de los partidos tradicionales frente a cualquier otra alternativa.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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