El comunicado de empresa que anuncia despidos masivos es
uno de los géneros literarios más estables de nuestra época. Las palabras
cambian poco. Los despedidos, también.
(AZprensa)
Hace un tiempo leí una nota de prensa emitida por un laboratorio farmacéutico
internacional en la que anunciaban el despido de 6.300 empleados en todo el
mundo, equivalente al 6% de su plantilla global. En tiempos de crisis esto no
sorprende demasiado; lo que sí sorprende —o más bien asombra, porque sorpresa
ya no es— es el lenguaje con que se envuelve la noticia.
Aquel
comunicado me pareció entonces un ejemplo perfecto de un género muy consolidado
en el mundo corporativo: el eufemismo institucional aplicado a los despidos
masivos. Lo que me pareció entonces me lo sigue pareciendo hoy, porque ese
mismo comunicado —con ligeras variaciones de estilo y cifras distintas— lo he
vuelto a leer después en decenas de ocasiones, firmado por otras empresas, en
otros sectores, en otros países. El texto cambia. El espíritu no.
Por
eso merece la pena hacer una pequeña traducción simultánea del lenguaje
corporativo al castellano de andar por casa. Que para eso está el periodismo.
Un ejemplo
En
este ejemplo que cito, la empresa habla de “excelencia profesional” o sea, que
despedir a los empleados es una muestra de “excelencia profesional”. Continúan
diciendo que esta medida va a “incrementar la eficiencia y mejorar la
productividad”, o sea, que los que queden en la empresa van a trabajar por
ellos mismos, por los despedidos y por el incremento adicional que esperan de
ellos.
Y
ya en el colmo del asombro, dicen que esperan “un crecimiento claramente por
encima del mercado” (o sea, que las ventas no iban tan mal) y que con esta
medida van a tener “un aumento de dos dígitos del beneficio por acción” (queda
claro cuál es su único interés).
Pero
eso sí, ya para regodeo terminan diciendo que “no escatimaremos esfuerzos para
encontrar soluciones socialmente responsables para los empleados afectados”, es
decir, que les darán lo que marque la ley y les desearán buena suerte, justo la
suerte que la empresa les está quitando.
«Nadie en la historia del lenguaje corporativo ha anunciado un
despido masivo sin llamarlo "oportunidad", "eficiencia" o,
en el colmo de la audacia, "excelencia".»
Un género literario en perfecta salud
Lo
más llamativo de todo esto no es que una empresa concreta haya escrito
semejante comunicado. Lo más llamativo es que ese tipo de comunicado se sigue
escribiendo y divulgando por empresas de todos los sectores.
El
género tiene sus reglas propias: siempre hay una referencia a la «eficiencia»,
siempre hay una mención a la «responsabilidad social», y siempre hay un párrafo
final en donde la empresa expresa su «compromiso» con los empleados a quienes
acaba de despedir. La coherencia de estos textos es, en su propia manera
perversa, casi admirable.
En
España, a los despidos masivos se les llama «Expediente de Regulación de
Empleo» —un ERE—, que es una denominación tan aséptica y tan alejada de lo que
realmente describe que casi consigue el mismo efecto que «excelencia
profesional»: ocultar detrás de una jerga técnica el hecho concreto de que hay
miles de personas que mañana se quedan sin trabajo.
El
eufemismo no es solo una cuestión de estilo. Es una cuestión de poder. Quien
controla el lenguaje con que se describe la realidad controla, en parte, cómo
esa realidad es percibida. Una empresa que anuncia un ERE está comunicando una
tragedia para miles de familias. Una empresa que anuncia un «proceso de
transformación orientado a la excelencia operativa» está... haciendo
exactamente lo mismo, pero con mejor prensa.
¿Hay
un ejemplo mayor de caradura? Probablemente no. Aunque si esperas unos días
encontrarás en cualquier medio de comunicación algo parecido.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/


No hay comentarios:
Publicar un comentario