viernes, 29 de enero de 2021

El Hávamál a la luz del mundo actual

(AZprensa) El Hávamál fue escrito hace más de mil años y se ha ido transmitiendo de generación en generación para que perdurasen en la población islandesa una serie de reglas necesarias para la convivencia y la supervivencia. Escrito en una lengua que apenas ha cambiado con el transcurso de los siglos (de hecho, cualquier islandés puede leer y entender perfectamente escritos de aquella época), el Hávamál se escribió como poemas impregnados de musicalidad, lo que sin duda permitió su aprendizaje y transmisión oral a lo largo de los años. Pero además, la poesía es magia, la inspiración es signo de cercanía con los dioses, y los poetas son los profetas que nos han legado este compendio de sabiduría nórdica.
 
Diversos lingüistas han hecho una traducción de esos versos y así lo han reflejado tanto en libros como en Internet, en donde se puede tener fácil acceso a los mismos. Unas traducciones están más acertadas que otras pero a todas ellas les falta esa musicalidad que sólo puede encontrarse en el idioma original... y falta igualmente algo tan sencillo como el hecho de haber transcurrido más de mil años desde entonces, porque en todo este tiempo han cambiado muchas cosas.
 
Es cierto, han cambiado muchas cosas, pero otras se han mantenido invariables a lo largo de los siglos, tal como lo es la esencia humana.
 
Como ejemplo, analizamos una de sus máximas: “Ser un gran anfitrión conlleva una gran responsabilidad”… Cuando nosotros somos los anfitriones adquirimos desde ese mismo momento una gran responsabilidad: somos los encargados de velar por el bienestar de nuestros invitados. La hospitalidad no está concebida para autoensalzarnos sino para compartir lo que somos y tenemos con los demás; no es un acto de egoísmo y de soberbia, sino de humildad y servicio. Por esto, todo nuestro empeño como anfitriones debe estar puesto en atender a los invitados, preocuparnos por ellos, hacer que se sientan cómodos y contentos. Y en cuanto a los invitados, estos deben ser agradecidos, no ir con exigencias ni prepotencia, sino con humildad en espera de ser atendidos por el anfitrión en cuanto este pueda.
Son estas unas reglas tan sencillas y sensatas que, aun habiendo transcurrido más de mil años desde que se dictaron, siguen manteniendo su plena vigencia; aunque también siguen manteniendo –por desgracia- la misma exigencia de ser recordadas puesto que con mucha frecuencia –tanto anfitriones como invitados- se olvidan de ellas.


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