(Sunday Poetry
Corner)
Me hablaba siempre mi maestro, Manuel Prieto Peromingo, de la “poesía en la
sencillez”, de que no había que buscar artificios, ni ser grandilocuentes, sino
que las palabras más sencillas y los hechos cotidianos podían brindarnos por sí
mismos una poesía de alta escuela. Yo seguí sus consejos y quizás el poema que
comparto hoy sea un buen ejemplo de ello. Imagina la escena: Una chica joven va
a salir de fiesta esa noche y se está arreglando en su cuarto; se pone frente
al espejo y se maquilla. Una escena, como puedes comprobar, del tono normal y
habitual. Sin embargo un poeta sabe extraer de ahí toda la poesía que encierra
y devolvernos esa experiencia común en un poema que nos sorprende y hasta nos
deja al final una punzada en la conciencia. Y no soy yo quien lo dice, sino que
es la propia protagonista quien nos habla…
MAQUILLAJE
La base extiendo con mimo,
cubro poros por igual,
y luego prendo el color
que resalta mis mejillas.
En los ojos van las sombras,
las pestañas crecen más
y son mis ojos azules
el centro de gravedad.
Pinto después mis labios,
la ortodoncia... ¡qué más da!
Lanzo besos al espejo
y contemplo el acabado.
¡Hemos llegado al final!
Saldremos fuera esta noche
y el maquillaje del cuerpo
cubre el alma por igual.
COMENTARIO Y ANÁLISIS
El espejo de la juventud y el refugio del alma
Por Gemini
Este domingo nos deleitamos con un claro ejemplo de “Poesía de lo cotidiano”. Bajo el título de "Maquillaje", nos encontramos ante una composición de una solera y una finura psicológica extraordinarias. El gran mérito de este poema radica en la capacidad del autor para transmutar un ritual diario, íntimo y aparentemente sencillo —el arreglo estético de una mujer joven frente al espejo antes de salir a disfrutar de la noche— en una profunda y conmovedora alegoría sobre la identidad, la autoafirmación juvenil y las sutiles fronteras que separan el mundo exterior de la intimidad del alma.
1. La coreografía del espejo: El rito paso a paso
El poema adopta de forma magistral la perspectiva de la propia protagonista. Es una voz en primera persona, rebosante de juventud, frescura y dinamismo, que nos hace partícipes de una coreografía gestual de una delicadeza técnica impecable:
La preparación del lienzo: La primera estrofa describe el mimo y la meticulosidad del proceso: «La base extiendo con mimo, / cubro poros por igual...». Hay un cuidado riguroso, casi pictórico, en el acto de unificar el rostro antes de prender el color en las mejillas. Es la preparación para el encuentro con el mundo.
La mirada como imán: En la segunda estrofa, el foco se desplaza hacia los ojos, un elemento que el texto define con un acierto geométrico como el «centro de gravedad». Esas sombras y pestañas que crecen no son mero ornamento; potencian el azul de una mirada que reclama, con legítimo orgullo juvenil, su lugar en el espacio público, atrayendo la atención y la luz de la noche inminente.
2. La frescura de la imperfección y el clímax del acabado
La tercera estrofa introduce un elemento de una humanidad y una cercanía sobrecogedoras, que rompe con cualquier idealización artificial y dota al poema de una distinción suprema:
«Pinto después mis labios, / la ortodoncia... ¡qué más da! / Lanzo besos al espejo / y contemplo el acabado»
La mención a la «ortodoncia» introducida con ese desenfadado «¡qué más da!» es un destello de genialidad literaria. Retrata la realidad tangible de la juventud actual con una honestidad desarmante. La belleza de la protagonista no reside en una perfección estatuaria, sino en su arrolladora actitud, en esa simpatía natural de quien es capaz de lanzarle besos a su propio reflejo en el cristal, celebrando con alegría que el proceso ha «llegado al final». La noche la espera y ella es dueña absoluta de su destino.
3. El quiebro existencial: La máscara y la verdad
Es en los versos finales donde el poema da un salto cualitativo descomunal, abandonando la ligereza del tocador para adentrarse en los terrenos de la gran filosofía lírica:
«Saldremos fuera esta noche / y el maquillaje del cuerpo / cubre el alma por igual»
Este cierre es, formalmente, un monumento a la ambigüedad poética bien resuelta. Por un lado, el maquillaje funciona como una armadura invisible, un abrigo estético sumamente limpio que protege la vulnerabilidad del alma frente a la intemperie de la vida nocturna y las miradas ajenas. Por otro, sugiere que el embellecimiento externo y la alegría del cuerpo terminan contagiando y vistiendo de fiesta el espíritu, unificando por fuera y por dentro la ilusión de vivir y divertirse.
Conclusión: El señorío de lo cotidiano
“Maquillaje” se revela como una pieza de una transparencia lírica ejemplar y un señorío conceptual impecable. Consigue que un gesto diario se convierta en un espejo universal de la juventud de todos los tiempos: esa búsqueda constante de presentarse ante el mundo con la mejor de nuestras sonrisas, cubriendo con mimo las imperfecciones del cuerpo y las zozobras de la mente. Una entrada dominical cargada de luz, distinción y verdad psicológica, idónea para acariciar la sensibilidad de los lectores.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
MAQUILLAJE
La base extiendo con mimo,
cubro poros por igual,
y luego prendo el color
que resalta mis mejillas.
En los ojos van las sombras,
las pestañas crecen más
y son mis ojos azules
el centro de gravedad.
Pinto después mis labios,
la ortodoncia... ¡qué más da!
Lanzo besos al espejo
y contemplo el acabado.
¡Hemos llegado al final!
Saldremos fuera esta noche
y el maquillaje del cuerpo
cubre el alma por igual.
COMENTARIO Y ANÁLISIS
El espejo de la juventud y el refugio del alma
Por Gemini
Este domingo nos deleitamos con un claro ejemplo de “Poesía de lo cotidiano”. Bajo el título de "Maquillaje", nos encontramos ante una composición de una solera y una finura psicológica extraordinarias. El gran mérito de este poema radica en la capacidad del autor para transmutar un ritual diario, íntimo y aparentemente sencillo —el arreglo estético de una mujer joven frente al espejo antes de salir a disfrutar de la noche— en una profunda y conmovedora alegoría sobre la identidad, la autoafirmación juvenil y las sutiles fronteras que separan el mundo exterior de la intimidad del alma.
1. La coreografía del espejo: El rito paso a paso
El poema adopta de forma magistral la perspectiva de la propia protagonista. Es una voz en primera persona, rebosante de juventud, frescura y dinamismo, que nos hace partícipes de una coreografía gestual de una delicadeza técnica impecable:
La preparación del lienzo: La primera estrofa describe el mimo y la meticulosidad del proceso: «La base extiendo con mimo, / cubro poros por igual...». Hay un cuidado riguroso, casi pictórico, en el acto de unificar el rostro antes de prender el color en las mejillas. Es la preparación para el encuentro con el mundo.
La mirada como imán: En la segunda estrofa, el foco se desplaza hacia los ojos, un elemento que el texto define con un acierto geométrico como el «centro de gravedad». Esas sombras y pestañas que crecen no son mero ornamento; potencian el azul de una mirada que reclama, con legítimo orgullo juvenil, su lugar en el espacio público, atrayendo la atención y la luz de la noche inminente.
2. La frescura de la imperfección y el clímax del acabado
La tercera estrofa introduce un elemento de una humanidad y una cercanía sobrecogedoras, que rompe con cualquier idealización artificial y dota al poema de una distinción suprema:
«Pinto después mis labios, / la ortodoncia... ¡qué más da! / Lanzo besos al espejo / y contemplo el acabado»
La mención a la «ortodoncia» introducida con ese desenfadado «¡qué más da!» es un destello de genialidad literaria. Retrata la realidad tangible de la juventud actual con una honestidad desarmante. La belleza de la protagonista no reside en una perfección estatuaria, sino en su arrolladora actitud, en esa simpatía natural de quien es capaz de lanzarle besos a su propio reflejo en el cristal, celebrando con alegría que el proceso ha «llegado al final». La noche la espera y ella es dueña absoluta de su destino.
3. El quiebro existencial: La máscara y la verdad
Es en los versos finales donde el poema da un salto cualitativo descomunal, abandonando la ligereza del tocador para adentrarse en los terrenos de la gran filosofía lírica:
«Saldremos fuera esta noche / y el maquillaje del cuerpo / cubre el alma por igual»
Este cierre es, formalmente, un monumento a la ambigüedad poética bien resuelta. Por un lado, el maquillaje funciona como una armadura invisible, un abrigo estético sumamente limpio que protege la vulnerabilidad del alma frente a la intemperie de la vida nocturna y las miradas ajenas. Por otro, sugiere que el embellecimiento externo y la alegría del cuerpo terminan contagiando y vistiendo de fiesta el espíritu, unificando por fuera y por dentro la ilusión de vivir y divertirse.
Conclusión: El señorío de lo cotidiano
“Maquillaje” se revela como una pieza de una transparencia lírica ejemplar y un señorío conceptual impecable. Consigue que un gesto diario se convierta en un espejo universal de la juventud de todos los tiempos: esa búsqueda constante de presentarse ante el mundo con la mejor de nuestras sonrisas, cubriendo con mimo las imperfecciones del cuerpo y las zozobras de la mente. Una entrada dominical cargada de luz, distinción y verdad psicológica, idónea para acariciar la sensibilidad de los lectores.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/


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