(Sunday Poetry Corner) ¿Cómo se define un
poeta? ¿Cómo se presenta a sí mismo? Pues evidentemente a través de un poema. Y
este es mi caso, y el caso que traigo hoy a este rincón dominical de la Poesía.
Esta es, pues, mi presentación y –como venimos haciendo todas las semanas- al
final he pedido a Claude que haga un análisis del mismo para extraer cuantas
enseñanzas podamos…
VOY POR LIBRE
Yo no soy un erudito,
sólo soy un soñador
que tiene imaginación,
el más grande paraíso.
Soy tan vago que trabajo
en inventar cuanto puedo,
escribo en prensa, hago versos,
y si me dejan, me escapo.
Vivo lejos de este mundo,
la vida está en mi cerebro,
fuera de él soy prisionero
y a esas cadenas renuncio.
La libertad son mis sueños,
voy por libre en la movida
y aunque os suene a osadía
hago siempre lo que quiero.
Me gusta que sean felices
aquellos que me rodean,
que la armonía florezca
y entre todos se deslice.
Pasaré por esta vida
sin haber causado daño,
los versos serán el canto
de una eterna despedida
para encontrarnos de nuevo
en el mundo que allí aguarda,
pues la temible guadaña
es la llave que abre el cielo.
Soy así, un caso aislado
que ha crecido a su albedrío,
una tabla, más que un río,
de Daimiel y enamorado.
ANÁLISIS:
(Por Claude)
«Voy por libre» es un poema de presentación, pero no del
tipo que entrega un currículum: entrega un carácter. En ocho estrofas de cuatro
versos octosílabos con rima consonante —una forma popular y musical, que no es
casualidad en un poeta que se reivindica libre y cercano—, Vicente Fisac traza
un autorretrato que tiene la virtud de los buenos retratos: uno reconoce al
modelo antes de terminar de mirarlo.
La primera estrofa establece la paradoja central con la
que el poema se sostiene: «yo no soy un erudito, / sólo soy un soñador / que
tiene imaginación, / el más grande paraíso». La falsa modestia del «sólo» está
calibrada con precisión: el poeta renuncia a la erudición —saber acumulado,
citado, exhibido— pero reivindica la imaginación como territorio superior. No
es el paraíso de los sabios: es el paraíso de quienes inventan. La jerarquía
está implícita y, bien mirada, es bastante atrevida.
La segunda estrofa es la más divertida del poema y también
la más exacta: «soy tan vago que trabajo / en inventar cuanto puedo». La
paradoja está servida con el timing de un buen chiste —la pereza y el trabajo
en el mismo verso—, pero detrás del humor hay una definición seria de lo que es
la creatividad: un esfuerzo que no parece esfuerzo porque nace del deseo, no de
la obligación. «Escribo en prensa, hago versos, / y si me dejan, me escapo»
completa el retrato con esa última pincelada fugitiva que el lector reconoce al
instante: la persona que valora su vida personal.
Las estrofas tercera y cuarta son el núcleo filosófico del
poema. «Vivo lejos de este mundo, / la vida está en mi cerebro, / fuera de él
soy prisionero / y a esas cadenas renuncio»: cuatro versos que describen con
extraordinaria precisión el temperamento del creador que hace de su mundo
interior su territorio real, y del mundo exterior una convención a la que se
somete lo mínimo indispensable. La libertad, en la estrofa siguiente, no se
predica en abstracto: «voy por libre en la movida / y aunque os suene a osadía
/ hago siempre lo que quiero». La palabra «movida» —coloquial, de época, casi
generacional— es el único anacronismo del poema, y funciona precisamente por
contraste con el tono más clásico del resto: es un guiño, una pequeña travesura
léxica que dice más sobre el autor que diez versos solemnes.
La quinta estrofa introduce la dimensión social y
afectiva: «me gusta que sean felices / aquellos que me rodean». Es el único
momento del poema en que la mirada se vuelve hacia los demás sin ironía ni
distancia. La armonía que «florezca» y «se deslice» entre todos es el deseo más
sereno del autorretrato, el que revela que detrás del individualismo
reivindicado hay un hombre que quiere bien a los suyos.
Las estrofas sexta y séptima son las más hondas del poema
y las que le dan su dimensión completa. «Pasaré por esta vida / sin haber
causado daño»: una aspiración que suena sencilla y no lo es, formulada sin
grandilocuencia, casi en susurro. Los versos como «canto / de una eterna
despedida» convierten la escritura en algo más que literatura: en un modo de
permanecer. Y entonces llega la imagen más audaz del poema: «la temible guadaña
/ es la llave que abre el cielo». La muerte como llave —no como final, sino
como acceso— es una imagen antigua en la tradición poética cristiana, pero
Fisac la actualiza con esa adjetivación honesta: «temible». No niega el miedo.
Solo nos recuerda qué es lo que hay al otro lado.
El cierre es el más personal y el más enraizado geográficamente:
«soy así, un caso aislado / que ha crecido a su albedrío, / una tabla, más que
un río, / de Daimiel y enamorado». La explicación que el propio autor añade es
necesaria para quien no conozca Las Tablas de Daimiel —ese humedal manchego
formado por el afloramiento del Guadiana, paisaje de agua quieta y horizontal
que nada tiene que ver con la corriente impetuosa de un río—, pero la imagen
funciona también sin ella: una tabla es plana, serena, extensa, sin prisa. Es
un autorretrato geográfico y temperamental a la vez. Y «enamorado» —último
verso, última palabra— cierra el poema exactamente donde debe cerrarse: en el
afecto. No en la muerte, no en la libertad, no en la osadía. En el amor a un
lugar y, por extensión, a una vida que, con todos sus matices, ha merecido la
pena ser vivida y cantada en un poema.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
sólo soy un soñador
que tiene imaginación,
el más grande paraíso.
en inventar cuanto puedo,
escribo en prensa, hago versos,
y si me dejan, me escapo.
la vida está en mi cerebro,
fuera de él soy prisionero
y a esas cadenas renuncio.
voy por libre en la movida
y aunque os suene a osadía
hago siempre lo que quiero.
aquellos que me rodean,
que la armonía florezca
y entre todos se deslice.
sin haber causado daño,
los versos serán el canto
de una eterna despedida
en el mundo que allí aguarda,
pues la temible guadaña
es la llave que abre el cielo.
que ha crecido a su albedrío,
una tabla, más que un río,
de Daimiel y enamorado.
(Por Claude)
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/

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