lunes, 7 de septiembre de 2020

Convierten el servicio de guardería en sala de tortura


(AZprensa) Muchos padres no pueden dejar a sus hijos en el colegio a las 9 de la mañana ya que a esa misma hora e incluso un poco antes deben ellos empezar a trabajar; es por esto que los colegios suelen ofrecer lo que se llama “servicio de guardería”. De esta forma los padres pueden dejar a sus hijos en el colegio una hora antes y así acudir puntuales a su centro de trabajo. En ese “servicio de guardería” los niños –bajo la tutela de un profesor- realizan diversas actividades lúdicas y educativas (juegos, manualidades, etc.) y pasan muy entretenidos ese espacio de tiempo hasta que llega la hora de comenzar las clases. El colegio no lo hace gratis, claro está, y cobra un dinero a los padres (normalmente unos 60 euros al mes) por dejarlos allí esa hora u hora y pico extra.

Pero ¿qué ha pasado en la sociedad tras la pandemia? El coronavirus parece haber afectado el cerebro de casi todos los ciudadanos y así se demuestra una y otra vez con las absurdas e incongruentes medidas que toman políticos, gestores, etc. Hoy nos referiremos a cómo se ha transformado el tradicional “servicio de guardería” en salas de tortura, transformando unas aulas donde los niños jugaban, reían y aprendían, en algo más parecido a un campo de concentración nazi.

Las nuevas normas implantadas para este curso escolar que ahora comienza (y ya veremos por cuánto tiempo) exigen que los niños (y no olvidemos que a ese servicio de guardería van mayoritariamente niños de 3 a 6 años) permanezcan todo el tiempo sentados en una silla delante de su pupitre, a metro y medio de distancia de los demás niños, sin poder levantarse ni interaccionar con ningún otro niño, permitiéndoseles únicamente dibujar o hacer manualidades con los materiales escolares (nada de llevarse ningún juguete ni nada parecido de su casa). El maestro vigilante (más bien habría que llamarle gendarme guardián) velará porque los niños permanezcan quietos, sin hablar, sin levantar la vista de unos papeles o lápices que tengan sobre su pupitre… y así durante una hora o más.

¿Cómo van a aceptar unos niños de 3 a 6 años estar una hora o más sentados, callados, sin hacer absolutamente nada? Llevar a los niños al “servicio de guardería” ya no va a suponer para ellos una hora de entretenimiento sino una hora de tortura. Pero, eso sí, los colegios van a seguir cobrando esos 60 euros por aplicar esta tortura a los niños. ¿Habrá muchos padres que consientan semejante atrocidad? Mucho nos tememos que a algunos no les quedará más remedio. Como siempre, quienes pagan la incompetencia de políticos y gestores son los más débiles, en este caso los niños, que ni votan ni convocan manifestaciones.


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