Leer noticias de
Ciencia no sólo nos informa sino que nos hace pensar, porque hay algunas
noticias científicas que cambian nuestra visión del mundo. Hoy quiero compartir
el análisis que he realizado sobre esta noticia, y ya me dirás si estás de
acuerdo.
(AZprensa)
Hay noticias que cambian el mundo, y luego hay otras que, además, pueden
cambiar nuestra próxima factura en un restaurante. La noticia que leí decía que
un equipo internacional de investigadores, con participación del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto en la Cueva
Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), evidencias de que los neandertales que
habitaban la península Ibérica comían marisco hace 150.000 años.
¡Toma
ya! Resulta que esos seres que durante generaciones hemos imaginado como unos
tipos bastante brutos, vestidos con pieles, con el pelo revuelto, cara de pocos
amigos y un garrote en la mano, eran en realidad unos auténticos sibaritas. Mientras
nosotros pensábamos que se dedicaban a perseguir mamuts, ellos estaban pensando
dónde conseguir unas buenas almejas.
Y
aquí empieza lo verdaderamente preocupante. La noticia dice que este
descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como «el registro más antiguo de esta
actividad en neandertales». Es decir, con un poco de imaginación —y sin ánimo
de quitarle rigor a la ciencia— podríamos decir que Cueva Bajondillo fue la
primera marisquería de la historia.
Eso
sí, tenía algunas carencias respecto a las actuales. No había camareros. No
había aire acondicionado. No había terraza. No había carta. Y, sobre todo, no
había Guía Michelin. Una pena. Porque de haber existido entonces la famosa guía
gastronómica, estoy convencido de que aquellos neandertales habrían luchado por
conseguir sus estrellas.
«Cueva
Bajondillo: cocina de proximidad, producto de temporada y vistas espectaculares
al Mediterráneo. Servicio algo tosco, pero excelente materia prima». Incluso
podríamos imaginar al crítico gastronómico de turno entrando en la cueva y
preguntando:
—¿Qué me recomienda?
—Percebes.
—¿Y de segundo?
—Almejas.
—¿Tiene algo de carne?
—Mamut.
—Pues póngame medio.
El
descubrimiento tiene, además, una segunda lectura todavía más divertida. La
noticia señala que algunos investigadores consideran que el marisqueo es uno de
los comportamientos que definen a los humanos modernos. ¡Ahí es nada! Resulta
que comer marisco no es solamente un signo de buen gusto, sino también de
modernidad. Por tanto, si los neandertales ya comían marisco hace 150.000 años,
tenemos que aceptar una conclusión inevitable: los neandertales eran modernos. Muy
modernos. Muchísimo más de lo que sospechábamos. Y si ellos ya eran modernos
hace 150.000 años, nosotros, que seguimos comiendo marisco en el siglo XXI,
debemos de ser directamente la repera de modernos.
Aunque
hay una cosa que me preocupa. Después de 150.000 años de evolución, seguimos
haciendo exactamente lo mismo. Ellos recogían unos mejillones en la costa. Nosotros
pedimos mejillones. Ellos comían gambas. Nosotros comemos gambas. Ellos
buscaban almejas. Nosotros buscamos almejas… La única diferencia sustancial es
que ellos probablemente las conseguían gratis y nosotros necesitamos una
tarjeta de crédito.
Y
aquí es donde quizá debamos replantearnos eso que llamamos «evolución». Porque
si después de 150.000 años nuestro mayor progreso consiste en conseguir que
alguien nos traiga a la mesa un plato de percebes mientras nosotros decimos
«¡qué buenos están!», tampoco parece que hayamos avanzado una barbaridad.
Eso
sí, hemos perfeccionado considerablemente la ceremonia. El neandertal
probablemente se sentaba sobre una piedra y comía directamente. Nosotros
necesitamos mantel, cubiertos, servilleta, copa, vino blanco, cubitera y, si es
posible, un camarero que pronuncie correctamente el nombre del pescado. Y luego
llega la cuenta. Ahí sí que hemos evolucionado. El neandertal comía marisco y
se iba a su cueva. Nosotros comemos marisco y después necesitamos volver a la
cueva para recuperarnos económicamente.
Pero
lo más interesante de todo es que aquel descubrimiento nos obliga a mirar de
otra manera a los neandertales. Quizá no eran esos pobres seres primitivos que
durante tanto tiempo hemos imaginado. Quizá tenían gustos refinados. Quizá
sabían apreciar un buen producto. Quizá, después de una jornada de caza, se
sentaban tranquilamente a comer unas almejas. Y quizá alguno de ellos, mientras
contemplaba el Mediterráneo, llegó incluso a decir: —Esto con un poquito de
limón...
Nunca
lo sabremos. Lo que sí sabemos es que la próxima vez que vayamos a una
marisquería deberíamos hacerlo con cierto respeto histórico. Cuando nos sirvan
unas gambas, no estaremos simplemente ante un plato de comida. Estaremos ante 150.000
años de tradición. Cuando abramos unas almejas, estaremos continuando una
costumbre iniciada por nuestros antepasados. Y cuando llegue la cuenta, quizá
podamos consolarnos pensando que, al menos, estamos demostrando nuestra
modernidad. Porque, según parece, comer marisco es de modernos. Los
neandertales ya lo hacían hace 150.000 años.
Así
que, querido lector, la próxima vez que te sientes ante una bandeja de marisco,
no te sientas culpable por el precio. No estás gastando. Estás perpetuando una tradición
prehistórica. Y, sobre todo, estás demostrando que eres un auténtico Homo
sapiens moderno. Aunque, después de saber que los neandertales ya se daban esos
homenajes hace 150.000 años, empiezo a sospechar que los modernos... eran
ellos.
¡A
tu salud y buen provecho!
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—¿Qué me recomienda?
—Percebes.
—¿Y de segundo?
—Almejas.
—¿Tiene algo de carne?
—Mamut.
—Pues póngame medio.
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