(AZprensa) Existen misterios
que duermen a la vista de todos en las paredes de los templos antiguos. Uno de
los más desconcertantes se encuentra en la iglesia de San Pedro en Montalcino,
un encantador pueblo italiano situado a unos cuarenta kilómetros de Siena. Allí
se conserva el lienzo titulado La glorificación de la Eucaristía, pintado por
Ventura Salimbeni entre los años 1598 y 1614.
A primera vista, la escena responde a la iconografía
religiosa de la época. Sin embargo, al fijar la mirada en la parte central, el
espectador actual experimenta un cortocircuito mental: Dios Padre y Jesucristo
sostienen una extraña esfera metálica de la que emergen lo que parecen ser dos
antenas telescópicas. El conjunto resulta desconcertante. Pero la extrañeza se
transforma en asombro absoluto si colocamos, justo al lado de la pintura, una
fotografía del Sputnik 1, el primer satélite artificial lanzado al espacio por
la Unión Soviética a mediados del siglo XX.
El refugio de los
racionalistas
Aquellos que siempre buscan a la desesperada argumentos
"racionales" afirman que esa esfera no es más que el Globus Cruciger,
la representación del globo terráqueo bajo el poder divino. Sin embargo, la
explicación cojea al observar los detalles. En la esfera de Salimbeni no hay
rastro de continentes ni de océanos; solo se aprecia un reflejo luminoso en la
parte superior y un elemento todavía más insólito en su cuadrante inferior
izquierdo: un pequeño círculo idéntico al ojo visor o lente que portaba el
satélite ruso. Por si fuera poco, en la esfera del cuadro se distinguen unas
líneas de unión que la circunvalan por el ecuador... exactamente iguales a las
juntas que sellaban el cuerpo del Sputnik.
Respecto a las supuestas "antenas", los
racionalistas argumentan que se trata de los cetros o varas de mando que Dios y
Cristo posan sobre el mundo. Es cierto que el extremo superior de estos
bastones está rematado con un motivo religioso, pero la zona que conecta con la
esfera se ensancha de forma sospechosa, imitando un anclaje mecánico. Además,
la inclinación y la distancia equidistante entre ambos elementos reproducen
fielmente el diseño de las antenas de telecomunicación del satélite soviético.
Una coincidencia de
58 centímetros
Hay un último detalle numérico en el que muy pocos
investigadores han reparado: el tamaño. El Sputnik original medía exactamente
58 centímetros de diámetro. Si uno observa las proporciones de la pintura
respecto a los cuerpos de las divinidades, la esfera que aparece en el cuadro
tiene un tamaño asombrosamente similar.
Cuesta creer en la posibilidad de un viaje en el tiempo;
resulta descabellado imaginar al pintor viajando al futuro o al propio satélite
soviético sufriendo un error de navegación que lo hiciera aterrizar en pleno
Renacimiento italiano. ¿Pudo tratarse entonces de una visión premonitoria, de
un viaje astral o de un proceso de visión remota como aquellos que la propia
CIA llegó a investigar y dar por válidos durante la Guerra Fría?
No disponemos de pruebas ni de material científico
suficiente para lanzar una hipótesis fantástica con rigor periodístico. Pero,
de igual forma, el arte tampoco ofrece argumentos lo bastante sólidos como para
descartarla por completo.
Ante el misterio de Montalcino, no hay dogmas que valgan.
Simplemente queda mirar las dos imágenes, cruzar los datos y dejar que la mente
piense lo que quiera.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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