lunes, 26 de octubre de 2015

A los enfermeros les han tomado el pelo

(Diario El Inefable) Ofrecemos a continuación un artículo de opinión sobre la denominada “prescripción enfermera”:

Hace muchos años los médicos, enfermeros y farmacéuticos vivían en paz y armonía. Cualquier paciente sabía que para unos síntomas preocupantes debía acudir al médico y para pequeñas dolencias bastaba con acudir al farmacéutico o al profesional de enfermería. Pero andaban por allí los visitadores médicos de los laboratorios farmacéuticos que los visitaban de forma regular y los agasajaban para que recetasen sus productos. Los médicos recetaban, los farmacéuticos te decían lo que debías tomar salvo que fuese un fármaco muy específico (antipsicótico, antibiótico, anticoagulante, etc.) en cuyo caso te recomendaban que visitases al médico, y los profesionales de enfermería hacían exactamente lo mismo que los farmacéuticos y además se ocupaban de todo lo relacionado con los primeros auxilios y diversos cuidados de la salud. Todo era paz y armonía, como digo, hasta que el máximo dirigente de los Enfermeros sintió celos de los agasajos que recibían los médicos (como eran los que más recetaban, eran también los que más favores de los laboratorios recibían) y se dijo que “nosotros también queremos recibir el mismo trato”, para lo cual tenía que conseguir la palabra “recetar” para designar lo que hacían estos profesionales. Y empezó la guerra.

Si al principio sólo hubo algunas escaramuzas, las batallas en serio comenzaron allá por el año 2007. De un lado, el presidente –entonces- de la OMC, Isacio Siguero, al que se le escapaba con frecuencia un ejemplo que irritaba sobremanera a los profesionales de enfermería, cuando decía que “los médicos son los pilotos y las enfermeras las azafatas”. De otro lado, el presidente de Enfermería, Máximo González Jurado, reclamando para estos profesionales unas competencias iguales a las de los médicos y llevando esta carrera a lo más alto (en calidad y duración) del escalón universitario.

Hoy, por fin (el pasado viernes 23 de octubre) el Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto diciendo que los enfermeros pueden “indicar” (no les conceden la palabra “recetar”) medicamentos... pero sólo aquellos que no necesiten receta. Y si “no necesitan receta” ¿qué diferencia hay entre un enfermero que “indica” que te tomes un paracetamol y una vecina que te “indica” exactamente lo mismo? Los dirigentes médicos están contentos porque han ganado la guerra y a los profesionales de enfermería, sencillamente, les han tomado el pelo. ¡Ah! y para colmo, a los enfermeros se les exigirá que para “indicar” (lo mismo que hace mi vecina) un medicamento que no necesita prescripción, deberán pasar un programa formativo específico que fijará Sanidad.

Han tenido que pasar más de ocho años y 90 borradores, amén de innumerables reuniones y batallas dialécticas, para que al fin dejen las cosas peor que estaban antes de empezar la guerra. Antes, los enfermeros “recetaban” (aunque no utilizasen esa palabra) y descongestionaban el sistema sanitario, dando a los pacientes un cuidado y una atención más cercana y humana que la de los médicos (“que pase el siguiente” era la frase que se oía cada tres minutos en cualquier consulta médica); ahora –en cambio- con este Real Decreto lo que se hace es poner un freno legal al ejercicio de la profesión de enfermería tal como han venido haciendo hasta hoy.

A partir de ahora, los profesionales de enfermería no podrán poner vacunas (ni siquiera una del tétanos –por ejemplo- cuando alguien llega herido y con riesgo de contraer dicha enfermedad) si antes no llega el paciente con una receta del médico. Como se quejaba una enfermera “¿para qué nos dan formación sobre la gripe si no podemos recomendarles ningún producto de receta ni ponerles la vacuna?”.

Como vemos, la ambición y protagonismo de unos cuantos dirigentes ha hecho volar en mil pedazos la buena armonía que existía hace años entre estos tres colectivos sanitarios. Si los profesionales de enfermería hacen ahora una “huelga de celo” y se limitan a hacer sólo lo que por ley se les autoriza, estarán en su derecho, y el sistema sanitario se colapsará. Tendremos entonces que ir a casa de la vecina a que nos recete aquello que le fue bien a su cuñada y lo compraremos sin más problemas, en la farmacia.

Vicente Fisac
Periodista al que le tocó actuar como corresponsal de guerra, en el bando de los médicos, en este encuentro bélico

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Vicente, opino que tu artículo es sencillamente genial. Me parece clarificador (más claro que el agua), neutral (pese a tu posición de ex-parte), y deliciosamente expresado (ya se sabe la receta: dos de humor, tres de naturalidad, y una pizca de acidez para darle intención).

Quizá habría que matizar el papel de otro actor principal de esta película: los sistemas político/burocrático/sanitarios, cuya organización y funcionamiento responden en la mayoría de las ocasiones a criterios de eficiencia y ahorro (salvo para sus cargos designados, que pueden tener sueldos astronómicos), y que provocan gran parte de las disfunciones: luchas y cuotas de poder en la gestión, en las atribuciones de funciones y responsabilidades, etc.

Este es uno de los caballos de batalla de Enfermería como profesión, que también se ve reflejado en la realidad de la prescripción: por ejemplo, el sistema obliga en muchas ocasiones a "indicar" medicamentos o tratamientos para los cuales el profesional de la Enfermería no está amparado por la ley. Pero curiosamente, debe hacerlo por orden de sus propios superiores.

Eso sí, habría que recordarles a esos profesionales de la enfermería que no pueden pedir el derecho a prescribir para ellos y la responsabilidad de hacerlo para el médico...

En cualquier caso, sigo diciendo que tu artículo es simplemente genial, y describe la realidad como solamente alguien de tu experiencia puede hacerlo.

Pero ten cuidado, estimado arriesgado corresponsal de guerra, porque te acabas de poner en una posición expuesta, y te van a llover proyectiles de todos los calibres... ¡y posiblemente desde todas las direcciones!

¡Un abrazo desde Graná de alguien que se considera un buen amigo tuyo, estimado maestro!



Palabras Inefables dijo...

Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Nestluis dijo...

Yo soy enfermero (y como tal, parte en este debate) y soy un orgulloso enfermero desde el día en que decidí, pese a que mi nota de selectividad me permitía miles de opciones, estudiar enfermería porque eso era lo que me gustaba. Y desde eso han pasado casi 25 años y no me he arrepentido nunca. Nunca he querido ser médico, nunca me he sentido menos ni más que otros profesionales de la salud y nunca me he sentido tentado por sucumbir a los encantos de los representantes de las farmacéuticas.

Como usted bien dice, entre farmacéuticos, enfermeros y médicos ha existido siempre una tensa calma, yo siempre me he sentido ansiosamente tranquilo con el desarrollo diario de mi profesión, basada como usted sabrá en un aún no derogado estatuto del año 1973, ni mas ni menos. Pero llegados al punto en el que las denuncias comienzan a ser la norma en lugar de la excepción y vista la exagerada reacción del presidente de los colegios Médicos, equiparando que yo "prescriba" un gelocatil con un homicidio en ciernes me ha vuelto un poco más ansioso y un poco menos tranquilo.

Decir que los enfermeros no tenemos los conocimientos necesarios para prescribir, es algo menos que faltar a la verdad, lo hacemos a diario, no solo con las vacunas, los apósitos, o los productos farmaceuticos que se prescriben a diario tanto en el hospital como en las consultas de primaria, si no incluso haciendo de consejeros a algunos facultativos en tratamientos que, por repetición de uso, casi se han vuelto protocolos en nuestras unidades y que en ocasiones no son conocidos por los médicos más jóvenes.

Aún así, nunca me ha llamado la supuesta dignidad que conlleva poder prescribir a un paciente un medicamento que él mismo puede comprar en la farmacia sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Me parece de todo punto rídiculo. En mi carrera universitaria de tres años, estudié dos años completos de farmacología, sin contar con la farmacología aplicada en las clases de patologías, supongo que eso no me da para decidir que antibiótico le pongo a un paciente por mi cuenta y riesgo (seguro que hasta me caía un rayo del cielo), pero seguro que tal vez me valga para prescribir a un paciente que tipo de pañales debe usar, prescribir que apósito debo ponerle en una herida que yo mismo trato o prescribir que tipo de medias de compresión son las más adecuadas para una paciente que acude a mi consulta. Todo ello tras hacer un DIAGNÓSTICO DE ENFERMERÍA, porque algunos olvidan que la palabra diagnóstico no sólo esta unida a los médicos (aunque algunos piensan que es suya, como la palabra doctor), ya que aún hace poco un mecánico le ha hecho un diagnóstico electrónico a mi coche.
No aspiro a ser lo que no soy, sobre todo porque lo que soy es lo que quiero ser. El que se sienta amenazado debería hacérselo mirar con detenimiento, con o sin prescripción posterior.

Por mi parte, renuncio a "indicar" nada, para indicar están los prospectos de los medicamentos, cada uno que se lea los que crean correspondientes (o lo que les recomiende su vecina del cuarto).

Y por supuesto, a las 4 de la madrugada, me negaré a "indicar", "prescribir" o "recomendar" nada, por más que a ojos del que a esas horas duerme, me haya vuelto una eminencia en farmacología con tal de no levantarse de la cama.

Lo malo de intentar arreglar juguetes averiados sin saber, es que la mayoría de las veces acabas por romperlo de todo, y muy tonto ha de ser un enfermero para jugarse su trabajo por un "buen rollismo" y una "paz y armonía" que tienen muy difícil encaje legal delante de un juez.

Por mi parte, prefiero mil veces "prescribir" una palabra amable a uno de mis pacientes, que "indicarle" un gelocatil.
Y prefiero otras mil veces sostener la mano de uno de mis paciente que la de un representante farmaceutico, por más que venga colmado de regalos como los Reyes Magos de Oriente.

Luis Alberto Rodríguez Ojea
Enfermero

Palabras Inefables dijo...

Estimado Luis Alberto: Muchísimas gracias por tan acertado comentario; no puedo estar más de acuerdo. Como dices, el diagnóstico debe hacerlo quien sabe (el mecánico, el informático, el jardinero… todos ellos hacen diagnósticos), cada uno en su terreno. Y resulta que los enfermeros, los médicos y los farmacéuticos que cada día acuden a su puesto de trabajo saben muy bien de qué va esto. Quienes vienen a estropearlo son los dirigentes que sólo saben de reuniones, conferencias, artículos (que les escriben otros), comidas de trabajo, inauguraciones, cócteles, etc., pero de ver y “atender” a los pacientes nada de nada.
Un abrazo