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viernes, 27 de junio de 2025

El informador y los acontecimientos

(AZprensa) La información que se limite a ser una puesta al día de hechos objetivos presentados fríamente y al desnudo, no afectará prácticamente a nadie. La pura objetividad matará la información.
 
Para conseguir “hacer llegar” una información son necesarias ciertas condiciones: No sólo llamar la atención, sino que el mensaje sea captado, que la información sea sugestiva, que tenga color. Es necesario hacer aceptar la información como algo verosímil, que debe conocerse. Su presentación debe ser agradable, seductora y, por ello, breve, concisa, fácilmente asimilable y simplificada al máximo.

La gente no quiere dedicar tiempo a pensar ni a esforzarse, quiere que se lo den todo hecho.
Cuando informas de algo a la gente (salvo que sea el área de especialización concreta del destinatario), te encuentras que casi nadie quiere hacer un examen profundo ni medianamente razonado, no tienen ganas ni quizás tampoco posibilidad alguna de documentarse detalladamente y hacer las comprobaciones pertinentes para establecer su propio juicio y valoración.
 

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lunes, 21 de octubre de 2024

Lo que supone hablar en público

(AZprensa) Hablar en público es una oportunidad para transmitir a muchas personas al mismo tiempo tus mensajes. Y también es un “marrón” si no estás acostumbrado a hablar en público o no te mueves con soltura cuando te encuentras encima de un escenario con un micrófono en la mano, las luces apuntando a ti, y un auditorio esperando a ver qué les cuentas.
 
Personalmente, cada nueva intervención ante un auditorio suponía para mí un aliciente extra de motivación, un reto por superarme a mí mismo y lograr esa conexión con el público. Los escenarios me atraían y mientras a otros les imponía respeto eso de salir al escenario y, micrófono en mano, dirigirse al auditorio, para mí era un motivo de disfrute y satisfacción, y esa satisfacción se la transmitía al público.
 
Pero, en definitiva, si alguna lección hemos de sacar de lo que he venido compartiendo con vosotros en este blog durante los últimos días, yo la resumiría en tres palabras: ENTRETENER, ENSEÑAR y ENTUSIASMAR. ¡Ah! Y por supuesto: ¡SORPRENDER!
 
Y para eso, ya sabes que todo el mundo transmite lo que siente, y si tú no vives ese entusiasmo, no lo podrás transmitir.
 

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sábado, 19 de octubre de 2024

Teatralizando las presentaciones en público

(AZprensa) Para que una presentación en público tenga éxito (es decir, que su mensaje llegue a la audiencia) hay que teatralizar un poco la presentación, porque si no captas la atención no podrán poner los cinco sentidos en lo que les dices. Claro que alguna vez llevé esto demasiado lejos…
 
Cuando llegó mi turno subí al escenario y me dirigí a un rincón para coger un taburete alto que había pedido que colocasen allí con antelación. Lo cogí, lo llevé al centro del escenario y me senté en él, con el micrófono en la mano, como cualquier monologuista. Saludé al auditorio y les conté –más o menos como sigue- esta historia:
 
“Había una vez un pobre sentado a la puerta de un gran y lujoso edificio de oficinas. El pobre se pasaba allí las horas muertas con un cartel que decía: ‘Pobre ciego’ y un sombrero en el que muy pocas monedas caían. Un Ejecutivo de una Agencia de Publicidad que tenía allí sus oficinas, pasaba por delante del pobre ciego todos los días; veía el poco dinero que recaudaba, cada vez menos, y comenzó a sentir pena. Aunque él le echase algunas monedas, veía que eso no era suficiente porque se dio cuenta que la gente se había acostumbrado a verlo allí y como no llamaba la atención de nadie –era como un elemento más del mobiliario urbano- pasaban junto a él con indiferencia. Una mañana, al llegar este Ejecutivo a la oficina se detuvo frente al pobre, dispuesto a ayudarle, y le dijo: ‘Me gustaría ayudarte y como yo trabajo en una Agencia de Publicidad, me he permitido hacerte otro cartel, así que te agradecería que cambiases el que tienes por este otro, que creo te traerá mejor suerte’. El pobre ciego le agradeció el gesto, pero antes que pudiese preguntarle nada, el Ejecutivo de la Agencia de Publicidad había desaparecido. Al cabo de unos minutos oyó el sonido de unas monedas que caían en su sobrero, y al cabo de otros minutos, algunas más... y cada vez más. No salía de su asombro al comprobar cómo aquél día había cambiado su vida y estaba recaudando más dinero que otros días. Pero él no sabía qué ponía en el cartel que le había dado aquél hombre. Cuando al acabar la jornada laboral, el Ejecutivo salió del edificio de oficinas, se acercó de nuevo al pobre para interesarse por cómo había ido el día y si la gente le había echado más monedas. El pobre ciego se deshizo en elogios y agradecimiento, contándole el drástico cambio que se había producido y le pidió que por favor le dijese qué había escrito en aquél cartel. Entonces el Ejecutivo se lo leyó: ‘Pone –le dijo- Mañana es Primavera, y yo no podré verla’.
 
Tras esta historia, me bajé del taburete y les hablé de la importancia de la creatividad, de la personalidad y la diferenciación que debe tener la buena Publicidad y que era en esa línea en la que todos debíamos trabajar. Les hice ver que las dos frases venían a decir lo mismo: “Pobre ciego” y “Mañana es Primavera y yo no podré verla”. Pero mientras la primera iba dirigida a la razón, la segunda impactaba en los sentimientos, en la emoción, y cuando cualquiera de nosotros toma una decisión de compra, la emoción siempre suele ganarle la partida a la razón aunque a primera vista no queramos reconocerlo.
 
Tras aquél inusual arranque de mi presentación, pasé a explicar cuáles iban a ser las principales acciones y campañas publicitarias que llevaríamos a cabo durante el siguiente año. La audiencia ya estaba entregada y expectante.
 

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viernes, 18 de octubre de 2024

Cómo sorprender al auditorio

(AZprensa) Para hablar en público –como todo en la vida- lo primero que hay que hacer es pensar en la otra persona, en este caso, en los oyentes que te escuchan sentados en sus butacas. Ponte en su lugar y piensa qué les gustaría escuchar… algo que les sorprenda, algo que sea atractivo, nuevo (pocas veces escuchado), interesante, documentado, útil… Y no sólo el contenido, porque la forma de transmitirlo es igualmente importante: Hablar con voz alta y clara, con pausa y aguantando de vez en cuando un silencio, y sobre todo con lo más importante que si falta en alguna presentación hará que esta fracase: “Entusiasmo”. Si en tu presentación falta entusiasmo, si no lo vives tú en ese momento con entusiasmo, difícilmente impactará en tu audiencia.
 
Luego están algunos trucos como moverse por el escenario, bajar al patio de butacas y moverse por los pasillos, hacer alguna pregunta a alguno de los asistentes… o cosas como esta otra que hice en una ocasión…
 
Subí al escenario con un par de folios y comencé a leer. El contenido de aquellos folios era relativo a unas prácticas que eran habituales en las delegaciones regionales cuando hacían pequeñas acciones locales de Publicidad que yo quería desterrar porque se apartaban de la línea general que la compañía había establecido para su publicidad.
 
Cuando las hube leído, empecé a romper los folios en varios trozos y dejé caer en silencio aquellos pedazos de papel por el escenario. A continuación les dije: “Esto es lo que no debemos hacer”. Y comencé entonces la verdadera presentación en la cual les expliqué una serie de normas y principios básicos que habían de seguirse para que toda la publicidad que se hiciese en la compañía estuviese armonizada.
 

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jueves, 17 de octubre de 2024

Reglas básicas para hablar en público

(AZprensa) Normalmente, cuando se habla en público, los asistentes son agentes pasivos con tendencia a desconectar del orador a las primeras de cambio, por eso es muy importante mantener tensos los hilos que unen al orador con cada uno de ellos. Para colmo, el orador está en otro plano, allí lejos, subido a un escenario, con un micrófono en la mano o escudado detrás de un atril que más parece un parapeto que le proteja de la audiencia, mientras que el público está sentado confortablemente, escondido en el anonimato... y en la penumbra; sí, porque –al menos en nuestras convenciones- las presentaciones se acompañaban de diapositivas y para poder verlas, era necesaria la penumbra, con un simple foco que iluminase al orador.
 
Consciente de estos inconvenientes, fui aprendiendo –a base de experiencia y de cursos de formación- cómo atraer y mantener la atención. Resumiré algunas reglas básicas:
 
Hay que repartir la mirada. El orador debe dirigirse y mirar al público aunque no lo distinga bien en la oscuridad y la distancia, pero no debe mirar a un único punto sino ir mirando un rato hacia un lado, otro rato hacia otro. De esta forma, cada persona del público sentirá que aquella presentación va con él puesto que de vez en cuando le mira a él personalmente, mientras que si el orador sólo mira a un punto, los que estén en el resto de la sala se sentirán ignorados y desconectarán.
 
El orador no puede permanecer estático, sino que debe moverse por el escenario, y si me apuras, incluso bajando a la platea para caminar por los pasillos y que los asistentes sientan la cercanía y... por qué no decirlo, la intranquilidad por si al llegar hasta ellos les hace alguna pregunta. Pero ese caminar debe ser seguro, tranquilo, estudiado... moverse rápidamente de un lado para otro como pollo sin cabeza captaría la atención pero también provocaría la risa.
 
Aunque se llame “orador” a quien habla, no significa esto que tenga que estar hablando todo el tiempo. Lo primero que debe comprender es la necesidad de hacer pausas. El silencio crea expectación y el ir intercalando algunas pausas hacen que el público se interese en lo que vaya a venir después. Eso sí, tampoco se puede abusar de este recurso porque sería contraproducente.
 
Hay que hablar alto, con voz potente aunque se disponga de micrófono; y pronunciando bien para que se nos entienda. Y lo que es muy importante: la boca debe dirigirse al micrófono. Es muy frecuente que –mientras mantenemos el micrófono estático frente a nuestra boca- giremos la cabeza para mirar a un extremo de la sala o para mirar la pantalla de proyección y entonces la boca dirigirá el sonido lejos del micrófono, aunque lo tengamos muy cerca, con la consecuencia que no se oirá lo que decimos. El micrófono, pues, siempre frente a la boca, no pegado a nuestra mejilla. No obstante, hace años que este problema se ha reducido al proliferar los micrófonos de solapa, pero eso lleva otro problema añadido: ¿Qué hacer con las manos?
 
La expresión corporal, el saber mover las manos, es esencial para una buena comunicación. Está muy feo mantener los brazos caídos o meterse las manos en los bolsillos; tampoco gesticular en exceso. Los brazos y las manos sirven para apoyar algunas de las cosas que decimos y así debemos utilizarlos y ensayar cómo hacerlo. Una ayuda sencilla para estos casos es la de tener siempre algo en la mano, por ejemplo un puntero para indicar de vez en cuando cosas en la pantalla, aunque ¡ojo! (y nunca mejor dicho lo de “ojo”) ¡Cuidado con apuntar con el puntero láser al público, que a más de uno le puede dañar la retina... aparte de hacer el ridículo! También se puede tener o coger de vez en cuando algo relacionado con la presentación: un folleto, un envase de producto, etc.
 

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martes, 15 de octubre de 2024

Un buen regalo, siempre es atractivo

(AZprensa) Una de las técnicas que utilizaba para que la audiencia estuviese atenta a mi presentación, era anunciarles que daría un premio a quien acertase (o por sorteo entre quienes acertasen) una pregunta sobre lo que iba a exponerles a continuación. Claro que a veces, el resultado podía ser de lo más inesperado…
 
En una ocasión les anuncié que al final de la presentación les pediría que me dijeran qué mensaje de dicha presentación les había parecido más interesante (algo así como un tipo de encuesta “in situ” para conocer qué les había impactado más de mi presentación y así aprender para el futuro) y que entre todas las respuestas sortearíamos un regalo que, en aquella ocasión en concreto, era un robot de cocina que haría las delicias de sus mujeres... y es que en aquella ocasión el auditorio estaba compuesto por un centenar de hombres... y una sola mujer, Mercedes Gutiérrez, la responsable de Investigación de Mercados.
 
Cuando se hubieron recogido todas las papeletas con sus respuestas llegó el momento de elegir al azar el ganador y, puesto que sólo había una mujer en la sala, le pedí a Mercedes Gutiérrez que fuese su mano inocente la que extrajese la papeleta y determinar así el ganador. Con cierta timidez se levantó y subió al escenario, metió la mano en la urna en donde estaban todas las papeletas, sacó una, la miró... y se quedó muda. “Bueno ¿quién es el ganador?”, le pregunté. Y ella, con voz trémula, casi inaudible, me dijo: “Soy yo, es mi papeleta”. Cuando repetí aquello en voz alta para que todos lo oyeran, sonaron risas y gritos de tongo, pero el sorteo había sido limpio y todos reconocieron que así de caprichosa es la diosa fortuna, por lo que Mercedes regresó cabizbaja y avergonzada hasta su sitio, con el preciado trofeo, mientras la sala se llenaba de una enorme salva de aplausos, porque al fin y al cabo ella era querida por todos y bien que se lo merecía.
 

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sábado, 12 de octubre de 2024

Hablar en público, sí, pero… ¿te escuchan?

(AZprensa) Desde que comencé a hablar en público comprendí que lo más importante era captar y mantener la atención del público, porque ¿de qué te vale contar cosas muy interesantes si todo tu auditorio está bostezando, durmiendo o pensando en otras cosas? ¿De qué sirve un discurso si nadie presta atención? Por eso, no basta con estructurar muy bien tu discurso y contar cosas interesantes en un lenguaje claro, sencillo y directo; es necesario que los espectadores se sientan interesados por lo que les dices y por consiguiente les llegue tu mensaje.
 
Y así lo hice desde mi primera intervención en público, ante un auditorio con más de 100 personas con motivo de una Convención Nacional. Acababa de terminar mis estudios de Publicidad y bien sabía lo importante que es captar la atención, así que –en esa primera ocasión- les propuse un juego al comienzo de mi intervención. Como mi charla iría acompañada de imágenes que se irían proyectando sobre la pantalla, les pedí que estuviesen atentos a todas ellas, ya que al final les preguntaría por algún detalle de las mismas y el acertante (si era uno solo) o por sorteo entre los que acertasen, se concedería un regalo.
 
Al final de la presentación les pedí que escribieran en una papeleta que les habíamos entregado al principio, un detalle de una de las imágenes, en aquél caso concreto de una en la que hablaba de la importancia de la “memoria fotográfica”. Hubo muchos acertantes y, por sorteo, uno de ellos se llevó el premio que –no podía ser de otra forma, dada la pregunta que les formulé- que una cámara fotográfica.
 

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martes, 23 de julio de 2024

La Publicidad y la buena puntería

(AZprensa) Igual que un cazador no puede ir pegando tiros a lo loco para ver si consigue alguna pieza, en Publicidad no se puede ir por ahí poniendo anuncios si no tenemos muy claro quién es nuestro público objetivo (eso que se llama el “target”), dónde está localizado y cómo podemos llegar hasta él…

 
Si hacemos una acertada selección de medios alcanzaremos a nuestro target, aprovechando al máximo nuestros recursos; sin embargo no basta sólo con llegar a nuestra audiencia, hay que intentar “fidelizarla”. Para ello hay muchos sistemas (formación, herramientas de apoyo, etc.) pero también es interesante contemplar la posibilidad de situar nuestra publicidad en emplazamientos, secciones o programas fijos, ya que de esta forma iremos directamente a la audiencia fija que ya tenían de por sí esos espacios.
 
Por otra parte, nos encontramos con frecuencia con un target tan disperso que hace estériles nuestros esfuerzos de realizar sobre ellos una campaña publicitaria con la necesaria intensidad. Hay no obstante otras alternativas. Una de ellas es que si nuestro target está muy disperso, vamos a actuar sobre él cuando esté concentrado. ¿A qué me refiero? Muy sencillo, siempre hay en todos los sectores, acontecimientos que reúnen a nuestro público (congresos, ferias, etc.). Sabemos que con ese motivo se van a reunir en un punto concreto numerosos clientes potenciales, y es ahí donde podemos volcar nuestro esfuerzo. Si una ciudad acoge durante dos días una celebración de este tipo, inundemos dicha ciudad con nuestros mensajes en vallas, en prensa, en radio… Al concentrar nuestro esfuerzo en muy poco espacio de tiempo y muy poca extensión geográfica y numérica de medios, el número de impactos y el efecto sinérgico entre todos ellos será muy alto, y además con la seguridad de haber alcanzado a una porción muy amplia, cuantificable y selecta de nuestro público.
 

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jueves, 22 de diciembre de 2022

Madrid apuesta por la transparencia y la colaboración público-privada en la Sanidad

(AZprensa) El Círculo de la Sanidad, cuyos asociados dan servicio al 80% de hospitales y centros sanitarios públicos españoles, ha elogiado públicamente la decisión de la Comunidad de Madrid de compartir las historias clínicas entre entidades públicas y privadas, destacando que este ejemplo deberían copiarlo el resto de Comunidades Autónomas. “Se trata de una reivindicación histórica del Círculo que supondrá un enorme avance en la atención al paciente; no debemos perder el foco de que la sanidad es solo una y debe ser lo más eficaz posible”, ha señalado el presidente de la asociación, Ángel Puente.
 
La Comunidad de Madrid acaba de aprobar en asamblea una modificación de la Ley de Ordenación Sanitaria, conocida como Ley Ómnibus, que permitirá compartir los datos clínicos entre entidades públicas y privadas a la vez que fomenta la colaboración entre las mismas. Una colaboración que ha sido y es una herramienta de enorme utilidad y que, por encima de todo, beneficiará al paciente. “La falta de transparencia en el manejo de los historiales perjudica a los usuarios, que ven excluidos datos que pueden ser de inmensa importancia en algunos diagnósticos o tratamientos cuando estos acudan al servicio público”, ha añadido Ángel Puente. 
 
Como la colaboración público-privada es uno de los pilares del Sistema Nacional de Salud, el presidente del Círculo de la Sanidad, ha insistido en que “la colaboración público-privada es ahora más necesaria que nunca. Sin ella, es imposible que el sistema resista”.
 
Las empresas del Círculo de la Sanidad trabajan con más del 80% de los hospitales públicos españoles y proveen a las administraciones sanitarias de servicios tan variados como el de la logística sanitaria y biosanitaria, la producción de gases de uso médico, la gestión de hospitales, electromedicina, ingeniería, consultoría, farmacología, tecnología médica avanzada y muchos otros, y son una parte esencial para el funcionamiento de la infraestructura sanitaria pública española.
 

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martes, 16 de agosto de 2022

La Publicidad no es suficiente

(AZprensa) Había pasado más de una década en el sector farmacéutico, haciendo una publicidad que quedaba limitada a muy pocos medios. Ahora, estos años en el sector de consumo (insecticidas, fungicidas, herbicidas y un sinfín de productos para cuidar los cultivos) con todos los medios de comunicación al alcance y unos presupuestos anuales millonarios, se convirtieron en una época de enorme disfrute en donde pude dar rienda suelta a toda mi creatividad.
 
Esto sí que era Publicidad (con mayúsculas, como siempre me ha gustado escribirla) y yo escribía mucho (que era lo que más me gustaba)… pero no dejaba ser Publicidad  y un buen día comprendí que había otra forma de llegar al público y transmitir a los clientes algo tan esencial como la “confianza”. Pero para ello debía abordar otra vía porque la Publicidad ya sabe todo el mundo lo que es: el interesado que habla bien de lo suyo. ¡Faltaría más! Por eso su credibilidad es muy relativa. En cambio veía cómo los periódicos, radios y televisiones daban noticias sobre ciertas empresas y sus productos, unas informaciones que evidentemente no estaban pagadas porque con frecuencia eran críticas. Pero cuando aquello se manejaba bien, el leer, ver o escuchar noticias positivas sobre un producto o una empresa  tiene un impacto enorme sobre la audiencia, mucho más que el que puede conseguir la Publicidad.
 
Era consciente de esa “otra vía” pero nunca había tenido la oportunidad de explorarla, y encima era una vía “redaccional”, es decir, que me daría la oportunidad de escribir mucho… y eso era lo que más me gustaba. Ese mundo me abrió una rendija con la campaña de relanzamiento de la compañía, cuando cambió su nombre y logotipo, y yo me decidí a explorarla…



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viernes, 17 de diciembre de 2021

Público general, medicamentos, publicidad e información

(AZprensa) 
Los consumidores continúan extendiendo su papel protagonista y alzan su voz en un área (la salud) en la que hasta hace poco tiempo sólo jugaban un papel secundario, a pesar de ser ellos los principales protagonistas. 
 
Cada día es mayor la demanda de información sobre todo aquello que pueda repercutir en una mejoría de la salud y de la calidad de vida de los pacientes y así, estos exigen su derecho a estar informados sobre los avances científicos que se producen en este terreno y en un mejor conocimiento de su enfermedad. 
 
Mientras hablemos de “información” (no confundirla con la “publicidad”) no debe alarmarse nadie. Otra cosa diferente es, en efecto, la publicidad dirigida al consumidor tal como lleva años realizándose en Estados Unidos, y que exige debates más amplios. Tanto Estados Unidos como Nueva Zelanda, fueron los pioneros en admitir la publicidad de medicamentos de prescripción en los medios generales dirigidos al público (radio, televisión, prensa, etc.). En Estados Unidos, por ejemplo, la comunicación directa al consumidor (DTC o direct to consumer) se inició en 1985 y en 1989 comenzó a incluir el nombre comercial de los productos es esos mensajes publicitarios. Un salto cualitativo importante se dio en 1992 cuando se incorporó la televisión a esos medios admitidos para la difusión de los mensajes, dando lugar no obstante a una regulación de esas actividades por parte de la Federal Drug Administration (FDA) en 1997. 
 
Pero no debe confundirse nunca la publicidad con la información. Respecto a esta última conviene recordar que un paciente bien informado sobre su medicamento y sobre su enfermedad acudirá al médico cuando lo necesite, en vez de recurrir a la automedicación (con sus consiguientes riesgos para la salud); sabrá exponer mejor sus dolencias (con lo que al médico le resultará más fácil establecer el diagnóstico apropiado); entenderá mejor las explicaciones del médico (con lo que optimizará el siempre corto tiempo de duración de la visita); aceptará mejor las recomendaciones del médico (incrementándose el nivel de confianza médico-paciente); y finalmente seguirá fielmente el tratamiento (reduciéndose así esa auténtica lacra sanitaria y económica que supone el incumplimiento terapéutico). 
 
La información al paciente reporta indudables beneficios sanitarios, sociales y económicos, por lo que desde todas las instancias debe favorecerse esta demanda, como ya lo están haciendo los medios de comunicación, las organizaciones médicas, las asociaciones de pacientes... Sin embargo apenas si se escucha la voz de los auténticos protagonistas, de los que más saben de medicamentos: los laboratorios farmacéuticos responsables de la investigación, el descubrimiento, el desarrollo y la aplicación clínica de sus propios medicamentos. 
 
Con demasiada frecuencia se confunden publicidad e información, sobre todo cuando el emisor de la información es el laboratorio propietario del medicamento. A los laboratorios les da miedo infringir la ley sin darse cuenta que la mayor parte de las veces sus mensajes “informativos” están generados desde marketing y por consiguiente tienen un claro cariz publicitario. Por ello, la labor de los departamentos de comunicación de los laboratorios, a cuya cabeza deben estar periodistas y comunicadores especializados, resulta esencial. Cuando la voz de los laboratorios no llega directamente al consumidor, se está privando al consumidor de una fuente de información; precisamente de aquella fuente de información que más sabe del producto. Porque ¿quién va a saber más de un medicamento que quien lo ha descubierto, desarrollado, fabricado y comercializado? 
 
Una constante de los laboratorios farmacéuticos debería ser la transparencia informativa y esta no es otra que comunicarse con la sociedad de forma directa y bidireccional, es decir, en ambos sentidos: tanto desde el laboratorio a los ciudadanos como de estos al creador de los medicamentos que están utilizando o pueden utilizar. Además, no se debe olvidar que cualquier ciudadano tiene derecho a saber qué actividades realiza, qué productos tiene, cómo los fabrica, qué repercusión pueden tener dichos productos sobre la persona y sobre el medio ambiente, qué contribución social realizan, qué beneficios obtienen, cómo desarrollan su trabajo, etc. Los ciudadanos tienen derecho a conocer todos estos extremos de cualquier empresa implantada en su país; y, al mismo tiempo, no se debe privar a dichas empresas del derecho a contar por propia iniciativa todas estas cosas a los ciudadanos, bien sea a través de intermediarios como los medios de comunicación o directamente a través de medios digitales o impresos puestos en marcha por dichas empresas. 
 
La única condición que debe exigirse (y para ello existen no sólo las medidas de autocontrol sino también medidas externas de control) es que dicha información sea sólo eso: información. 
 
No olvidemos que la publicidad es algo que incita al consumo (esa es su razón de ser) y en el ámbito de la salud no se debe incitar al consumo sino sólo a la utilización que sea necesaria y que es el médico quien mejor puede determinarla. Por el contrario, la información incita a la responsabilidad a través del conocimiento, y si esto es beneficioso en todos los ámbitos más aún lo es en el ámbito de la salud.


"La Comunicación en la industria farmacéutica", así es el ideal de transparencia informativa que deberían tener los laboratorios farmacéuticos.
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