viernes, 5 de junio de 2026

Las leyes solo son pretextos para recaudar

(AZprensa)
Sostienen los expertos juristas que una sociedad civilizada podría funcionar con absoluta fluidez con un corpus de apenas trescientas o cuatrocientas leyes básicas. Sin embargo, en nuestro país hemos decidido ignorar la sensatez: acumulamos miles de normas en un entramado legislativo que, lejos de frenarse, no deja de crecer día tras día.
 
Lo único que se consigue con esta auténtica promiscuidad de leyes es estimular la imaginación del ciudadano. Se le empuja a buscar el vacío legal, la trampa o el regate; una destreza que, para colmo, suele ser aplaudida y envidiada por el resto de la sociedad, especialmente cuando la osadía queda impune.
 
Para los gobernantes responsables de parir este tsunami normativo, las leyes han dejado de ser herramientas de convivencia. Hoy son simples pretextos, coartadas legales diseñadas con un único fin: exprimir el bolsillo del ciudadano para recaudar un dinero extra. Un botín imprescindible para seguir manteniendo y engordando un aparato político insaciable, con sus correspondientes gastos de representación, dietas, sueldos blindados y lujosas instalaciones. Y claro, como cada vez hay más cargos públicos que mantener, la máquina de prohibir no puede detenerse.
 
Precisamente mañana voy a publicar en este mismo blog un ejemplo flagrante de esta realidad. Os demostraré cómo tú, cómo yo y cómo todos nosotros, en definitiva, nos hemos convertido en delincuentes involuntarios por culpa de este desmedido afán recaudatorio.
 
No os lo perdáis, porque os vais a ver reflejados.
 

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