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viernes, 7 de noviembre de 2025

Nyiragongo: El volcán que nunca duerme

(AZprensa) En las profundidades del este de la República Democrática del Congo, donde la Tierra se rasga en un abrazo tectónico milenario, se alza el monte Nyiragongo, un titán de fuego eterno que desafía el silencio de la noche con su resplandor incesante. Conocido como "el volcán que nunca duerme" por su lago de lava perpetuo, Nyiragongo no es solo un paisaje de postal infernal, sino un recordatorio vivo de la furia creativa del planeta. Ubicado en el Parque Nacional de Virunga, a solo 12 kilómetros al norte de la bulliciosa ciudad de Goma y al borde del lago Kivu, este estratovolcán de 3.470 metros de altura amenaza y fascina a partes iguales.
 
Nyiragongo forma parte de la cadena de los Montes Virunga, un archipiélago volcánico en la rama occidental del Gran Valle del Rift de África Oriental. Esta grieta tectónica, donde las placas africana y somalí se separan a un ritmo de centímetros por año, permite que el magma ascienda desde el manto profundo, alimentado por un punto caliente subyacente. El volcán se erige empinado y cónico, contrastando con su vecino escudo, el Nyamuragira, y rodeado de cientos de conos de ceniza de erupciones laterales. Su cráter principal mide unos 2 kilómetros de diámetro y alberga un lago de lava que, en su punto más bajo, desciende hasta 900 metros por debajo del borde.
 
Lo que hace único a Nyiragongo es su composición: rocas ultramáficas ricas en alcalinos y bajas en sílice, que generan lavas excepcionalmente fluidas, capaces de fluir a velocidades de hasta 100 km/h, como ríos de fuego imparables. Junto con Nyamuragira, estos dos volcanes representan el 40% de las erupciones históricas de África, un legado de actividad que se remonta al menos a hace 12.000 años.
 
Historia eruptiva
 
Desde 1882, Nyiragongo ha registrado al menos 34 erupciones, muchas de ellas continuas durante años, con un promedio de actividad en 88 de los últimos 126 años. Su estilo es efusivo: flujos de lava masivos en lugar de explosiones cataclísmicas, aunque no exento de drama.
1977: La carrera contra la lava más rápida del mundo. El 10 de enero, las paredes del cráter se fracturaron, drenando el lago de lava en menos de una hora. El flujo descendió a 60 km/h, arrasando aldeas como Kibati y Moniki, y cobrando al menos 50 vidas. Este evento, el más veloz registrado, alertó al mundo sobre sus peligros y lo designó como "Volcán de la Década" en 1991 para estudios prioritarios.
2002: El infierno sobre Goma. Tras meses de sismos y fumarolas, el 17 de enero una fisura de 13 km se abrió en el flanco sur. La lava cubrió el 13% de Goma, destruyendo 14.000 hogares, el aeropuerto y parte del lago Kivu. Mató a 245 personas —muchas por asfixia con dióxido de carbono— y desplazó a 400.000. Terremotos posteriores colapsaron más edificios durante meses.
2021: Una erupción sin preámbulos. El 22 de mayo, sin señales precursoras claras, una fisura lateral expulsó lava que se acercó al aeropuerto de Goma y cortó carreteras. Miles evacuaron en pánico; al menos 32 murieron en accidentes durante la huida, y 37 desaparecieron. Destruyó cientos de hogares y dejó sin luz amplias zonas, exacerbando la crisis por COVID-19 en la región.
 
Estas erupciones no solo alteran mapas, sino vidas: la lava ha cubierto miles de hectáreas, pero también enriquece suelos para una agricultura precaria en una zona de conflictos armados.
 
El alma de Nyiragongo late en su cráter: un lago de lava que burbujea ininterrumpidamente desde al menos 1921, el más grande y activo del mundo. Confirmado en 1948 con 120.000 m², ha fluctuado en tamaño y profundidad —de 600 m en 1977 a unos 300 m en épocas recientes—. En 2016, un nuevo respiradero se abrió en el borde noreste tras rumores locales de rugidos. Para 2020, el nivel ascendía, presagiando la erupción de 2021. Hoy, confinado en un cono de ceniza de 18 m de alto, el lago emite incandescencia nocturna visible a decenas de kilómetros, un faro rojo en la oscuridad congoleña.
 
Nyiragongo no duerme porque la Tierra no lo permite: es el pulso de un continente en movimiento, donde destrucción engendra vida. En octubre de 2025, su lago arde con promesas de futuros rugidos, recordándonos la fragilidad humana ante la geología. Monitoreado por satélites y valientes vulcanólogos, este guardián del Rift invita a la humildad: visitar su cima —con permiso y guía— es un baile con el fuego. Mientras Goma mira su sombra roja, Nyiragongo susurra que el planeta, en su furia, también crea. ¿Cuánto durará su vigilia? Solo el magma lo sabe, pero por ahora, ilumina la noche africana con una promesa eterna.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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martes, 18 de octubre de 2022

El cáncer mata en África a más personas que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas

(AZprensa. Hemeroteca) Como responsable del diario digital “AZprensa” hubo una época en que organicé unos foros de debate sobre temas de interés sanitario en colaboración con la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). Uno de aquellos foros se centró en la situación sanitaria en lo que a cáncer se refiere, en África y la Nota de Prensa que escribí y fue recogida por muchos medios de comunicación, decía lo siguiente:
 
“El 70% de las muertes por cáncer del mundo se producen en países pobres como los del continente africano, donde esta enfermedad, a pesar de ser "una gran olvidada, acaba con la vida de más personas que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas, según destacaron hoy en rueda de prensa los doctores Karol Siroka, director médico del Centro de Alianzas del Cáncer en Reino Unido, y Jan Devery, jefe de Relaciones Profesionales del área de cáncer de mama en AstraZéneca.
 
Ambos especialistas participaron hoy en el III Foro organizado en Madrid por la Asociación Española de Informadores de Salud (ANIS), dedicado a mostrar la situación del cáncer de mama en países en vías de desarrollo a través del caso de Etiopía, donde desde hace tres años AstraZéneca y la empresa de gestión sanitaria Axios desarrollan un proyecto para incentivar el conocimiento, detección y tratamiento del cáncer de mama desde el Hospital Tikur Anbessa, ubicado en Addis Abeba, la capital de este país con más de 70 millones de habitantes.
 
Acompañados por el presidente de la ANIS, José Manuel González Huesa, ambos doctores explicaron que a pesar de su gran prevalencia y de que "cada vez se dan más casos", el cáncer en África y en especial los tumores mamarios son "los grandes olvidados" cuando se habla de los problemas de salud del mundo en desarrollo
 
"Las mujeres africanas cada vez viven más y llegan más a la franja de edad en la que se manifiesta el cáncer de mama, por lo que es cada vez mayor el número de casos que se registran en estos países y también mayor el número de muertes, ya que las mujeres acuden al médico cuando ya es demasiado tarde", señaló el doctor Siroka.
 
El especialista denuncia que en la actualidad, es "muy escaso" el conocimiento que la población tiene del cáncer y la capacidad de los médicos, tanto en formación como en recursos, para detectarlos y darles tratamiento. Es el caso de Etiopía, donde antes de comenzar el proyecto sólo había un oncólogo, no había medios técnicos ni formación para aplicar quimioterapia ni tratamientos adecuados.
 
Crear Centros de Referencia en África
 
Ahora, cuenta el doctor, han formado a los médicos del hospital de la capital, les han dotado de un equipo técnico para tratar el cáncer y de medicamentos gratuitos. El objetivo es convertir al centro Tikur Anbessa en un "hospital de referencia" y que sus servicios puedan extenderse al resto del país y no sólo se beneficien mujeres de la capital. "Nuestro compromiso es tratar a 270 pacientes con tamoxifen durante cinco años, un fármaco que ya es genérico y por tanto accesible, y crear una red de centros en el país”.
 
Por su parte, la doctora Devery, psicóloga y coordinadora del proyecto en Etiopía, destacó que a los problemas de infraestructura y formación sanitaria se suma el desconocimiento de la enfermedad, que muchas mujeres interpretan con una "posesión de espíritus" o como "la voluntad de dios que hay que acatar"; la costumbre de muchas mujeres africanas de consultar a "sanadores" antes de ir al hospital o los tabúes que obstaculizan las campañas de concienciación sobre la importancia de que las mujeres se hagan exploraciones mamarias.
 
"Estamos trabajando con las autoridades locales de Etiopía para concienciar a estas mujeres y buscando métodos indirectos para explicar la importancia de las exploraciones mamarias para detectar el cáncer, ya que mostrar un pecho desnudo en un folleto informativo o recomendar claramente a las mujeres que se toquen el pecho para ver si tienen bultos duros puede interpretarse como una ofensa", concluyó.
 



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