domingo, 7 de agosto de 2022

Cómo ahorrar con las imprentas

(AZprensa) Con la Agencia de Publicidad tienes un único interlocutor y te ahorras todo ese trabajo, pero lógicamente la Agencia te cobra (aunque no te lo diga o aunque lo niegue) un pequeño porcentaje de beneficio en cada uno de esos pasos. Esto no es ninguna crítica hacia las Agencias de Publicidad, ya que siempre he reconocido (en las buenas) su eficacia y profesionalidad; pero si de lo que se trata es de aprovechar al máximo el presupuesto de que dispones y tú mismo puedes encargarte de algunos pasos, es evidente que te ahorras un dinero. En definitiva, si tienes los conocimientos necesarios sobre este mundo, un pequeño equipo que te apoye, y ganas de trabajar, puedes acometer directamente muchos pasos en la realización de campañas publicitarias y dejar el apoyo de las agencias para momentos puntuales. Pero en este repaso que estamos haciendo, recuerdo que aún había más formas de sacar el máximo rendimiento al presupuesto…
 
Normalmente trabajaba con tres imprentas, pero siempre daba opción a alguna nueva que –si los precios y calidad que me ofrecía eran satisfactorios- pasaba  formar parte de la terna. Con alguna de las más habituales llegaba también a otro acuerdo: les daba una estimación de la cantidad de folletos que podrían hacerme durante el año, entonces ellos compraban todo el papel necesario que –al hacer el pedido de golpe- salía más barato. Todo ese papel me lo guardaban en sus almacenes y lo iban utilizando para mí. Esa previsión de consumo de papel que les daba, siempre estaba algo por debajo de mi previsión real, porque no quería ni que ellos saliesen perjudicados si luego les adjudicaba menos trabajo, ni salir yo perjudicado al verme en cierto modo obligado moralmente a darles el trabajo por haberles hecho cargar con ese pedido anticipado de papel.
 
Y aún había otra forma de ahorrar dinero con las imprentas. Al trabajar de forma habitual con cuatro o cinco, de las cuales eran tres las elegidas para concursar en cada proyecto, resulta que a final de año cada una de ellas había conseguido con nosotros una facturación más o menos importante. Con esos datos en la mano, les planteaba que si ellos se esmeraban, ajustando bien sus presupuestos, yo podría incluirlas más veces en la terna y ellas optar a más adjudicaciones, en cuyo caso podrían alcanzar una facturación a final de año de tantas pesetas. Como eso supondría un aumento sobre lo conseguido por ellos el año anterior, les sugería que podrían hacernos un descuento adicional (un “rappel” de final de año), es decir, pagarnos una cantidad por el superávit que ellos hubiesen conseguido sobre el año anterior. Con este sistema todos ganábamos: ellos porque sólo nos pagarían esa cantidad adicional en el caso de haber conseguido la concesión de más trabajos y por consiguiente más dinero; nosotros porque además de mantener siempre unos precios ajustados (y jugando con la ventaja de que cada año disponíamos de más presupuesto y en consecuencia cada año hacíamos más cantidad de material publicitario) recibíamos a final de año unos cheques que permitían que nuestro gasto final en publicidad se ajustase lo más posible a lo presupuestado.
 
Este es un esbozo somero de cómo ahorraba a la hora de realizar materiales impresos, pero había muchos otros medios y muchas otras formas de ahorrar que incorporé…
 


“La verdad sólo es un punto de vista”: 

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