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lunes, 17 de junio de 2024

¿Encarece la publicidad los productos agroquímicos?

(AZprensa) Suele decirse que la publicidad encarece los productos y que si no se hiciese publicidad de ellos podrían venderse más baratos. ¿Qué hay de cierto en eso? En este artículo se aborda lo que hay de cierto y de falso en tal planteamiento…

 
Revisando algunos de los artículos que publiqué al comienzo de mi vida profesional he encontrado este del que guardo un grato recuerdo y ¿por qué no? sigue estando de actualidad aunque los datos hayan quedado desfasados, no así el contenido…
 
¿Encarece la publicidad los productos agroquímicos?
 
¿Qué hay, sin embargo, de real en todo esto? Resulta evidente que sin publicidad no se tendría conocimiento de los productos y, en consecuencia, no existiría la venta. Por lo tanto, no vamos a hablar aquí de la necesidad o no de publicidad, sino del volumen de la misma y su incidencia o no sobre el precio final del producto.
 
Puede haber sectores (la moda, la cosmética, etc.) donde el producto en sí influye muy poco sobre el precio final. Los estándares de calidad vienen  dados por apreciaciones subjetivas de los clientes, por tendencias, etc. Para posicionar un producto en estos sectores resulta imprescindible una fuerte inversión publicitaria, que va desde el diseño de su envase (su coste ya es superior al producto que contiene, en el caso de perfumería, por ejemplo) hasta el merchandising y las campañas de seguimiento de ventas, de relaciones públicas, etc.
 
En el sector agroquímico, la calidad (eficacia) es perfectamente demostrable y medible y bastaría –en teoría- una simple campaña de comunicación que diese a conocer un producto, para captar con él la cuota de mercado correspondiente.
 
Sin embargo, esas diferencias entre productos, son generalmente mínimas, y las consideraciones subjetivas del agricultor juegan también un importante papel: hay quien prefiere herbicidas de pre-emergencia y otros de post-emergencia, hay quien prefiere productos tradicionales y otros se inclinan por las últimas novedades, hay quien prefiere las formulaciones liquidas y otros los granulados…
 
En definitiva, cada producto tiene un público objetivo determinado y dentro de ese público hay varios productos similares que deben competir entre sí. Se necesita, pues, llegar a ese público con los argumentos necesarios no sólo para informar de su existencia sino para hacerle ver la idoneidad de dichos productos para satisfacer “su” necesidad.
 
En un mercado de libre competencia, el consumidor tiene derecho a elegir según sus gustos personales y necesidades particulares.
 
Aquél producto que disponga de más y mejores medios, de argumentos más convincentes, de una mejor imagen –en definitiva- será el que más fácilmente consiga una buena participación en cada uno de esos mercados específicos.
 
La publicidad de productos agroquímicos no juega por tanto un único papel de informadora, sino que ofrece al agricultor la posibilidad de descubrir nuevas opciones de tratamiento y de selegir aquella que mejor se ajuste a sus necesidades específicas.
 
Según un reciente estudio de JWT podemos conocer el porcentaje de distribución de la inversión publicitaria por medios (Ene/Jun/88):
 

 

%

Diarios

31,4

Revistas

16,2

Radio

8,3

Cine

0,3

TV

40,2

Pub. Exterior

3,7

 
Otros medios importantes, aunque más difíciles de controlar, son las promociones, publicidad directa y material impreso. Si tomásemos como referencia la inversión conjunta de revistas y radio, podríamos ver cómo las promociones tienen un volumen ligeramente superior, la publicidad directa algo inferior y el material impreso un poco menos de la mitad.
 
Es importante destacar el papel de las revistas que, meritoriamente, han sabido mantener ese 16 por ciento de participación a pesar del considerable empuje de otros medios. La aparición de revistas específicas para cada sector –como las agrícolas- ha sido decisiva a la hora de captar audiencia. No debemos olvidar que la audiencia y el coste por impacto de cada soporte son los factores clave a la hora de realizar cualquier inversión publicitaria.
 
Pero parece que aún nos queda contestar a esa pregunta que da pie al presente artículo, y para ello nada mejor que un reciente estudio realizado en la Universidad de Santiago.
 
En él se pone de manifiesto que, a pesar de las mareantes cifras que se barajan en el mundo de la publicidad, esta no encarece el producto.
 
Las tres cuartas partes de las empresas no invierten ni el 5 por ciento de su facturación en medios publicitarios. Entre las 100 mayores, por ejemplo, sólo una supera ese 5 por ciento.
 
De ahí que estos porcentajes de inversión no puedan repercutir significativamente en el precio final del producto sino, antes bien, ayudar al aumento de producción y –en consecuencia- a la disminución del coste unitario de cada producto.
 
Vicente Fisac
Jefe de Publicidad de ICI-Zeltia
Revista Tria. Febrero 1989
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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Fuentes relacionadas.- “De la Publicidad al Periodismo”: https://amzn.eu/d/fXJO9j3

sábado, 25 de febrero de 2023

Dejar sin abrir un regalo, te puede dar grandes beneficios

(AZprensa) En realidad sólo pasa en ciertas ocasiones, tal como le ha sucedido a Karen Green, quien ha conseguido 53.000 dólares (50.200 euros) al subastar un regalo que le hicieron en 2007 y lo tenía guardado en un cajón sin desprecintar. El citado regalo era un iPhone del primer modelo que salió al mercado (ahora ya van por el iPhone 14) y que en su día costó 599 dólares (567 euros).
 
Sus amigos le regalaron ese teléfono para celebrar que había conseguido un nuevo trabajo, pero se dio la circunstancia que Karen Green se acababa de comprar otro teléfono, así que este lo dejó en su caja, sin ni siquiera desprecintar la misma, lo cual ha aumentado ahora notablemente su valor.
 
La subasta comenzó el 2 de febrero y se recibieron 27 ofertas. "Encontrar un primer modelo de iPhone de 2007 que es como nuevo y todavía sellado es asombroso", declaró a la BBC Mark Montero, de la casa de subastas LCG. Por su parte, Green reconoció que "es un iPhone, por lo que nunca quedará obsoleto", aunque nunca pudo sospechar que acabaría vendiéndolo cien veces más caro.
 
Así que ahora, ya lo sabes; si recibes un regalo que no vas a usar, guárdalo sin abrir porque quizás en poco tiempo aumente considerablemente su valor.
 

Aquella mítica serie de televisión de los ochenta, escondía un mensaje secreto que ahora ha sido descubierto.
“La Biblia de Falcon Crest”: https://amzn.to/30PpmGM

 

 

 

sábado, 2 de abril de 2022

Chapuza y engaños en la rebaja del precio de la gasolina

(AZprensa) En un nuevo ejemplo de manipulación, el Gobierno ha trasladado a la opinión pública el siguiente mensaje: “Como el Gobierno es muy bueno y eficaz, bajamos el precio de la gasolina en 20 céntimos por litro”. Pero la realidad es muy diferente a lo que nos quieren hacer creer. Veamos:
 
1.- La rebaja del Gobierno no es de 20 cts. sino de 15 cts. Ya que los otros 5 cts. se los ha obligado a asumir a las compañías petroleras.
 
2.- Antes y después de esta medida, los impuestos de la gasolina suponen el 50% del precio que paga el usuario, así que el Gobierno no renuncia a ninguna ganancia. Podían haber reducido los impuestos para conseguir abaratar el precio, pero no lo han hecho así porque quieren seguir recaudando cuanto más mejor.
 
3.- Los millones que suponen esos 15 cts./litro que va a “subvencionar” el Gobierno, salen de los fondos que ha otorgado a España la Unión Europea, es decir, hay que devolvérselos con intereses a la UE con lo cual España se endeudará más aún.
 
4.- Cuando anunciaron la medida dijeron que las gasolineras reflejarían ese descuento en los tickets de pago. Pocas horas después, rectificaron y dijeron que bastaba con que se anunciase en algún cartel colocado en las gasolineras.
 
5.- Hacen que la orden entre en vigor cuando aún no tienen preparado el sistema informático para que las gasolineras puedan pedir ese dinero, por lo que obligan a las gasolineras a adelantar ese dinero de su bolsillo sin saber cuándo se lo van pagar el Estado.
 
6.- El precio/litro de hace un año estaba en torno a 1,30 y fue subiendo hasta más o menos 1,95. Ahora, con la rebaja lo dejan aproximadamente en 1,75 con lo cual si hace un año el Gobierno se llevaba en impuestos alrededor de 0,65 por litro ahora se lleva unos 0,87 por litro, es decir, un 34% más de recaudación vía impuestos y el precio de la gasolina se queda un 34% más caro que hace un año.
 
Foto.- En la imagen, una de las gasolineras que ha tenido que cerrar porque no puede adelantar ese dinero que no se sabe cuándo le pagará el Gobierno.
 

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martes, 25 de enero de 2022

Las farmacias españolas obligadas a perder dinero

(AZprensa) ¿Te imaginas tener un negocio y que el Gobierno te obligue a vender más barato que el precio de coste al que has comprado, es decir, que te obligue a perder dinero? Pues eso es lo que ha hecho el Gobierno de España con las farmacias.
 
El pasado 15 de enero se aprobó un precio máximo de 2,94 euros para la venta de test de autodiagnóstico de antígenos, pero como ha reconocido su patronal, FEFE, “los farmacéuticos tuvieron que comprarlos a precios superiores que rondaban los 5 a 7 euros”.
 
Esto significa que por cada autotest que vendan, perderán dinero, y además no tienen escapatoria. Legalmente están obligadas a venderlos y lo máximo que pueden hacer –como así les han aconsejado los servicios jurídicos- es reflejar esas pérdidas en su contabilidad.
 
El presidente del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, Jesús Aguilar, ha dicho resignado que “asumimos el precio fijado por responsabilidad y por la vocación sanitaria y de servicio que nos ha guiado siempre”, lo cual es cierto, como también lo es que no les queda más remedio que aceptarlo.
 
Ahora ponte en su lugar. ¿Cómo te sentaría que el Gobierno te obligase a vender a precios inferiores a los que compraste?
 

“La comunicación en la industria farmacéutica”, un análisis crítico y una guía práctica para la comunicación de salud.
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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Lo único que baja siempre de precio son los medicamentos


(AZprensa) A lo largo de mi trayectoria profesional he sido testigo de cómo algunos medicamentos no llegaron a lanzarse en España porque el precio final que ofrecía el Gobierno era irrisorio y no superaba el mínimo exigido por la central, así como también he sido testigo de cómo esos tira y afloja en la negociación hacían que no se alcanzase el acuerdo final hasta cuatro años más tarde (en incluso más), normalmente cuando la competencia ya había lanzado otros productos similares y se había perdido la gran oportunidad de ser los primeros.

En otros sectores no existe este problema. Por ejemplo, en perfumería y cosmética, de investigación hay poco (en comparación con la industria farmacéutica), el proceso de fabricación es muy sencillo, y lo que realmente cuesta mucho es el envase y la Publicidad, todo lo cual hay que repercutirlo en el precio final; pero ese precio no está fiscalizado por nadie sino que es la propia empresa la que fija el precio que quiere (eso sí, teniendo en cuenta el precio de los competidores para no salirse de madre) y podrá subirlo y bajarlo cuantas veces quiera. Porque esa es otra: en el caso de los medicamentos, un precio es para siempre... o casi.

Cuando, por fin, se consigue la autorización de precio para un fármaco, ese precio es casi inamovible. A lo largo de los años irán subiendo de precio el coste de la materia prima, los costes de fabricación, los costes de envasado... pero el precio de venta no podrá subir. Esto hace que un producto, rentable inicialmente, con el transcurso de los años deja de ser rentable porque su precio no se puede actualizar ni siquiera en función de lo que haya subido el coste de la vida en esos años. Hoy día, la situación es peor aún, porque lo que hace el Gobierno es revisar los precios de vez en cuando y esa revisión es siempre hacia abajo, con lo cual deja a los productos siendo cada vez menos rentables.

¿Y qué pasa cuando un producto entra en pérdidas, cuando su coste de fabricación es superior al precio de venta? En esas condiciones sería de tontos mantenerlo en el mercado, porque cada unidad que se vendiese supondría una pérdida de dinero para el laboratorio. Cuando esto sucede, el laboratorio solicita una revisión del precio. Si se consigue, se mantiene, y si no se consigue (que es lo habitual), se deja de fabricar y desaparece. Normalmente los laboratorios tienen que optar por lo segundo salvo cuando –excepcionalmente- no existe otra alternativa de tratamiento en el mercado, en cuyo caso, el Gobierno suele autorizar un ligerísimo aumento de precio.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Lo que cuesta un nuevo medicamento


(AZprensa) Según los últimos datos facilitados por la patronal de la industria farmacéutica, Farmaindustria, cada nuevo medicamento que está listo para salir al mercado lleva tras de sí una inversión de 2.500 a 3.000 millones de euros y unos 10 años de trabajos en investigación y desarrollo. Pero una vez listo para salir al mercado debe conseguir la autorización de comercialización, primero por la Agencia Europea del Medicamento, y después por las Autoridades sanitarias españolas, y este segundo paso, en concreto, supone una media de 450 días; es decir, desde que se descubre un medicamento potencialmente interesante hasta que finalmente llega al mercado, pasa una media de 12 años. Por otra parte, como el periodo de exclusividad de patente tiene una vigencia de 20 años y empieza a contar desde que se descubre el fármaco, resulta que al laboratorio que ha dedicado de 2.500 a 3.000 millones de euros y 12 años de trabajo al mismo, sólo le quedan 8 años para amortizar la inversión y ganar dinero, antes de que expire la patente y cualquier otro laboratorio pueda copiarlo y venderlo más barato ya que no tiene que asumir ni los costes ni los riesgos de la investigación.

Porque esa es otra: los riesgos de la investigación. Que nadie se crea que los investigadores descubren un nuevo fármaco y tras doce años y esos miles de millones consiguen finalmente ponerlo en el mercado. En realidad, sólo uno de cada 10 fármacos que se descubren consiguen llegar a la fase final de investigación clínica; e incluso una vez en el mercado, sólo uno de cada tres consigue tener el éxito comercial suficiente para pagar todo lo investigado hasta esa fecha, generar beneficios y permitir que ese laboratorio pueda seguir investigando.

Así las cosas, no debería extrañar a nadie que los nuevos medicamentos sean caros. Pero no acaba aquí la cosa. Si el nuevo medicamento que llega al mercado se encuentra que ya existen otros competidores, otras sustancias que actúan sobre la misma enfermedad, nunca conseguirá un precio alto sino que se ajustará en función del que tengan los otros competidores aunque este último sea mejor. Únicamente, cuando llega al mercado un medicamento del que no hay nada parecido en el mercado y que además cura una enfermedad grave (como sucedió con los medicamentos contra la hepatitis B y con algunos medicamentos contra determinados tipos de cáncer, por ejemplo) conseguirá ese laboratorio que le aprueben un precio alto, y como esto sólo sucede en casos excepcionales, resulta que esos laboratorios se toman la revancha y exigen no un precio alto sino una exagerado para compensar todo lo que no le dejaron subir de precio a otros medicamentos menos trascendentes.

Y para quien crea que aquí se acabó la historia, se equivoca. Después de todo esto pasarán los años, subirá el coste de fabricación, subirá el coste de la vida, subirá… todo menos el precio de los medicamentos que no sólo no subirá sino irá bajando y bajando año tras año… hasta que llegue un momento en que al laboratorio le cueste más fabricarlo que venderlo, y en ese caso dejará de fabricarlo.

Llegados a ese punto, muchos se llevarán las manos a la cabeza y reclamarán que no se retire el fármaco… pero sólo en casos excepcionales (cuando en el marcado no haya nada parecido) se permitirá una ligera subida de precio para que lo sigan fabricando.

Pues todo esto, que es de sobra sabido en la industria farmacéutica… no es sabido por la opinión pública, que critica de forma constante el precio abusivo de los medicamentos nuevos, sin reparar en que los que llevan varios años en el mercado cuestan menos que un paquete de chicles o un helado. Y a esta opinión generalizada tampoco contribuye el hecho de que esos laboratorios que descubren algo importante y único se aprovechen y les pongan un precio abusivo. Y tampoco contribuye a cambiar esa imagen pública el permanente silencio y oscurantismo de la industria farmacéutica que siempre se esconde de los periodistas y ni siquiera comunica a la sociedad aquellas cosas buenas que hace.

miércoles, 10 de julio de 2019

Un curso de verano para quejarse del precio de los medicamentos

(AZprensa) La Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha acogido la celebración de un curso de verano centrado en el precio de los medicamentos. “En 2018 el gasto en medicamentos del Sistema Nacional de Salud, que sigue aumentando de forma imparable, aumentó en 795 millones de euros más, según el Ministerio de Hacienda. Supone un 4,65% más respecto a 2017. Si lo comparamos con el año 2014, el gasto ha aumentado en 2.700 millones”, ha recordado el experto en Salud Pública y Políticas de Salud, Fernando Lamata.

Tal como ha explicado, este aumento repercute negativamente en la calidad del Sistema Nacional de Salud: “Hay menos dinero para personal, para equipamiento, para reducción de listas de espera. Como, además, parte del gasto sanitario público en medicamentos se ha derivado a los pacientes, con los copagos, muchas personas no pueden comprarlos. El año pasado, 1.400.000 personas no pudieron comprar el fármaco que les habían recetado en la sanidad pública”. Sin embargo Lamata se calla y no dice que el coste de los medicamentos sólo representa en torno al 10 por ciento del coste total de la Sanidad pública, por lo que no pueden achacarse al precio del medicamento todos los males.

Un paso más allá ha ido la coordinadora de políticas de la campaña “No es Sano”, Irene Bernal: “El precio de los medicamentos innovadores se convierte de facto en un obstáculo al acceso cuando lo que la industria farmacéutica pide por ellos supera las posibilidades de pago de los Estados de hoy y de mañana”.

No le falta razón cuando vemos cómo en los últimos años hemos asistido a un aumento continuado de los precios de los nuevos medicamentos, en muchas ocasiones con cifras muy superiores a los costes de investigación y fabricación, como en el caso de la Hepatitis C y los antivirales de acción directa. Esta situación ha conllevado un importante incremento del gasto farmacéutico, poniendo en peligro la sostenibilidad del sistema e introduciendo copagos en los medicamentos a miles de personas, limitando el acceso a determinados tratamientos.

Pero se equivoca al afirmar la “total libertad de la industria para ponerle al fármaco el precio que quieran”. Resulta que son los Gobiernos quienes fijan el precio, rechazando primero el precio propuesto por los laboratorios y tras un tira y afloja acuerdan finalmente un precio mucho más bajo; a veces tan bajo que el laboratorio prefiere no lanzar el medicamento en ese país.

Los laboratorios ven cómo sus enormes inversiones en investigación se topan al final con esa guerra de precios en donde siempre pierden… excepto cuando descubren un medicamento que salva vidas (como los de la Hepatitis C y antivirales) en cuyo caso aprovechan para vengarse y poner un precio exageradamente alto, poniendo a los Gobiernos en un compromiso: pagar o dejar que mueran las personas.

Si –como se ha dicho en este curso- hubiese transparencia a la hora de fijar los precios, y los Gobiernos no regateasen tanto, los productos que salvan vidas costarían mucho menos, los demás costarían más, pero la suma total del gasto sería inferior y la Sanidad pública podría financiarlos casi todos y los pacientes beneficiarse de ellos. Pero esto es una utopía.

Fuente de información: Curso de verano “El precio del medicamento: aportes desde una perspectiva del derecho a la salud”, organizado por Farmamundi, a través de su cátedra “Derecho a la Salud y acceso a medicamentos”.

viernes, 1 de febrero de 2019

Estas son las consecuencias de bajar y bajar el precio de los medicamentos


(AZprensa) Hoy traemos un ejemplo que muestra las consecuencias que puede tener el bajar una y otra vez el precio de los medicamentos, fijándose el Gobierno únicamente en el precio y no en la utilidad del medicamento y las consecuencias que esto pueda tener para los pacientes.

Había hasta ahora disponible en España un medicamento llamado “APO-GO-PEN” que permitía a los pacientes con enfermedad de Parkinson administrarse apomorfina en aquellos momentos en que se sentían bloqueados y no podían moverse con normalidad. El tratamiento era muy sencillo ya que el propio paciente se lo inyectaba mediante un mecanismo similar al de un bolígrafo, parecido a la forma en que los diabéticos se inyectan la insulina. De esta forma, los enfermos de párkinson podían llevarlo siempre encima y recurrir a él como tratamiento de rescate en esos momentos, ya que además su efecto era inmediato. Y además no existe en España ningún otro medicamento similar. Da igual, como al Gobierno sólo le importa el precio, lo han vuelto a bajar y esto ha hecho que al laboratorio fabricante ya no le sea rentable comercializarlo en España y en consecuencia se ha producido desabastecimiento del mismo.

Alcanzados por las quejas de pacientes, asociaciones de pacientes, médicos y asociaciones médicas, al Gobierno no se le ha ocurrido otra cosa que dar esta solución: que lo pidan mediante el recurso de “medicación extranjera”. Pues resulta que hacerlo así acarrea un gasto mucho mayor que el que suponía antes para la Sanidad pública, una dilatación importante en el tiempo, numeroso papeleo y gestiones que deben hacer pacientes y médicos… Y para colmo, cuando llegue por fin a su destinatario, resulta que vendrá con un prospecto de información en un idioma diferente al español, con el consiguiente riesgo de confusión para cuidadores y enfermos. ¿Aprenderán alguna vez que en la Sanidad no hay que guiarse sólo por el precio?

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Las golosinas cuestan más que los medicamentos

(AZprensa) Increíblemente las quejas –que no protestas- de la patronal de la industria farmacéutica, Farmaindustria, cada vez que el Gobierno establece una nueva bajada en el precio de los medicamentos, son mínimas; antes al contrario, se muestran comprensivos ante los nuevos “avances en materia normativa” que a su juicio suponen “un paso en la necesaria estabilidad regulatoria del sector farmacéutico" tal como pretenden hacer creer las Autoridades Sanitarias.

No hace mucho estaba fijado un precio mínimo de 2 euros para cada medicamento, el cual se bajó después a 1,60 euros. Pero aún habría que leer la letra pequeña de los sucesivos decretos, en donde se indica, por ejemplo, que si cualquier otro Estado miembro de la UE comercializa un medicamento a un precio inferior, ese nuevo precio mínimo será el que se aplique en España.

En definitiva, si con un precio de 1,60 euros cuesta trabajo creer que se haya podido pagar el cartón, el prospecto, el blister, los comprimidos, la mano de obra, los portes, los gastos financieros... y no digamos ya los gastos previos de investigación, aún esto les parece mucho a las Autoridades Sanitarias, dispuestas a seguir exprimiendo a la industria más innovadora que existe. Y mientras tanto, la industria calla o como mucho lanza un tímido susurro.

Comparada con una farmacia (en cuanto a medicamentos de prescripción se refiere), una tienda de golisnas nos parece ya como una tienda de artículos de lujo.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Esta es la verdadera razón del alto precio de los nuevos medicamentos

(AZprensa) Expertos reunidos en el Colegio de Médicos de Madrid han hecho hincapié en el problema que supone el elevado precio de los medicamentos para la sostenibilidad del Sistema Nacional Salud y ha pedido la unión e implicación de todos los sectores (médicos, Administración, políticos, ciudadanos y estudiantes de Medicina) para luchar contra los laboratorios farmacéuticos.

Así, por ejemplo, Fernando Lamata, experto en política y gestión sanitaria, ha explicado que “con los medicamentos ocurre algo inexplicable, un fármaco que, por ejemplo, cuesta fabricarse cinco euros se está pagando a mil”. Por su parte, Javier Sánchez Caro, abogado y miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, ha pedido “encontrar un precio justo y adecuado, cercano al de coste”. También Roberto Sabrido, presidente de la “Asociación para un acceso justo al medicamento”, ha subrayado que “más de dos millones de personas en España han tenido problemas de acceso a los medicamentos por cuestiones económicas en 2016” y ha añadido que el médico está sometido a una gran presión por parte de la industria farmacéutica.

Pero, sorprendentemente, después de esta reunión y todas estas declaraciones (las citadas son solo un pequeño ejemplo), la industria farmacéutica ha agachado la cabeza y no ha dicho ni “mu”. Y por supuesto no ha habido ninguna voz que diga el por qué son tan caros los nuevos medicamentos... ¿Cuál es la razón? Se suele hablar de todo lo que cuesta la investigación... pero eso sólo es una parte de la verdad, no la raíz del problema. ¿Dónde está, pues, el origen del problema?

Pues resulta que desde hace ya muchos años, cuando un laboratorio lanzaba un nuevo producto, no podía ponerle el precio que quería sino el que marcaba la Sanidad pública (que a fin de cuentas es su principal y casi exclusivo cliente). Pero esto sólo era el comienzo del problema... porque pasaban los años y subía el coste de las materias primas, el coste de los salarios, el coste de los envases, el coste de la modernización y mantenimiento de las instalaciones, el coste... de todo menos de una cosa: el precio de venta del medicamento. Todos estamos acostumbrados a que cualquier producto o servicio vaya subiendo de precio con el paso de los años, pero los medicamentos eran la excepción: una vez fijado el precio este no podía subirse nunca más. Y no sólo eso, sino que ya en años más recientes, en algunos países como España el Gobierno les ha ido aplicando una sucesiva bajada de precios.

Llegaba un momento en que el coste de fabricar un medicamento era más caro que el precio al que se vendía, y entonces había que retirarlo del mercado, salvo que fuese única opción terapéutica disponible, y entonces se le permitía excepcionalmente aumentar algo su precio.

Pero los laboratorios no esperaban a eso. Optaron por seguir investigando para sacar nuevos productos que llevasen un precio más actual o simplemente cambiar ligeramente la composición para que se considerase nuevo producto y así se pudiera justificar un precio más actual.

Esto condujo al uso y abuso de ficticias “novedades terapéuticas”, que en realidad sólo eran excusas para conseguir un precio más justo. Esto condujo a la proliferación de miles de medicamentos todos ellos muy similares y a la presión de los Visitadores Médicos para que recetasen el suyo. Y todo esto ha conducido a que –cuando un laboratorio descubre por fin un medicamento innovador- se salga de madre y ponga un precio desorbitado para compensar lo poco rentable que resulta vender millones y millones de envases de antihipertensivos, hipocolestrolemiantes, analgésicos, etc. a poco más de un euro el PVP, mucho más barato que un paquete de cinco chicles (que dicho sea de paso no ha necesitado tanta investigación y encima puede actualizar su precio cuando quiera).

En definitiva: ¿Conoces algún sector en donde el precio de sus productos lo fije el comprador, dicho precio no suba nunca a pesar de la inflación, y encima pasado el tiempo rebajen aún más su precio?