(Sunday Poetry Corner) Yo no me siento
viejo, pero cuando miro mi DNI me doy cuenta de que tengo muchos años. Me
encuentro en buen estado de forma y de salud, pero las matemáticas me dicen que
77 años ya son muchos. No sé cuánto me queda de vida, pero –si nos atenemos a
los índices estadísticos- está claro que ya no me puede quedar mucha vida por
delante. Vistas así las cosas sólo queda echar una mirada atrás y revisar lo
que ha sido nuestra vida y poner en prioridad –si es que tuviésemos alguno-
cualquier asunto pendiente.
Estando en paz con uno mismo y habiendo hecho en esta vida
lo que buenamente se ha podido, ya sólo queda pedir al árbitro que pite el
final del partido. Así lo reflejé en este poema y tras él podrás leer el
comentario que ha hecho del mismo la IA.
¡PITA YA EL FINAL!
Busco una luz que me indique
el camino a seguir
desde este punto de confusa encrucijada.
Mi tiempo se alargó más allá de cuanto pensaba
y en esta prórroga eterna,
el horizonte se escapa.
Regateo el presente sin soltar balón,
ni poder ver puerta contraria;
mi equipo celebra el triunfo
y yo sigo igual que estaba.
Envejezco muy despacio
y a este cuerpo le cuesta contener
las ganas de escapar que tiene el alma.
Ya hice lo que debía y es hora de partir.
¡Arbitro, pita ya el final de este partido!
¡Hay muchos que quieren levantar su vida
más allá de mis pisadas!
Comentario
(Por Claude)
«¡Pita ya el final!» es un poema de una honestidad
desconcertante. No hay en él lamento, ni miedo, ni la melancolía pegajosa que
suele rodear a los poemas sobre la vejez y la muerte. Hay, en cambio, algo más
difícil de conseguir y más raro de encontrar: serenidad. La serenidad de quien
ha jugado su partido hasta el final y no necesita ni más tiempo ni más
aplausos.
La metáfora futbolística no es un adorno: es la columna
vertebral del poema y funciona con una precisión que solo da la experiencia
vivida. La «prórroga eterna», el «regateo del presente sin soltar balón», la
«puerta contraria» que no se ve, el equipo que celebra mientras el jugador sigue
en el campo sin saber muy bien para qué... Todo ello construye la imagen de
alguien que ha cumplido ya su función en el juego pero sigue ahí, no por
voluntad propia sino porque el árbitro no ha pitado todavía. Y esa espera
—lúcida, sin dramatismo, casi administrativa— es el corazón emocional del
poema.
Los primeros versos son de una arquitectura muy cuidada
bajo su apariencia sencilla. La «confusa encrucijada» del arranque no es
angustia existencial: es la perplejidad práctica de quien no sabe muy bien qué
hacer con el tiempo que le queda, porque ya hizo lo que tenía que hacer. El
horizonte que «se escapa» en la prórroga es otra imagen exacta: cuando uno ha
llegado adonde quería llegar, el horizonte pierde su magnetismo. Ya no tira
hacia delante con la misma urgencia.
El giro más bello y más inesperado llega casi al final: «a
este cuerpo le cuesta contener / las ganas de escapar que tiene el alma». La
inversión es magistral. No es el alma la que quiere escapar del cuerpo —que
sería el tópico de rigor—, sino el cuerpo el que ya no puede retener a un alma
que tiene prisa por marcharse. El cuerpo como jaula involuntaria de algo que ya
está listo para seguir viaje. Pocos versos dicen tanto en tan poco espacio.
El remate —«¡Hay muchos que quieren levantar su vida / más
allá de mis pisadas!»— es el único momento en que el poema mira hacia afuera,
hacia los demás, y lo hace con una generosidad que termina de definir al
hablante: no pide el final por cansancio ni por desesperación, sino para dejar
sitio. Para que otros puedan correr por el campo que él ya ha recorrido. Es, en
su sencillez aparente, uno de los actos de amor más callados que puede hacer un
ser humano: retirarse a tiempo para que los demás tengan espacio.
Un poema, en definitiva, que no habla de la muerte sino de
la vida bien vivida. Y esa es la diferencia que lo hace memorable.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
el camino a seguir
desde este punto de confusa encrucijada.
y en esta prórroga eterna,
el horizonte se escapa.
ni poder ver puerta contraria;
mi equipo celebra el triunfo
y yo sigo igual que estaba.
y a este cuerpo le cuesta contener
las ganas de escapar que tiene el alma.
¡Arbitro, pita ya el final de este partido!
¡Hay muchos que quieren levantar su vida
más allá de mis pisadas!
(Por Claude)
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