(AZprensa) La humanidad
puede respirar tranquila. Los grandes enigmas del universo —las leyes de la
física cuántica, el misterio de la materia oscura o el secreto de las pirámides—
han quedado reducidos a meras anécdotas infantiles ante el monumental, colosal
e histórico descubrimiento que nos llega desde los laboratorios de la
prestigiosa Universidad de Colorado, en Estados Unidos. Prepara tu mente,
querido lector, porque lo que estás a punto de leer va a tambalear los
cimientos de todo lo que creías saber sobre la existencia humana.
El
eminente y preclaro profesor Kenneth Wright ha hecho pública la conclusión de
un estudio que, sin lugar a dudas, merece pasar con letras de oro a los anales
más sagrados de la historia de la Medicina:
«Hemos
descubierto que la gente gasta más energía cuando está despierta en la cama que
cuando está dormida».
¡Es
sencillamente increíble! ¡Qué derroche de perspicacia! Jamás se me habría ocurrido
pensar semejante audacia evolutiva. Millones de años de hominización, desde el
Australopithecus hasta nuestros días, para que la ciencia nos confirme bajo
sello universitario que parpadear, hablar, masticar y digerir consume más
calorías que estar sumido en el más absoluto y plano de los limbos nocturnos.
Verdaderamente, Newton y Einstein son unos aficionados al lado del bueno de
Kenneth.
Una muestra
demográfica irrebatible: El poder del "Siete"
Como
todo estudio que se precie de tener un rigor científico incontestable, la
metodología empleada por el equipo del profesor Wright ha sido de un despliegue
logístico sin precedentes. Para extrapolar el comportamiento metabólico de los
más de 6.000 millones de habitantes del planeta Tierra, los investigadores no
escatimaron en gastos y reclutaron a la imponente y masiva cantidad de... 7
personas.
Un
"siete", sí, han leído bien. Con esta muestra matemática,
absolutamente representativa de la diversidad genética mundial, los científicos
procedieron al encierro. El titánico experimento consistió en mantener a los
siete héroes de la ciencia metidos en la cama durante tres días completos. Eso
sí, para que el rigor no decayera, los sujetos experimentales permanecieron sin
pegar ojo, pero —atención a las condiciones extremas de laboratorio—
excelentemente alimentados y sumamente distraídos viendo películas y charlando
alegremente unos con otros.
Imaginen
la escena de alta tensión científica: «Pásame las palomitas, Mary, que noto
cómo se me acelera el metabolismo al ver esta de Spielberg». Y efectivamente,
tras setenta y dos horas de maratón de cine, tertulias de alcoba y catering
universitario, la computadora arrojó la sorprendente revelación: los siete
elegidos habían gastado más energía despiertos que cuando roncaban a pierna
suelta. ¡Premio Ig Nobel de urgencia para Colorado!
El noble arte de
la obviedad financiada
Lo
verdaderamente atemporal de esta maravillosa noticia —que rescatamos con
nostalgia y regocijo— es que demuestra que el ser humano nunca se cansa de financiar
estudios destinados a certificar lo evidente. El mundo es una contradicción
constante, y mientras unos buscan la cura de complejas patologías, otros se
encierran con siete amigos a ver películas para descubrir el fuego del siglo
XXI: que estar despierto gasta batería.
En
“Diario AZprensa” siempre invitamos a documentarse, a razonar y a pensar por sí
mismos para formarse su propio criterio. Así que la próxima vez que te
despiertes cansado un lunes por la mañana, no le eches la culpa al despertador
ni al estrés: recuerda que estás siendo víctima de un implacable axioma de la
ciencia estadounidense. Quedamos a la espera del próximo avance del profesor
Wright. ¿El agua moja? ¿El fuego quema? Seguiremos informando desde la primera
línea del saber.
Biblioteca Fisac
https://bibliotecafisac.blogspot.com/
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