Mostrando entradas con la etiqueta grabación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta grabación. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de abril de 2023

Decálogo de la voz

(AZprensa) Voz, imagen y lenguaje no verbal son los tres elementos fundamentales para que el ser humano practique idóneamente la comunicación con el resto de personas, ya sea en el ámbito presencial -en conversaciones privadas o en reuniones profesionales- para hablar en público, a través del teléfono o de aplicaciones de audio y en las plataformas de videoconferencias online. Para centramos en la voz como herramienta de comunicación, con los matices que puede adoptar su tono y timbre, el experto en comunicación de la Fundación Casaverde, Julio García, propone en este “Decálogo de la voz” puntos básicos o pautas para potenciarla y sacar el máximo rendimiento a la expresión oral.
 
DECÁLOGO Y PAUTAS DE LA VOZ
 
1.- Voces graves, agudas y medias
 
Nuestra voz encajará en una de estas tres áreas de catalogación: voces graves, agudas y medias. El tono grave es fácilmente reconocible porque se apoya en la garganta y fluye de manera profunda, la aguda es aquella que puede resultar chillona al oído, y media es la que ofrece más matices y registros por poder ser maleable y dúctil en la entonación de las palabras y configuración de las frases.
 
2.- Trabajar y educar la voz
 
La voz se puede trabajar y mejorar. A través de ejercicios de respiración diafragmática, expulsamos el aire y pronunciamos sílabas en tono alto, medio y bajo para difundir los mensajes de manera adecuada. Es necesario practicar y ensayar con asiduidad, grabar el sonido y escuchar. Resulta útil trabajar con habilidad los silencios en una conversación para llamar la atención del interlocutor. Un silencio a tiempo pondrá en valor la palabra con la que arranque la siguiente frase.
 
3.- Proyectar y lanzar la voz
 
Debemos proyectar nuestra voz. El sonido no debe quedar tapado y oculto en la boca. Es imprescindible hablar en tono medio y alto, si lo requiere la frase o la palabra que pronunciamos. Debe ser nuestro objetivo evitar la monotonía de la voz, subir y bajar su volumen para remarcar o acentuar determinados fragmentos de la conversación.
 
4.- Pronunciar correctamente
 
Hay que vocalizar bien, pronunciar correctamente cada sílaba y cada letra. Nos ayudará a ello realizar ejercicios de vocalización abriendo la boca, marcando y separando sílabas y deletreando. Cada expresión necesita un modo distinto de adaptación al mensaje que queremos transmitir y así poder crear imágenes con las palabras por la forma en que las decimos. Es lo que denominamos hablar con “intención” para huir de la voz plana y obtener diferentes registros de nuestra manera de hablar.
 
5.- La respiración ayuda a modular la voz
 
Hay que respirar adecuadamente para no acabar ahogados al final de las frases. Las comas y los puntos que hagamos con la expresión oral, o la lectura en voz alta, deben ser aprovechados con los mínimos descansos de escasos segundos que hagamos, para oxigenar la voz; no forzarla, hablar en tonos que nos resulten cómodos para que no sufra la garganta.
 
6.- Terminar las frases en tono elevado
 
No bajar el tono de las frases al final. Cada fragmento oral que pronunciamos debe dejar al interlocutor que nos escucha con ganas de escuchar el siguiente. Por tanto, no se trata de “desinflar” el mensaje, sino de dar importancia y relieve al final de frase para que enganche adecuadamente con la siguiente.
 
7.- Identifiquemos nuestra voz
 
Es necesario conocer nuestra voz. Para ello podemos grabarla en el móvil y escuchar. Seguramente no reconozcamos nuestra voz al principio, pero con la escucha activa observaremos que podemos mejorar si practicamos y realizamos ejercicios de lectura en voz alta. Preguntemos a los demás que les parece nuestra voz.
 
8.- No “pisar” las conversaciones
 
No mezclar conversaciones. Dejar hablar a los demás. Esperar un turno de palabra para que no se superpongan las voces porque se contamina la conversación y se hace ininteligible. Debatir con respeto a los demás y procurando que alguien ejerza de moderador cuando hablen más de dos personas.
 
9.- Fijar titulares
 
Dar titulares. Frases cortas e impactantes. Ideas concretas. No mezclar temas. Hay que responder exactamente a lo que se nos pregunta. Lo que queda en el subconsciente de la persona es la frase que más llama la atención. Un titular periodístico de 4 o 5 palabras es más efectivo que un texto extenso.
 
10.- Sintetizar y condensar
 
Condensar, resumir. Hacer balance al final del discurso o la charla, ya sea en conversaciones personales o profesionales. Si el diálogo, el debate o el discurso son muy largos, cada poco tiempo se debe resumir de lo anterior y retomar la charla. Hay que dejar tiempo para pensar y asimilar conceptos, medir el ritmo del habla para no ir muy lento ni demasiado rápido.
 
Estos son elementos clave que podemos practicar de manera cómoda y sencilla en cualquier momento. Primero, podemos trabajar individualmente y luego con más personas, en el ámbito familiar, social o profesional. La voz se cuida, se trabaja, se puede modelar y nos va a servir siempre para comunicar con más eficacia. Pero además, tengamos en cuenta que los silencios provocados tienen a veces más fuerza que las propias palabras. Se dice a veces más con lo que se calla que con lo que se habla.
 

Un pueblo, un idioma, una sonrisa…
“Diccionario Daimieleño – Español”: https://amzn.to/3qT88mu

lunes, 8 de agosto de 2022

Cómo ahorrar en la Radio

(AZprensa) La Radio era algo que me apasionaba. Me encantaba escribir para la radio, aunque esos textos fuesen esas piezas mínimas de 20 ó 30 segundos que se llaman cuñas. Exigía algo muy importante como es la capacidad de síntesis, pero también la capacidad de captar de inmediato la atención y el interés del oyente. En la mayoría de las empresas, el responsable de Publicidad le da sus ideas a la Agencia de Publicidad y esta se encarga de todo; en mi caso no. Era yo mismo quien escribía los textos y los adaptaba a la duración que hubiese previsto inicialmente. Después me iba a un estudio de grabación y elegía qué locutor quería para grabar el anuncio, en función del tono que le hubiese dado al texto y al mensaje. Co-dirigía la sesión de grabación, dando las instrucciones precisas tanto al técnico de sonido como al locutor, y normalmente elegía locutores de primer nivel, porque una cosa es ahorrar y otra muy distinta hacer materiales de mala calidad. Ahorraba, pues, al involucrarme directamente en todos los procesos de realización de los materiales y piezas publicitarias, pero mantenía siempre una calidad óptima en todos los procesos. Prueba de ello es que, por ejemplo, mis locutores preferidos eran Elías Rodríguez y Primitivo Rojas. El primero era una de las voces más conocidas y su habilidad llegaba a tal extremo que si por ejemplo en un primer intento había leído el texto de la cuña en 21 segundos, yo le pedía que la bajase un segundo para dejarla en 20 segundos… ¡y lo conseguía de inmediato! El segundo locutor que he citado también era muy conocido, sobre todo porque era la voz en off de aquél concurso de televisión tan famoso que se llamaba “El precio justo” y que en 2021 se volvió a emitir, con otros profesionales y ya sin tanto éxito. ¡Ah! Y por lo que se refiere al estudio de grabación, era siempre el mismo porque se trataba de un “artesano” de primerísima calidad, Carlos Infante, y como él mismo era su estudio al completo, no tenía que soportar grandes gastos ni pagar sueldos a los empleados, y eso se traducía en precios más bajos. Y si hablamos de audiovisuales (y hacíamos muchísimos) el proceso era exactamente el mismo.
 


“Médico, periodista y poeta”: 

viernes, 15 de julio de 2022

La empresa de vídeo más vaga del mundo

(AZprensa) Ya estaba todo listo para el lanzamiento de un nuevo insecticida que llevaba por nombre “Kárate” y lógicamente aquello me inspiró ligar la campaña a dicho deporte. Como además este insecticida era muy poco contaminante, le puse un eslogan muy apropiado: “Lucha limpio” en clara alusión al “fair play” y a la lucha contra los insectos que atacan los cultivos sin contaminar el medio ambiente.
 
Todos los materiales publicitarios de la campaña giraban en torno a esto, la figura de un karateca y los insectos que caían fulminados a golpes de Kárate. Se decidió hacer una convención de presentación en el hotel Los Lebreros, de Sevilla, a la que se invitó a más de 100 distribuidores que abarrotaron el precioso salón de actos.
 
Como, además de ser un lanzamiento importante, les tenía reservada una sorpresa, contraté  una empresa de vídeo local para que grabase toda la convención. Fueron comenzando las presentaciones del producto a cargo del Jefe de Ventas, director de Marketing y Jefe de Producto, y finalmente me llegó el turno. Subí al escenario y les anuncié que nadie conocía mejor el Kárate que nuestros siguientes invitados, y fui dando paso a cuatro campeonas del mundo y de España de Kárate, las cuales realizaron una exhibición de este deporte.
 
La presentación resultó un éxito y, ya en Madrid, al cabo de unos pocos días, recibí la ansiada cinta de video con todo el acto de presentación del producto en aquél magnífico escenario. Fuimos raudos a visionarla y allí vimos cómo el Jefe de Ventas subía al estrado y comenzaba su presentación. Seguimos atentos, una vez más su presentación, y vimos cómo este daba las explicaciones pertinentes y, para apoyar sus palabras y dejar bien claras las posibilidades de venta del producto, se apartaba del atril para destacar algunas cifras que se estaban proyectando en la pantalla, pero… ¡seguíamos viendo el atril ahora vacío, mientras escuchábamos lo que estaba diciendo el Jefe de Ventas! “¿Qué ha pasado? ¿Qué es esto? ¿Por qué no se mueve la cámara para seguir al ponente?”, nos dijimos todos asombrados. Pero pasaban los minutos y la imagen seguía fija mostrando el atril vacío. Ya desesperados comenzamos a pasar deprisa la cinta y todo seguía igual hasta que por fin veíamos al siguiente ponente que se situaba en el atril y comenzaba a hablar, pero al poco desaparecía de pantalla porque también se dirigía al centro del escenario para continuar su presentación. ¡La cámara seguía inmóvil grabando el atril vacío! Y luego vino el Jefe de Producto y desapareció como los anteriores, y finalmente aparecí yo y también desaparecí y ni una sola karateca aparecía en pantalla porque sólo se veía el atril aunque se escuchasen sus gritos y sus golpes como sonido de fondo. ¡Eso fue lo que grabó y tuvo la caradura de enviarnos! ¡El tío colocó la cámara, enfocó al atril y se largó!
 
Lógicamente lo llamé indignado, y más cuando junto a la cinta que nos había enviado adjuntaba la factura. Le recriminé su poca profesionalidad y el trastorno que nos había causado y que, por supuesto, no le pagaríamos esa factura porque además ya no había arreglo posible. El tío (llamémosle así) tampoco se inmutó demasiado y creo que sólo dijo algo así como “bueno” y seguramente volvería tomarse unas cañas y echarse una siesta esperando que alguna otra empresa pensase que se trataba de una empresa “normal”.
 

Anécdotas del apasionante mundo de la Comunicación:
“Memorias de un Dircom” https://amzn.to/32zBYmg 

miércoles, 6 de julio de 2022

El día que aprendí chino

(AZprensa) En realidad no puedo decir que sepa chino ni que nunca lo haya aprendido, pero sí que en una ocasión tuve que trabajar en este idioma. La empresa de agroquímicos para la que trabajaba, ICI-Zeltia (hoy se llama Syngenta), mantenía muchas y buenas relaciones comerciales con empresas similares de China y Japón, las cuales le licenciaban productos para que los comercializásemos en España.
 
Acababa de realizar un audiovisual (a base de diapositivas –que era lo más moderno en aquella época- con muchos efectos especiales tales como fundidos, barridos, parpadeos, mosaicos, etc.) que serviría como carta de presentación de la empresa ante clientes, proveedores... y otras empresas con quienes se desease tener buenas relaciones comerciales. Aquello obligaba a hacer un doblaje del mismo al inglés, pero teniendo en cuenta que una buena parte de las relaciones comerciales se mantenían con empresas orientales, se pensó en hacer también otro doblaje... al chino.
 
El primer reto era buscar un locutor chino, tarea realmente difícil porque no bastaba con que fuese chino y hablase ese idioma, sino que tuviese dotes de locutor. Sin embargo dio la casualidad que el director general de la compañía (que en aquella época era Alfredo Rubín) estaba aprendiendo ese idioma y su profesor era un cura español que había pasado muchos años en china, hablaba el idioma perfectamente y tenía buena voz y dicción. El texto en español se dio a traducir a través de la embajada y al cura locutor se le ofreció una remuneración económica que él destinó a fines humanitarios.
 
Por fin llegó el día de la grabación. El cura ya estaba en la cabina de locución. Yo estaba con el técnico de sonido al otro lado, y frente a mí tenía varias hojas llenas de signos incomprensibles. No podía saber lo que el locutor estaba diciendo, ni siquiera si la entonación que le daba era la correcta, porque no tenía ni idea de por qué parte de la locución iba. Aquello era sencillamente caótico.
 
Decidimos hacer una pausa y le pedimos al cura locutor que nos marcase en nuestra copia de texto en chino las palabras clave que daban paso a cada secuencia, para así saber por dónde iba y tener al menos una vaga idea de si él estaba dando la entonación adecuada a cada párrafo. Tuve que aprenderme, pues, el sonido figurado que corresponde a algunos de aquellos dibujos que para los chinos son palabras. Sólo así pude, después, tener una idea de por qué parte del texto iba el locutor.
 
Nunca olvidaré el día de su estreno, cuando una delegación comercial china llegó a nuestras oficinas y se les dijo que, como presentación de nuestra compañía, les íbamos a proyectar un audiovisual. Mostraron su complacencia pero pensando que –tal como les había sucedido en otras ocasiones cuando visitaban otras empresas- dicho audiovisual estaría en inglés, idioma con el que todos los europeos se entendían con ellos. ¡Cuál no sería su sorpresa y sus caras de asombro, cuando comenzaron a ver el audiovisual y, sobre todo, a oír aquella locución en su idioma natal! No os podéis hacer idea de la cantidad de reverencias, agradecimiento y elogios que hicieron por haber tenido aquél detalle de exquisita cortesía. La reunión fue un éxito y pude saber –por lo que ellos dijeron- que el cura locutor había hecho un buen trabajo. Por mi parte, recuerdo aquella insólita experiencia como uno de los retos más difíciles de mi carrera, y es que todo aquello... ¡me sonaba a chino!
 

Las divertidas, e incluso instructivas, anécdotas de un Director de Comunicación que trabajó en los grupos Zeltia, Syngenta, Bristol Myers, AstraZeneca y la Organización Médica Colegial:
“Memorias de un Dircom” https://amzn.to/32zBYmg