martes, 21 de junio de 2022

El laboratorio que jugaba con ventaja

(AZprensa) La siguiente escala, tras mi fugaz paso por Acento de Publicidad fue, por fin, otro laboratorio farmacéutico y uno de los más importantes: Bristol Myers. Una de las sorpresas que me llevé al poco de estar allí estuvo relacionada con eso de “los regalos” que se hacen a los médicos, antes de forma exagerada por lo mucho y ahora exagerada por lo poco.
 
Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX era costumbre que los laboratorios farmacéuticos hiciesen muchos regalos promocionales, sobre todo a los médicos pero también a los farmacéuticos. Puedo dar fe que una parte muy importante del presupuesto de Promoción de los laboratorios estaba destinada a “regalos” que en los años 70 podían ser de cualquier clase, siempre que no fueran cosas demasiado caras que entrarían en la categoría de sobornos. Calculadoras, paraguas, bolígrafos, libretas, carteras… cualquier cosa de precio pequeño era susceptible de ser serigrafiada con el nombre de un producto para regalarla a los médicos a través de los visitadores médicos. Lógicamente, los visitadores médicos nos exigían siempre el mayor y mejor número de regalos porque llevándolos serían mejor atendidos y tendrían más posibilidades de éxito en su gestión informativo-comercial. Por nuestra parte, el presupuesto de que disponíamos siempre era limitado y debíamos utilizar el ingenio para encontrar regalos buenos, bonitos y baratos. Pero había un laboratorio que jugaba con ventaja sobre todos los demás, y ese laboratorio era Bristol Myers. Y yo tuve ocasión de comprobarlo nada más aterrizar allí…
 
Aquél día vi aparecer por nuestra zona a una empleada del Departamento de Personal, la cual llevaba unas grandes bolsas de papel que las iba repartiendo a los empleados. Cuando llegó mi turno y me la entregó, no salía de mi asombro; la bolsa contenía un par de tubos de pasta dentífrica Profidén, un envase de fijador Patrick, unas cremas hidratantes, y no sé cuántas cosas más del ámbito de la perfumería. Pregunté que qué era aquello y me explicaron que la marca Profidén y toda una amplia gama de productos de perfumería, pertenecían a la división de consumo de Bristol Myers y cada mes entregaban un lote de sus productos como regalo a los empleados. Fue una alegría llegar a casa con todo eso, puesto que se trataba de productos de primera calidad, de uso habitual en todos los hogares... y gratis. Para cualquier empresario que disponga de un arma como esta, debo reconocer que es una forma muy barata y eficacísima de ganarse la fidelización de los empleados, y la de sus familias. Por muy poco se puede motivar eficazmente a los empleados y esta era una buena prueba de ello.
 
Pero Bristol era muy listo en este aspecto y jugaba una importante baza adicional: sus visitadores médicos disponían de todos estos productos de perfumería para entregarlos como obsequio a los médicos que visitaban, para regocijo de dichos médicos y de sus familias respectivas. Mataban dos pájaros de un tiro: Por una parte, disponer de regalos muy apetecibles para quien los recibe, pero baratos para la compañía al ser productos fabricados por la misma; y por otra parte, ganarse nuevos clientes para su línea de perfumería ya que los médicos y sus familias irían conociendo todos esos productos y también comprarían algunos de ellos en lo sucesivo, aunque en cada visita siempre recibiesen algunos gratis.
 
Por lo que respecta a los visitadores médicos, estos eran la envidia del sector, ya que siempre eran bien recibidos. ¿A quién no le apetece –sea médico o no- que le regalen un lote de productos de belleza y perfumería? Eso es jugar con ventaja.


Las divertidas e incluso instructivas anécdotas de un Director de Comunicación en su trayectoria profesional por Zeltia, Syngenta, Bristol Myers, AstraZeneca y la OMC.

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