martes, 22 de septiembre de 2026

¡Los neandertales ya eran modernos!

Leer noticias de Ciencia no sólo nos informa sino que nos hace pensar, porque hay algunas noticias científicas que cambian nuestra visión del mundo. Hoy quiero compartir el análisis que he realizado sobre esta noticia, y ya me dirás si estás de acuerdo.
 
(AZprensa) Hay noticias que cambian el mundo, y luego hay otras que, además, pueden cambiar nuestra próxima factura en un restaurante. La noticia que leí decía que un equipo internacional de investigadores, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto en la Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), evidencias de que los neandertales que habitaban la península Ibérica comían marisco hace 150.000 años.
 
¡Toma ya! Resulta que esos seres que durante generaciones hemos imaginado como unos tipos bastante brutos, vestidos con pieles, con el pelo revuelto, cara de pocos amigos y un garrote en la mano, eran en realidad unos auténticos sibaritas. Mientras nosotros pensábamos que se dedicaban a perseguir mamuts, ellos estaban pensando dónde conseguir unas buenas almejas.
 
Y aquí empieza lo verdaderamente preocupante. La noticia dice que este descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como «el registro más antiguo de esta actividad en neandertales». Es decir, con un poco de imaginación —y sin ánimo de quitarle rigor a la ciencia— podríamos decir que Cueva Bajondillo fue la primera marisquería de la historia.
 
Eso sí, tenía algunas carencias respecto a las actuales. No había camareros. No había aire acondicionado. No había terraza. No había carta. Y, sobre todo, no había Guía Michelin. Una pena. Porque de haber existido entonces la famosa guía gastronómica, estoy convencido de que aquellos neandertales habrían luchado por conseguir sus estrellas.
 
«Cueva Bajondillo: cocina de proximidad, producto de temporada y vistas espectaculares al Mediterráneo. Servicio algo tosco, pero excelente materia prima». Incluso podríamos imaginar al crítico gastronómico de turno entrando en la cueva y preguntando:
—¿Qué me recomienda?
—Percebes.
—¿Y de segundo?
—Almejas.
—¿Tiene algo de carne?
—Mamut.
—Pues póngame medio.
 
El descubrimiento tiene, además, una segunda lectura todavía más divertida. La noticia señala que algunos investigadores consideran que el marisqueo es uno de los comportamientos que definen a los humanos modernos. ¡Ahí es nada! Resulta que comer marisco no es solamente un signo de buen gusto, sino también de modernidad. Por tanto, si los neandertales ya comían marisco hace 150.000 años, tenemos que aceptar una conclusión inevitable: los neandertales eran modernos. Muy modernos. Muchísimo más de lo que sospechábamos. Y si ellos ya eran modernos hace 150.000 años, nosotros, que seguimos comiendo marisco en el siglo XXI, debemos de ser directamente la repera de modernos.
 
Aunque hay una cosa que me preocupa. Después de 150.000 años de evolución, seguimos haciendo exactamente lo mismo. Ellos recogían unos mejillones en la costa. Nosotros pedimos mejillones. Ellos comían gambas. Nosotros comemos gambas. Ellos buscaban almejas. Nosotros buscamos almejas… La única diferencia sustancial es que ellos probablemente las conseguían gratis y nosotros necesitamos una tarjeta de crédito.
 
Y aquí es donde quizá debamos replantearnos eso que llamamos «evolución». Porque si después de 150.000 años nuestro mayor progreso consiste en conseguir que alguien nos traiga a la mesa un plato de percebes mientras nosotros decimos «¡qué buenos están!», tampoco parece que hayamos avanzado una barbaridad.
 
Eso sí, hemos perfeccionado considerablemente la ceremonia. El neandertal probablemente se sentaba sobre una piedra y comía directamente. Nosotros necesitamos mantel, cubiertos, servilleta, copa, vino blanco, cubitera y, si es posible, un camarero que pronuncie correctamente el nombre del pescado. Y luego llega la cuenta. Ahí sí que hemos evolucionado. El neandertal comía marisco y se iba a su cueva. Nosotros comemos marisco y después necesitamos volver a la cueva para recuperarnos económicamente.
 
Pero lo más interesante de todo es que aquel descubrimiento nos obliga a mirar de otra manera a los neandertales. Quizá no eran esos pobres seres primitivos que durante tanto tiempo hemos imaginado. Quizá tenían gustos refinados. Quizá sabían apreciar un buen producto. Quizá, después de una jornada de caza, se sentaban tranquilamente a comer unas almejas. Y quizá alguno de ellos, mientras contemplaba el Mediterráneo, llegó incluso a decir: —Esto con un poquito de limón...
 
Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que la próxima vez que vayamos a una marisquería deberíamos hacerlo con cierto respeto histórico. Cuando nos sirvan unas gambas, no estaremos simplemente ante un plato de comida. Estaremos ante 150.000 años de tradición. Cuando abramos unas almejas, estaremos continuando una costumbre iniciada por nuestros antepasados. Y cuando llegue la cuenta, quizá podamos consolarnos pensando que, al menos, estamos demostrando nuestra modernidad. Porque, según parece, comer marisco es de modernos. Los neandertales ya lo hacían hace 150.000 años.
 
Así que, querido lector, la próxima vez que te sientes ante una bandeja de marisco, no te sientas culpable por el precio. No estás gastando. Estás perpetuando una tradición prehistórica. Y, sobre todo, estás demostrando que eres un auténtico Homo sapiens moderno. Aunque, después de saber que los neandertales ya se daban esos homenajes hace 150.000 años, empiezo a sospechar que los modernos... eran ellos.
 
¡A tu salud y buen provecho!
 

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